SANTIAGO TRISTANY

Gestos que producen frutos

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Un equipo de investigadores publicó en el International Journal of Occupational Safety and Ergonomics (*) un informe en el que se muestra que, implementando ciertas conductas en el contexto laboral, se puede potenciar la salud y el bienestar, así como el rendimiento de los empleados.

Específicamente, los investigadores examinaron los efectos en los empleados, de que sus empleadores mejoraran sus viandas de comida con fruta fresca. El estudio se realizó con conductores de micros en China y, se encontró que redujo la depresión e incrementó la autoconfianza en el rendimiento.

Los investigadores explican en este informe que, los trabajadores que se estudiaron están expuestos a una alta vulnerabilidad a problemas de salud debido a las extensas jornadas laborales, en un entorno de trabajo estresante, que usualmente incluye cambios de horarios, tráfico impredecible y horarios irregulares para almorzar o cenar.

A los 86 conductores que participaron de la investigación, se les agregó a su caja de comidas brindado por la empresa, una fruta fresca que podía ser una banana o una manzana. Esto se efectuó durante 3 semanas. El costo de la fruta era de 73 centavos por comida (bajo para el contexto). Antes del experimento, la caja de frutas no incluía fruta fresca.

Los investigadores encuestaron a los conductores en tres momentos distintos. Una semana antes de que el experimento comenzara. Otra vez en el medio del experimento y, finalmente, una semana después de terminado el experimento.

Los conductores reportaron niveles significativamente más bajos de depresión una semana después de terminado el experimento, comparado con los niveles que manifestaron una semana antes de comenzar el experimento.

La autoeficacia, es decir, la confianza y habilidad percibida para implementar las acciones necesarias para alcanzar un objetivo, también se midió mediante una escala. Encontraron que la autoeficacia fue significativamente más alta en el medio del experimento, que una semana luego de que el experimento finalizara.

Los investigadores sugieren que los empleadores pueden, con pequeños cambios como los mencionados, mejorar el contexto laboral y obtener mejores resultados, “una manzana a la vez”… Estas estrategias deberían ser implementadas antes de acudir a medidas más extremas en ciertos casos.

(*) Bu Zhong, Xiaohua Wang & Fan Yang. More than an apple: Better lunch enjances bus drivers’ work performance and well-being. International Journal of Occupational Safety and Ergonomics. 10 Sep 2019.
https://tandfonline.com/doi/full/10.1080/10803548.2019.1662980

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Racionalidad de las elecciones inconsistentes

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Se publicó en Nature Communications (*) un informe en el que se aborda el problema de si elegir de modo inconsistente, es un acto racional o no lo es. Esto se aplica no solamente a consumidores, sino a todas las elecciones humanas. Explican los autores que frecuentemente los humanos son inconsistentes (incoherentes), es decir irracionales, cuando se eligen entre opciones, incluso cuando no hay cambios particulares de las condiciones o del contexto.

Es decir, las personas en lugar de elegir lo que se supone “es lo mejor” (lo que tiene mayor valor subjetivo para el agente), eligen, en ciertas ocasiones “lo que no es lo mejor” (lo que tiene menor valor subjetivo para el agente). Este elegir lo “no óptimo”, de modo inconsistente, se supone “irracional”. Por lo tanto, lo que se pretende investigar desde el punto de vista neurológico, son las áreas que se activan en dicho proceso decisorio, para descubrir si indican “racionalidad” o “irracionalidad” en el agente decisor.

El interés en descubrir si desde el punto de vista cerebral del cómputo decisorio, las áreas que se activan demuestran racionalidad o irracionalidad, se sustenta en que permitiría conocer si, desde la perspectiva biológica, los procesos involucrados en la decisión son consistentes, aunque desde el punto de vista externo parezcan inconsistentes. Esto es, si las áreas que se activan en el proceso de decidir lo que aparentemente es irracional, muestra que son las mismas que las áreas activadas durante las decisiones consideradas racionales, entonces, la irracionalidad de la elección sería solamente aparente desde un punto de vista externo, pero desde el punto de vista del cómputo cerebral “biológico” no habría irracionalidad sino racionalidad.

Efectivamente esto es lo que hallaron los investigadores. Proponen que, de modo similar a la percepción sensorial y el movimiento motor, un componente sustancial de comportamiento inconsistente es la variabilidad del cómputo neural del valor. Para investigarlo realizaron un experimento que les permitió analizar imágenes obtenidas por resonancia magnética funcional (IRMf), cuyos resultados sugieren que las desviaciones de las decisiones racionales subyacen en las regiones responsables de la computación del valor. Ofrecen un modelo computacional de cómo la variabilidad en la computación del valor es una fuente de elecciones inconsistentes.

Explican los investigadores que la hipótesis de que las elecciones o decisiones inconsistentes están vinculadas a la variabilidad en la valuación no es nueva. Sin embargo, la explicación económica estándar es que la variabilidad reside en limitaciones en la información disponible por el investigador (agente decisor), no en que la elección en sí misma sea estocástica (azarosa). Recientemente también se ha propuesto –explican- que la fuente de inconsistencia en la elección o decisión sería más fundamental, es decir, que la decisión es estocástica (azarosa) porque las utilidades son estocásticas. Sin embargo, el problema sería que las utilidades se consideran inobservables y esto dificulta la investigación. En este sentido radica el mayor aporte de esta investigación, pues abre un camino metodológico para estas investigaciones.

