Ganaderos advierten que la falta de stock y reglas claras presiona el precio de la carne

Un análisis del sector expone la diferencia entre producir terneros y generar carne, y pone el foco en los incentivos, la política pública y la caída del stock como factores clave de la suba de precios.

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La suba del precio de la carne volvió a instalarse en la agenda económica, pero dentro del sector advierten que el problema excede la coyuntura y responde a una dinámica estructural. Según explicó el productor ganadero Gabriel Muzzachiodi a Economis, la producción ganadera —generar animales— y la producción de carne —producto final para consumo— son procesos distintos, con tiempos, actores e incentivos diferentes, lo que condiciona la oferta y, en consecuencia, los precios.

El planteo introduce un punto central: producir un animal apto para faena demanda al menos tres años, mientras que el proceso industrial que transforma ese animal en carne disponible para el mercado tarda alrededor de una semana. Esa diferencia temporal condiciona la capacidad de respuesta del sistema ante cambios de demanda o precios.

“La carne es un bien que, aunque parezca increíble, es diferente al musculo. La carne es un producto nutritivo e inocuo. Resalto INOCUO, porque es la industria frigorífica la que convierte el musculo en carne”, explicó el ganadero. En tanto la faena es un proceso en determinadas condiciones bromatológicas de salubridad e higiene, que habilita el consumo masivo de carne. Este proceso es de más/menos 7 días. Desde que el animal entra al frigorífico en pie y llega al consumidor a través del canal minorista (carnicerías, supermercados y otros).

Cadena productiva y marco estructural

El esquema productivo está compuesto por tres actores principales: ganaderos, frigoríficos y consumidores. Cada uno responde a incentivos distintos. En el caso del productor, el precio y la previsibilidad son determinantes para invertir y aumentar el stock. Sin señales claras de mediano plazo, la reacción es lenta.

¿Qué incentivos necesita un ganadero para producir más? El principal y más importante incentivo es el PRECIO, no el único. La previsibilidad es un factor importante a considerar. Y al precio lo definen los consumidores: cuanto están dispuestos o pueden pagar por un producto. Los consumidores pueden ser internos o externos. Cuando se cierran exportaciones, es el mercado interno el que determina el precio. Depende exclusivamente del poder adquisitivo y preferencia de los argentinos. Cuando las exportaciones se abren, al precio lo determina la concurrencia de la demanda interna y externa.

¿Cómo responden los Ganaderos a los incentivos de precios? Lentamente. La ganadería es un negocio de capital intensivo. Los principales factores de producción (tierra y hacienda) requieren ingentes esfuerzos económicos-financieros. Si los precios ganaderos son altos entrar al negocio es más caro, requiere mayor inversión. Retener un animal supone un costo de oportunidad mayor. Necesita certezas de mediano y largo plazo sobre la política del sector. Que no se van a cerrar mercados y vislumbrar que los precios se van a mantener al alza o estables. 

En paralelo, el consumo interno mantiene una característica histórica: la carne presenta baja elasticidad. Es decir, el consumo no cae significativamente ante subas de precios, aunque el escenario actual combina demanda externa sostenida con ingresos internos deprimidos, lo que genera una tensión adicional.

Qué cambia: del stock a la oferta real de carne

El análisis diferencia dos fases clave del ciclo ganadero: Retención: aumenta el stock de animales, pero cae la producción de carne. Liquidación: se reduce el stock, pero aumenta la faena y la oferta de carne en el corto plazo.

Los datos históricos muestran el impacto de las políticas públicas. Entre 2006 y 2010, el stock nacional cayó de 58 a 48 millones de cabezas, en un contexto de cierre de exportaciones y sequía. Sin embargo, en ese mismo período se alcanzaron niveles récord de faena y producción de carne, producto de una liquidación masiva de animales.

Actualmente, el stock nacional se ubica en torno a los 51 millones de cabezas, con una tendencia de caída moderada en los últimos años, lo que limita la capacidad de expansión de la oferta.

En relación a los 5 países productores de carne más importantes del mundo, Argentina es el que muestra los peores índices de eficiencia. En el año 2025, por cada 100 vientres obtuvimos 63 terneros. 63%. Y por cada animal faenado obtuvimos en 231 kilos de carne.

