La aflicción

La aflicción es una realidad constante en la vida de muchas personas, pero debemos entender que teniendo conocimiento de la Palabra de Dios podremos enfrentar y superar todo dolor emocional. Veamos algunos puntos 

Oseas 4:6 “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos”. 

  1. ¿Cuál es el posible origen de la aflicción?

1. Por causa de otros. Cuando el dolor ha sido causado por otro, tenemos la oportunidad de crecer en una actitud de perdón. Esta nos debe llevar a un perdón pleno, a reconciliación y a restauración de la relación con el ofensor. (2 Timoteo 4: 5) Dios nos advierte en cuanto a nuestros juicios. Él nos dice que el pecado de otras personas no puede ser una excusa para nuestra propia amargura, desobediencia o falta de amor. 

Él es juez verdadero y justo, y nosotros debemos confiar en sus juicios. Por lo tanto no debemos pagar mal por mal ni buscar venganza.

2. Porque la buscamos. Yo sufro porque pequé. Estoy embarazada sin haberme casado porque abandoné los mandamientos de Dios y la protección que ofrecían. Mis hijos me han dejado porque en forma constante yo no los amé y los traté con dureza. Estoy enfermo físicamente en razón de mis celos constantes. Mi novia me dejó por mis arranques de ira y mi mal carácter. Tengo problemas pulmonares porque fumé durante 40 años. Perdí mi trabajo porque le robaba a mi patrón y faltaba por cualquier motivo. Soy pobre porque he sido un holgazán y una persona irresponsable. (Isaías 59:1) En este tipo de aflicción hay esperanza de cambio. Dios no sólo nos ofrece perdón de pecados en Cristo, sino que también nos da el poder para rechazar el pecado. Esto quiere decir que si queremos y ponemos voluntad, podemos cambiar, porque hemos recibido el Espíritu Santo de poder al aceptar a Cristo como Señor de nuestras vidas y Él nos fortalece y nos ayuda para ser mejores personas.

3. Por la herencia de la maldición. Aunque participamos en el pecado de Adán (Romanos 5), fue Adán mismo quien pecó y produjo miseria y muerte a toda su descendencia. En razón de su pecado nosotros experimentamos la maldición sobre toda la creación. 

Ésta puede ser la causa más frustrante de la aflicción. Es como si la culpa no fuera mía ni de nadie. No hay nadie con quien reconciliarse, nadie para perdonar ni tampoco seguridad de cambio. En realidad, los medicamentos pueden hacer retroceder temporalmente algunos efectos de las maldiciones, pero los beneficios parecen superficiales. Solo Cristo puede sacarnos de la maldición y romper sus consecuencias, ¡pero debe haber una entregar genuina y real de espíritu, alma y cuerpo!

4. Por satanás. (1ª Pedro 5:8) Él se deleita produciendo dolor al pueblo de Dios. El libro de Job lo muestra como un enemigo que usa el sufrimiento para fomentar los propósitos de su propio reino. (Juan 8:44) Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de lo suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira que inflige sufrimiento por medio del dolor físico y de distintas pérdidas. El tormento del apóstol Pablo provenía de «un mensajero de satanás» (2 Corintios 12:7). 

El diablo también puede causar acusaciones, promoviendo peleas y divisiones en el pueblo de Cristo, procura llevarnos a la tristeza y desesperanza, cuestionando la bondad de Dios.

Él es escurridizo. Es engañador. Se debe advertir a aquellos que sufren en cuanto a los propósitos de satanás, de manera que puedan estar alertas a sus mentiras y luchar prontamente contra él. La actitud de más violencia contra él es confiar en Dios y seguir a Cristo en obediencia aun cuando sufrimos.

Satanás no es la única causa de sufrimiento, pero tiene parte activa en todo sufrimiento. Su presencia no minimiza la responsabilidad ya sea de otros o de nosotros, porque puede causar gran sufrimiento pero no nos puede obligar a pecar. 

Curiosamente, el blanco de la frustración del que sufre por lo general es Dios; raramente le echa las culpas a satanás. ¿Es verdad que Dios causa sufrimiento? Así lo creía Noemí. Al regresar a su tierra después de perder a su esposo y a sus hijos (Rut 1:20). Ella no tenía el conocimiento de la obra del demonio y quizá no veía que Dios podía tomar la obra del diablo y convertirla en bendición. Cuando la esposa de Job aconsejó a su esposo que maldijera a Dios y se muriera, también creyó que el culpable era Dios. Su consejo fue malvado, pero tenía razón al pensar que Dios estaba detrás del sufrimiento de Job. 

