Mitos y verdades: Tierra del Fuego desde adentro

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Desde el extremo sur del país, la Cámara de Comercio de Ushuaia difundió un documento que busca poner en palabras una incomodidad largamente sentida: Tierra del Fuego es una provincia opinada, juzgada y cuestionada desde la distancia, sin conocer a fondo su realidad, sus desafíos ni su rol estratégico. “Tierra del Fuego no se opina: se vive”, sostiene el mensaje que se propone desarmar mitos y ofrecer una mirada directa desde el territorio.

El primer punto que aborda es uno de los más repetidos en el debate público: la Ley 19.640. A menudo calificada como un “privilegio fiscal”, desde la Cámara fueguina aclaran que se trata de una herramienta de desarrollo estratégico, nacida en 1972 con un objetivo claro: poblar e integrar un territorio inhóspito, geopolíticamente sensible y de enorme valor para la soberanía nacional. Lejos de haber quedado obsoleta, la ley cobra aún más sentido en el actual contexto de creciente interés global sobre la Antártida y el rol que Tierra del Fuego ocupa como puerta natural hacia el continente blanco.

A quienes afirman que la norma “ya cumplió su ciclo”, el documento les responde que el desarrollo territorial no tiene fecha de vencimiento. “Tierra del Fuego no es un experimento: es una política de Estado con objetivos de largo plazo. Las condiciones que le dieron origen —aislamiento, clima extremo, fronteras sensibles— siguen vigentes. La 19.640 no está vencida. Está más justificada que nunca”.

Otro de los prejuicios más instalados es el que reduce la actividad industrial en la isla a un simple “ensamblado en galpones vacíos”. La Cámara lo desmiente con contundencia: “Quien dice eso jamás pisó una planta fueguina. Acá hay inversión, trabajo, tecnología, innovación. Se producen bienes que usan millones de argentinos”. Y agregan un dato clave: ensamblar no es una anomalía, sino un eslabón central en cualquier economía industrializada. “Como en México. Como en Vietnam o Corea”.

En cuanto a los cuestionamientos sobre el régimen impositivo, el texto aclara que en Tierra del Fuego se eximen algunos tributos —como IVA, Ganancias o aranceles de importación— pero que eso no significa vivir en un paraíso fiscal. “En Argentina hay 155 impuestos. Acá se eximen cuatro. No es Disney. Es Tierra del Fuego”. A eso se suma que los costos para producir o vivir en la isla son sustancialmente más altos: los salarios incluyen adicionales por zona que en Ushuaia alcanzan el 80%, y la logística encarece todos los procesos. Aun así, la provincia tiene una de las tasas de formalidad laboral más altas del país. “Pagamos impuestos. Y lo hacemos trabajando”.

Otro mito frecuente es que “Tierra del Fuego vive del resto del país”. La Cámara responde que esa visión ignora las condiciones estructurales de la isla: fletes que cuestan hasta diez veces más, una población pequeña que representa apenas el 0,22% del gasto fiscal nacional, y una matriz productiva que, lejos de ser ociosa, genera riqueza energética para toda la Argentina. “Las exenciones no significan evasión: se compensan con empleo formal, aportes y salarios elevados. El régimen no subsidia la inactividad: estimula la producción. Sin este marco diferencial, no hay forma razonable de vivir o crecer acá. Eliminarlo no iguala: expulsa”.

Incluso la idea de que “vivir en Tierra del Fuego es un lujo” es rebatida con datos duros: transporte caro, estructuras de acopio costosas, dependencia aérea, escasez energética —Ushuaia funciona con apenas 40 megas— y el hecho de que para salir de la isla hacia el continente hay que atravesar cuatro controles migratorios. “No es un lujo. Es un compromiso”.

En su tramo final, el documento apela al sentimiento de pertenencia. Tierra del Fuego no solo es una provincia lejana: es una provincia insular, bicontinental, con una parte de su suelo ocupado, y con una historia de persistencia. “Acá no se improvisa: se construye. Somos profundamente argentinos. Elegimos quedarnos, crecer y construir. No pedimos subsidios. Pedimos reglas justas para competir desde la desigualdad natural”.

La carta concluye con una frase que resume el espíritu de la provincia:
“Tierra del Fuego no se opina: se vive”.

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