Tercera ola: señales de lo que vendrá

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Luego de un año y medio de convivir con el virus que ha puesto en jaque a la humanidad podríamos hacer una breve lista de elementos a considerar y a partir de los cuales inferir escenarios. Estos elementos son: La velocidad de contagio del virus, su capacidad de generar nuevas variantes de la cepa original, la globalización, los conglomerados urbanos, el comportamiento social, la conducta de cada una de las personas, la inequidad en la distribución y la efectividad de las vacunas y las restricciones establecidas por los gobiernos.

Imaginemos que el virus disminuye significativamente su velocidad de contagio y genera variantes de baja contagiosidad, que el flujo de personas en el mundo también se reduce a niveles muy bajos, que los conglomerados urbanos se aíslan o se “blindan” impidiendo el ingreso de nuevas personas a su jurisdicción o extreman las condiciones para su ingreso, que las personas sólo realizan reuniones en grupos pequeños (no más de 8) y nunca en espacios cerrados que además siempre están muy ventilados a pesar del clima, que todas las personas usan doble barbijo y se lavan las manos de manera permanente y contribuyendo todo al aumento de la efectividad de las vacunas y a la posibilidad de los gobiernos  de atenuar y hasta eliminar las restricciones establecidas. Si así ocurriera, estaríamos ante un escenario con alta probabilidad de fin de pandemia. Pero seguramente mientras lo vamos leyendo nos vamos dando cuenta de que no parece tan real. ¿Por qué?

Porque lo que ocurre en realidad es que las personas no resisten más las restricciones por cuestiones emocionales o económicas y ante la menor señal de mejora de la situación tienden a dejar de cuidarse, se desprenden del tapabocas y participan de reuniones sociales con gran cantidad de personas y vuelven a conductas de cuidado e higiene personal previas a la pandemia. Al mismo tiempo, los gobiernos presionados por la demanda social no encuentran espacio para extender las restricciones y deben ceder, por lo que, aumenta el tránsito de personas con un virus que se potencia en los conglomerados urbanos. Mientras todo lo mencionado sucede, el virus muta y genera nuevas variantes poniendo en riesgo la efectividad de las vacunas que, a su vez, no han sido distribuidas en forma equitativa en todo el planeta y mientras en algunos países las dosis aplicadas superan a su población total, en otros casi no hay aplicaciones y el virus se expande con su habitual velocidad, contagiando y generando nuevas variantes que afectarían una vez más a este mundo globalizado e hiperconectado.

Aprendimos que el virus se hace fuerte a partir del comportamiento social y las conductas personales inadecuadas y se difunde con mayor facilidad en grandes conglomerados urbanos, lo que le permite contagiar, mutar y volver a contagiar en una secuencia que parece no detenerse. Entonces, ¿por qué pensamos que sólo con las vacunas y con las medidas restrictivas de los gobiernos ya le hemos ganado al virus?

Las restricciones y las vacunas

Como ya he destacado en otros artículos, las medidas que han tomado los gobiernos han estado condicionadas por la situación prexistente en cada uno de los países y por la heterogeneidad de las comunidades y las desigualdades de cada país. No obstante, el “Stringency Index” nos permite ver de una manera simple la evolución y la profundidad de esas medidas a lo largo de la pandemia. El “Stringency Index” asigna 700 puntos semanales como máximo posible al total de restricciones establecidas por cada gobierno y “0” la inexistencia de restricciones.

CUADRO 1: Medidas de los Gobiernos – Niveles de restricción

(de 0 a 700 puntos semanales)

Sombreado en amarillo se reflejan los altos niveles de restricción sobre los 400 puntos semanales

Fuente: Elaboración propia con datos de ourworldindata.org

Como vemos en el CUADRO 1, en las primeras semanas de la pandemia en 2020 los países seleccionados en casi todos los casos habían comenzado a establecer restricciones con niveles cercanos a “0” y que en todos los casos (salvo Italia en la semana 8) no superaron los 140 puntos semanales. En el caso de Italia recordemos que fue el país de Europa que puso en evidencia el problema que se avecinaba con hospitales que comenzaban a colapsar y médicos que mostraban desesperación por lo que sucedía, por lo que, las medidas ya en la semana 8 muestran el inicio de las restricciones que luego se endurecerían más. En aquellas semanas todo comenzaba, todo era incertidumbre y no había vacunas.

Ahora bien, hoy estamos en una situación muy diferente por la información que tenemos respecto del virus que nos permite contar con elementos para tomar medidas más focalizadas y por la existencia de las vacunas que generan una expectativa favorable. Sin embargo, vemos que los mismos países que al inicio de la pandemia no superaban los 140 puntos semanales, hoy mantienen niveles de restricciones que superan los 300 puntos (salvo Israel) y más de 400 puntos en la mayoría de los casos (sombreados en “amarillo” para que se vea de manera simple el alto nivel de restricciones que aún persiste). 

