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Simplemente Dar: voluntarios asisten a comedores comunitarios de Posadas

Simplemente Dar: voluntarios asisten a comedores comunitarios de Posadas
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Como cada sábado a las 8.30, desde los inicios del aislamiento social (ASPO), preventivo y obligatorio, la Murga de la Estación abre sus puertas para recibir a un grupo de voluntarios, dispuestos a cocinar. Simplemente Dar, es un nombre y una declaración de intenciones: dos organizaciones, Alimendar Posadas y La Murga de la Estación, que sumaron esfuerzos para colaborar con aquellos que más necesitan, acercándoles un plato de comida. 

Estas instituciones decidieron trabajar juntos para colaborar con los comedores comunitarios de Posadas que tuvieron un incremento de comensales, a partir de la emergencia sanitaria. El ASPO, golpeó fuerte en los barrios más vulnerables y aumentó la concurrencia a comedores, merenderos y cocinas centralizadas, generando una demanda mayor a la habitual. “De pronto ya no iban sólo los niños al comedor, ahora también los padres que ya no pudieron trabajar”, comentó Andrea Zapata, coordinadora de Alimendar y una de las voceras de Simplemente Dar.

La propuesta surge en un acuerdo en el que las partes ponían a disposición sus recursos, tanto humanos, como técnicos para generar la actividad. Desde Alimendar contaban con el registro de comedores, cuáles estaban en mayor estado de vulnerabilidad, qué necesitaban cada uno. Por su parte la Murga prestaba las instalaciones para cocinar y para usar de base de operaciones durante la jornada de trabajo. De igual manera, integrantes de ambas organizaciones trabajan codo a codo, ya sea para picar verduras, cocinar o disponer del transporte para trasladar la comida hasta los establecimientos.

La Murga no pierde su esencia, mientras algunas chicas pican las verduras, Mauricio enciende el fuego junto a Miguel que también decide poner un candombe. Hay risas, alguien baila mientras pela las papas, otra persona lava el verdeo y alguien más acerca a Andrea un plato con ajos y un cuchillo. 

Andy, como prefiere que la llamen, cuenta cómo surgió la iniciativa, qué los motiva a ir cada sábado a trabajar más de seis horas, cuáles son los escollos que tienen que atravesar semana tras semana y, lo más importante, la organización minuciosa que implica llevar adelante semejante empresa.

“Esto no es un trabajo sólo del sábado; trabajamos durante la semana para ver qué ingrediente perecedero tenemos congelado, qué nos falta, dónde lo conseguimos y ahí compartir la lista de ingredientes que necesitaremos cada fin de semana”, señaló. También deben considerar el establecimiento al que acercarán la comida, que no sea el mismo que recibió su olla de comida el sábado anterior, ni el previo; verificar que haya movilidad, ya sea de voluntarios, como del comedor. Es una planificación que no deja nada al azar, que tiene todo calculado para que, en cada ocasión, tres comedores reciban la comida.

El voluntariado

Cada voluntario aporta desde el lugar que puede y que tiene. Algunos disponen de recursos económicos, otros de tiempo y todo suma, todo ayuda. Tamara se unió a Alimendar a principio de año y es una de las voluntarias que no falta ningún sábado. “Yo no tengo un auto como para hacer los rescates que se solían hacer, pero sé que acá puedo venir todos los fines de semana y ayudar de manera concreta”, manifestó, mientras que lavaba los utensilios de cocina que ya no ocuparían y se preparaba para volver a la mesa para picar las cebollas. “Se trata de dar lo que se tiene, no lo que te sobra. Yo ahora no puedo donar grandes cantidades de comida, pero puedo venir acá; hay otros que no pueden venir, pero pueden donar alimentos, sumar desde otro lado”, reflexionó.

Belén, por su parte, pertenece a la Murga y se unió al grupo apenas empezaron. “Trato de venir siempre, es un tiempo que das para alguien más y que reconforta al alma, hace bien a uno”, remarca. Ella no habla tanto, al principio se la ve más retraída o absorta en sus tareas, pero luego se suelta y habla más, con simpatía a la hora de elegir las palabras. “Es un grupo lindo, eso hace que uno siempre tenga ganas de venir”, confiesa.

Al principio el grupo parece segmentado entre las chicas que se encuentran dentro con las tablas, los cuchillos y las verduras y los muchachos que están afuera con el fuego, trozando el pollo. 

Pero luego entra Miguel, que pide que lo llamen “Micho” y que también es de la murga, bromea con las chicas. Al rato sale para continuar con sus tareas y todo sigue con el ritmo y la armonía de la música elegida por los chicos. “Acá siempre hay buena onda, porque nos impulsa el deseo de ayudar a quienes más necesitan y todos lo tienen claro, la única discusión que podamos llegar a tener es para ver si alguna vez ponen Los Charros”, bromeó Andy al final.

La comida es para todos

Aunque el objetivo es colaborar con los comedores, no niegan el plato de comida a nadie que lo solicite. Cada sábado, alrededor de  5 a 7 personas en situación de calle o de la zona, que necesitan, se acercan para pedir que les conviden un poco y se sientan a almorzar en el lugar, junto a los voluntarios. “Los primeros días vinieron dos señores a pedir y les invitamos, después más personas se enteraron que estamos acá y se acercan a pedir”, recordó Tamara. 

“No sabemos por cuánto tiempo continuará la cuarentena, pero sin dudas seguiremos planificando actividades para trabajar en conjunto”, remarcó Andy. Además de la ayuda estatal, gran parte de los alimentos que consiguen para cocinar son del sector privado que se acercan al lugar o que donan a través de www.cuarentenasolidariaposadas.com.ar. “Recibimos todo lo que quieran acercar, en nuestras redes compartimos lo que necesitamos para cada sábado y también son bienvenidos quienes quieren sumarse en el trabajo”, finalizó Andy.

Informe: Damián Zena

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