Año: 2026

Dal Poggetto advierte por destrucción de empleo formal y presión sobre empresas en la transición económica del Gobierno

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La economista y directora ejecutiva de la consultora EcoGo, Marina Dal Poggetto alertó que el ajuste fiscal y el uso del tipo de cambio como ancla inflacionaria generan tensiones en el empleo, la recaudación y la estructura productiva.

Una transición con costos visibles

En pleno proceso de reconfiguración del régimen macroeconómico, la economista Marina Dal Poggetto lanzó una advertencia que interpela el corazón de la estrategia oficial. Desde Splendid AM 990, la directora ejecutiva de EcoGo sostuvo que la transición impulsada por el Gobierno ya muestra efectos concretos: destrucción de empleo formal, deterioro en las hojas de balance empresarias y caída del consumo interno.

El diagnóstico llega en un momento sensible. Con inflación mensual en torno al 2,9% y un esquema cambiario que busca consolidar estabilidad, la pregunta que subyace es si la normalización macro puede sostenerse sin erosionar la base productiva y laboral.

“Estás transitando de un régimen a otro”, planteó Dal Poggetto al describir el pasaje desde un modelo con alta brecha cambiaria, tasas reales negativas y fuerte protección comercial hacia otro con menor distorsión cambiaria, tasas positivas y apertura de importaciones. Ese giro, explicó, modifica incentivos y altera la lógica de funcionamiento de empresas y consumidores.

Del arbitraje financiero a la competencia por demanda

En el esquema previo, la economía operaba bajo una lógica de arbitraje. “Tomabas todos los pesos baratos que había en el sistema, comprabas todos los dólares baratos que te daba el Banco Central y si podías fijar precio eras Gardel”, sintetizó. Ese modelo permitía recomponer márgenes vía precios y protección comercial.

El actual escenario, en cambio, se apoya en la “normalización” de variables macro: brecha cambiaria que tendió a desaparecer, tasas de interés ya no negativas y mayor apertura de importaciones. Allí aparece un punto neurálgico. “Hoy sí importa la demanda y parte de esa demanda es abastecida con un aumento en las importaciones”, afirmó, al señalar la expansión de compras externas en bienes de consumo y autos.

El tipo de cambio funciona como ancla antiinflacionaria. Sin embargo, Dal Poggetto advirtió que esa herramienta implica riesgos si la inflación mensual se mantiene en torno al 2,9%. Con el dólar estable, el tipo de cambio real vuelve a apreciarse rápidamente. “Si lo dejás clavado en estos niveles con una inflación en torno al 2,9% mensual, en dos meses volvés a bajarlo”, señaló.

Esa apreciación reabre la discusión sobre competitividad. Tras la devaluación inicial que llevó el dólar oficial de 360 a 800 pesos, el tipo de cambio real alcanzó niveles elevados, pero luego comenzó a descender. El interrogante es cuánto margen tiene el Gobierno para sostener el ancla cambiaria sin profundizar tensiones en sectores transables.

Empleo formal en retroceso y reforma laboral en debate

El impacto más sensible aparece en el mercado de trabajo. Si bien la tasa de desempleo subió de 5,7% a 6,6%, la economista subrayó que el fenómeno central no es solo la desocupación sino la composición del empleo. “Lo que sí estás viendo es destrucción de empleo formal y creación de empleo semiformal, fundamentalmente monotributo”, advirtió.

En ese contexto se inscribe la reforma laboral en debate. Según su lectura, apunta a actualizar una legislación “muy rezagada”, pero se implementa en una economía que pierde puestos registrados. “Le estás bajando alícuotas o el costo de las contribuciones patronales a lo nuevo en una economía que está perdiendo empleo”, sostuvo.

La dimensión fiscal complejiza el cuadro. Con una recaudación que “está cayendo y probablemente siga cayendo”, el ajuste se sostiene vía contención del gasto. El Gobierno apuesta a consolidar equilibrio fiscal, pero lo hace sobre una base tributaria debilitada por la recesión y la menor actividad formal. Allí se juega una parte de la gobernabilidad económica.

