Afirman que la logística gana margen cuando deja de pensar en paquetes
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En un mercado donde la última milla suele llevarse toda la atención, hay empresas que están corriendo el eje hacia otro lado. WiGou es una de ellas.
Con una operación montada en un depósito de 2.000 metros cuadrados en Boedo, hoy despacha entre 2.500 y 3.000 paquetes diarios y trabaja con más de 110 clientes activos.
La clave del modelo está en cómo se estructura el negocio. La compañía divide su operación en tres unidades: última milla, fulfillment y distribución específica de productos financieros.
Y es justamente el fulfillment -almacenamiento, armado y despacho- el que explica gran parte de la rentabilidad, con márgenes cercanos al 48%, muy por encima del reparto tradicional.
“Ahí está el verdadero negocio. La última milla es necesaria, pero el salto está en todo lo que pasa antes, en cómo gestionás el stock, los pedidos y los errores”, explica Santiago Rey, CEO y Founder de WiGou.
Ese diferencial cambia la lógica. En lugar de competir solo por precio o velocidad en la entrega, la empresa se posiciona en la gestión integral del pedido. Recibe el stock, lo organiza, lo procesa y lo envía. En ese esquema, cada error evitado vale más que cada minuto ganado.
El sistema se apoya en desarrollo propio. La operación combina cross docking con almacenamiento y un software de ruteo que permite reorganizar entregas en tiempo real.
En un rubro donde los imprevistos son parte de la rutina, la capacidad de reacción pesa tanto como la planificación.
También hay una decisión estructural que impacta en los números: no tener flota propia. La empresa ajusta la cantidad de vehículos según la demanda diaria, pudiendo operar con decenas de unidades sin cargar con costos fijos.
“Si necesito 90 autos los tengo y si necesito 40 también. No tiene sentido inmovilizar capital en una estructura que no sabés si vas a usar mañana”, resume Rey.
El esquema comercial acompaña esa lógica. WiGou cobra por unidad y no por peso, con tickets promedio de entre $7.000 y $8.000.
Eso le permite simplificar la estructura de precios y adaptarse mejor a vendedores de ecommerce, desde pequeños emprendedores hasta compañías con mayor volumen.
Además, la empresa utiliza herramientas específicas para distintos perfiles. Para quienes manejan bajo volumen, están desarrollando un sistema de prepago que permite operar sin contratos complejos. Para los más grandes, el foco está en escalar procesos sin perder trazabilidad.
Hoy, la estructura incluye 20 empleados y una red de unos 90 conductores. Hacia adelante, los planes pasan por ampliar la capacidad operativa —con un posible salto a un depósito de 12.000 metros cuadrados—, sumar inversores y exportar su sistema de gestión a otras empresas de la región.
En un sector históricamente rígido, la apuesta no pasa solo por la tecnología. Tampoco por la velocidad. “Lo que más molesta no es que un envío llegue tarde, es no saber qué está pasando. Si resolvés eso, ya estás jugando otro partido”, plantea Rey.
La operación funciona, pero el foco está en convertir la logística en un servicio más previsible, más claro y con menos fricción. Ahí es donde, hoy, se están jugando los márgenes.
