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Las relaciones comerciales argentinas con el Mercosur y el (debilitado) estado del bloque

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Escribe Marcelo Elizondo, presidente del Capitulo Argentino de la Internacional Society for Performance Improvement (ISPI).

1. Antecedentes recientes. La nueva discusión.  

El Mercosur ha sido el gran mercado para Argentina. Desde hace  lustros. Especialmente por el vínculo con Brasil que es el gran socio  argentino. El Mercosur y sus preferencias arancelarias (y la reserva de  mercado que concede) son causas significativas de ello. Para Argentina  es el mayor destino de exportaciones, aunque para Brasil nuestro país es  el cuarto en el mundo.  

Estamos ante el trigésimo aniversario del bloque. Un acontecimiento  especial para un país como Argentina en el que pocas instituciones  permanecen inalteradas. Aunque también una instancia en la que están  exigiéndose cambios y adaptaciones. 

Últimamente aparecieron dificultades en la agenda: el Mercosur está  bajo discusión. El elevado arancel externo común (que casi triplica el  arancel promedio mundial) es considerado por Brasil un obstáculo para  la internacionalización de sus empresas; y potenciales acuerdos  comerciales con otros mercados son vistos por el mayor país de la región  como un requisito (el Mercosur es, de la veintena de acuerdos regionales  de integración que existen en todo el mundo, el que menos relación  exportaciones/PBI logra: menos de 15% contra más de 30% en el  promedio mundial y algunos casos como el ASEAN o la UE con más de  50%). Se amplía al respecto en este documento más abajo, pero puede  anticiparse la conclusión que justifica la discusión interna actual: el  bloque es un espacio de pobres resultados comerciales externos. Y la  aspiración de flexibilización del rígido marco jurídico para permitir  acuerdos comerciales bilaterales con autonomía con terceros mercados para sus miembros (algo impedido hoy) que impulsa Uruguay y Brasil  ve con adhesión es una respuesta ante la escasez de dinamismo  comercial  

Pero Argentina no aparece como un adherente entusiasta de las citadas  posturas modernizadoras y el vínculo -pensando en el futuro común- se  enturbia. En los últimos tiempos ha aparecido con más fuerza la  hipotética propuesta de Uruguay y Brasil (con la que probablemente  Paraguay concordará finalmente) de flexibilizar porque el bloque se ha  quedado detenido y sin agenda  

Para Argentina hay mucho en juego; la alianza regional (geopolítica), la  pertenencia a un mercado que si funciona bien y se consolida justifica  inversiones mirando todo el bloque y además la reserva de mercado que  para exportaciones argentinas hay en el resto del acuerdo y  especialmente en Brasil (Brasil es el cuarto país mayor inversor externo  en nuestro país y además es causa de inversiones de multinacionales  que se han instalado antes en Argentina considerando el valor del acceso  a aquel destino).  

La discusión sobre el futuro del Mercosur es un requisito. El Mercosur  que fue ya no existe. No hay nada que defender. O se reforma o se  refortalece el modelo viejo. En el medio hay muy poco. Y al parecer la  tendencia de la mayoría de los socios es hacia la reforma, amparándose  en los resultados que exigen cambios.  

2. El Mercosur. Estado de situación 

a) Características del bloque  

Mas allá del vínculo de Argentina con Brasil, la relación con el Mercosur  todo muestra un debilitamiento en general: una caída reciente de las  exportaciones al resto del bloque que llegaron solo a 10.010 millones en  2020 mientras que las importaciones fueron de solo 11.284 millones de  dólares. Se trata de los menores niveles en más de un decenio. Pero que  se enmarca en un proceso de reducción sistémica que lleva un decenio:  para constatar el debilitamiento del bloque en el comercio exterior  argentino debe decirse que en el récord alcanzado en el año 2013 la  Argentina exportó al Mercosur más del doble que en 2020: fueron ese año  21.395 millones de dólares (las exportaciones de 2011 habían sido  similares, apenas menores). Y ello representó en aquel momento casi  29% del total exportado por Argentina (en 2020 el Mercosur no llegó a  representar 19% del total). Las importaciones sabían sido 20.532  millones en ese año.  

Desde allí los resultados menguaron de modo constante hasta llegar al  débil de 2020.  

La caída del comercio con el Mercosur en 2020 fue mayor a la caída total  del comercio argentino con todo el mundo especialmente en  exportaciones. Las exportaciones totales argentinas cayeron en 2020 un  15,7% y las ventas al Mercosur lo hicieron en 21,1%. Las importaciones  cayeron en total, 13,8% pero desde el Mercosur lo hicieron un 7,8%.  