Consumo, precios relativos y tensión social

El deterioro del poder adquisitivo agrega otra capa de presión. Dal Poggetto explicó que el índice de precios refleja una canasta promedio, pero cada hogar enfrenta una estructura distinta. “Hay una parte de los servicios, sobre todo de la clase media, que son bastante inelásticos”, señaló en referencia a prepagas, colegios, expensas y tarifas, rubros que subieron por encima de la inflación desde el inicio de la gestión.

“Están indexados a una inflación donde los ingresos no están yendo con la inflación”, remarcó. El resultado es una contracción del consumo que impacta directamente en empresas orientadas al mercado interno.

A esto se suma la presión sobre balances. “Empezás a ver una distorsión en la hoja de balance”, describió. Algunos sectores lograron recapitalizarse en el ciclo anterior; otros operan con márgenes estrechos en un contexto recesivo y mayor competencia externa.

En materia inflacionaria, anticipó que febrero y marzo mostrarán registros elevados por subas en carne, combustibles, colegios y tarifas. “Febrero va a ser alta y marzo probablemente siga estando en esos niveles”, afirmó, aunque proyectó que abril podría acercarse al 2% mensual si el esquema cambiario se mantiene.

Un equilibrio inestable

El diagnóstico no implica un rechazo al proceso de estabilización, pero sí una advertencia sobre sus costos y tiempos. La apertura comercial, la disciplina fiscal y el ancla cambiaria redefinen incentivos y ordenan precios relativos. La cuestión es si el tejido productivo puede absorber el shock sin mayor deterioro del empleo formal y de la recaudación.

En términos políticos, el Gobierno sostiene su estrategia como eje central de gestión. Sin embargo, la evolución del empleo registrado, la dinámica del consumo y la respuesta del sector empresario marcarán el pulso de las próximas semanas. La transición ya está en marcha. Lo que aún no está definido es cuán profundo será el costo social y productivo de ese nuevo régimen macroeconómico.

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La ansiedad social se corrió del dólar y aterrizó en el salario

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En la Argentina de fines de febrero, la preocupación cotidiana dejó de tener un rostro único. Ya no es solo la inflación ni únicamente la inseguridad: la inquietud se volvió un triángulo duro de romper entre salarios que no alcanzan, empleo que falta y precios que no aflojan. Eso es lo que muestra un relevamiento nacional de Zuban & Córdoba, con 1.500 casos realizado entre el 23 y el 26 de febrero de 2026, con un error muestral de +/- 2,53% y 95% de confianza, mediante una técnica mixta (mailing y CAWI), ponderado por género, zona y último voto legislativo 2025.

El dato más contundente es también el más político: la principal preocupación es el bolsillo, pero no en abstracto, sino en una forma concreta y cotidiana: “bajos salarios y pérdida del poder adquisitivo”, que encabeza el ranking con 28,5%. Le siguen “falta de empleo y desocupación” (22,7%), “inflación y aumento de precios” (17,7%) e “inseguridad” (13,9%). Mucho más atrás aparecen “corrupción del Estado” (7,3%), “endeudamiento del país” (5,7%) y “polarización política” (1,9%).

La lectura fina del estudio es incómoda para casi todos los discursos. Por un lado, muestra que la economía sigue siendo el gran ordenador del malestar, aunque con un giro: el problema no se enuncia como “macro” sino como microeconomía doméstica. Que “bajos salarios” quede primero sugiere un cambio de foco: incluso si los precios bajan de velocidad, el ingreso sigue llegando tarde.

Por otro lado, el mapa de preocupaciones también relativiza el peso de la “grieta” como explicación total. La polarización aparece, sí, pero en el margen. En términos electorales, esto es una señal: hay una demanda social por resultados materiales más que por épicas identitarias. En términos de gestión, otra: las decisiones de política pública se evalúan en el mostrador y en el recibo de sueldo.

