Turismo en rojo: Argentina profundiza su déficit con viajes al exterior
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El turismo internacional volvió a dejar en febrero una señal incómoda para la economía argentina. Lejos de equilibrarse, el balance entre ingresos y egresos de viajeros se deteriora: el país registró un saldo negativo de 1,32 millones de visitantes, impulsado por una brecha cada vez más amplia entre quienes llegan y quienes se van .
En términos concretos, mientras 534,2 mil turistas extranjeros ingresaron al país, 1,63 millones de argentinos viajaron al exterior . La relación es elocuente: por cada turista que llega, más de tres argentinos salen.
No es un fenómeno nuevo, pero sí cada vez más estructural.
El dato más revelador es que esta dinámica no está impulsada únicamente por viajes de alto poder adquisitivo o turismo internacional de larga distancia. Por el contrario, la salida de argentinos se explica, en gran medida, por el turismo hacia países limítrofes, que concentra más del 80% del total . Brasil, Uruguay y Chile lideran el ranking de destinos, consolidando un patrón que habla más de precios relativos que de preferencias culturales.
La frontera, en este contexto, funciona como un termómetro económico. Más de la mitad de los argentinos (53,5%) salió del país por vía terrestre , lo que evidencia que el fenómeno está lejos de ser exclusivo de sectores de altos ingresos. Es, en cambio, una práctica extendida, cotidiana, sostenida por la diferencia de costos.
Del otro lado, el turismo receptivo muestra una mejora interanual del 8%, pero ese crecimiento resulta claramente insuficiente. Los 852 mil visitantes que ingresaron al país en febrero quedan muy por debajo de los más de 2,17 millones de salidas . En otras palabras, la Argentina recibe más turistas que el año pasado, pero pierde muchos más de los que logra captar.
Ni siquiera el segmento aéreo -donde suele concentrarse el turismo de mayor gasto- logra revertir la tendencia. Por esa vía ingresaron 227 mil turistas extranjeros, mientras que salieron más de 603 mil argentinos, generando un saldo negativo significativo también en ese segmento .
La lectura es inevitable: el problema no es turístico, es económico.
El déficit del turismo internacional refleja un conjunto de desequilibrios más profundos: precios internos elevados en dólares, pérdida de competitividad frente a países vecinos, incentivos al consumo en el exterior y una estructura de costos que desalienta la llegada de extranjeros.
En ese contexto, el turismo deja de ser un generador de divisas -como lo es en otros países de la región- y pasa a convertirse en un canal de salida. Un drenaje silencioso, pero persistente.
La foto que deja febrero no admite demasiadas interpretaciones optimistas. El turismo emisivo sigue siendo masivo, el receptivo crece pero no compensa, y el saldo continúa ampliándose.
En una economía que necesita dólares, Argentina no solo no logra atraerlos a través del turismo: además, los pierde.
