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Milei, ¿alineado o alienado?
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La teoría marxista define a la alienación como “el proceso por el cual las personas se vuelven ajenas al mundo en el que viven”. Curioso e irónico utilizar un concepto de un autor (Karl Marx) que detesta el presidente Javier Milei para intentar entender con un poco de sarcasmo el trasfondo de sus decisiones en política exterior, donde el alineamiento con lo que él denomina “mundo libre” parece ser una alienación del sentido común hacia dónde giran la mayoría de los países actualmente. A pesar de ello, hay un cambio de era que es inevitable y el fin del globalismo se posa sobre el horizonte, y sobre él, nuevas perspectivas geopolíticas a futuro.
OMS gate
Si algo le faltaba a nuestro país era subirnos a la nueva ola internacional. Hay una animosidad de descrédito hacia instituciones mundiales, la cual tiene explicación desde el propio encono de los intereses de Trump en su carácter como presidente de Estados Unidos.
La gestión republicana arremetió contra la Organización Mundial de la Salud y se retiró de la misma, Argentina siguió sus pasos e inusitadamente rompió lazos con esta entidad global.
Las razones argentinas fueron prácticamente dos: el financiamiento y la condena hacia decisiones o consejos emitidos durante la última pandemia de COVID 19, lo que involucró directamente a las cuarentenas.
Más allá del cimbronazo que pueda significar esto, la pregunta es que pierde Argentina con esto. La misma fue fundada en 1948, en el marco de la ONU y tiene como objetivo poner en contacto a naciones, asociados y personas a fin de promover la salud, preservar la seguridad mundial y servir a las poblaciones vulnerables.
El fin político de la OMS es trazar estrategias para combate y prevención de amenazas sanitarias en el mundo, con el fin de mantener unicidad de criterio a la hora de accionar. Justamente, esto es lo que puede perder Argentina. Las vacunas y los planes de contingencia, así como también las instituciones sanitarias no gubernamentales son quienes se encuentran en una encrucijada crítica para poder mantenerse en pie.
Además de la OMS, otro posible golpe sería contra el Acuerdo de París y el Consejo de DDHH de la ONU. El primero es un tratado internacional jurídicamente vinculante que aborda la problemática del cambio climático. Este fue sancionado en 2015 y tiene como objetivo limitar el calentamiento mundial muy por debajo de 2, preferiblemente a 1,5 grados centígrados, en comparación con los niveles preindustriales.
Paralelamente a esto, el país puso en vilo su continuidad en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas (fundado en 2006), un ente que vela por la protección de estos derechos fundamentales en el mundo y del cual Argentina es miembro con la reciente historia de la última dictadura cívico militar y los delitos aberrantes que se cometieron. Cabe destacar que la idea de este ente es justamente la de establecer pautas comunes y de prevención ante posibles flagelaciones humanas conjuntas o inclusive genocidios. Su tarea es avizorar esto e informar para intentar desactivar estas situaciones.
Tres conceptos: salud, cambio climático y derechos humanos. Todos ellos en último orden para el gobierno nacional. Más allá de intentar matizarlo con argumentos internos, es imposible no pensar en la cantidad de conspiracionistas que pueden tomar vuelo con este ambiente político. El negacionismo podría salir a flote sin tapujos públicos y abarcando un abanico de sectores y con ello, el peligro comunitario inminente.
Made in Trump
Parece ser que todas las decisiones de Javier Milei hoy pasan por el agrado (o visto bueno) del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Más allá de cierta admiración que pueda sentir el mandatario argentino, hay dos factores a considerar para entender este acercamiento notorio y hasta hartante.
Por un lado, Trump plantea un nuevo orden mundial que contempla el fin de la globalización y el ascenso de nacionalismos conservadores. Está a las claras que Milei no considera ni cercano el concepto de nacionalismo pero sí el del conservadurismo desde lo político – cultural. Dejando de lado el entramado económico y de administración interna o aislacionismo, Milei ve un ápice de oportunidad de enarbolar la bandera de esa batalla cultural que está tan instalada en redes sociales argentinas pero que poco a poco sale a la luz un correlato a nivel mundial. El alineamiento absoluto de Milei responde a una necesidad de posicionarse como uno de los líderes del nuevo orden planteado, el cual habrá que ver hasta dónde llega y el cual, además, debido a las limitaciones de Argentina (no es una potencia mundial) busca mediante gestos constantes demostrar una cercanía que en cierta forma se derrame en lo diplomático y por qué no, en lo económico.
Hablando de economía, esa es la otra razón. Argentina tiene un prontuario difícil de solventar cuando uno habla de deuda externa. La misma, tomada en varios momentos de nuestra historia, nos ubica en un “veraz” de difícil solución. Las entidades crediticias globales son independientes, es cierto, pero también es innegable que la influencia de EEUU puede ser un condicionante enorme para ejecutar pagos y mejoras las condiciones de deuda de nuestro país. El enfoque está puesto allí: un gesto diplomático en la “batalla cultural” que salve el devenir económico argentino.
Más allá de los esfuerzos del gobierno nacional, habrá que ver si es suficiente como para que Estados Unidos sirva como una especie de intermediario indirecto para mejorar la situación de deuda y embargos de Argentina. También es cierto que, en la agenda de Trump, Argentina y América Latina en general, no ocupan un lugar importante y serán, a priori, postergadas en cuanto decisiones de trabajo mancomunado a nivel global.
Hay quienes dicen que la rosca política es cosa técnica y otros que goza de un nivel de tacto humano superior. Hoy Argentina apuesta a un alineamiento que podría acarrear una alienación para conseguir resultados. Todo esto pensando en lo que podría pedir Washington a cambio. Es conocida la situación de que el Tío Sam nunca se queda con las manos vacías.