El Mercosur (los países miembros sumados) está (en tiempos normales  y mas allá del accidente de 2020) entre las seis o siete (según el año)  mayores economías a nivel mundial, si se considera el PIB nominal de  más de 2,5 billones de dólares producido por todo el bloque.  

Posee las tres urbes más ricas, extensas y pobladas de Sudamérica: São  Paulo, Buenos Aires y Río de Janeiro; y posee también la selva tropical  más grande del planeta: la selva amazónica.  

Además controla las mayores reservas energéticas, minerales, hídricas  y petroleras del planeta.  

Con una superficie total de 12,8 millones de kilómetros cuadrados y una  población total de 275 millones de personas es un bloque de relevancia  para Argentina y para sus 4 miembros actuales.  

b) Un espacio pobre en materia de comercio internacional  

Pero en términos comerciales externos sus resultados son pobres no solo  por las dificultades de 2020. El Mercosur es un conjunto que ha sido  construido para alentar el comercio entre sus miembros pero sin 

incentivos mayores para que se desarrolle comercio suprafronterizo (con  el resto del mundo).  

Podríamos llamarlo, así, como un bloque cerrado.  

El acuerdo se ha transformado en un bloque de escasa relación  económica fuera de sí mismo. Tiene el formato de una Unión Aduanera  (UA), que es una modalidad de acuerdo internacional poco usada en el  mundo (donde se han preferido acuerdos más flexibles y dinámicos).  

Sólo algo más del 5% de los acuerdos vigentes (que son unos 300 en el  mundo) responde a la modalidad de UA. La mayoría de los acuerdos  responde a la modalidad de acuerdos de libre comercio (44% del total  vigente en el mundo), a los que deben sumarse los acuerdos de libre  comercio que se completaron con acuerdos de integración económica  (que suman un 29% adicional).  

En general, los acuerdos comerciales regionales (RTA según la sigla de  la OMC) -que forman varios países cuando generan entre ellos mercados  agregados- siguen siendo muy relevantes en el mundo.  

Es un bloque en el que lo más relevante es lo arancelario (no se han  avanzado en confluencias regulatorias más modernas), en el que a la vez  no se ha complido la coordinación macroeconómica que se esperaba  entre sus miembros, en el que -por su parte- hasta la fecha hay muy  pocos acuerdos con terceros mercados (por ende mantiene un acceso a  mercados menos importante que lo que requerirían inversiones más  relevantes) y además está amparado por un arancel externo común  rígido y alto. 

Muestra su elevado ratio arancelario el grafico siguiente:  

Así, el costo de operar en comercio exterior en el bloque es alto.  

Y a ello hay que agregar que la institucionalidad del bloque ha permitido  que países como Argentina además ejecuten prácticas administrativas  que hacen más lento, engorroso y costoso el flujo comercial.  

Como ejemplo de ello sirve, a propósito del reciente (aun inconcluso)  acuerdo con la UE, un documento europeo que compara costos de  operar según cada bloque (se muestra en el grafico siguiente):  

Pero hay algo significativo que revela la escasez comercial: estamos en  el mundo hay una veintena de bloques de integración de países. Son  pactos de integración económica a partir de condiciones preferenciales  para la inversión y el comercio internacional. Y los hay de diversa  dimensión.  

Pero entre ellos el Mercosur viene padeciendo resultados internaciones  menguantes como efecto de su rigidez y cerrazón y este año las  circunstancias particulares agravaron esa realidad. Debe entenderse  que se trata de una dificultad que es muy anterior a la pandemia. Así,  entre esos varios bloques de integración existentes en el planeta (casi  una veintena), mientras en 2019 (el ultimo año “normal” en el mundo)  el PBI del MERCOSUR equivalió al 2,9% del producto mundial, las  exportaciones del bloque equivalieron solo al 1,4% del total mundial (la  participación es de menos de la mitad de la participación en el producto  mundial).  

Los cálculos antes referidos nos llevan a la evaluación más elocuente: si  se compara la relación exportaciones/PBI del Mercosur con esa misma  relación en todos los demás bloques del mundo, la comparación arroja  que el Mercosur es el bloque que está en el más bajo ratio en el planeta  entre los bloques comparados (cálculos propios en base a las fuentes  citadas). El grafico siguiente con datos relevados en 2019 muestra la  comparación: 

Lo referido muestra lo débil de la internacionalidad del bloque. Y las  razones del propósito de cambios impulsados por países (Uruguay,  Brasil) que quieren más internacionalidad. 

Se trata de un conjunto de escaso comercio internacional (intrazona y  con terceros) de acuerdo con la dimensión de su economía.  

Como se observa (con datos anteriores al año de la pandemia que hizo  del contexto algo no repetible y muy excepcional), el ratio (14.9%) es  equivalente al del NAFTA (sujeto a adopción con la transformación  puesta en marcha en 2020), pero la gran diferencia es que el NAFTA es  en función del PBI el mayor bloque del mundo y en función de las  exportaciones y el comercio internacional sumado el segundo bloque  más grande del mundo; por lo que por razones naturales teniendo un  PBI muy grande, aun siendo el segundo bloque mas exportador del  planeta, el ratio es más bajo que el promedio mundial; mientras que el  Mercosur es en función del PBI un bloque mas pequeño y el bajo ratio  es indicativo de baja intensidad comercial externa. 

c) La nueva discusión en el seno del bloque: ¿Un Mercosur del futuro o  un Mercosur sin futuro?  

Por lo antes referido es que los otros tres países miembros del bloque  probablemente requerirán en el futuro avanzar (como ya lo solicitan  desde hace algún tiempo) en la reducción del arancel externo común o  eventualmente en su flexibilización -que el arancel sea menos común-;  y aspirarán -como han anticipado ya antes de ahora- a la celebración de  acuerdos comerciales y económicos con otros mercados para poder  intensificar el comercio internacional total.  

Ello sería el objetivo de esos otros tres países en el bloque de modo de  mejorar la competitividad, la atractividad de sus propios mercados, la  inserción en redes productivas transnacionales y especialmente de  modo de permitir el acceso a tecnología -para la producción- de insumos  calificados para la modernización, más y mejores inversiones, mayores  flujos de participación en las mas modernas redes productivas  internaciones, y un incremento de la intensidad y fluidez en el  intercambio de divisas.  

Dada la condición descrita es anticípable que Brasil, Uruguay y aun  Paraguay aspiren a modernizar el Mercosur intensificando la relación  comercial con el resto del planeta. No se trata aquí de apoyar o no los  movimientos de los demás socios sino de anticipar sus movimientos.  

Por un lado y en materia de negociaciones del bloque en conjunto con  terceros se ha sabido de negociaciones -desde el bloque- en curso con  India, Canadá, Líbano, Singapur o Corea del Sur; y está pendiente  finalizar el proceso de acuerdo con la Unión Europea y con el EFTA  (además de definir la relación entre el Mercosur y el resto de  Latinoamérica). Pero, más aun, las nuevas ideas de flexibilizar el bloque  con búsqueda de autorizaciones para acuerdos autónomos -de lo que se  ha sabido hace poco- para sus miembros profundiza ésta misma línea.  

Queda por definir entonces qué postura tomará al respecto Argentina.  Hasta ahora aparece como más moderada y temerosa en el objetivo de  la internacionalidad y podríamos estar entonces ante una nueva  discusión intra-bloque en el futuro cercano.  

Ahora bien: lo que está en juego es mucho. La reserva de mercado de  Argentina en Brasil especialmente, porque si hubiera flexibilizaciones  Argentina debería competir en el Mercosur con productos que hoy  ingresan con cargas altas y dejarían de tenerlas. Además las estrategias  de las empresas que operan en Argentina o podrían hacerlo -mirando no  solo el acuerdo comercial sino la preferencia arancelaria- se  modificarán.  

Las importaciones argentinas también podrían afectarse porque los  oferentes del bloque (especialmente Brasil) tendrán más demanda 

externa si se reducen trabas al ingreso de productos en terceros  mercados desde los socios. Y además el debilitamiento de la unidad  institucional reducirá el peso estratégico del bloque en el interés político  de sus miembros y ello puede generar una nueva etapa de menor  importancia relativa en las agendas institucionales de los países  miembro en el futuro.  

Queda esperar además que el modo en el que se transite el nuevo tiempo  sea poco conflictivo para que las alianzas entre los países del bloque no  se vean afectadas por una redefinición que es probable.  

3. El Mercosur está exigido porque la globalización se exacerba  

Cuando se desató la pandemia generada por el COVID-19, a inicios de  2020, muchos supusieron -y opinaron públicamente en tal sentido- que  el mundo se enfrentaría a un proceso de reversión de la globalización y  de neo-nacionalismo. Algo que, entendían, pondría en marcha lo que  suponían- se había insinuado antes en el mundo con la irrupción del  Brexit y que podía agravarse con la administración de Donald Trump.  

Pues en estos días, iniciado ya 2021, la evidencia que tenemos es que el  mundo fue en el último año en sentido opuesto: la arquitectura de la  internacionalidad económica se está fortaleciendo, han ocurrido en el  año transcurrido no pocos hitos en esta materia y los procesos de  apertura económica recíprocos entre países se amplían.  

El ultimo evento al respecto es el muy reciente acuerdo de libre comercio  entre la Unión Europea y el Reino Unido, que ha hecho del Brexit una  adaptación al nuevo tiempo (y no una ruptura) y que ha permitido a  ambas partes acomodarse a las diferencias de modelos. Poco antes (en  noviembre pasado) se había firmado en Asia el gigantesco RCEP, un  acuerdo de libre comercio entre 15 países que sumados integran el 30%  del producto mundial y que generan el 28% del comercio internacional  del planeta (se trata del mayor acuerdo de libre comercio del mundo a  la fecha, que incluye a China, Japón, Corea del Sur, Australia, Nueva  Zelanda y los países que forman actualmente al ASEAN).  

Como apostilla, puede agregarse a lo antes referido que en el transcurso  de 2020 entró en vigor el nuevo acuerdo comercial entre Estados Unidos,  México y Canadá (ex NAFTA), el Reino Unido celebró su tratado  comercial con Japón y el propio parlamento japones aprobó el acuerdo  económico con Estados Unidos. Y que algunos meses antes se habían  aprobado acuerdos como el AFCFTA en África (mercado continental  único de bienes y servicios integrado por 55 países). 

Mas aún: en nuestra propia región hubo no pocos avances en esta  materia como la puesta en vigencia del tratado comercial entre Perú y  Australia, la aprobación por parte de Ecuador de un acuerdo con el  Reino Unido, la concreción del pacto entre Brasil y Chile y el tratado de  libre comercio entre Colombia e Israel.  

Para acceder a una mirada mas integral al respecto es bueno advertir  que al iniciarse (en 2021) la tercera década del siglo XXI existen en el  mundo ya unos 310 acuerdos de apertura regional económica vigentes  (mientras en el año 2010 eran poco más de 200 y en el año 2000 apenas  rondaban los 100). Y que dentro de ellos se genera alrededor del 60% de  todo el comercio trasfronterizo global -y en un par de lustros esa suma  superará los dos tercios del total-.  

Este proceso que se fortificó desde la llegada del siglo XXI ha solidificado  la base del comercio internacional porque ha reducido el arancel  promedio en frontera en el mundo desde 15,5% hace 25 años a 5,5%  hoy (en el Mercosur el arancel promedio más que duplica el promedio  mundial). Y, además, porque ha generado espacios que crean una  constante energía integradora que profundiza día a día el  encadenamiento productivo suprafornterizo entre socios (tres cuartas  partes de lo que se comercia en el mundo en tiempos normales entre los  países ocurre dentro de lo que se conoce como cadenas internacionales  de valor, que son arquitecturas vinculares entre empresas que operan  como socias en sistemas de constante relacion funcional).  

Para quienes creían que se avecinaba un regreso al nacionalismo  económico, pues, hay que responderles que eso no ocurre y que es  altamente probable que no ocurrirá. El mundo continúa con sus  procesos de apertura e integración económicas. Y con mas flexibilidad e  intensidad. Aunque sí es cierto que el viejo ideal de un mundo integrado  universalmente para todos y sin excepción no funcionó (y la “vieja”  Organización Mundial de Comercio lo padece); y, a cambio, los países  han decidido elegir socios, integrar grupos de elegidos y abrirse  recíprocamente entre ellos. El mundo ha decidido ampliar mercados a  través de “clubes de socios”. Pertenecer tiene sus privilegios y no hacerlo  tiene costos.  

Sin embargo, hay que advertir que el mundo está atravesando una  nueva etapa de la globalización que hoy es más sistémica, compleja y  menos unidireccional, y en la que 6 grandes flujos entrelazados  imprimen una dinámica supranacional a la economía del conocimiento  (podíamos llamarla la “globalización hexagonal”): el comercio  internacional de bienes; el de servicios; los flujos de inversión extranjera  directa; los financiamientos internacionales; las migraciones (físicas y  virtuales); y el tráfico de datos, información y conocimiento por sobre las  fronteras (esto último es lo más importante). Este proceso está apoyado  en una nueva economía en la que el principal motor ya no es el dinero, 

ni la naturaleza, ni las maquinas; sino que es el capital intelectual que  consiste -como explican Edvinsson y Sullivan- en la motorización  productiva por el conocimiento que puede ser convertido en valor y que  se encuentra formado por recursos tales como las ideas, los inventos,  las tecnologías, los programas informáticos, los diseños, el saber hacer,  la organización y los procesos. Y esta nueva economía es esencialmente  internacional.  

