La fábrica de zapatillas Topper, a punto de cerrar por boom de importaciones

Getting your Trinity Audio player ready...
Compartí esta noticia !

La histórica marca deportiva Topper, símbolo de la industria nacional argentina durante décadas, atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia. Lo que hasta hace pocos años eran anuncios de inversión y expansión hoy se transformó en un escenario de fuerte incertidumbre que pone en riesgo la continuidad de su producción en la planta de Aguilares, Tucumán.

El corazón de la crisis combina múltiples factores macroeconómicos. Por un lado, la apertura de importaciones de calzado y textiles introdujo productos de menor costo que compiten directamente con la manufactura local. Por otro, la caída del poder adquisitivo redujo de forma significativa las ventas, presionando la estructura de una empresa nacida en el seno de Alpargatas S.A.I.C., una de las textiles más emblemáticas del país.

Desde sus orígenes, Topper se propuso ofrecer calzado deportivo resistente, accesible y de producción nacional. Su nombre, inspirado en el perro de uno de los directivos, se convirtió con el tiempo en sinónimo de cultura popular: sus clásicas zapatillas de lona marcaron a generaciones y se consolidaron como parte del uniforme urbano y escolar de la clase media argentina.

Durante las décadas del 80 y 90, la marca alcanzó su auge. Fue elegida por figuras como Guillermo Vilas y vistió a equipos de la Liga Nacional de Básquet, clubes históricos del fútbol argentino y hasta selecciones de rugby. Ese posicionamiento la convirtió en una referencia indiscutida del deporte nacional.

Sin embargo, la compañía no es ajena a los ciclos de crisis. En 2007 fue adquirida por el grupo brasileño São Paulo Alpargatas, y en 2021, en plena salida de la pandemia, anunció inversiones para ampliar su planta en Aguilares con el objetivo de sustituir importaciones y exportar a la región. Ese impulso quedó truncado frente al actual contexto económico.

Según denuncias de la Unión de Trabajadores de la Industria del Calzado (UTICRA), la planta perdió cerca de 150 puestos de trabajo en los últimos dos años. A esto se suma una fuerte caída en la utilización de la capacidad instalada, que hoy se ubica por debajo del 30%, en línea con una industria del calzado que muestra sus peores niveles en dos décadas.

El escenario abre la puerta a un cambio estructural: la posibilidad de abandonar la fabricación local y migrar hacia un esquema basado en importaciones, principalmente desde Brasil. De concretarse, implicaría el cierre de la planta y la transformación de Topper en una marca comercial sin producción propia en el país.

Mientras tanto, la empresa busca sostener liquidez mediante promociones y participación en eventos comerciales como el Hot Sale, en un intento por reducir stock y mantener operaciones.

El impacto trasciende lo empresarial. En Aguilares y el departamento de Río Chico, la fábrica es el principal motor de empleo privado. Su eventual cierre implicaría un golpe directo sobre toda la economía local, afectando no solo a los operarios, sino también a proveedores de servicios, logística y comercios vinculados.

Actualmente, los salarios —afectados por jornadas reducidas— rondan los 700.000 pesos, con pérdidas mensuales estimadas entre 150.000 y 250.000 pesos por menor carga laboral. En este contexto, el gremio advierte sobre retiros voluntarios en cuotas y alerta sobre un posible proceso de vaciamiento.

En paralelo, el mercado se reconfigura rápidamente. Marcas globales como Adidas, Nike y Puma ganan terreno con productos importados, mientras que nuevas líneas de bajo costo ocupan el segmento que históricamente dominó Topper. La combinación de apertura comercial y cambio en el consumo acelera este desplazamiento.

Especialistas coinciden en que el problema excede a una empresa. La industria nacional enfrenta limitaciones estructurales vinculadas al denominado “costo argentino”: presión impositiva, altos costos logísticos y dificultades para acceder a insumos importados. En este contexto, competir con productos fabricados a escala global se vuelve cada vez más complejo.

La discusión de fondo es si el modelo industrial vigente es sostenible. Para algunos analistas, la salida no pasa por competir en precio, sino por apostar a la especialización y la innovación. Sin embargo, advierten que sin previsibilidad macroeconómica es difícil atraer inversiones que permitan ese salto tecnológico.

El caso de Topper, así, se convierte en un síntoma de una tensión mayor: la de una industria que busca sobrevivir en un mercado global cada vez más competitivo. Su destino no solo definirá el futuro de una marca icónica, sino también el de miles de trabajadores y el rol de la producción nacional en la Argentina que viene.

Autor

Compartí esta noticia !

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin