La Abundancia que no se mide: una cooperativa misionera que trabaja con biodinámica y logra pagar más el kilo de yerba a los productores

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Por Lola López, Bichos de Campo. -¿Podemos pasar la entrevista para más adelante, ya que me dieron turno para elaborar chocolate y debo cumplir con esa esa actividad?

-Sí, claro.

Respondo casi automáticamente, pero me quedo pensando. “¿Chocolate? ¿Por qué chocolate si es una nota sobre una cooperativa de Misiones? Bueno, ya veremos”.

La Abundancia apunta a revalorizar, entre otras cosas, el trabajo de las familias agricultoras de la zona y a promover arraigo de las futuras generaciones. De todos los productos que ofrece esta cooperativa ubicada en Puerto Rico, Misiones, y que trabaja con producción biodinámica, se destaca la yerba mate Arapeguá que posee el sello CAA, por Cultivo Amigo de las Aves (y que es también un hermoso juego de palabras, ya que caá es el nombre de la planta de yerba mate en guaraní). 

“Funciona como el terroir del vino: una yerba producida de manera extensiva y como monocultivo no puede representar los sabores que surgen de la tierra, del lugar, porque todo lo que se puede percibir en un alimento es el resultado de las interacciones que esta planta ha generado con otras plantas, animales y con el mismo ser humano”, me explica con naturalidad Pablo Baumgratz que, junto a Karen, son agrónomos de profesión y miembros fundadores de la cooperativa. “A todo esto, se suma la acción de los seres elementales y Entidades Espirituales que hacen al equilibrio o desequilibrio de las fuerzas, según como se expresen”. 

Hace más de un año que la cooperativa trabaja con Aves Argentinas, impulsando un proceso de visibilización de las realidades vinculadas a la producción de la yerba mate, un árbol nativo que originalmente crecía en la selva y que siempre se relacionó con otros árboles en el bosque. (Viene a mi mente “Las aguas bajan turbias”, con la actuación de y dirigida por Hugo del Carril, donde cosechaban altos árboles de yerba mate y no la amigable planta de 1,50 metros de los yerbales de hoy).

“Es una planta sagrada para los pueblos Mbya guaraní y recién con la llegada de los jesuitas empezó a cultivarse de manera extensiva, sacándola de su estado natural”, expresa Pablo. “Hoy sabemos que esta planta no solo se desarrolla más saludable cuando se la cultiva junto a árboles nativos de diferentes especies sino que esto también permite la reaparición de aves, mamíferos, insectos, reptiles, anfibios y un sinfín de especies que aportan a la interacción y el equilibrio de las fuerzas presentes en el cultivo; todo esto posteriormente se puede identificar en las cualidades del alimento que se ofrece”.

El sello CAA identifica proyectos productivos con cultivos de yerba mate que trabajan de esta manera y el objetivo es generar 2 hectáreas de reservas de bosque por cada hectárea de yerba mate cultivada, lo cual asegura estos beneficios ambientales. En La Abundancia cuentan con un promedio mayor a 10 hectáreas de bosque por cada hectárea de yerba mate y están realizando algunas experiencias directamente bajo monte e incorporando especies nativas en plantaciones de yerba mate ya establecidas. 

También han realizado relevamiento de aves en sus sistemas productivos y descubrieron que a sus yerbales se asoman más de 60 especies diferentes de aves, lo cual significa que además de encontrar refugio, alimento y posibilidad de reproducirse, “estos seres aportan una importante astralidad a los cultivos, que luego se puede identificar en las fuerzas que se compenetran en el ámbito de lo vivo”, me explican. (Retomaremos este tema más adelante).

En 2010 Pablo y Karen volvieron a la Argentina luego de estudiar en la Universidad EARTH en Costa Rica, con el objetivo de producir con agroecología y biodinámica. Ya de nuevo en Misiones, conocieron a Carol y Claudio, productores que estaban en el ámbito de la agricultura biodinámica y comercializaban a través de una cooperativa de La Plata. En ese momento se sumaron a ese proyecto pero rápidamente comprendieron que querían tener su propia empresa para tomar decisiones; entre ellas, trabajar con productores locales.

