Tasa de retorno energético, como materia de estudio
|
Getting your Trinity Audio player ready...
|
En las escuelas debería enseñarse a medir la TRE (Tasa de Retorno Energético) en la materia de física o matemática. Planteémoslo como un problema de 4to – 5to grado de primaria. Imagina que vivís en el pueblo que llamaremos (A): Tenés que ir con tu auto a llenar el tanque (el cual tiene una capacidad máxima de 100 litros) de nafta en la estación de servicio (B) y luego volver a tu pueblo (A) e inicialmente la distancia es de 10 kilómetros. Imaginemos que 1 litro de nafta equivale a 1 km recorrido. Por tanto, para ir y volver de cargar nafta, gastamos 20 litros de nafta. Si aumentamos la distancia a la estación de servicio a 20 km, nos costará 40 litros de nafta, llegando a casa con los restantes 60. En este ejemplo, la TRE nos dice que utilizamos 4 unidades de energía para obtener 10 (o bien 2 para obtener 5), es decir, cuarenta litros de nafta para obtener cien. Ésta es una relación de costo beneficio de 2 a 5. Pero, ¿qué pasa si aumentamos la distancia a… 50 km? En este caso, gastaríamos 100 litros de nafta para obtener 100 litros de nafta, por tanto la TRE es de 1 a 1. Entonces solo habrás gastado tu tiempo y desgastado un poco más las cubiertas del auto.
Ahora intentemos pensar en cómo aplicaría nuestra regla en algo un poco más importante, el petróleo. Pero antes intentemos, mentalmente, hacer una lista de las cosas que conocemos que derivan del petróleo: Podríamos separarlas en dos categorías; “Derivados Directos” y “Derivados Indirectos”. Los derivados directos son, por ejemplo, lo que obtenemos al tratar y destilar el petróleo: GLP; gasolina; queroseno; diésel; fuel oil; lubricantes; parafina; asfalto; plásticos. ahora intentemos enumerar los indirectos: Alimentos procesados; fertilizantes sintéticos; pesticidas; agroquímicos; transporte automotor; aviación; transporte marítimo; logística global; empaques y envases; ropa sintética; dispositivos electrónicos; telecomunicaciones e internet; medicamentos; cosméticos; materiales de construcción; generación de energías renovables; investigación espacial. Y la lista podría seguir y seguir.
Y si hiciéramos una tercera categoría? ¿Una lista de derivados socioculturales del petróleo? Acá les dejo nomas lo que me vino a la cabeza: Consumismo; cultura del automóvil; suburbanización expansiva; ideal de movilidad ilimitada; turismo masivo “low-cost”; globalización cultural estandarizada; hiperestímulo publicitario; obsolescencia programada; moda rápida; cultura descartable; inmediatez on-demand; jornada laboral 24/7; mentalidad de crecimiento infinito; fetiche de la velocidad; individualismo energético; identidad basada en marcas; espectáculo deportivo global; alimentación ultra procesada; estetización del derroche; extractivismo mental; geopolítica del miedo al desabastecimiento; militarización de recursos; desplazamientos forzosos; precariedad laboral en cadenas globales; desigualdad centro-periferia; anestesia ecológica mediática.
Ahora sí, aplicamos la TRE al petróleo ¿Cuánta energía (petróleo) necesitamos para sacar más petróleo del subsuelo?: El petróleo pasó de devolver más de 100 unidades de energía por cada una invertida en los “gushers” de los años 1930, a unos 40 : 1 cuando EE. UU. alcanzó su pico en 1970; hacia los noventa el rendimiento convencional mundial rondaba 20 : 1 y a comienzos de 2010 cayó a 10-15 : 1; hoy promedia apenas ~8,5 : 1 a escala global —o ~3,5 : 1 si se mide la energía útil— mientras los crudos no convencionales como arenas bituminosas y lutitas difícilmente superan 3-7 : 1, mostrando un siglo de declive sostenido en la rentabilidad energética del “oro negro”.