(Proverbios 19:3) Algunos maestros bíblicos tratan de distinguir entre lo que Dios ordena y lo que Él permite, pero la distinción es a veces un intento de justificar a Dios. Dios es rey sobre todo. El obra «según el designio de su voluntad» (Efesios 1:11).

  1. ¿Para qué sirve la aflicción que no merecemos?

(2 Corintios 1:2-11) La paz depende de la sabiduría de como enfrentas las aflicciones. El por qué de las aflicciones es muchas veces misterioso, pero cuando podemos entender el “para qué” ¡podríamos ver que detrás de toda aflicción hay también una gran victoria!

1. Para practicar la misericordia. (2 Corintios 1:4) Una de las grandes bendiciones de las aflicciones es poder entender y llevar consuelo real a personas en sufrimiento. 

Ser discapacitado, haber padecido algún tipo de abuso o haber quedado huérfano sin duda es una gran aflicción. Pero si la persona se entrega a Cristo, Dios la fortalece interiormente y la convierte en una tremenda arma de consuelo multiplicativo, además de dar fortaleza a personas con aflicciones menores.

2. Derrotar la autosuficiencia(2 Corintios 1:8-10) Las grandes comodidades, los grandes dones y las grandes virtudes fortalecen la autosuficiencia.

(Marcos 10:23-25) Pero podemos aplicarlo a cualquier virtud, ¡A la persona que habla bien le cuesta confiar en el Señor! El que ejecuta bien un instrumento no confía en el Señor, etc. Entonces es muy interesante comprobar que la aflicción te hace depender de Dios y ya esto es una bendición asegurada en la tierra y en la eternidad. ¡La aflicción sirve para que no confiemos en nosotros mismos y volquemos nuestro corazón en Dios!

3. Para probar el poder de la oración. (2 Corintios 1:11) ¿Cómo podríamos contar testimonios de la misericordia de Dios si no hubiera venido primero la aflicción? (Salmos 66:16)

Una de las cosas que más nos gusta escuchar son los testimonios de personas que cuentan lo que Dios hizo en su vida. Al escucharlo, nos animamos a creer que Dios lo puede hacer también con nosotros. En Hechos, el apóstol Pablo nos habla de una carrera para dar testimonio (Hechos 20:24) Los testimonios son sumamente importantes y nos ayudan en muchos aspectos de nuestra vida espiritual.

Primeramente podemos decir que los testimonios son señales que marcan el caminoQuizás situaciones que tuvimos que enfrentar hicieron que no encontráramos el rumbo, y un testimonio nos ayuda a recordar cuál es la senda, el camino del Señor. También los testimonios nos permiten enfrentar las próximas pruebas.

El testimonio es el anuncio de Dios que nos dice: “No te entregues, lo puedo hacer otra vez”Los testimonios traen el Reino de Dios a la tierra, necesitamos escuchar a Dios en nuestro medio. Cuando la persona cuenta lo que Dios hizo en su vida es Dios mismo que está hablando y esto es más poderoso que cualquier filosofía humana.

Quizás tenemos un testimonio, pero no siempre queremos ser testigos. El testigo se compromete con su testimonio hasta las últimas consecuencias. En griego, la palabra testigo y la palabra mártir tienen un mismo origen, es decir que el testigo está dispuesto a dar su testimonio hasta las últimas consecuencias. 

Pedro, había conocido a Jesús, pero llegó la hora donde debía dar testimonio y lo negó, le faltó el poder para ser testigo.

Pero luego llegó Pentecostés y el poder del Espíritu Santo se derramó sobre Pedro y su vida fue transformada; se cuenta que al momento de ser sacrificado pidió que lo crucificaran boca abajo ya que no era digno de morir como su Señor.

El Espíritu Santo viene a convertirnos en testigos, y no habrá mayor satisfacción ni gratificación en esta vida que Dios use nuestro testimonio para alcanzar a los que todavía no lo conocen.

Que Dios te bendiga y tengas una semana de completa victoria! 

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