Por ello la modernización de la economía requiere, en verdad, no solo de  apertura, pero a la vez sin ella no curre tal modernidad porque estamos  en pleno desarrollo de la economía del conocimiento y nada hay mas  global que el conocimiento. Estamos ante un nuevo modo de profunda  modernización económica, productiva, social, laboral y hasta de marco  político que requiere inversión innovativa, renovación de modelos de  producción, trabajadores con nuevas calificaciones, financiamiento,  fácil interacción internacional de empresas y personas, conectividad,  derechos subjetivos particulares garantizados, premio a la innovación y  facilidad para que emerjan eco-sistemas en los que redes de actores de  diverso tipo generan auténticos nuevos espacios públicos no estatales.  

Los países están efectuando no pocas reformas para competir en el  nuevo tiempo. Algunos reducen ambiciosamente impuestos  transversalmente (la alícuota promedio de impuesto corporativo en el  mundo cayó 20% en lo que ha transcurrido del siglo); otros ya celebran  tratados de libre comercio digital (como lo han hecho Chile, Singapur y  Nueva Zelanda); algunos refuerzan la protección a la propiedad  intelectual y muchos desrigidizan crecientemente regulaciones en sus  economías para permitir alto dinamismo; pero para todos el avance y la  modernización se implementan apoyándose en la internacionalidad.  

Por eso es útil advertir algo en relación a Argentina: nuestro país no ha  avanzado en la línea antes descripta. Somos uno de los 10 países con  menor relación entre el comercio internacional y el producto bruto del  planeta. Y tenemos apenas un puñado de acuerdos comerciales  internacionales vigentes (el principal es el Mercosur, que es el espacio  de integración con menos participación del comercio internacional en su  producto bruto regional el mundo).  

Nuestra desvinculación externa es una de las causas de la baja  inversión, el menor crecimiento económico, reducida competitividad,  escasa innovación, empeoramiento de la calidad del empleo y problemas  cambiarios. Pero además es disonante con lo que está haciendo la  mayoría de los países con los que luego debemos competir. 

4. El vínculo bilateral con Brasil  

Es ésta una instancia en la que es propicio hacer una evaluación  estructural y una coyuntural. En relacion a la segunda, debe decirse  que tanto el vínculo con el Mercosur todo como el vínculo con Brasil han  ido menguando. Las crecientes diferencias en materia de organización y  coyuntura economías han influido para la distanciamiento; y la lejanía  política actual (inédita ese que el bloque existe) agrava el contexto.  

Observemos la evolución reciente del vínculo bilateral de Argentina con  Brasil: en 2013 las exportaciones argentinas a Brasil (principal aliado  en el Mercosur y gran causa del vínculo en el bloque para Argentina)  habían alcanzado 17.440 millones de dólares (21% de total exportado) y  nunca más tuvieron esa magnitud. En 2019 sumaron 10.836 millones  (16,6% del total), casi 38% menos desde aquel tope. Y en 2020 fueron  7.958 millones, un nivel bajísimo influido por la peculiar circunstancia  de la pandemia, pero también afectado por problema endógenos.  

La importaciones desde Brasil, mientras, también descendieron desde el  récord de 2011 (21.798 millones: casi 30% del total) hasta 11.289  millones en 2019 (23% del total). En 2020 llegaron a 8.685 millones  también en niveles muy menores a los de los últimos años.  

El descenso referido hace además perder relevancia relativa a Brasil  como socio. Argentina tiene en Brasil el gran destino de exportaciones  industriales: más de la mitad del total son históricamente MOI (en  particular automotrices, aunque también plásticos, químicos, máquinas  y aparatos y alimentos elaborados -además de algunos otros  agropecuarios como el trigo-) lo que no ocurre con otros relevantes  mercados para Argentina como China, India o la Unión Europea, en los  que los productos de origen agropecuario son los que se destacan.  

El vínculo bilateral se achicó en el último decenio por diversos motivos:  Argentina perdió competitividad (lo que redujo las exportaciones totales  de nuestro país en casi 25% desde el récord de 2011, Brasil a menos de  la mitad de las enviadas en aquel mejor momento, pero además afectó  la capacidad sistémica de acceso a Brasil de parte de empresas  argentinas, en el que otros abastecedores crecieron), además de que las  recesiones redujeron demandas reciprocas y también otros mercados  ganaron participación para nuestras exportaciones.  

Argentina fue el segundo principal proveedor de Brasil en el mejor  momento del vínculo bilaterla y ahora es apenas el cuarto (después de  China, EEUU y Alemania). 

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