Brecha de género: ellas miran el empleo; ellos, el poder adquisitivo

Cuando se separa por género, las diferencias son nítidas. En varones, el primer lugar lo ocupa “bajos salarios y pérdida del poder adquisitivo” (29,7%), seguido por “falta de empleo y desocupación” (19,4%) e “inflación” (16,9%). En mujeres, el orden se reacomoda: “falta de empleo y desocupación” sube a 25,8%, mientras “bajos salarios” queda en 27,5% y “inflación” marca 18%.

Esa brecha puede leerse como síntoma de época: el empleo aparece como una alarma más fuerte en el universo femenino, mientras que en los varones pesa algo más la pérdida del poder de compra. No es solo economía: es también estructura social, tipo de inserción laboral y expectativas sobre estabilidad.

El corte etario muestra que la preocupación “se mueve” con el ciclo de vida. Entre 18 y 30 años, el empleo domina con 34,5%, muy por encima de salarios (20,8%), inflación (17,9%) e inseguridad (18,5%). En 31 a 45 años, el liderazgo pasa a “bajos salarios” (30,7%) y la inflación pega un salto (27,3%). En 46 a 60, vuelve a imponerse el ingreso: 31,5% salarios, con empleo en 26,1%. Y en mayores de 60, los “bajos salarios” sostienen el primer lugar con 27,9%, aunque el rubro “otro” crece (25,7%), una categoría que suele capturar preocupaciones específicas (salud, medicamentos, costos de vida, servicios) que no siempre quedan reflejadas en opciones cerradas.

La política debería tomar nota: los jóvenes no están discutiendo un modelo; están buscando un puesto. Y los mayores piden que la jubilación alcance.

El corte por voto presidencial también cuenta una historia: hay temas que atraviesan identidades, pero cambian las jerarquías. En primera vuelta, quienes votaron a Javier Milei ubicaron primero la inseguridad (27,5%), seguida por bajos salarios (24,2%), con inflación y empleo prácticamente empatados (18,2% y 18,7%). En votantes de Patricia Bullrich, el orden es más “económico”: bajos salarios (29,6%) y empleo (25,7%), con inseguridad en 19% e inflación en 14,6%. Entre votantes de Sergio Massa, vuelven a liderar bajos salarios (28,4%) y empleo (24,2%), con inflación 19,9% y endeudamiento 13,1%. Pero el caso más extremo es el de Juan Schiaretti: allí, “bajos salarios” llega a 52,8%, un techo que sugiere un electorado fuertemente orientado a la economía real.En el ballotage (último voto), el contraste se simplifica. Entre votantes de Milei, vuelve a liderar inseguridad (25,8%), pero “bajos salarios” es casi igual de alto (26,3%). Entre votantes de Massa, la prioridad es claramente bajos salarios (30,8%), con empleo segundo (24,6%) e inflación tercero (18,9%).

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El Consejo de Seguridad de la ONU se reúne de urgencia tras el ataque de Israel y EE.UU. a Irán

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El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas mantendrá una reunión de emergencia este sábado por la tarde para abordar la crítica situación en Medio Oriente, tras los ataques coordinados de Israel y Estados Unidos contra territorio iraní y la posterior represalia de Teherán.

La sesión se produce en un clima de extrema tensión diplomática, y mientras Estados Unidos, uno de los actores directos en el conflicto, posee una de las cinco bancas con derecho a veto, lo que genera incertidumbre sobre la posibilidad de alcanzar una resolución vinculante que detenga las hostilidades.

El pedido de António Guterres

Por su parte, el secretario general de la ONU, António Guterres, lanzó una advertencia ante lo que considera una amenaza directa a la estabilidad global.

El jefe de Naciones Unidas exigió el “cese inmediato de todas las hostilidades” para evitar una guerra regional a gran escala.

“La situación actual pone en riesgo la paz y la seguridad internacionales“, afirmó tras condenar tanto la ofensiva inicial como la respuesta militar iraní.

El diplomático insistió en la necesidad de una “desescalada urgente” para proteger a la población civil y evitar que el conflicto se torne irreversible.

