La paradoja del voto yerbatero: cuando el enojo va contra los propios intereses

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Por Mónica Gómez. El 8 de junio, Misiones volvió a las urnas para renovar parte de su poder legislativo. Lo que parecía una elección más bajo el dominio del oficialismo provincial mostró fisuras que invitan a una lectura más profunda. La Renovación, fuerza que gobierna la provincia desde hace más de dos décadas, ganó, pero con márgenes más estrechos y un crecimiento llamativo de La Libertad Avanza en municipios productivos como Oberá y Comandante Andresito.

¿Qué lleva a un sector productivo históricamente ligado a las economías regionales —como el yerbatero— a votar a una fuerza política que impulsa la desregulación total del mercado?

La crisis económica nacional, la inflación, la caída del poder adquisitivo y el vaciamiento de instituciones como el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) sin duda alimentaron el descontento. El gobierno de Javier Milei eliminó los mecanismos que equilibraba el precio entre productores, secaderos e industrias. Como resultado, el precio de la hoja verde cayó drásticamente, golpeando a miles de familias que dependen de la actividad.

En ese contexto, la bronca se tradujo en las urnas. Pero lo paradójico es que, en muchos casos, ese voto fue hacia quienes generaron esta crisis. Una anécdota concreta lo expone con crudeza: en el cierre de campaña de La Libertad Avanza, un productor de Apóstoles, Andrusyzyn, llevó una propuesta al espacio libertario y logró una breve reunión con figuras clave como Karina Milei y Martín Menem. Allí les planteó la necesidad urgente de designar un presidente para el INYM y restituir su rol regulador. La respuesta fue tan clara como lapidaria: no lo iban a hacer. No había voluntad política de intervenir a favor del sector.

Aun así, ese espacio fue votado por un segmento del electorado yerbatero. ¿Por qué? Porque no todo voto es puramente racional: también hay desesperanza, desinformación, rechazo a la política en general o la búsqueda de una salida distinta, aunque sea en dirección contraria a los propios intereses.

En ese escenario, la provincia no estuvo ausente. A pedido de los mismos productores, el gobernador Hugo Passalacqua presentó un recurso de amparo en defensa del INYM. Fue el resultado de una gestión que se articuló desde los territorios, pero que encontró una negativa persistente del gobierno nacional. La provincia actuó en el marco de sus competencias, aun cuando Nación se negó sistemáticamente a escuchar o habilitar soluciones.

Sin embargo, los esfuerzos institucionales no siempre logran traducirse en confianza política. La desconexión entre las herramientas disponibles y su conocimiento efectivo por parte de los productores sigue siendo una deuda. En muchos casos, no se sabe qué políticas están vigentes, cómo se gestionan ni qué impacto real pueden tener. Esa brecha entre el Estado y la chacra es donde crecen el desencanto y las soluciones mágicas.

En este contexto, algunos sectores opositores capitalizaron el malestar. El espacio liderado por Héctor “Cacho” Bárbaro logró recuperar votos en territorios rurales, apoyado en la presencia constante de dirigentes como Cristian Castro. Pero no se trató de una marea, ni de una transformación estructural: el voto fue, sobre todo, expresión de urgencias acumuladas.

La paradoja yerbatera que dejó esta elección interpela a toda la dirigencia, pero también a la ciudadanía. Cuando la política no logra hacerse carne en el territorio, cuando no se comunica con claridad lo que está en juego, y cuando las respuestas llegan tarde o no se entienden, el enojo busca salidas impensadas.

La yerba mate no sólo es símbolo de identidad misionera: hoy también es un termómetro político. La pregunta que queda abierta es si la próxima vez que hable el voto de la chacra, será desde la paradoja o desde la construcción colectiva desde un modelo que realmente defienda sus intereses.

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