“La idea de no usar agroquímicos me viene de pequeño, ya que mis padres tenían una chacra de 30 hectáreas donde se cultivaba maíz, mandioca y principalmente yerba mate, y no se aplicaba nada que podía provenir desde afuera de la producción; el estiércol era abono y se hacía compostaje o se aplicaba directo luego de unos meses de reposo del material”, recuerda Pablo. 

Hoy La Abundancia está compuesta por 12 socios que trabajan con principios basados en la biodinámica, conceptos brindados por Rudolf Steiner ya hace un siglo. Y un dato no menor es que la cooperativa les paga un mejor precio que el de mercado a los productores a quienes compra la yerba. 

“Intentamos cubrir las necesidades que el productor está teniendo para solventarse financieramente en su emprendimiento. No determinamos el valor porque el producto tenga un sello u otro, no se trata de eso, sino que es necesario abordar otros temas como la necesidad de mano de obra, la maquinaria para realizar labores culturales, la presencia de pequeñas superficies de tierra aprovechables con las que el productor cuenta, y además reconocer su trabajo en la protección de ciertas áreas donde se decide no cultivar para generar sistemas productivos más sostenibles. Por todo esto entendemos que si pagamos al precio de mercado terminamos fundiendo al pequeño productor”, resume Pablo.  

Ahora bien, cuando uno piensa en biodinámica, ¿en qué piensa? Algo relacionado a la luna, seguro. Pero en esta entrevista me explican que no se trata solo un conjunto de recetas con acciones a seguir o de preparados a aplicar, sino de entender cómo actúan las fuerzas cósmicas (todo lo que proviene de afuera de la Tierra) y terrestres en el desarrollo del cultivo. En este contexto, lo que entendemos como “vida en la Tierra” es una fuerza espiritual que se ha materializado. 

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“Trabajar con preparados es como realizar ofrendas para el mundo espiritual con el fin de ordenar esas fuerzas que mueven todo en la tierra, no es solo dejar de aplicar químicos y trabajar con los ritmos de la luna”, aclara Pablo. “A lo largo de la historia, las diferentes etnias entendieron el vínculo de los seres espirituales que están en la naturaleza y los identificaron a través de mitos. Por ejemplo, en la cultura guaraní estaban el Pombero o Yasi Yateré, que luego las personas los asociaron solamente a mitos, es decir, seres imaginarios. Rudolf Steiner, creador de la antroposofía sobre la cual se basa la biodinámica, hace ya 100 años advertía que las plantas no estaban cumpliendo su ciclo para ser completas y que estaban perdiendo la conexión con su esencia. Hoy utilizamos los preparados para trabajar procesos contractivos y expansivos en las plantas… y también en las personas”.

Ya sabemos que de estos temas no se habla en las carreras de agronomía. Según Pablo esto se debe a que no es un camino aceptado por la agricultura científica que trabaja solo con lo que puede ver o medir física, química o biológicamente y, por lo tanto, no puede comprender que haya factores invisibles que sean importantes en el desarrollo de la agricultura. 

“Para entender esto debemos pensar que estamos formados por diferentes cuerpos, que corresponden, además, a diferentes eras de la creación en la que esas fuerzas espirituales fueron impregnando lo suyo en cada etapa. Toda la naturaleza está conformada con las mismas influencias. Esto es algo que tenían muy claro los antepasados pero que se fue perdiendo cuando las personas comenzaron a desconectarse de la naturaleza y los agricultores comenzaron a hacer agricultura a la distancia”, agrega. 

“Hoy el agricultor moderno maneja las maquinarias agrícolas desde la oficina y se guía por lo que determinan los sofisticados instrumentos de medición porque se intenta llegar a la precisión. Pero la realidad es que las únicas plantas que responden a este tipo de agricultura son las modificadas genéticamente, porque ellas ya no actúan por sí solas como los varietales y cultivos. Estos últimos se conectan a los ritmos que están presentes en la naturaleza y a todo lo que ello implica”. 

