SAN ANSELMO, CALIFORNIA - JULY 05: In this photo illustration, the Threads logo is displayed on a cell phone on July 05, 2023 in San Anselmo, California. Instagram parent company Meta is set to release Threads on July 6, a potential rival to Twitter, the fledgling social media app run by Tesla CEO Elon Musk. (Photo Illustration by Justin Sullivan/Getty Images) (Photo by JUSTIN SULLIVAN / GETTY IMAGES NORTH AMERICA / Getty Images via AFP)
La identidad atrapada en el scroll infinito
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¿En qué pensarías si te preguntara qué son las redes sociales? ¿Y qué respondería alguien hace 30 años?
Probablemente ambas respuestas diferirían. Mientras hoy en día aludimos a aplicaciones como Instagram, TikTok o Facebook, tres décadas atrás alguien podría haber hablado de “las relaciones entre personas, redes y el tejido social de una comunidad”. Aunque hace 30 años ya existían diversas formas de entretenimiento —y no estábamos exentos de la búsqueda constante de dopamina barata—, aquí nos enfocaremos en cómo las redes sociales actuales afectan tanto nuestras relaciones humanas como lo que podríamos llamar nuestra “salud social”.
Evolución de las Redes Sociales
En sus inicios, lo más parecido a una red social eran los foros en línea, donde usuarios de todo el mundo podían intercambiar textos siempre que tuvieran acceso a Internet. El salto cualitativo llegó con plataformas como Facebook, Friendster y MySpace, que introdujeron el sistema de “Amigos”: los usuarios se enviaban solicitudes de amistad para seguir las publicaciones de los demás. Más adelante, Instagram y Snapchat incorporaron la dinámica de las “Historias”, un contenido visible solo por 24 horas.
El siguiente gran paso fue la aparición de TikTok, lanzada en 2016 en China bajo el nombre de Douyin y expandida internacionalmente en 2017. Tras fusionarse con Musical.ly en 2018, se consolidó globalmente con su formato de vídeos cortos y un algoritmo avanzado de inteligencia artificial que selecciona contenido según el comportamiento de cada usuario. Esto permite que creadores desconocidos se vuelvan virales en muy poco tiempo y ha transformado la manera de consumir, crear y difundir tendencias culturales y desafíos virales.
El Refuerzo de Ratio Variable: La Adicción del Scroll Infinito
A medida que las tecnologías avanzaban para retener cada vez más tiempo a los usuarios, también lo hacía la adictividad de estas plataformas. Pero no se trata solo de un contenido ajustado a tus intereses: entra en juego el llamado refuerzo de ratio variable, un principio psicológico similar al de las máquinas tragamonedas. En este mecanismo, las “recompensas” (o contenidos atractivos) llegan de forma impredecible mientras haces scroll. Nunca sabes qué verás a continuación, y esa incertidumbre alimenta la anticipación, lo cual refuerza el comportamiento de seguir desplazándote.
Este diseño maximiza el tiempo de uso y, en ocasiones, fomenta conductas compulsivas. No es casual que la economía de la atención se haya convertido en uno de los grandes debates de nuestra era digital: las redes sociales compiten ferozmente por cada segundo que pasamos conectados.
La Identidad Digital
Otro factor crucial es la forma en que las redes sociales moldean nuestra imagen y reputación. Ya no basta con “ser” quienes somos, sino que muchas veces debemos “proyectar” esa imagen en línea para mantener la aprobación social y encajar en determinados estándares. Para algunos, la valía personal parece depender más de la habilidad de exhibir vidas interesantes que de las características reales como individuo. Esto puede generar estrés, ansiedad y la sensación de no estar a la altura, ya que la comparación con otros perfiles digitalmente “perfectos” es constante e implacable.
Conclusión
Puede parecer una simple cuestión de “progreso” tecnológico, pero el impacto de estas aplicaciones en nuestras relaciones cotidianas es innegable y, a veces, preocupante. Hace tres décadas, si dos personas se encontraban en una parada de autobús y no tenían nada que hacer, podía surgir una conversación espontánea que forjara un vínculo, aunque fuera breve. Hoy, esa escena suele ser muy distinta: ambas personas miran la pantalla de su teléfono, absortas en un universo digital hecho a medida para su propio entretenimiento.
Las redes sociales no son el enemigo en sí mismas: ofrecen canales de comunicación instantánea, oportunidades laborales, difusión de contenido creativo y hasta apoyo emocional en momentos difíciles. Sin embargo, su diseño adictivo, la tendencia a convertir lo inmediato en prioridad y la competencia por mostrar la mejor versión de nosotros mismos tiende a mermar la calidad de nuestras interacciones humanas. Más que preguntarnos si las redes sociales deberían o no existir, tenemos que reflexionar en cómo utilizarlas conscientemente, moderar su influencia en nuestro día a día y recordar que, más allá de la pantalla, siempre habrá personas y vínculos reales que merecen ser atendidos sin filtros ni algoritmos de por medio.