El caso de Israel es el que muestra el inicio en la reducción de restricciones con una tendencia que se orienta a que en pocas semanas alcance niveles previos a la pandemia. Este caso en particular nos conduce a priori a pensar que con altos niveles de vacunación (117% de dosis aplicadas en relación al total de su población) podríamos acercarnos a la salida de la pandemia. Pero la evolución en otros países con el sostenimiento de altos niveles de restricción, con altos niveles de vacunación y la aparición de nuevas variantes, nos pone otra vez en alerta. 

CUADRO 2: Vacunas. Muertes. Medidas. Población de Riesgo.

Fuente: Elaboración propia con datos de ourworldindata.org, who.int y datosmacro.com

Tal como se refleja en el CUADRO 2 la evolución del virus es diversa considerando en muchos casos altos niveles de dosis aplicadas de vacunas, medidas que mantienen altos niveles de restricción en países con poblaciones de riesgo y densidades de población diferentes.

En el caso de Chile, vemos que tiene niveles de vacunación similares a Israel y Gran Bretaña. Sin embargo, la cantidad de muertes en 2021 aumentaron las últimas semanas (652 en la semana del 17 de mayo y 813 en la semana del 14 de junio) en un país donde los niveles de restricciones están en 593 semanales (máximo 700) y la densidad de población y los mayores de 64 años están en los niveles más bajos del CUADRO 2. Los casos de Uruguay (con 100% de dosis aplicadas respecto de la población), Argentina, Brasil, y Colombia (con menos del 40% de dosis aplicadas respecto de la población) muestran tendencias similares a Chile con niveles de restricción, densidad de población y población mayor a 64 años también similar. 

Por otro lado, países como Italia, Francia, España, Países Bajos y Bélgica comienzan a mostrar buenos resultados con niveles de vacunación por arriba del 70% de dosis aplicadas sobre el total de su población. Pero también es cierto que, en 2020, en esta misma época estos países estaban en la fase de reducción acelerada de la curva de contagios y muertes y en aquel momento aún no estaban las vacunas. Entre julio y agosto, todos estos países alcanzaron el mínimo de muertes luego del primer brote y a partir de allí comenzaron a estar afectados por el rebrote (segunda ola) que derivó en la peligrosa curva de contagios y muertes que alcanzaron picos a fines de noviembre de 2020 y enero de 2021. Cierto es que, esto ocurría en un mundo que aún no tenía vacunas. Entonces, para poder saber si estamos en la fase final del avance del virus en estos países, deberíamos aguardar sus efectos a partir de agosto y septiembre de 2021 y la evolución de la curva de contagios y muertes de la “tercera ola”.

En términos de nuestro país, poder analizar la evolución del virus en otros continentes nos ha permitido contar con elementos para poder anticipar decisiones. Estos elementos hoy nos reflejan que:

  • La vacunación no parece ser suficiente para contener el avance del virus
  • Los gobiernos deben sostener altos niveles de restricciones, incluso en aquellos casos que la población haya accedido a un alto nivel de dosis de vacunas aplicadas
  • El inicio de la reducción de la curva de muertes y contagios en Europa muestra el posible final de la “segunda ola” pero no confirma que haya terminado la pandemia 
  • Hay que prestar atención a la evolución de la posible “tercera ola” en Europa y América del Norte hacia fines del segundo semestre de este año 

Las nuevas variantes de la cepa

Otro de los temas que más desestabiliza la idea de poder erradicar en el corto plazo al virus es su capacidad de mutar y generar nuevas variantes con características diversas que dan lugar a la antesala de nuevas “olas”, desafiando sin dar tregua a la ciencia para el desarrollo de vacunas y a las sociedades, para que los gobiernos mantengan las restricciones y las personas adecuen sus hábitos a una forma de vida que ya lleva 18 meses de recorrido.

La variante Alfa se identificó por primera vez en septiembre de 2020 en más de 80 países. Luego la variante Beta se detectó por primera vez en Sudáfrica y se sospecha que ayuda a que otras variantes sean más contagiosas. Se ha demostrado que es un 50% más transmisible. Los análisis de sangre y el uso en la vida real sugieren que puede infectar a personas que se han recuperado del covid-19 y también a personas que han sido vacunadas contra la enfermedad. La variante Gamma fue vista por primera vez en Brasil y los análisis de sangre muestran que podría escapar a las respuestas inmunitarias tanto naturales como provocadas por vacunas. La variante Delta apareció en la India y fue la cuarta en ser declarada como preocupante por la OMS. Los expertos ahora creen que la variante Delta es probablemente más transmisible. Matt Hancock, el secretario de Salud del Reino Unido, dijo que la variante Delta es “alrededor de un 40% más transmisible que la variante Alfa, anteriormente dominante, que ya era más transmisible en comparación con la forma original del virus. La evidencia preliminar sugiere que la variante Delta podría causar un mayor riesgo de hospitalización en comparación con la Alfa, según Public Health England (PHE)”. Ya se comienza a hablar de la variante Épsilon que fue identificada por primera vez en California. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) dicen que son aproximadamente un 20% más transmisible y los análisis de sangre sugieren que podría volver a infectar a las personas que han sido vacunadas contra el covid o que se han recuperado, pero eso aún no se ha demostrado en la vida real. Como vemos en 18 meses, el virus ha tenido la capacidad de generar al menos 5 variantes que según el caso aumentan su capacidad de contagio y/o de mortalidad.