“En agricultura convencional, lo que no se puede medir no se puede aceptar y lo mismo ocurre en la economía, la salud y la educación”, reflexiona este agrónomo de 37 años, que está “en esto” desde los 14 y que asegura que todos los días descubre algo nuevo. “Para alguien que necesita que todo esté a la vista es muy difícil interpretar cuáles son las fuerzas que están detrás de lo que ve; para nosotros la materialización es un flujo de energía que permite que aquello que se va a materializar lo haga de una u otra manera, no se trata solo de ver que a una planta le faltan nutrientes sino de pensar qué paso para que eso ocurriera, que fuerzas participaron en este proceso”.

Volviendo al tema de los preparados hay de muchos tipos y cada uno sirve para tratar temas específicos, como el flujo del carbono o el calcio en el suelo. Lo curioso es que en la medida de que se usan no solo mejoran las plantas sino las personas involucradas en el proceso. “Por ejemplo, muchas veces se resuelven problemas de comunicación en los equipos de trabajo, porque cuando la planta mejora también mejoran las relaciones entre las personas”, explica Pablo.

“¡Parece mágico, y lo es!, porque lo que ocurre es que se alinean las fuerzas y se genera una mejor sintonía entre el pensar, el sentir y el actuar consecuente. Muchas veces estamos muy vinculados a procesos terrenales y esto hace que nos quedemos atrapados en la avaricia y el egoísmo, entre otras actitudes, lo cual se refleja en el comportamiento de otros reinos como el mineral, el vegetal y el animal. Cuando se ordenan las fuerzas complementarias, todo esto desaparece, cambia de rumbo. De hecho, cuando pienso en todos los problemas que tenemos en el mundo, lo veo muy reflejado a la forma en que hoy se hace agricultura. No me parece un hecho menor”. 

-Entiendo que la biodinámica trabaja con preparados. ¿En qué consisten y cómo se aplican?  

-En 1924 Rudolf Steiner presentó varios preparados basados en minerales, plantas medicinales y órganos de animales que, sometidos a diferentes condiciones, confieren cualidades potenciadas relacionadas a las fuerzas presentes en cada elemento que se utiliza. 

-¿Por ejemplo?

-El preparado de silicio (también conocido como 501), se elabora con cuarzo finamente molido y colocado en un cuerno de vaca que se entierra durante la primavera y luego se desentierra en otoño para utilizar el resultante en las aplicaciones de campo. Se usa en pequeñas cantidades, como 5 gramos por hectárea. Se dinamiza en agua y se aplica de diferentes maneras de acuerdo al proceso que vemos necesario regular en el campo. Se puede aplicar en la mañana, con los procesos de exhalación, o más bien por la tarde cuando las fuerzas de inhalación gobiernan la tierra. 

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-¿Qué aporta?

-Este es un preparado contractivo cuyo aporte es equilibrar las fuerzas cósmicas relacionadas a la luz, el calor y a los procesos morfológicos que, una vez introducidos al suelo, se reflejan hacia arriba a través de las plantas. Inducir procesos contractivos en el desarrollo de las plantas es muy necesario para lograr una correcta floración y fructificación. Además, juega un papel clave en la conformación de aceites, la fotosíntesis y los procesos de reflexión y absorción de colores. Por eso es tan importante, porque en definitiva eso es lo que nos alimenta espiritualmente: los aromas, sabores, colores, todo lo que está presente en un alimento. 

-Además de Steiner, ¿hay otro referente?

-Un agricultor e investigador llamado Hugo Erbe también ha desarrollado otros preparados que son considerados ofrendas al mundo espiritual. 

-¿Ofrendas?

