Promesas de Dios II

Dios nos promete que “confortará nuestra alma”, y nosotros debemos creer en esta promesa y determinarnos a recibirla. Nuestra esperanza en Cristo Jesús es que aunque las cosas no vayan bien, cuando hay restauración del alma, terminaremos en victoria, obtendremos gozo, sanidad, libertad y plenitud absoluta. Veamos lo que nos dice la Palabra de Dios. 
“Confortará mi alma” SALMOS 23:3
El único que puede confortar nuestra alma es el Señor, en momentos de angustia y tristeza Él nos conforta. Él puede confortar tu alma sea cual sea tu necesidad o el momento de tristeza que estés pasando.

I- EL ALMA.
El término “alma” del latín “anima” corresponde al hebreo “néphesh” y al griego “psykhé”. 
En principio, todas estas palabras pretenden resaltar la idea de aliento vital de los seres vivos, tanto animales como humanos. El “soplo divino” mediante el cual el hombre empezó su existencia se refiere precisamente a eso. De manera que el alma, según la Biblia, sería la fuente vital o la vida que anima tanto a las personas como a las bestias. Es lógico, por tanto, que si “alma” equivalía a “vida”, aquello que sustenta la vida, como puede ser la sangre, se relacionaba también con el alma (Génesis 9:4; Levitico. 17:10-14). Incluso se dice, ya en el Nuevo Testamento, que el Señor Jesucristo derramó su alma hasta la muerte y su sangre para remisión de pecados. No obstante, “néphesh” es mucho más que el principio vital. En general, esta palabra aplicada al ser humano, en la mentalidad hebrea, designa también el centro de la persona donde radican los sentimientos, las emociones, el intelecto y la voluntad. Así, por ejemplo, para indicar que un hombre se enamoró de una mujer, se dice que “su alma se apegó a ella” (Génesis 34:3). Es por ello que la escasa revelación determinó que en el antiguo testamento morir el cuerpo era un estado misterioso del alma. ¡En la tumba! 
El Antiguo Testamento no contempla ninguna división entre el cuerpo y el alma del hombre sino que se trata de una unión completa. Más tarde, cuando se habla de espíritu, alma y cuerpo -como hace Pablo (1 Tesalonicenses 5:23)
Y comenzamos a entender que Dios atiende las tres partes, sanando el espíritu de tal manera que empieza a tener comunión con el Creador, sanando el alma cuando es liberado, pues los demonios afectan el alma o sea las emociones y la voluntad, y sanando el cuerpo cuando hace un milagro.
La Palabra de Dios habla “hasta partir el alma y el espíritu” (Hebreos 4:12). Cuando la Biblia habla sobre el espíritu del hombre, generalmente habla de una fuerza interior que anima a una persona en una u otra dirección. En varias ocasiones se muestra como una fuerza dinámica (por ejemplo, Números 14:24).
Se ha dicho que hay solamente dos cosas que permanecen: la Palabra de Dios (Marcos 13:31) y las almas de los hombres. Esto es porque, como la Palabra de Dios, el alma es imperecedera.

