Irán, el gran temor de Israel
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El estallido de un conflicto eterno e inevitable entre Teherán y Tel Aviv llevó a que gran parte del mundo pusiera sus ojos en Medio Oriente otra vez. A partir de eso, circularon incertidumbres varias acerca de la potencialidad de esta disputa, con un amplio desconocimiento de la iraní, pero si hay algo que es seguro, si Israel y EEUU le prestan vital atención es porque tienen la capacidad de disputar territorio y hegemonía. Irán, desde la Revolución Islámica de 1979, se convirtió en el gran enemigo de Israel.
La potencia de Medio Oriente
Pese al aislamiento internacional de occidente y las sanciones impuestas, Irán logró consolidar un ejército y un armamento de temer. Con sus objetivos históricos puestos sobre Tel Aviv, las cifras iraníes son considerables.
El ejército de Irán cuenta con 610 mil soldados activos y 350 mil reservistas, los cuales, valga la aclaración, están dispuestos a todo. Dentro de esta estructura hay una institución que resalta: las Fuerzas Quds. Esta es una unidad de élite dentro de la Guardia Revolucionaria de Irán. Cuenta con, aproximadamente, 15 mil agentes y se centra en dirigir operaciones especiales, guerra asimétrica y el manejo de la influencia bélica en el extranjero. De hecho, “Quds” significa Jerusalén o Tierra Sagrada en árabe, lo que denota la condición de resistencia hacia la presencia israelí en Medio Oriente. Esta unidad tuvo su bautismo de fuego en la guerra contra Irak entre 1980 y 1988, aumentando su poderío y especialización año tras año.
Dentro del potencial bélico iraní, las Fuerzas Quds son las encargadas de proyectar las pretensiones hegemónicas del Régimen de los Ayatolás de manera internacional con el entrenamiento de movimientos que luchan contra Israel y los intereses estadounidenses. Entre ellos Hamás en Gaza, Hezbolá en Líbano, los Hutíes en Yemen y las milicias chiitas en Irak. El ideario es asestar golpes indirectos, atentados y sabotaje mediante estos grupos, resguardando la “integridad” estatal de Irán. A este grupo se le adjudicó, por ejemplo, el atentado a la AMIA en Buenos Aires en 1994.
En cuanto al armamento, en lo terrestre y lo aéreo, Irán cuenta con artefactos un tanto antiguos y en parte obsoletos. Está equipado con tanques T-72S y Zulfiqar, como así también con vehículos blindados y artillería pesada. La Fuerza Aérea tiene aviones F-4, F-5, MiG-29 y algunos F-14 de la era del Sha Reza Pahlevi, es decir desde hace casi 50 años.
Mejoran en términos marinos y de defensa antiaérea. Tienen submarinos de clase Kilo que son de fabricación rusa y algunos mini submarinos de fabricación local. Sus sistemas de defensa antiaérea son los Bavar-373, el mismo de corto y medio alcance.
Sin lugar a dudas, lo que más teme Israel de Irán en cuanto al arsenal del último son los misiles y los drones. En la guerra en Ucrania se ha visto la tecnología de drones bélicos iraníes usados por Rusia, pues cuentan con una fabricación de las más imponentes de drones que pueden asestar atentados y ataques de toda índole, son justamente los Shahed-136 los más usados.
Los misiles iraníes son de temer. Cuentan con los Shabab-3, Sejiil y Khorramshahr, todos ellos balísticos y con capacidad de destrucción masiva, inclusive trabajaron con la creación de misiles hipersónicos, algunos de ellos vistos en pruebas y hasta con lanzamientos hasta Israel.
Sin embargo, lo que más le preocupa a Tel Aviv y Washington es el desarrollo de armas nucleares que tendría Irán. Cuentan con un enriquecimiento de uranio al 60%, cerca del 90% necesario para el desarrollo armamentístico. Entidades internacionales consideran que Irán podría tener la capacidad de crear hasta 3 o 4 armas nucleares aunque el relato oficial iraní lo niegue. El Régimen de los Ayatolas utiliza, además, la situación nuclear como un método disuasorio, lo que le permite tener mayor cintura geopolítica y disputar la hegemonía con Israel en Medio Oriente y con Arabia Saudita entre potencias islámicas.
Irán antes de ser Irán
La historia de Teherán hasta convertirse en el máximo rival de Israel es muy larga. En la antigüedad, Irán siempre fue conocida como Persia o el Imperio Persa, teniendo momentos de apogeo con el Imperio Aqueménida (550 – 330AC) de la mano de Ciro el Grande. Además de ellos los partos y los sasánidas también tuvieron presencia. Desde ese momento, la herencia persa empezó a pisar fuerte sobre la actualidad iraní.
En el siglo VII, la irrupción del islam cambia las reglas de predominio político pero mantiene la identidad persa, aunque desde el siglo XVI se transformó en un bastión clave del chiismo en Medio Oriente. Desde allí hasta entrado el siglo XX, lograron resistir los embates de fuerzas de ocupación coloniales.
El fin de la Primera Guerra Mundial marcó el comienzo de un proceso de inestabilidad e incertidumbre en Persia, casi como en todo el mundo. Sin embargo, se abrió camino para el ascenso del Sha Reza Pahlevi en 1925, tras la deposición de la dinastía Qajar que manejaba el país por ese entonces. Reza Pahlevi fue el cambio abrupto en la historia iraní, de hecho, fue quien le cambió el nombre a Persia por Irán en 1935, reconociendo la multiplicidad cultural del país, siempre manteniendo la herencia persa.
Bajo el régimen del Sha Reza Pahlevi, Irán pasó por una modernización a gran escala, incluyendo industrias y apertura a capitales extranjeros. La visión cosmopolita penetró en Irán como si fuera una sucursal de Nueva York o Los Ángeles en Medio Oriente. En Teherán afloraron las juventudes formadas y las mieles del capitalismo. El proceso que llevó adelante fue de occidentalización, manteniendo una buena relación con EEUU (casi como un títere, por el control de Washington en sus recursos) y siendo uno de los fundamentales aliados de Israel en su fundación en 1948.
Pese a esto, había un fuerte descontento en crecimiento. Sectores populares que quedaban fuera de la repartija del capital y padecían la desigualdad, sumado al ascenso de las ideas socialistas y comunistas en pugna desde la década de los 50’s en conjunto a poblaciones con mayor formación intelectual, sumado a grupos clericales musulmanes que veían la irrupción occidental como un ataque directo a su religión y costumbres, generaron el caldo de cultivo que decantó con la caída de Reza Pahlevi.
El Sha cae tras una revolución popular que llevó al poder al Régimen de los Ayatolas en 1979 y, poco a poco, despojó al socialismo de cualquier pretensión de poder y expresión.
Cristalizado en el Ayatola Jomeini, la consolidación de una teocracia islámica con la aplicación de la ley de la Sharia era una realidad. Un poder de juristas islámicos sumado a la figura del Líder Supremo sembraron un sentimiento antioccidental y con la islamización como banderas. Todo esto se conjugó en un único enemigo que representaba todo lo que no toleraban los Ayatolas: Israel.
Desde 1979, Tel Aviv se transformó en el enemigo número 1 de Teherán. Israel representa un modelo parlamentario, rodeado, prácticamente, de regímenes teocráticos y siendo la uña de Estados Unidos en Medio Oriente. Ese sentimiento de disputa filosófica y política contra Israel fue lo que motivó al crecimiento de Irán como la megapotencia que conocemos hoy en día y que pone en vilo al mundo.