Para mejorar estos índices, Muzzachiodi indicó que hay que remover obstáculos de diferentes características y complejidades. Requiere tiempo, paciencia y sobre todo políticas consistentes de largo plazo. Para obtener más terneros necesitamos cambios de idiosincrasia en los ganaderos, incorporación de tecnologías de procesos, de insumos, mejorar la sanidad e incorporar genética. Para incrementar el peso de faena necesitamos cambios de hábitos de los consumidores. Hay un segmento de la población con mediano y alto poder adquisitivo que está dispuesta a pagar más por cortes pequeños, que provienen de animales más livianos. Para todo esto hace falta una política sectorial integral. Que se mantengan los mercados externos abiertos. Que se eliminen los Derechos de Exportación. Que no se desmantelen y vacíen el SENASA y el INTA (cosas que vienen ocurriendo). Que haya financiamiento accesible con tasas de interés razonables. Que no se repitan políticas de precios máximos o controlados. Que se promocione el consumo de cortes más grandes, que provienen de animales más pesados.

Argentina produce 3/3,2 millones de toneladas/año de carne. Si el índice de destete subiera a 70% y el peso de faena alcanzar los 250 kilos/cabeza, la producción de carne podría expandirse unas 450/500 mil toneladas. Es decir, un incremento del 15% de la producción de carne sin afectar el stock. Es una meta modesta pero alcanzable en el mediano plazo.

Política, mercado y señales contradictorias

El comportamiento del sector refleja una relación directa con las decisiones de política económica. La apertura o cierre de exportaciones, la aplicación de retenciones y la previsibilidad regulatoria impactan en la inversión ganadera.

Desde la mirada del productor, la incertidumbre desalienta la retención de animales y la expansión del stock. A su vez, la creciente demanda internacional —con China como principal destino— introduce un factor externo que presiona sobre los precios internos.

En ese escenario, el equilibrio entre mercado interno y exportaciones se vuelve un eje central de la discusión, con efectos directos sobre la disponibilidad de carne y su valor.

Precios firmes en un mercado tensionado

La combinación de oferta limitada y demanda sostenida configura un escenario de precios firmes. A nivel global, el mercado de carne bovina creció cerca de un 30% en los últimos cinco años, pasando de 10 a 13 millones de toneladas, impulsado principalmente por Asia.

La demanda está sostenida por los Países Asiáticos (China particularmente), Norte de África y un actor inesperado, los Estados Unidos. Los norteamericanos pasaron de tener un impacto neutro en el comercio mundial (exportaban e importaban la misma cantidad) a ser demandantes netos por casi 1.5 millones de toneladas. Sequías y la determinación de pasar entre 10 y 15 millones de hectáreas de pastizales a reservas protegidas, impactaron en el stock bovino.

Por otro lado, las zonas productoras no han podido responder a esa creciente demanda sin afectar sus propios stocks. El Mercosur (excepto Brasil) se encuentra cuasi estancado en la producción de carne. Australia se encuentra en pleno proceso de recuperación sin poder abastecer por si sola la demanda creciente.

Es bastante fácil concluir ante este panorama, que los niveles de precios internacionales se vean incrementados. Demanda tonificada y oferta estable, no hace más que augurar buenos y sostenidos precios internacionales hacia el futuro.

Desafíos para la producción en Misiones

Aunque el análisis es de alcance nacional, sus implicancias alcanzan a regiones como Misiones, donde la producción ganadera enfrenta limitaciones estructurales y menor escala. Si bien Misiones aún no produce un volumen ganadero que cubra la demanda interna, ha evolucionado positivamente en los últimos años.

En estos territorios, la mejora de la eficiencia aparece como una variable clave. Actualmente, Argentina registra indicadores por debajo de otros grandes productores: un 63% de destete y un peso de faena promedio de 231 kilos por animal. En las economías periféricas como Misiones los productores enfrentan mayores dificultades para absorber subas de precios y sostener el consumo, especialmente en contextos de menor poder adquisitivo.

Muzzachiodi explicó que, si bien los datos de faena en Misiones, en el primer trimestre son menores a los años anteriores, en el aspecto del productor ganadero se ha mejorado en la producción de animales. La mejora genética de los animales misioneros ha sido significativa, aunque los condicionantes para poder hacer la terminación de los animales siguen siendo la falta de forraje en especial en la temporada invernal.

El ganadero explicó que los productores más grandes han desarrollado forrajes invernales o acopios en silos. La mayor parte de los ganaderos son de pequeña escala y no pueden hacer las inversiones necesarias para garantizar la tenencia de forraje en el invierno.

Entre eficiencia y política de largo plazo

El futuro del sector dependerá de múltiples variables. Por un lado, la capacidad de mejorar la eficiencia productiva mediante tecnología, genética y sanidad. Por otro, la definición de un marco de políticas estables que garantice previsibilidad.

Entre los factores a observar aparecen la evolución del stock ganadero, la continuidad de la demanda internacional, las condiciones de financiamiento y las decisiones sobre exportaciones.

En ese contexto, el diagnóstico del sector sintetiza la tensión actual en una frase: los precios no solo reflejan inflación o consumo, sino una restricción más profunda en la oferta disponible.

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