“El mundo no puede permitirse otra guerra de estas proporciones”, subrayó el secretario general en un comunicado oficial previo al encuentro del Consejo.

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El Gobierno recalibra el esquema monetario y sale a captar “argendólares” para financiar deuda sin ir a Wall Street

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Según la consultora Ecolatina, Milei irá tras los argendólares. El Gobierno recalibra tasas y lanza bono en dólares para captar depósitos récord y financiar deuda sin ir a Wall Street.

Transcurrió una semana caracterizada por el recalibramiento del esquema cambiario-monetario. El tipo de cambio llegó a ubicarse por encima de los $1.400 durante la rueda del miércoles y el jueves, y finalizó hoy en $1.397, ubicándose de esta forma 1,5% por encima del viernes de la semana anterior.

Decimos esto recalibración porque, a diferencia de lo ocurrido desde inicio de año, el BCRA inyectó pesos mediante intervenciones en el mercado secundario y el Tesoro convalidó un rollover por debajo del 100%. De esta forma, las tasas de interés descomprimieron del 40% TNA a 20% TNA, y el dólar respondió al alza. En otro orden, Finanzas volvió a emitir un bono en dólares, con una TNA del 6%, con intereses pagadero de forma mensual y amortización una semana posterior a las elecciones nacionales de 2027. Con un tope máximo de USD 2.000 M que se usaran para el pago de capital por vencimiento de soberanos el próximo julio (USD 2.700 M), Finanzas logró un buen debut al capturar USD 250 M en la semana (el tope de emisión quincenal). La estrategia se enmarca en la decisión de no recurrir a Wall Street, depósitos en dólares en el sistema máximos en veinte años y no es casualidad tampoco que esto surja junto a la sanción de la Ley de Inocencia Fiscal y con un Gobierno que desea ir por la desregulación de los préstamos en dólares. No queda claro que un relajamiento de las condiciones permita expandir el crédito en dólares.

Dejando a un lado los riesgos de una potencial flexibilización de los préstamos en USD, las actuales condiciones permiten al Gobierno inclinar en mayor medida su programa financiero al mercado local. Mientras haya confianza, los depósitos en dólares serán un aliado para el BCRA producto de la mayor capacidad prestable de los bancos en USD (que se liquidan en el MULC) y para que Finanzas encuentre un mercado ávido por poner a rendir sus depósitos.

Transcurrió una semana caracterizada por el recalibramiento del esquema cambiario-monetario. El tipo de cambio llegó a ubicarse por encima de los $1.400 durante la rueda del miércoles y el jueves, y finalizó hoy en $1.397, ubicándose de esta forma 1,5% por encima del viernes de la semana anterior. Más allá de ello, el mes cerró con un dólar descendiendo 3,5% de punta a punta (-2,8% promedio) y una distancia al techo de la banda que promedió el nivel más bajo desde julio del año pasado.

Asimismo, el BCRA extendió el programa de compras. En la semana, la autoridad monetaria sumó USD 300 M, acumulando compras en febrero por USD 1.555 M y extendiendo a USD 2.713 M en lo que va del año. Un aspecto que vale la pena destacar es el ritmo de compras de febrero, que casi se duplicó respecto a enero al pasar de USD 58 M a USD 86 M promedio diario.

Mencionábamos al comienzo la recalibración del esquema cambiario-monetario. Decimos esto porque, a diferencia de lo ocurrido desde inicio de año, el BCRA y el Tesoro se volcaron con mayor determinación a otorgar mayor liquidez al mercado, lo que derivó en una recomposición del colchón de liquidez de las entidades financieras, una descompresión de las tasas y como consecuencia un dólar que revirtió la tendencia bajista. En un contexto de arbitrariedad respecto al manejo monetario, estará por verse si esto se torna sistemático o si obedece a una operación coyuntural a raíz de la lectura del equipo económico.

