«Las exigencias de la fe»

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El pasado 21 de agosto, fue el día de San Pío X, Papa. Ese día rezamos y agradecemos especialmente por  nuestros catequistas. El fin de semana pasado celebramos la catequesis con un encuentro masivo y  diocesano. A todos los catequistas, que son miles, quiero agradecer y celebrar con ustedes todo lo vivido.  Los catequistas son una gran fortaleza en toda la acción evangelizadora de la Iglesia y en la vida cotidiana  de cada comunidad. En relación a la catequesis y la evangelización, observamos que nuestro pueblo  realmente tiene una gran religiosidad, pero esta no siempre es suficientemente cristiana y, por lo tanto,  debemos buscar caminos para evangelizarla.  

En el documento de la Conferencia Episcopal Argentina, «Navega mar adentro» se señala la necesidad de  evangelizar «la búsqueda de Dios». Si bien «el secularismo actual concibe la vida humana, personal y  social, al margen de Dios y se constata incluso una creciente indiferencia religiosa. No obstante, se percibe  una difusa exigencia de espiritualidad que requiere canales adecuados para promover el auténtico  encuentro con Dios» (Cfr. NMA 29)  

El texto del Evangelio de este domingo (Jn 6,60-69), puede ayudarnos a entender que no todos los caminos  promueven un auténtico encuentro con Dios. Es más, a muchos les cuesta comprender la fe que Jesucristo  nos enseña. El texto de San Juan se sitúa al final de una larga enseñanza del Señor sobre el pan de vida:  «Yo Soy el pan de vida bajado del cielo. El que coma de este pan, vivirá para siempre. Y el pan, que yo  daré es mi carne. Yo la doy para la vida del mundo». Esto escandalizó a muchos de sus discípulos que lo  abandonaron porque decían «esta doctrina es inadmisible». Jesús les preguntó a los Doce: ¿ustedes  también me van a abandonar?, y Pedro tomando la iniciativa, le dijo a Jesús: «Señor ¿a quién iremos? Tú  tienes palabras de vida eterna».  

Todos debemos sentir la necesidad de asumir este camino de discipulado o de formación permanente.  Debemos agradecer que nuestra gente tenga una fuerte religiosidad y deseos de búsqueda de Dios. Pero  es cierto que la religiosidad, si no asume un camino de maduración en la fe, puede quedar anclada en  meras devociones, en promesas de un mundo feliz, light, que solo son burbujas engañosas, o bien, en  rituales vaciados de compromiso con la vida y con el riesgo de generar desequilibrios afectivos y  psicológicos. La fe que nos enseña Cristo, como nos lo dice el texto bíblico de este domingo, es una  enseñanza y un camino exigente. La fe para los cristianos está ligada al misterio de la Encarnación y de la  Pascua.  

Entre las tantas propuestas religiosas podemos percibir que no son un camino adecuado para un auténtico  encuentro con Dios, aquello que nos señala el documento Navega mar adentro: «grupos pseudorreligiosos  y programas televisivos que proponen una religión diluida, sin trascendencia, hecha a la medida de cada  uno, fuertemente orientada a la búsqueda de bienestar y sin experiencia de qué significa adorar a Dios.  Ocurre, por lo general, que, sorprendidos en su buena fe, y poco formados por la Iglesia, algunos cristianos  entran en círculos difíciles de abandonar cuando la desilusión o la mentira quedan en evidencia» (NMA  31).  

La maduración en la fe nos enseña a actuar con responsabilidad con ese don de Dios y buscar caminos  para formarnos, orando y asumiendo valores como la justicia, la libertad, la paz y la solidaridad. Sobre  todo, a vivir el misterio Pascual y la fe eclesial, de tal manera que tengamos una espiritualidad que nos  permita ser cristianos en la vida cotidiana. Es importante recordar que la fe que no se encarna en la vida,  termina siendo una religiosidad vacía y superficial. Lamentablemente estas formas de religiosidad  terminan siendo la antesala del secularismo, o provocando la indiferencia de la fe. 

Les envío un saludo cercano y ¡hasta el próximo domingo! 

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