¿La tercera ola?

Por todo lo expuesto, se hace bastante probable que estemos en la puerta de entrada de la “tercera ola” y expresiones y advertencias como las de las últimas dos semanas lo confirman. El Ministro de Salud de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires expresó “No hay duda que tenemos por delante una nueva ola”. Por otro lado, la Asociación de Dispositivos Médicos de Chile (ADIMECH) advirtió que “con cifras de contagios al alza de manera transversal en todo el territorio nacional, la cartera se está preparando para una tercera ola de Covid-19”. En México hace unos días Andreu Comas – investigador en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, México – dijo “ya inició una tercera ola, ahora, lo que no sabemos es qué tan alta va a ser, ni cuánto va a durar”. También hace una semana la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió “La tercera ola se extiende y acelera en África con las nuevas variantes”. Como vemos, ya son varias las voces que desde diferentes lugares del mundo nos advierten acerca de lo que estaría por venir.

Reflexiones finales

Nuevas variantes de la cepa y vacunación. De acuerdo con lo analizado vemos que el virus avanza, muta y genera nuevas variantes poniendo otra vez en vilo a la comunidad mundial y desafiando a la comunidad científica en un recorrido que no parece tener final en el corto plazo. La vacunación es fundamental pero no es suficiente y hay muestras claras de países que con altos niveles de vacunación ya están preparándose para la “tercera ola” en medio de altos niveles de contagios y muertes generados por la “segunda ola”.

Restricciones condicionadas. Las necesidades sociales asociadas a los aspectos culturales y económicos presionan a los gobiernos para reducir las restricciones en un momento que dada la incertidumbre no parecería ser lo más razonable desde el enfoque estrictamente sanitario. El virus se prepara para volver a trasladarse en la misma forma que lo hizo al principio aprovechando la globalización de las comunicaciones, los grandes conglomerados urbanos y las comunidades más vulnerables. Es una gran incógnita tanto la peligrosidad de las nuevas variantes como el nivel de protección que las vacunas han otorgado haciendo difícil anticipar lo que podría ocurrir. 

El comportamiento social indispensable. Se hace evidente una vez más la necesidad de tomar conciencia y apelar a lo más básico. Es imprescindible que cada uno de nosotros tome todas las medidas sanitarias que hoy ya conocemos y no relaje los cuidados ni por un instante. El comportamiento social parece ser sin duda la clave central para la erradicación del virus dado que ni las medidas tomadas por los gobiernos ni las vacunas parecen alcanzar para contenerlo. 

El valor de lo simple. Por otro lado, si bien el virus ha generado situaciones extremadamente dolorosas también nos ha puesto en jaque y nos ha hecho reflexionar acerca de las cuestiones más elementales y la importancia de los vínculos familiares y personales por encima de las cuestiones materiales, poniendo en valor aspectos en los que no se prestaba tanta atención antes de la pandemia y desafiándonos  no sólo a enfrentar al virus sino a modificar nuestros hábitos para reformular nuestras prioridades y focalizar en aquellas pequeñas cosas que tanto valor tienen para el desarrollo del ser humano.

Nuestra conducta. Creo que lo importante es no esperar que el resultado deseado por todos ocurra a partir de lo que hagan otros (la ciencia con las vacunas y los gobiernos con las medidas) sino que es altamente probable que el éxito esté asociado a las pequeñas e imperceptibles decisiones de cuidado sanitario y personal que cada uno de nosotros tome en nuestras actividades cotidianas y que impactan con efecto dominó en el comportamiento social. 

Para la contención exitosa de la tercera ola no parecería alcanzar con las vacunas y las restricciones establecidas por los gobiernos y dependerá en forma superlativa de la disciplina social y el autocontrol, ambos condicionados por las raíces culturales de cada país y la escala de valores comunitarios. Viene la “tercera ola” y estamos mucho mejor preparados para enfrentarla. Ayudemos entre todos a terminar con esta pandemia.

Autor

  • Gonzalo Lecuona

    Presidente de GEO Estudio y Opinión. Especialista en administración financiera pública. Contador Público (FCE- UBA). Jurado Académico, Profesor Adjunto e invitado en Universidades Nacionales y Privadas (UBA, UNCo, UNMdP, UNCUYO, UNRN, UNO, USAL, entre otras) de la Argentina para materias de grado y posgrado de su especialidad.

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