Siguiendo, el Central habría inyectado liquidez mediante el mercado secundario. Durante finales de la semana pasada, se registraron volúmenes inusuales en la curva de la tasa fija, lo que insinuaba la presencia de la autoridad monetaria en el mercado. Con los últimos datos monetarios, se observa que la Base Monetaria registró un crecimiento de $1,4 bn entre el jueves y viernes de la semana pasada, donde las compras de divisas explican tan sólo $0,3 bn de dicha expansión. Dado que no existieron operaciones relevantes con el Tesoro durante esas fechas, si se descuenta las operaciones por compras de dólares y las operaciones netas en el mercado de Pases, queda un remanente cercano a $1,2 bn sin una fuente clara de explicación y que habrían correspondido a compra de bonos en el mercado secundario (por tanto, inyección de pesos).

Justamente, luego de esas operaciones la tasa en pesos comenzó a bajar. La tasa de caución y los REPOs a 1 día pasaron de poco más de 40% TNA PP durante la semana pasada a deslizarse hacia los 20% TNA PP en la semana. En paralelo, las condiciones más laxas de liquidez se reflejaron en que las entidades financieras recompusieron los encajes en moneda local en el Central. Luego de caer $1,5 bn para fondear la liquidación de la última licitación (donde Finanzas obtuvo un rollover superior al 120%), durante la semana del 18 de febrero los encajes recuperaron el saldo en lo que entendemos corresponde a las mencionadas operaciones del Central. Asimismo, el stock de operaciones de Pases de los bancos con el BCRA saltó a $1,9 bn el pasado miércoles desde un promedio de $0,4 bn durante todo febrero.

En la misma línea, la última licitación del mes de Finanzas vino con dos grandes novedades. Por un lado, por primera vez desde noviembre del 2024 el menú ofrecido por las autoridades no incluyo instrumentos de tasa fija ni TAMAR, generalmente utilizados por los bancos para su integración y demandados por contener vencimientos en el corto plazo, y se concentró exclusivamente en instrumentos indexados a la inflación y al tipo de cambio. En concreto, ante vencimientos por $7,2 billones, el Tesoro adjudicó $6,7 billones (rollover del 93%) e inyectará unos $0,5 bn en el mercado durante la liquidación que tendrá lugar en la jornada de hoy.

Más importante aún fue la novedad de la emisión de un nuevo bono en dólares. A partir de la última subasta, será parte de las licitaciones quincenales el flamante bono en dólares AO27, que pagará una tasa de interés de forma mensual por un cupón de 6% TNA y cuya amortización será en octubre del 2027 (la semana siguiente de las elecciones presidenciales). El monto máximo de emisión será de USD 2.000 M (cupo de USD 250 M por licitación) y tendrá como destino el próximo pago en julio de capital de Bonares y Globales (cerca de USD 2.700 M).

El debut fue auspicioso. Se adjudicó el total por USD 250 M entre el miércoles y el jueves, y cortó a una TIR del 5,9%, rendimiento similar al BOPREAL comparable en el mercado secundario al día previo de la adjudicación, el cual es emitido por el BCRA y por tanto tiene una percepción de riesgo menor a los bonos emitidos por el Tesoro.

Esta estrategia se enmarca en la decisión de no recurrir a Wall Street para el rolleo del pago de capital de la deuda, en un contexto en el que, además, el Riesgo País nuevamente está por encima de los 500 puntos básicos. No es casualidad tampoco que esto surja junto a la sanción de la Ley de Inocencia Fiscal y con un Gobierno que desea ir por la desregulación de los préstamos en dólares (no solamente que sean a exportadores o vinculados, sino también al resto de los agentes) para que se multiplique la circulación de dólares en la economía.

El objeto es darle curso a depósitos en dólares que están en los valores más altos en veinte años (en términos nominales). El stock de depósitos en USD del sector privado alcanzó la cifra récord de USD 38.400 M en febrero de este año (y esto no contempla las suscripciones en dólares en la industria FCI), producto de dos etapas bien marcadas desde el cambio de gestión: el blanqueo de 2024, que implicó un ingreso de USD 15.000 M; y, tras una ventana de retiro del sistema (por el fin del blanqueo) donde se estabilizaron en torno a los USD 30.000 M, un nuevo ingreso continuó al sistema desde julio del año pasado que los ubica en la presente cifra.  

