¿Por qué el DT en Argentina es un filósofo del juego?

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Casi siempre estamos viendo a los astros del fútbol, los jugadores que son leyendas vivientes, y claro, es difícil no fijarse únicamente en ellos cuando son los que están presentes en todas las portadas, los que llevan su nombre en las camisetas y los que, en principio, deciden partidos. 

Sin embargo, en Argentina ocurre algo singular. El DT es una figura similar a un mesías. Si bien en muchas ocasiones nos olvidamos de ellos, hay que recordar que los entrenadores no son simplemente los gestores del recurso deportivo. Más bien, es alguien que se asemeja a un pensador, un filósofo. 

En muchos casos, la figura de un entrenador ha sido tan definitiva para una época que su apellido se transforma en un ismo para hacer referencia a una escuela.

Esta idolatría hacia la figura del entrenador no se queda en lo táctico, pues es un debate sobre valores, sobre cómo ganar. En el fútbol argentino, la pizarra del entrenador pesa tanto como la gambeta del 10 y su pensamiento moldea la identidad de un equipo como en pocos lugares se ve.

Menottismo vs. Bilardismo, el origen del debate

Para dimensionar la figura del DT en Argentina, hay que volver a la fisura que divide al fútbol argentino: Menotti vs. Bilardo. Estos dos personajes no eran entrenadores, eran dos filosofías de juego, de vida, y para volverlo aún más complicado, ambas ganadoras, pues los dos le dieron al país una Copa del Mundo

Esta dicotomía está tan arraigada que ha marcado durante décadas el estilo de los equipos y la manera en que el público interpreta el juego, desde la conversación en un bar hasta las apuestas de fútbol.

César Luis Menotti, campeón en 1978, es el romanticismo. Su menottismo considera el fútbol como arte, estilo, posesión, ataque y técnica de La Nuestra. Para Menotti, las maneras son tan importantes como el resultado. 

Por el contrario, Carlos Salvador Bilardo, campeón en 1986, es la contracara de este pensamiento. Su bilardismo lleva marcada la frase de Maquiavelo “el fin justifica los medios”; aquí la táctica es un arma de guerra, la picardía es lícita y el sacrificio es obligatorio. 

Este debate no se ha quemado en el pasado; aún está presente en las filas del fútbol argentino, ya que todos los nuevos entrenadores que llegan a la selección son automáticamente encasillados en una de las dos categorías.

El legado de las escuelas modernas

Esta costumbre de endiosar al DT continuó más allá de los años 80 porque la cultura argentina ha continuado produciendo ismos que caracterizan épocas y clubes. 

Uno de los mayores exponentes a nivel mundial ha sido el bielsismo de Marcelo Bielsa. Y si bien su palmarés no dice mucho, su manera realmente obsesiva, su ética de trabajo y su apuesta por un fútbol ofensivo de presión alta terminaron marcando un camino. Su influencia en jugadores y aficionados es tal que crea una especie de culto.

A nivel local, la última década fue gallardista. Marcelo Gallardo revolucionó la figura del entrenador moderno en River Plate, y nuevamente, más allá de los títulos continentales, su época se caracterizó por una maestría psicológica, una competitividad feroz en las finales y la habilidad de reinventar el equipo año tras año, puliendo juveniles y recuperando jugadores.

En la otra vereda, el bianchismo de Carlos Bianchi en Boca Juniors es otro caso digno de estudio. Un pensamiento enfocado en la táctica más pragmática, aunque su aura se cimentó en una mística ganadora. Bianchi era un DT paternalista en el vestuario y un maestro en ganar finales, muchas veces con una dosis de fortuna que sus fieles adjudicaban a su sabiduría.

¿Por qué el director técnico es tan crucial en Argentina?

Si bien la razón no es del todo clara, lo más probable es que esto se deba a que el hincha argentino es extremadamente analítico y apasionado. El fan común no solo desea que gane su equipo, desea debatir el sistema, la inclusión de un doble cinco o de un enganche. 

El fútbol en Argentina es un tema de conversación intelectual, y esta cultura donde los DT son tan glorificados también se debe a los medios y periodistas, quienes han sabido señalar la influencia de los entrenadores para los resultados, convirtiéndolos así en el epicentro del equipo.

El entrenador es el cerebro. Es el chivo expiatorio en la derrota y el principal autor conceptual en la victoria. En un país de oradores e ideólogos, el entrenador es el profeta de una manera de entender el fútbol. 

Antes de un partido importante, es frecuente ver cómo los jugadores son desplazados a un lado en los debates, pues lo que verdaderamente se tiene en cuenta es el enfrentamiento táctico de los entrenadores. ¿El estilo de un entrenador podrá superar al estilo del otro? Como si se tratara de una partida de ajedrez.

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