Jóvenes arquitectas que reinventan el habitar: Tekoá de Espacio UNE
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En la última edición de Espacio UNE, tres arquitectas misioneras debutaron con una propuesta que se llevó la atención del público y marcó un nuevo enfoque en la forma de pensar los espacios de encuentro. Pamela Ferrari, María Bassi y Chiara Bruni presentaron Tekoá, una intervención que integra gastronomía, naturaleza y diseño con un fuerte acento en los materiales nobles y en la mano de obra local.
Las tres profesionales, cada una con su propio estudio –CheHaus (Ferrari), EGB Estudio (Bassi) y arc.chiara (Bruni)- coincidieron en este proyecto con la idea de generar un espacio vivo, que trascendiera la exhibición estática y se transformara en un punto de encuentro. “Nuestra premisa era que la gente se lleve una experiencia y no solamente vea un espacio de decoración”, explican.

El nombre elegido, Tekoá, proviene del guaraní y significa “lugar de vida”. Una definición que se refleja en cada decisión del proyecto: desde la disposición de la isla central hasta la integración de la gastronomía en el uso cotidiano del espacio.
Materiales que hablan de Misiones
La propuesta se apoya en la identidad misionera. Los colores terracota evocan la tierra colorada, la madera y la piedra realzan lo natural, mientras que la arcilla se transforma en luminarias artesanales. “Queríamos que la naturaleza y el territorio estén presentes en cada detalle”, señalan. El trabajo de artistas locales fue central: desde lámparas de piedra hasta mobiliario artesanal, cada pieza aporta valor cultural y estético.
Para Ferrari, Bassi y Bruni, el mayor aprendizaje vino del trabajo en equipo. “Más allá de la obra, nos llevamos la unión con colegas. En el día a día solemos trabajar de forma aislada, pero acá se compartieron proveedores, herramientas y soluciones. Se generó un gran compañerismo que enaltece la profesión”, resume Bassi.




Las tres asumieron el desafío de involucrarse personalmente en la obra, incluso con tareas manuales inéditas para ellas: microcemento, texturados y acabados. “Estuvimos 24/7 la última semana, poniendo cuerpo y creatividad. Fue una experiencia enriquecedora que nos deja un aprendizaje enorme”, apunta Bruni.
La reacción de los visitantes superó sus expectativas. “Nos sorprendió cómo la gente adoptó el espacio, se quedaba, disfrutaba de la comida y la cata de vinos. Muchos no querían irse, y eso significa que logramos transmitir calidez y pertenencia”, destaca Ferrari.
Además, el proyecto sirvió como vidriera de ideas más arriesgadas: techos pintados en tonos beige, baños en terracota, atmósferas poco tradicionales que muchos clientes no se animan a aplicar en sus hogares, pero que aquí pudieron ver materializadas.
Un futuro compartido
Si bien es la primera vez que participan en Espacio UNE, la experiencia abrió la puerta a nuevas colaboraciones. “Nos complementamos muy bien, cada una se ocupó de distintas tareas y congeniamos perfectamente. ¿Un futuro proyecto juntas? ¿Por qué no?”, coinciden.
El resultado es un espacio que combina diseño, artesanía y naturaleza, y que confirma que una nueva generación de arquitectas misioneras está dispuesta a proponer, arriesgar y dejar huella.