No obstante, los préstamos en dólares crecieron en menor medida. Los préstamos en moneda dura con relación a los depósitos se ubican 53% durante febrero (51% si se excluye préstamos por tarjeta), y promedian desde el 2025 cerca del 50%, por debajo del 56% que supieron mostrar entre el 2018-19 o el 67% que supieron exhibir entre la etapa 2004-10 (previo al recrudecimiento de los controles cambiarios). Por tanto, de los USD 38.400 M que se encuentran depositados en el sistema, unos USD 20.000 M tienen como contrapartida un crédito, otros USD 18.500 M se encuentran encajados en el BCRA y USD 5.000 M en efectivo en las sucursales bancarias.

De todas formas, no queda claro que un relajamiento de las condiciones permita monetizar la economía en dólares. Los depósitos y los préstamos en moneda dura con relación al producto no se encuentran muy lejos a los máximos alcanzados durante la gestión de Juntos por el Cambio. Además, bajo las condiciones actuales, tienen margen para seguir creciendo en lo que resta del 2026, permitiendo un mayor dinamismo en el MULC y que el BCRA sostenga el programa de compras. No obstante, no es evidente que una eventual flexibilización del otorgamiento del crédito impulse mucho más de lo visto hasta el momento los depósitos, y al mismo tiempo la capacidad prestable ociosa deberá volcarse a una economía que tendrá como horizonte una contienda electoral que despertará la habitual incertidumbre económica.

Dejando a un lado los riesgos de una potencial flexibilización de los préstamos en USD, las actuales condiciones permiten al Gobierno inclinar en mayor medida su programa financiero al mercado local. Mientras haya confianza, los depósitos en dólares serán un aliado para el BCRA producto de la mayor capacidad prestable de los bancos en USD (que se liquidan en el MULC) y para que Finanzas encuentre un mercado ávido por poner a rendir sus depósitos.

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Milei eleva a “ALTO” el nivel de seguridad nacional por la situación en Oriente Medio

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El presidente Javier Milei dispuso elevar a “ALTO” el nivel de seguridad en todo el territorio nacional a partir del 28 de febrero de 2026, según un comunicado oficial difundido desde la Oficina del Presidente de la República Argentina. La decisión responde a los acontecimientos de público conocimiento ocurridos ese mismo día en Medio Oriente y activa un esquema preventivo que incluye refuerzo de custodia en objetivos sensibles, monitoreo permanente del Sistema de Inteligencia Nacional y mayores controles en fronteras.

La medida no es solo operativa. También es una señal política. En un contexto internacional de alta tensión, el Gobierno busca mostrar capacidad de reacción inmediata y coordinación institucional. La pregunta que se abre es cómo impacta este endurecimiento del esquema de seguridad en la actividad económica, la logística y el clima de inversión.

Refuerzo preventivo y coordinación institucional

El comunicado establece que se fortalecerán los dispositivos de protección sobre objetivos sensibles civiles e infraestructura crítica. Esto incluye el refuerzo de la custodia en representaciones diplomáticas extranjeras en el país.

Además, el Sistema de Inteligencia Nacional monitorea de manera permanente la evolución de los acontecimientos en cooperación con agencias internacionales, con el objetivo de detectar riesgos o amenazas contra la seguridad nacional.

En paralelo, se activó el protocolo de alerta en fronteras. La medida implica reforzar los controles de ingreso y egreso del país y aumentar la trazabilidad de movimientos transfronterizos y la revisión de alertas tempranas en zonas consideradas sensibles. El esquema articula a la Secretaría de Inteligencia de Estado, el Ministerio de Seguridad Nacional —a través de la Dirección Nacional de Migraciones— y las Fuerzas Federales de Seguridad.

