Errores habituales que cometes con tus contraseñas y cómo evitarlos
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Hoy en día, todos dependemos de una gran cantidad de servicios en línea, desde la banca y las compras hasta las redes sociales y el correo electrónico. Estas puertas digitales están protegidas por contraseñas, nuestra primera línea de defensa frente a accesos no autorizados.
Pero ¿tus claves digitales son realmente seguras? Puede que pienses que tienes cuidado, pero algunos hábitos aparentemente inofensivos pueden debilitar bastante tu seguridad en línea y dejarte más expuesto a los ciberdelincuentes.
Usar contraseñas débiles o comunes
Elegir una contraseña como “123456” o “password” es como dejar la puerta de tu casa completamente abierta.
Estas combinaciones y palabras predecibles son de las primeras que prueban los hackers porque, por desgracia, muchas veces funcionan. Piénsalo: si un ciberdelincuente consigue acceder a una base de datos con cuentas comprometidas, lo primero que hará será probar las contraseñas más utilizadas.
Para evitarlo, apuesta por contraseñas más complejas. Combina mayúsculas y minúsculas, números y símbolos. En lugar de una palabra fácil de adivinar, piensa en una frase que puedas recordar y sustituye intencionalmente algunas letras por números o símbolos; por ejemplo, «¡A m1 perr4 l3 3nc4nt4 c0rr3r!». Así tendrás una contraseña difícil de descifrar para los sistemas automatizados, pero relativamente sencilla de recordar para ti.
Reutilizar la misma contraseña en varias cuentas
Imagina que tienes una llave maestra capaz de abrir todas las puertas de tu casa. Si esa llave cae en las manos equivocadas, toda tu vivienda queda expuesta. Lo mismo ocurre cuando utilizas la misma contraseña para varias cuentas en línea.
Si un sitio web o servicio sufre una filtración de datos y tu contraseña queda expuesta, los atacantes pueden intentar utilizarla para entrar en otras cuentas: correo electrónico, banco, redes sociales. Las consecuencias pueden ser importantes. Para evitar este efecto dominó, crea contraseñas únicas y seguras para cada una de tus cuentas importantes. Aunque pueda parecer complicado, un generador de contraseñas puede facilitarte mucho el proceso. Estas herramientas guardan tus contraseñas de forma segura, generan claves nuevas y resistentes y las completan automáticamente cuando visitas un sitio web o utilizas una aplicación. Además, utilizar una vpn al conectarte a redes Wi-Fi públicas puede añadir una capa extra de privacidad mientras navegas.
No tener activada la autenticación de dos factores (2FA)
Piensa en la autenticación de dos factores (2FA) como añadir una segunda cerradura a tus puertas digitales. Incluso si alguien consigue averiguar o robar tu contraseña, todavía necesitará un segundo dato para acceder. Normalmente, se trata de un código enviado por SMS o generado mediante una aplicación de autenticación.
Si alguien intenta acceder a tu cuenta de correo desde un dispositivo desconocido, incluso teniendo la contraseña correcta, tendrá que introducir el código único y temporal que se ha enviado a tu celular. Además, esto puede servirte como aviso de que alguien está intentando acceder a tu cuenta.
Utilizar información personal en las contraseñas
Basar tu contraseña en datos personales fáciles de encontrar, como el nombre de tu mascota, tu fecha de nacimiento o tu dirección, hace que sea mucho más sencillo para alguien adivinarla. Esta información puede estar disponible públicamente en redes sociales u otras fuentes online. Los ciberdelincuentes pueden aprovecharla para hacer conjeturas o utilizar herramientas automatizadas que prueban combinaciones personales habituales.
Cuanto menos tenga que ver tu contraseña con tu vida personal, más difícil será que alguien pueda descubrirla. Esta sencilla medida elimina una vulnerabilidad importante que los atacantes suelen intentar aprovechar.
No cambiar las contraseñas con regularidad
Aunque contar con contraseñas seguras y diferentes para cada cuenta es fundamental, no supone una protección absoluta. Las filtraciones de datos ocurren y hasta los sitios web que cuentan con mejores medidas de seguridad pueden verse comprometidos.
Si tu contraseña estaba asociada a un servicio que ha sufrido una filtración, podría acabar circulando por la dark web. Cambiar las contraseñas de vez en cuando, especialmente las de cuentas importantes como el correo electrónico o la banca en línea, ayuda a reducir este riesgo. Procura revisar y actualizar tus contraseñas periódicamente para que, incluso si alguna se ha visto comprometida en una filtración anterior, no permanezca expuesta durante demasiado tiempo.