II- LA RESTAURACIÓN.
Confortará: del hebreo shub. Raíz primaria; volverse, literalmente o figurativamente a menudo adverbio de nuevo: recuperar, reflexionar, refrigerio, regresar, reposo, resarcir, rescatar, restablecer, restaurador, restaurar, restituir, retirar, retractar, retraer, retroceder, revocar, revolver, tomar, torcer, traer, trasladar, venir, vez, volver, vuelta.
Esta palabra está también en el salmo 19: “La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma”  Es la misma palabra que significa restaura el alma.
Salmo 23:3 “Él confortará (restaurará) mi alma. …” Esto es en el contexto del pastor que conduce sus ovejas a “delicados pastos”, “aguas de reposo” y “sendas de justicia”. Como cristianos, nosotros somos las ovejas de los prados de Dios (Salmo 100:3), y sólo él puede restaurar nuestras almas. Restaurar significa un proceso de “reparar, renovar o volver a un estado anterior”.
El alma es la parte más profunda de nosotros, nuestro contacto con el mundo exterior sensible y nuestro más profundo ser que reacciona a los estímulos de este mundo. Puesto que es Dios quien nos hizo, sólo él puede restaurarnos, porque sólo él sabe lo que realmente necesitamos para restaurar nuestras almas.
Nuestras almas se enferman y se hieren profundamente cuando estamos alejados del amor puro, es por ello que el Señor viene para “vendar a los quebrantados de corazón” a sacarlos de sus prisiones para que alabemos su nombre, es muy difícil para Dios usar a una persona herida en el alma, es por ello que debemos aprender en cuanto al concepto de la sanidad del alma. Dios nos ha dado las respuestas sobre la restauración de nuestras almas en la biblia, que es la palabra de Dios.
Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia,  a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra.” (2 Timoteo 3:16-17), y tiene las respuestas y sabiduría para ayudarnos en todo lo que nos podamos enfrentar. Puede hacernos sabios para la salvación, nos sirve para alentarnos cuando somos débiles, y es nuestra guía para una vida de paz y satisfacción. Mientras que hay todo tipo de libros escritos por los hombres que ofrecen sabiduría del mundo, sólo la palabra de Dios es verdaderamente capaz de restaurar el alma y ofrecer esperanza en tiempos de angustia.
Sin duda, sanar el alma sólo es posible para aquellos cuyas almas han sido redimidas por medio de la fe en Cristo. Jesús prometió descanso para todos aquellos que vinieran a él (Mateo 11:28-30), así que es importante que estemos seguros de nuestra salvación y de nuestra relación con Dios. Sólo aquellos que son verdaderamente nacidos de nuevo en Cristo pueden experimentar esta obra milagrosa.
Dios ha provisto para nosotros cuando enfrentamos el desánimo, las pruebas y las tentaciones armas espirituales para nuestro aliento y fortaleza. Nos ha dado su palabra para guiarnos, alentarnos y nutrirnos espiritualmente. Necesitamos pasar tiempo leyéndola, escucharla cuando se predica.
El desánimo en tiempos de angustia y tribulación no es inusual. A lo largo de la biblia vemos ejemplos de hombres y mujeres piadosos que han enfrentado situaciones similares. “Porque será medicina a tu cuerpo, Y refrigerio para tus huesos.” (Proverbios 3:8)

III) RESTAURACIÓN VERDADERA.
La restauración del alma permitirá que todas las áreas sean restauradas.
LA RESTAURACIÓN TE DA FUERZAS DESPUÉS DE LA PRUEBA
DIOS QUIERE RESTAURARNOS aunque para ello quizás sea preciso, por un tiempo, el padecimiento, a fin de purificar nuestras almas y limpiarnos de tanta contaminación que nos rodea. También a veces es conveniente que el Señor, en su gran misericordia, nos quite del corazón ciertas cosas que no producen vida, para así salvarnos, librarnos y darnos algo muchísimo mejor. Es incluso beneficioso que existan situaciones de ofensa que nos ponen a prueba la fe. San Pablo nos recuerda:
“Porque es preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados.” (1ª Corintios 11:19)
Dios nos prueba por medio del sufrimiento para llevar a cabo su plan en nuestra vida. Dios permitió que José pasara por muchas tribulaciones para cumplir con su plan eterno. Miremos un poco su historia.
José tenía 17 años cuando sufrió la conspiración de sus propios hermanos, siendo arrojado a una cisterna, para ser vendido posteriormente por unas cuantas monedas. Soportó la traición, la acusación, la calumnia, la esclavitud y terminó encarcelado. Pero José vio la mano de Dios sobre él y entendió que había un plan divino. Determinó OLVIDAR toda su TRAGEDIA y todo su DOLOR. Es necesario dejar sanar el pasado para poder FRUCTIFICAR aun en los lugares donde has padecido la aflicción. (Génesis 41:51-52) Después del perdón y del olvido que significa Manasés, viene Efraín, es decir, fructificación. José fue un hombre restaurado y pudo decir a sus hermanos:
La alegría del nacimiento de ese hijo sanó su dolor y le hizo perdonar y olvidar todo lo demás. A nosotros también nos sucederá lo mismo. Si somos partícipes del sufrimiento, lo seremos también de la gloria venidera. Dios, por medio de nuestras oraciones e intercesiones, tocará muchos corazones. El gozo de parir hijos espirituales, que estarán aquí regocijándose en el Señor, nos hará olvidar todo lo sufrido. Oremos implorando por un derramamiento del Espíritu. ¡Dios restaura nuestras vidas! ¡Envía un avivamiento a tu iglesia! El Señor nos promete que “confortará nuestra alma”, nosotros debemos creer en esta promesa y determinarnos a recibirla. Nuestra esperanza en Cristo Jesús es que aunque las cosas no hayan empezado del todo bien, cuando hay restauración del alma, terminaremos en victoria, obtendremos gozo, sanidad, libertad y plenitud absoluta.
Que Dios te bendiga y tengas una semana de completa victoria! 

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