Los autores del informe concluyen que sus resultados cuestionan que las formas de inconsistencia que se observan deban ser consideradas “sub-óptimas”. Sus resultados son consistentes con un grado de variabilidad óptimamente delimitada en torno de una representación de normatividad definida como referencia de utilidad. De hecho –afirman- los resultados pueden interpretarse como una implicación de que la conducta de elección o decisión inconsistente (incoherente) es un rasgo integral del proceso de decisión humano.

Por lo tanto, lo que superficialmente (externamente) puede parecer irracional en la elección, se trata realmente de un proceso decisorio que desde lo más profundo de la biología (cálculo del sistema nervioso), es una elección absolutamente racional.
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(*) Vered Kurtz-David, Dotan Persitz, Ryan Webb, Dino J. Levy. The neural computation of inconsistent choice behavior. Nature Communications, 2019; 10 (1) DOI: 10.1038/s41467-019-09343-2

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Riesgos al invertir por errores en estimar la autoeficacia

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Unos investigadores afirman, en una publicación del Journal of Business Venturing (*), que los inversores novatos (amateur) que tienen una visión distorsionada (exagerada) de su propia habilidad para descubrir buenas oportunidades de inversión, son tres veces más propensos a decidir “improductivamente” cuando invierten en proyectos de financiación colectiva (equity crowdfunding).
Explican en el informe, que estos inversores (crowdfunders) que tienden a errar en el cálculo de su propia capacidad de discernir buenas oportunidades de inversión: (1) dejan rápidamente de procesar apropiadamente la información, (2) se esfuerzan menos en efectuar los correspondientes análisis de procesos decisorios, (3) equivocadamente siguen a la multitud y, (4) apresuradamente deciden invertir en opciones poco rentables (o extremadamente riesgosas).
Al día de la fecha, dicen los investigadores que muchos inversores en fondos colectivos han sufrido significativas pérdidas financieras, debido a inadecuadas inversiones en proyectos colectivos de financiación. Datos de uno de los portales líder en “equity crowdfunding” muestra que uno de cada cinco de tales negocios o acuerdos retorna “nada” a los inversores.
Estos resultados –afirman- contribuyen al mejor entendimiento del impacto de las pistas informacionales, durante nuevos procesos decisionales sobre riesgos de inversión. Específicamente, muestran que inversores principiantes con elevada distorsión respecto de su propia capacidad para descubrir “buenas oportunidades de inversión”, son altamente susceptibles a los sesgos de la “multitud” y a conductas de “rebaño” o de “masa”.
Asombrosamente, estos inversores aportaron cerca de tres veces más en opciones poco ventajosas, comparado con el grupo control. Hablando prácticamente –expresan-, estos resultados despiertan cierta preocupación por los inversores principiantes con elevada y errada concepción de su autoeficacia, cuando se sumergen en decisiones de inversión en fondos colectivos de riesgo equitativo.
No se está criticando la opción de poder invertir, con pocas regulaciones normativas, en empresas emergentes y proyectos “prometedores”. El problema está por un lado en la poca información disponible sobre las empresas emergentes o proyectos. Por otro lado, está la poca disponibilidad de herramientas y estrategias de análisis de riesgo (costo-beneficio) y decisión financiera, por parte de los inversores principiantes. Se lanzan a invertir en opciones sin saber bien lo que están haciendo y, pagan por ello un alto precio: perder sus aportaciones económicas. Es como destinar los ahorros al casino o la lotería…
Esto no es sorprendente, si se compara con la gran proporción de nuevos negocios que surgen constantemente en el mercado, de los cuales no logran superar un año o dos de existencia. Hay muchos agentes que “tienen la certeza” de que invirtiendo en tal o cual proyecto, lograrán buenos retornos de su inversión. La realidad muestra que el mercado termina “absorbiendo” a la mayoría de dichas inversiones y se diluyen, dejando al inversor “poco informado” sin sus ahorros o habiendo perdido completamente su  capital.
No se requieren permisos o habilitaciones especiales para destinar los ahorros en nuevos proyectos de inversión (existe desregulación), con lo cual, cualquier agente, con o sin capacidad analítica para invertir, lo hace. Esto aumenta la posibilidad de “decidir incorrectamente y perder todo”, sin opciones para reclamar… Administran mal sus recursos, por carecer de información y herramientas adecuadas.
Esto nos indica entonces, que para los agentes que no tienen herramientas específicas de análisis financiero (para alcanzar decisiones eficientes) y que tienen poca experiencia en este campo, es necesario, antes de lanzarse a invertir, investigar y analizar (para alcanzar eficacia). Pero esto requiere “herramientas técnicas” de las que no disponen, o bien, necesitarían “asesoramiento profesional” (del que tampoco suelen disponer).
Existen muchas posibilidades que se pueden desarrollar, organizar e implementar, para intentar proteger a estos inversores inexpertos, de modo tal que el mercado siga recibiendo fondos “de la gran masa no profesional”, sin necesidad de que esto sea una “catástrofe económica”, para la mayoría de los inversores novatos que, sueñan con poder colaborar con proyectos “atractivos” y beneficiarse del proceso.
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(*) Regan M. Stevenson, Michael P. Ciuchta, Chaim Letwin, Jenni M. Dinger, Jeffrey B. Vancouver. Out of control or right on the money? Funder self-efficacy and crowd bias in equity crowdfunding. Journal of Business Venturing, 2019; 34 (2): 348 DOI: 10.1016/j.jbusvent.2018.05.006

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