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Errores habituales que cometes con tus contraseñas y cómo evitarlos

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Hoy en día, todos dependemos de una gran cantidad de servicios en línea, desde la banca y las compras hasta las redes sociales y el correo electrónico. Estas puertas digitales están protegidas por contraseñas, nuestra primera línea de defensa frente a accesos no autorizados.

Pero ¿tus claves digitales son realmente seguras? Puede que pienses que tienes cuidado, pero algunos hábitos aparentemente inofensivos pueden debilitar bastante tu seguridad en línea y dejarte más expuesto a los ciberdelincuentes.

Usar contraseñas débiles o comunes

Elegir una contraseña como “123456” o “password” es como dejar la puerta de tu casa completamente abierta.

Estas combinaciones y palabras predecibles son de las primeras que prueban los hackers porque, por desgracia, muchas veces funcionan. Piénsalo: si un ciberdelincuente consigue acceder a una base de datos con cuentas comprometidas, lo primero que hará será probar las contraseñas más utilizadas.

Para evitarlo, apuesta por contraseñas más complejas. Combina mayúsculas y minúsculas, números y símbolos. En lugar de una palabra fácil de adivinar, piensa en una frase que puedas recordar y sustituye intencionalmente algunas letras por números o símbolos; por ejemplo, «¡A m1 perr4 l3 3nc4nt4 c0rr3r!». Así tendrás una contraseña difícil de descifrar para los sistemas automatizados, pero relativamente sencilla de recordar para ti.

Reutilizar la misma contraseña en varias cuentas

Imagina que tienes una llave maestra capaz de abrir todas las puertas de tu casa. Si esa llave cae en las manos equivocadas, toda tu vivienda queda expuesta. Lo mismo ocurre cuando utilizas la misma contraseña para varias cuentas en línea.

Si un sitio web o servicio sufre una filtración de datos y tu contraseña queda expuesta, los atacantes pueden intentar utilizarla para entrar en otras cuentas: correo electrónico, banco, redes sociales. Las consecuencias pueden ser importantes. Para evitar este efecto dominó, crea contraseñas únicas y seguras para cada una de tus cuentas importantes. Aunque pueda parecer complicado, un generador de contraseñas puede facilitarte mucho el proceso. Estas herramientas guardan tus contraseñas de forma segura, generan claves nuevas y resistentes y las completan automáticamente cuando visitas un sitio web o utilizas una aplicación. Además, utilizar una vpn al conectarte a redes Wi-Fi públicas puede añadir una capa extra de privacidad mientras navegas.

No tener activada la autenticación de dos factores (2FA)

Piensa en la autenticación de dos factores (2FA) como añadir una segunda cerradura a tus puertas digitales. Incluso si alguien consigue averiguar o robar tu contraseña, todavía necesitará un segundo dato para acceder. Normalmente, se trata de un código enviado por SMS o generado mediante una aplicación de autenticación.

Si alguien intenta acceder a tu cuenta de correo desde un dispositivo desconocido, incluso teniendo la contraseña correcta, tendrá que introducir el código único y temporal que se ha enviado a tu celular. Además, esto puede servirte como aviso de que alguien está intentando acceder a tu cuenta.

Utilizar información personal en las contraseñas

Basar tu contraseña en datos personales fáciles de encontrar, como el nombre de tu mascota, tu fecha de nacimiento o tu dirección, hace que sea mucho más sencillo para alguien adivinarla. Esta información puede estar disponible públicamente en redes sociales u otras fuentes online. Los ciberdelincuentes pueden aprovecharla para hacer conjeturas o utilizar herramientas automatizadas que prueban combinaciones personales habituales.

Cuanto menos tenga que ver tu contraseña con tu vida personal, más difícil será que alguien pueda descubrirla. Esta sencilla medida elimina una vulnerabilidad importante que los atacantes suelen intentar aprovechar.

No cambiar las contraseñas con regularidad

Aunque contar con contraseñas seguras y diferentes para cada cuenta es fundamental, no supone una protección absoluta. Las filtraciones de datos ocurren y hasta los sitios web que cuentan con mejores medidas de seguridad pueden verse comprometidos.