-Sí. Una ofrenda es un reconocimiento a algo, a alguien; reconocer que está ahí y que podemos contar con su apoyo y que nos permite ver el camino al Padre. Cuando reconocemos a otras personas o individualidades estamos haciendo lo mismo, nos estamos ofrendando en este acto. Erbe desarrolló más de 20 preparados que nos sirven como herramientas para ordenar las fuerzas que se movilizan desde lo suprasensible. Actualmente en Ecuador, en la finca Bio NUNA, estamos teniendo una experiencia interesante con el preparado de Armonización y el preparado de Clorofila. Este último trabaja el ordenamiento de las fuerzas de calor floral y de fruto, incentivando la contracción de los procesos y permitiendo una correcta floración y fructificación. Encontrar el equilibrio no es tarea de una aplicación, sino que demanda acercarse a la comprensión y al entendimiento de lo que implica el trabajo con los preparados. 

-Desde La Abundancia, ¿están trabajando en algún tipo de certificación biodinámica?

-No es lo que más nos interesa porque una certificación solo se ocuparía de cosas terrenales, como haber usado determinados preparados o haber manejado el suelo de determinada manera, y esto va mucho más allá porque tiene que ver con lo espiritual en la granja, y claro, el alimento que luego consumimos u ofrecemos. Hemos certificado muchos años, pero nuestra manera de ver las cosas también ha cambiado. 

-¿En qué consiste este cambio?

-Hoy confío en que el único proceso de validación que está moralmente vigente para generar un aval de los productos es el del propio consumidor. En los años que venimos trabajando hemos intentado acercarnos al consumidor y mostrarles la manera en que trabajamos para que ellos mismos generen un proceso consciente en sus hábitos de consumo. La respuesta ha sido muy positiva y creo que hoy los productos Arapeguá (marca representativa de la cooperativa La Abundancia) hablan por sí solos, porque el que lo prueba siente que le hace bien, siente que quiere volver a consumirlo, siente que está ofreciendo a su familia algo auténtico y no hay sello que logre generar el mismo efecto, sino que es el resultado de las acciones plasmadas en el producto el que lo genera. Es más, creo que los sellos pueden tomar validez en el mercado solamente si el producto así lo representa, de lo contrario termina todo siendo un circo, y el consumidor ya no está para tanto show.  

-O sea que un sello no muestra la verdad…

-Un sello no puede describir el proceso que está viviendo el agricultor, ni las fuerzas que están presentes en el alimento que ha producido. Yo puedo utilizar un preparado o respetar el ciclo de los astros, pero si no estoy conectado y no comprendo lo que está ocurriendo, ese alimento no va a contener “fuerza vital”, lo que no se refiere a propiedades como proteínas o aminoácidos sino que tiene que ver con las fuerzas espirituales vinculadas al alimento que reavivan la vitalidad en quienes la consumen. Cuando comemos esos alimentos volvemos conectar el pensar con el sentir y el actuar, que es la única manera de generar un proceso consciente evolutivo en el ser humano.

-¿Cuál es, entonces, la finalidad de la agricultura biodinámica?

-Que el ser humano trabaje en su interior. 

-¿Y cómo se relaciona el chocolate en todo esto?

-Ah, sí (risas). En ese momento estaba en Ecuador, aprendiendo a elaborar este producto que también se va a ofrecer desde La Abundancia. Karen es ecuatoriana y si bien hace más de 13 años que vivimos en Misiones, nunca dejamos de viajar a visitar a familiares y amigos. Entre estos viajes también hemos acompañado a productores de cacao, compartiendo nuestros conocimientos en el ámbito de este tipo de agricultura que practicamos, desarrollando preparados y aprendiendo a su vez mucho de cada uno de ellos. Aprendimos mucho sobre el cacao fino y de aroma, como se reconoce mundialmente a estas variedades nacionales de cacao. Cuando uno prueba un chocolate de estos, genera sensaciones increíbles, por eso estamos trabajando en montar una pequeña fábrica de chocolate y esperamos llevar una variedad de productos desarrollados para su comercialización en Argentina. Es un gran desafío, pero confiamos en que las condiciones se darán si nos alineamos a lo que la Divinidad tenga preparado para nuestras vidas.

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