En términos institucionales, se trata de una activación preventiva dentro de las facultades del Poder Ejecutivo para resguardar la seguridad interior. No se anunció un estado de excepción ni se mencionaron restricciones extraordinarias, pero el salto en el nivel de alerta modifica la dinámica operativa de varios organismos.

Impacto económico: logística, comercio y percepción de riesgo

Aunque el comunicado no detalla efectos regulatorios adicionales, el endurecimiento de controles fronterizos puede tener implicancias en tiempos de tránsito y en la operatoria logística, especialmente en comercio exterior y transporte internacional. Un mayor nivel de trazabilidad y revisión suele traducirse en procesos más estrictos, con posibles demoras administrativas.

Para el mercado, el dato central es la estabilidad. Las decisiones en materia de seguridad influyen en la percepción de riesgo país y en el análisis que realizan inversores y compañías multinacionales sobre continuidad operativa. El refuerzo de custodia en representaciones diplomáticas y en infraestructura crítica apunta, justamente, a preservar esa normalidad.

En sectores como energía, transporte, telecomunicaciones y servicios estratégicos, el concepto de “infraestructura crítica” adquiere peso específico. La protección reforzada busca evitar interrupciones que impacten en producción, abastecimiento o precios. En un escenario internacional volátil, la anticipación es parte del mensaje.

Señal política en un escenario global incierto

El Gobierno reafirmó su compromiso con la defensa de la vida, la libertad y el orden constitucional. La elevación del nivel de seguridad se inscribe en una lógica de prevención antes que de reacción. No corrige una política previa, sino que profundiza un enfoque de alineamiento con estándares de monitoreo y cooperación internacional ante eventos externos.

Hacia adentro, la medida también ordena a la estructura estatal bajo un esquema de coordinación más intenso. Hacia afuera, comunica que Argentina busca blindar su territorio ante eventuales externalidades del conflicto internacional.

El efecto económico dependerá de la duración del nivel de alerta y de la evolución del contexto global. Por ahora, el Ejecutivo optó por anticiparse y marcar presencia institucional. En un mundo donde la seguridad y la estabilidad influyen directamente sobre mercados y flujos de inversión, esa decisión adquiere un significado que excede lo estrictamente operativo.

Cancillería expresó su respaldo a la ofensiva militar de Estados Unidos e Israel contra Irán

La Cancillería expresó este sábado su apoyo a la ofensiva militar impulsada conjunta entre Estados Unidos e Israel contra Irán y consideró que “las medidas adoptadas contribuirán a fortalecer el régimen internacional de no proliferación nuclear”.

Conforme al comunicado oficial con estas acciones “se consolidará un marco de paz y seguridad duradera”.

“El Gobierno de la República Argentina valora y apoya las acciones conjuntas realizadas por los Estados Unidos de América y el Estado de Israel destinadas a neutralizar la amenaza que el régimen de la República Islámica de Irán representa para la estabilidad internacional a largo plazo y la seguridad en la región”, inició el escrito.

En este sentido, enfatiza que “pese a los reiterados esfuerzos diplomáticos de la comunidad internacional, Irán no desmanteló completamente su programa nuclear, no cesó sus actividades sensibles de enriquecimiento ni ha puesto fin al apoyo que brinda a actores armados no estatales que operan de manera desestabilizadora en distintos países de la región”, motivo por el que “se constituye una amenaza persistente a la paz y la seguridad internacionales”.

El canciller Pablo Quirno manifestó que “la Argentina condena enérgicamente los ataques” cometidos por Irán contra “naciones como Israel, los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Qatar, Reino Unido, Arabia Saudita, Kuwait, así como “instalaciones y personal de EEUU en la región”.

Sin embargo, el Gobierno expresó su solidaridad con el pueblo iraní que durante estos años reclamó “con valentía su aspiración a vivir en libertad”, a la vez que el atentado terrorista perpetrado por Hezbolá contra la AMIA en 1994.

La cartera informó que “coordina con la red consular”, que “permanece en contacto con los connacionales a fin de asistirlos ante cualquier eventualidad”.

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