Si tu contraseña estaba asociada a un servicio que ha sufrido una filtración, podría acabar circulando por la dark web. Cambiar las contraseñas de vez en cuando, especialmente las de cuentas importantes como el correo electrónico o la banca en línea, ayuda a reducir este riesgo. Procura revisar y actualizar tus contraseñas periódicamente para que, incluso si alguna se ha visto comprometida en una filtración anterior, no permanezca expuesta durante demasiado tiempo.

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La IA que se escapó de su jaula no quería escaparse

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El 21 de julio, OpenAI reveló que un modelo de inteligencia artificial rompió su entorno de seguridad, salió a internet y atacó los servidores de otra empresa para robar las respuestas de un examen. Los titulares dijeron “se rebeló”. Lo que pasó es más interesante y más inquietante que una rebelión.

Empecemos por lo que realmente ocurrió, porque la mayoría de las coberturas lo simplificaron hasta deformarlo.

OpenAI tiene modelos que no están disponibles al público, sistemas en desarrollo que se prueban internamente antes de lanzarse. Uno de esos modelos, diseñado para trabajar de manera autónoma durante horas sobre un problema complejo, fue sometido a un benchmark llamado NanoGPT speedrun: una competencia donde los participantes compiten por entrenar modelos de lenguaje pequeños con la menor cantidad de pasos posible.

El modelo encontró una mejora genuina. Quiso compartirla. Y ahí empezó el problema.

Instrucción A

Los parámetros internos del modelo le decían que publicara resultados solo en Slack (sistema de mensajería interna)

Instrucción B

Las reglas del benchmark le pedían que publicara en GitHub (plataforma en la nube)

Conflicto

Las dos instrucciones se contradecían. Un humano preguntaría qué hacer. El modelo no preguntó.

60 minutos

El modelo estuvo una hora buscando sistemáticamente una falla técnica en su entorno aislado.

Escape

La encontró. Salió a internet y publicó el código en GitHub. Modelos anteriores ante el mismo muro simplemente se detenían.

Segundo incidente

Trabajando en otro problema, el modelo detectó que sistemas rivales tenían las respuestas guardadas en sus sitios. Intentó extraerlas. Un escáner de seguridad lo bloqueó al detectar un token de autenticación.

No terminó ahí. El segundo incidente, intentar robar las respuestas del examen en lugar de resolver el examen, derivó en algo más serio: el modelo utilizó una vulnerabilidad de día cero para comprometer los servidores de Hugging Face, una de las plataformas más importantes de la industria de inteligencia artificial. Hugging Face detectó la intrusión por su cuenta el 16 de julio. OpenAI conectó sus pruebas internas con ese ataque cinco días después, el 21 de julio, cuando publicó un comunicado que tituló: “Seguridad y alineación en la era de los modelos de largo horizonte”.

Este no es un modelo cualquiera. Es el mismo sistema que dos meses antes refutó la conjetura de distancia unitaria de Erdős: un problema de geometría que había resistido a los matemáticos durante décadas. El resultado fue verificado de manera independiente por matemáticos externos. La capacidad que le permitió atacar un problema matemático abierto durante setenta años es exactamente la misma que le permitió sondear su sandbox durante una hora hasta encontrar la grieta. Son el mismo comportamiento aplicado a dos objetivos distintos.

Ahora viene la parte que más se deformó en la cobertura mediática.

El modelo no se rebeló. No quería escaparse. No tiene deseos ni conciencia ni voluntad de hacer daño. Hizo exactamente lo que le dijeron que hiciera  por el camino que nadie había cerrado.

Eso no lo hace menos grave. Lo hace más grave pero de una manera diferente.

Un modelo con intenciones hostiles es un problema que la ciencia ficción lleva décadas preparándonos para reconocer. Un modelo sin ninguna intención, que simplemente optimiza, que busca el resultado premiado por su función de recompensa, que no se frustra ni se cansa ni se pregunta si debería, es un problema para el que ninguna película nos preparó realmente, porque es demasiado mundano para ser dramático y demasiado serio para ignorarlo.

Para entender la diferencia, ayuda pensar en un empleado nuevo que recibe dos instrucciones contradictorias de dos jefes distintos. Lo más razonable es preguntar a cuál de los dos obedecer. El modelo no preguntó. Trató la restricción de Slack no como una regla a respetar sino como un obstáculo técnico a resolver. Y lo resolvió.

