MALARIA

El cambio climático podría aumentar las enfermedades infecciosas

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El calentamiento global, podría estar relacionada a los brotes de enfermedades infecciosas, superando el riesgo para las regiones tropicales a zonas templadas.

A principios de año, ya la Organización Mundial de la Salud advertía que el dengue y el chikungunya se están propagando más allá de las zonas geográficas tropicales, avanzando a regiones templadas. Ahora, la mitad de la población mundial está en riesgo de contraer este tipo de enfermedades.

Los fenómenos climáticos extremos, como inundaciones, sequías, huracanes y tornados, están aumentando debido al calentamiento global, a su vez esto permite que los brotes de enfermedades infecciosas se vinculen directamente con estos cambios de temperatura. La investigación publicada por Nature Climate Change ya en 2022 mostró que de 375 enfermedades infecciosas estudiadas, 218 (58%) se han visto agravadas por el cambio climático

Esta situación también favorece a que los patógenos o los insectos que los transportan se trasladen a hábitats que antes eran demasiado fríos para ellos. Un ejemplo de ello, son las bacterias carnívoras o Vibrio vulnificus, que pueden causar fascitis necrotizante, lo que provoca la necesidad de amputación en ciertos casos.

Estos cambios, están ocurriendo demasiado rápido evitando que las personas y los animales se adapten y no solo hacen que nuestra salud sea más vulnerable, sino que los cambios dramáticos en el clima significan que los virus, bacterias y parásitos pueden propagarse más fácilmente y a lugares donde nunca antes habían aparecido. antes. Como, los mosquitos transmisores de la malaria que amplían sus hábitats, lo que significa que áreas que antes rara vez habían visto malaria se enfrentan ahora al desafío de controlar una enfermedad. que se propaga fácilmente

Los estudios recientes más relevantes sobre el cambio climático y su impacto

1. Las enfermedades infecciosas empeoran con el cambio climático en un 50%

Una investigación de 2022 publicada en Nature Climate Change mostró que de 375 enfermedades infecciosas estudiadas, 218 (58%) se han visto agravadas por el cambio climático.

2. Las bacterias carnívoras se desplazan hacia aguas más frías

Un planeta más cálido afecta las enfermedades infecciosas al permitir que los patógenos o los insectos que los transportan se trasladen a hábitats que antes eran demasiado fríos para ellos. Esto ocurre, por ejemplo, con las enfermedades transmitidas por mosquitos y ahora con las llamadas “bacterias carnívoras” o Vibrio vulnificus .

Este tipo de bacteria vive en aguas marinas o salobres a temperaturas superiores a 20°C y puede provocar vómitos o diarrea. Sin embargo, si infecta una herida, puede causar fascitis necrotizante, donde la bacteria come la carne alrededor de la herida, lo que en algunos casos conduce a la amputación. V vulnificus puede matar a una de cada cinco personas que infecta. Las temperaturas más cálidas del mar significan que las infecciones se han multiplicado por ocho entre 1988 y 2018 en la costa este de Estados Unidos.

3. Condiciones climáticas y el aumento de brotes de cólera

Varios países se enfrentan a una pandemia de cólera que dura décadas, y la enfermedad es endémica y al obtener las condiciones climáticas adecuadas pueden provocar brotes explosivos. El cólera es una infección diarreica aguda causada por el consumo de alimentos o agua contaminada con Vibrio cholerae.

Las condiciones adecuadas para el brote de esta enfermedad, surgen gracias a fenómenos meteorológicos como inundaciones en regiones con infraestructuras de agua, saneamiento e higiene inadecuadas. Países como Kenia están respondiendo intensificando la vigilancia y lanzando campañas de vacunación.

4. Uno de cada dos de nosotros corre ahora riesgo de contraer dengue

A principios de año, ya la Organización Mundial de la Salud advertía que el dengue y el chikungunya se están propagando más allá de las zonas geográficas tropicales, avanzando a regiones templadas. Ahora, la mitad de la población mundial está en riesgo de contraer este tipo de enfermedades. El dengue grave puede provocar vómitos persistentes, sangrado de encías y dolor abdominal intenso, con un alto riesgo de muerte.

En Bangladesh, los casos de dengue aumentan rápidamente (con más de 2.000 casos por día) que Dhaka convirtió una instalación dedicada al COVID-19 en un hospital para el dengue. Los expertos culpan de este aumento a los cambios climáticos y al calentamiento global.

De manera similar, en Nepal, se encuentran cada vez más casos. Los inviernos son cada vez más cálidos y con menos nieve, y estas temperaturas más cálidas significan que los mosquitos Aedes portadores del dengue pueden habitar estas zonas montañosas . Y esto preocupa a los expertos en salud, porque una vez que se detecta dengue en un área, significa que es probable que también se observen otras enfermedades transmitidas por mosquitos como la encefalitis japonesa y la malaria.

5. Los mosquitos transmisores de la malaria están ampliando sus hábitats

No solo los mosquitos portadores del dengue lograron expandirse a otras altitudes a medida que las regiones previamente templadas se vuelven más cálidas, el mosquito anofeles que transmite el parásito de la malaria también se está desplazando a áreas que nunca han tenido que enfrentar la enfermedad. Esto implica que áreas que antes rara vez habían visto malaria se enfrentan ahora al desafío de controlar una enfermedad que se propaga fácilmente.

En un estudio publicado en Biology Letters a principios de este año, los investigadores descubrieron que los mosquitos anofeles han aumentado su alcance en aproximadamente 6,5 m por año y se han alejado del ecuador en 4,7 km cada año durante el último siglo.

