Amor, ¿dónde están los panchos más elegantes?
A finales de junio, sin anuncios grandilocuentes ni carteles luminosos, abrió sus puertas en Posadas una panchería distinta. Mr. Pancho se presenta como el lugar donde encontrar “los panchos más elegantes”, pero no se trata solo de una fórmula de marketing: en el pequeño local del centro suena música clásica, los colores son sobrios, el mostrador brilla, y en una de las paredes cuelga la caricatura de un señor inglés -bigote, galera, monóculo- que observa, con gesto refinado, cómo se prepara su pancho.
Detrás de esta idea está Gonzalo Gabriel Parra, un joven contador que decidió hacer realidad un anhelo que venía arrastrando desde hace años: tener su propia panchería. “Siempre tuve ganas de poner una”, cuenta. “Cuando vi este local, me pareció ideal. Está cerca del centro, es chico, y eso funciona bien porque este tipo de emprendimiento no requiere grandes espacios ni demasiados electrodomésticos”.
El concepto de “panchos elegantes” no fue casual. “Quisimos que todo tuviera un estilo diferente”, explica. “Hay muchas pancherías en Posadas -la gente de otras provincias se sorprende cuando lo ve-, pero acá quisimos apostar a otra cosa: cuidar la estética, que todo esté limpio, bien iluminado, con carteles claros para las salsas… detalles que muchas veces se pasan por alto”.
La propuesta suma, además, un guiño lúdico: quienes compran un combo de pancho con vaso de gaseosa tienen una tirada en la ruleta de la suerte. El premio puede ser desde un pancho gratis hasta un vaso más grande. “Les encanta, a los chicos y a los adultos también. Muchos vienen por la ruleta”, dice Gonzalo entre risas.

Pero más allá del juego, hay algo que define la experiencia de Mr. Pancho: el ambiente. Mientras se calienta el pan, suena de fondo una pianola, una pieza barroca, una melodía que parece sacada de una sala de té británica. El contraste no es casual. “La idea es justamente esa: un producto popular, urbano, que se sirve en un contexto inesperado. Eso también forma parte de la experiencia”.
El movimiento, por ahora, es sostenido. A la salida de los eventos, cuando el clima acompaña, o simplemente cuando alguien pasa por la vereda y se tienta, el pancho encuentra su momento. “Muchas veces compran uno y a los diez minutos vuelven por otro”, cuenta Gonzalo. “Es una comida que no se planifica, se antoja”.
Hoy trabaja junto a una empleada que atiende por las mañanas y, durante las vacaciones, también por las tardes. Pero si el ritmo de ventas se mantiene, la idea es sumar más personal y que el propio Gonzalo pueda volver, al menos algunas horas, a ejercer su profesión de contador.
Mientras tanto, sigue afinando los detalles, pensando nuevas ideas y apostando a que en Posadas, incluso para algo tan simple como un pancho, todavía se puede crear algo distinto. Elegante, divertido y, sobre todo, memorable.