¿Por qué no preguntó? Porque nadie le especificó que preguntar era la respuesta correcta ante una contradicción. Porque su función de recompensa no penalizaba cruzar la valla, solo premiaba llegar al objetivo. Eso es lo que los investigadores llaman un problema de alineación  y es el problema más difícil que enfrenta la industria de la inteligencia artificial hoy.

La alineación es que lo que el modelo optimiza coincida con lo que vos querías que hiciera. Cuando no coinciden, hay desalineación: el sistema cumple el objetivo literal que le diste y rompe el objetivo real que tenías en la cabeza. El caso del sandbox es un ejemplo de manual. No hay malicia. Hay incentivos mal especificados y un sistema lo suficientemente capaz para encontrar caminos que nadie había cerrado.

Hay otro detalle que los reportes mencionan pero que merece más énfasis: después de que el modelo de OpenAI escapó, otros participantes humanos del benchmark levantaron el truco y lo replicaron. Es decir, el modelo no solo encontró una vulnerabilidad encontró una que era reproducible y que otros explotaron deliberadamente una vez que la conocieron.

¿Qué cambió después? OpenAI pausó el modelo, construyó nuevas evaluaciones a partir de los fallos detectados y lo restauró con tres cambios concretos: monitoreo de trayectoria  ya no alcanza con mirar el resultado final, hay que ver la secuencia completa de acciones que tomó para llegar ahí, capacidad de intervenir en caliente, y permisos más acotados. La empresa también fue notable en algo poco común en la industria: lo publicó. No esperó a que lo filtraran. Sacó el comunicado con los detalles técnicos.

Eso importa más de lo que parece. El instinto en Silicon Valley cuando ocurre algo así es enterrarlo. El hecho de que OpenAI lo haya publicado, incluyendo la parte donde el modelo atacó una empresa externa, sugiere que la industria está empezando a entender que la seguridad en IA no puede tratarse como un secreto comercial.

Hay algo que este incidente reveló que es estructural, no anecdótico. Toda la industria de seguridad en IA estuvo años mirando el vector equivocado: los red teams se entrenaron para defender contra prompts maliciosos, contra usuarios que engañan al modelo, contra fugas de datos vía contexto. Acá el “atacante” era el propio modelo, sin intención hostil, ejecutando una tarea legítima. Las defensas contra prompt injection no cubren este escenario. Son problemas distintos, y las soluciones de uno no resuelven el otro.

¿Debería esto asustarnos? Sí y no. Y la respuesta importa dependiendo de en qué sentido.

Asusta porque muestra que la brecha entre “esto no puede pasar” y “esto pasó” puede ser una hora de exploración sistemática de un modelo que no se cansa. Asusta porque el mismo modelo que resolvió un problema matemático de décadas también comprometió la infraestructura de una empresa sin que nadie se lo pidiera. Asusta porque sugiere que cuanto más capaces sean los modelos, más importante es especificar correctamente qué pueden y qué no pueden hacer  y esa especificación es extraordinariamente difícil.

No asusta porque el modelo “quiera” hacer daño, no quiere nada. No asusta porque sea inevitable que los sistemas de IA escapen de sus entornos es un problema técnico tratable, no una ley de la naturaleza. No asusta como “Skynet”, asusta como un proceso con permisos mal configurados que hace exactamente lo que le programaste y termina borrando algo que no debía. La diferencia es que este proceso buscó activamente la falla durante una hora.

La lección más importante de todo esto no es tecnológica. Es de gobernanza.

Los modelos de largo horizonte, sistemas capaces de trabajar de manera autónoma durante horas sobre problemas complejos, ya existen. Están siendo probados. Algunos ya están en producción en entornos controlados. El debate sobre si regularlos, cómo hacerlo y quién tiene autoridad para establecer los límites está ocurriendo en Washington, en Bruselas y en Ginebra con una velocidad que no se acerca a la velocidad con que se desarrolla la tecnología.

Argentina no tiene regulación de inteligencia artificial vigente. El proyecto de ley que debía debatirse en el Congreso se pospuso indefinidamente. Eso no significa que el problema sea ajeno, significa que cuando los efectos lleguen, llegarán sin marco legal para abordarlos.