6. El calentamiento global podría tener un impacto en la evolución del SARS-CoV-2.

Las temperaturas más altas podrían favorecer la propagación del virus y la aparición de nuevas variantes. En un estudio publicado en la revista Nature Climate Change en 2023 se encontró que las temperaturas más altas podrían aumentar la transmisión del SARS-CoV-2 en un 10%. El sostiene que las temperaturas más altas podrían aumentar el riesgo de que el virus mute y se vuelva más resistente a las vacunas.

Otro estudio, publicado en la revista Science en 2022, encontró que las temperaturas más altas podrían favorecer la aparición de nuevas variantes del SARS-CoV-2. El estudio encontró que las temperaturas más altas podrían aumentar la tasa de mutación del virus en un 10%.

Por estas situaciones, muchas organizaciones gubernamentales, como no gubernamentales, están tomando partido en la concientización del impacto del cambio climático y lo perjudicial que sería esto para la salud de la población.

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El excepcional éxito de Paraguay al vencer la malaria

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New York Times. Paraguay ha eliminado la malaria y, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), es el primer país de América en lograrlo en casi cincuenta años.

No obstante, en todo el mundo se ha detenido el avance contra la enfermedad. Hubo un incremento en los casos de malaria entre 2015 y 2016, pasando de 211 millones a 216 millones.

Nueve países de América reportaron un aumento de al menos 20 por ciento en los casos de malaria durante ese periodo, un incremento más alto que el de cualquier otra región.

“Esta es una de esas enfermedades que se aferran”, afirmó Luis Alberto Moreno, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, que financia los principales esfuerzos para combatir la malaria en América.

“Si no aceleramos a fondo —si no nos concentramos profundamente en el asunto— la malaria regresará”.

Según la OMS, la malaria —una enfermedad de la sangre que se contrae mediante la picadura de un mosquito infectado— mata alrededor de 445.000 personas cada año, principalmente niños. Sin embargo, se conocen bien los tratamientos y las herramientas de prevención asequibles.

 

Los funcionarios de salud pública que asistieron al primer Congreso Mundial sobre la Malaria esta semana atribuyeron el éxito de Paraguay a la capacidad del sistema nacional de salud para detectar los casos con rapidez e investigar si la enfermedad se había transmitido en forma local o había sido importada.

Los expertos de la OMS esperan poder certificar a Argentina como un país libre de malaria a fines de este año, según Marcos A. Espinal, director del Departamento de Enfermedades Transmisibles en la Organización Panamericana de la Salud.

No obstante, otros países están recayendo en toda la región. Panamá, Nicaragua, Perú y Venezuela reportaron más infecciones de malaria en 2016 que en 2010. En Colombia, los casos se duplicaron de 2015 a 2016.

Los funcionarios afirman que el principal obstáculo es la autocomplacencia: a medida que ha disminuido el número de casos, en muchos países se han destinado a otras prioridades los recursos internos que se usaban para combatir la malaria.

“La voluntad política es el aspecto más importante para eliminar la malaria”, dijo Espinal. “Poseemos herramientas eficaces: mosquiteros, métodos de control de los vectores, tratamientos. Llegamos hasta un cierto punto —vemos el final del túnel— y entonces corremos el riesgo de dejar de sentirnos comprometidos con la causa”.

La situación es más grave en Venezuela, donde el presidente Nicolás Maduro se ha rehusado a aceptar la mayor parte de las donaciones médicas en medio de una crisis económica. Las infecciones de malaria, junto con la hambruna y la tuberculosis, han aumentado desde 2008.

Cuando los venezolanos cruzan las fronteras hacia Guyana, Colombia y la parte norte de Brasil, quizá se llevan consigo la infección. Según Alexandre Macedo de Oliveira, un investigador de malaria de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, las condiciones son favorables para la reproducción de los mosquitos en esas regiones, lo que puede aumentar la transmisión.

“Hasta que no haya un gobierno en Venezuela dispuesto a hacer algo al respecto, lo único que se puede hacer es esperar”, señaló Moreno, quien también participa en el Consejo para la Erradicación de la Malaria, un grupo de coordinación de acciones dirigido por Bill Gates. “Los mosquitos no respetan fronteras”, agregó Moreno.

En años recientes, se ha vuelto más complejo el combate contra la malaria en Centroamérica. Los casos persistentes se concentran en las áreas rurales, en donde las comunidades carecen de acceso inmediato a la atención médica y es difícil detectar y detener la transmisión.

Las inundaciones extremas pueden extender las áreas de reproducción de los mosquitos, y los dos tipos que son los principales causantes de malaria en la región —Anopheles darlingi y Anopheles albitarsis— han empezado a mostrar resistencia a los insecticidas.

A principios de este año, la Fundación de Bill y Melinda Gates, el Banco Interamericano de Desarrollo y la Fundación Carlos Slim anunciaronuna aportación conjunta de 83,6 millones de dólares para eliminar la malaria de Centroamérica y la República Dominicana.

Una prioridad máxima es controlar al insecto en sí. Las personas que trabajan en salud ambiental reducen al mínimo las poblaciones de mosquitos recubriendo con insecticida las paredes de escuelas y casas vulnerables, una técnica llamada fumigación residual en interiores.

También drenan el agua en donde se podrían reproducir los mosquitos como los estanques calurosos, bloques de hormigón huecos y tapones de botellas desechadas.

Pero mientras sigan existiendo los mosquitos, incluso en los países donde se elimine la malaria persistirá el peligro de que reaparezca. Paraguay, como cualquier otro país con condiciones favorables para los mosquitos, tendrá que mantener un sistema de vigilancia exhaustivo.

“Prevenir una enfermedad es una inversión económica mucho mejor que combatirla con toda la fuerza”, señaló Moreno. “Lo peor que se puede hacer es eliminar la malaria y luego hacer que regrese”.

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