Como podemos observar, el siglo XX fue sustentado estructuralmente por una abundancia de energía en forma de líquido negro espeso. Pero, como también podemos fácilmente deducir, el petróleo no va a ser el combustible que haga girar al mundo este siglo. Esta decadencia en los niveles de extracción no solo nos habla de que “la nafta va a estar cada vez más cara”, sino que, este declive va a repercutir en todas las industrias que hoy dependen del petróleo directa o indirectamente.
El politólogo español Carlos Taibo, quien lleva ya mucho tiempo con la lupa puesta en este decrecimiento de la TRE, nos plantea cuatro dimensiones en las que podemos interpretar este momento histórico: En primer lugar, el colapso, lejos de significar una crisis más, representa el irreversible fin de una era. En segundo lugar se plantea la disyuntiva proceso-momento; “Ojalá se dé lo primero” dice Taibo. Pero el capitalismo puede lograr, por presión y ocultamiento, que arrecie como momento: Un instante de días, semanas o meses en que todo implosione. Tercero, necesariamente la sociedad atravesará un proceso de des-complejización, se volverá más low-tech.
En la cuarta dimensión asoma cierto optimismo, que comparto: ¿qué tal si el colapso contribuyera a desandar ese camino de jerarquías impuestas, homogeneización, hiperurbanización y concentración, para proponernos recorrer una “re-ruralización” sin agrotóxicos (no por elección sino por fuerza mayor, incluso escasez), una recuperación de las autonomías locales, una desjerarquización de la hegemonía consumista, colonialista y racista, y una nueva convivencia entre seres humanos y no humanos aprendiendo a re-vivir en este planeta herido?
Actualmente no existe consenso en cuanto a la medición absoluta de la TRE. Es decir, como bien mencionamos anteriormente con el ejemplo del auto y los puntos A-B, podemos cuantificar fácilmente cuánta energía invertimos y cuanto obtuvimos en términos de nafta. Pero al final del párrafo mencioné algo que, quizás, pasó desapercibido: haber perdido tiempo y desgastado las gomas. Pues mover un armatoste de una tonelada a lo largo de kilómetros impulsado por millones de explosiones controladas, obviamente produce desgaste de sus piezas metálicas, por lo que posteriormente deberemos gastar más dinero en reparar el auto. ¿Y la enorme cantidad de minerales, esfuerzo humano, y energía necesaria para fabricar el auto y sus repuestos? ¿Y la energía necesaria para transportar los repuestos? ¿Y el costo del “combustible para humanos”, la comida? Como vemos la cadena de elementos impulsados por el petróleo que se ven implícitos en algo “tan simple” como mover un auto, extraer petróleo de bajo tierra o incluso fabricar un auto eléctrico “Eco-Friendly”, es exponencial e imposible de calcular al 100%. Al estudio de esta cadena de sucesos se le denomina Análisis de Ciclo de Vida.
En síntesis, reconocer que los límites biofísicos del planeta condenan la avaricia del 1%, no es una ideología ni una hipótesis, es tan estructural como reconocer que la tierra es redonda. Desconocer estas facetas del colapso que determinan nuestra actualidad es igual a recibir mansos los discursos que niegan a la ciencia, es igual a disfrutar de la anestesia del tecno-optimismo y la propaganda pagada por manos ensangrentadas. Detener esta rueda de la muerte comienza por informarnos y difundir lo aprendido con bases sólidas. El único momento en el que será posible una revolución contra el sistema vigente será cuando el hartazgo lleve a pocos a la locura y a las masas a la verdad.
Después de escribir estas líneas, salir afuera y ver los autos pasar, las luces encenderse y apagarse, ver las personas vestir prendas Shein, niños pasando frío bajo el semáforo y el clima cada día más inestable, me hace sentir un poco de nauseas, pues se siente como el infierno. Gigantes asechan cada rincón, el fuego infernal es alimentado por los ateos y por los creyentes, por los de izquierdas y por los de derechas. Pero sentir que soy capaz de ver el mundo de esta madera, me recuerda que no todo está perdido, que la esperanza es algo que puedo materializar y que el cambio empieza por uno mismo sí, pero no hay cambio si no le haces caso a Einstein: “Quien tiene el privilegio de saber, tiene la obligación de actuar”.