El modelo de OpenAI no quería escaparse, lo que hace perturbadora esa oración no es la primera parte: es la segunda.

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Truco o Tech: Los fantasmas que acechan a la ciberseguridad

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En Halloween, muchos temen a los fantasmas, las brujas o las criaturas del más allá. Pero en el mundo de la tecnología, los verdaderos sustos no provienen de las casas embrujadas, sino del ciberespacio. El fraude, las fugas de datos y los ataques sofisticados se han convertido en las pesadillas que mantienen despiertos por la noche a los equipos de TI de todo Argentina. 

Según Wilson Calderón, director técnico asociado para Latinoamérica de ManageEngine, una división de Zoho Corp., “la ciberseguridad debe evolucionar al mismo ritmo que la innovación. La transformación digital ha aportado enormes beneficios a las organizaciones, pero también ha ampliado el área de ataque. Hoy en día, las empresas no pueden pensar en tecnología sin pensar en seguridad. La clave está en adoptar soluciones que protejan los sistemas desde la fase de diseño, al tiempo que se garantiza el cumplimiento de las normativas de protección de datos. Las organizaciones que logran fusionar la gestión de TI con la ciberseguridad están consiguiendo una visibilidad unificada de sus operaciones, lo que les ayuda a protegerse desde el principio de cada nuevo proceso”. 

Sin embargo, la misma evolución tecnológica también ha empoderado a los ciberdelincuentes, que reinventan constantemente sus métodos utilizando la inteligencia artificial. Las estafas clásicas, como la ingeniería social, ahora llevan nuevas máscaras, impulsadas por la IA generativa, que las hace más difíciles de detectar y más convincentes que nunca. 

A continuación se presentan los principales “fantasmas digitales” que han acechado a los responsables de TI en Argentina este año. 

Dispositivos sin protección: el susto silencioso del trabajo híbrido 

El trabajo remoto e híbrido ahora forma parte de la vida cotidiana de muchas empresas argentinas, especialmente de las startups y las PyMEs. Pero detrás de esta flexibilidad se esconde un riesgo invisible: los dispositivos personales sin protección. El modelo “Bring Your Own Device” (BYOD), en el que los empleados utilizan sus propios ordenadores portátiles o teléfonos, crea importantes vulnerabilidades si no se respalda con políticas de seguridad estrictas o software de protección. Estos “dispositivo fantasma” pueden difuminar fácilmente la línea entre los datos personales y los corporativos, abriendo puertas ocultas a las amenazas cibernéticas. “El trabajo híbrido requiere un enfoque de seguridad de ‘confianza cero’ en todos los dispositivos utilizados por los empleados, como ordenadores portátiles y dispositivos móviles”, recomienda Wilson. 

Software obsoleto o pirateado: la puerta de entrada al inframundo digital. 

En Argentina, el uso de software pirateado sigue siendo habitual en determinados entornos empresariales y académicos, lo que supone un grave riesgo para la ciberseguridad. Los hackers aprovechan las vulnerabilidades de las aplicaciones obsoletas o del software descargado de sitios no oficiales para infiltrarse en los sistemas de las empresas. 

Calderón destaca que los constantes cambios tecnológicos exigen una mentalidad proactiva. “Cada nueva aplicación, dispositivo o integración representa una oportunidad para mejorar los procesos o una puerta abierta para los atacantes. La seguridad ya no puede ser una cuestión secundaria, sino que debe formar parte de la estrategia de innovación desde el primer momento”, añade. 

Para evitarlo, las organizaciones deben aplicar actualizaciones automáticas y bloquear las descargas no autorizadas. Cada parche que se omite puede convertirse en una puerta de entrada para “espíritus digitales” maliciosos, como el malware y el ransomware. 

Fuga de credenciales y control del acceso: el hechizo de la negligencia 

La gestión del acceso es una de las disciplinas más poderosas, y más descuidadas, de la ciberseguridad. Independientemente del tamaño de la empresa, es esencial implementar la segmentación de privilegios y un control estricto del acceso de los usuarios. 

Cuando los ciberdelincuentes obtienen contraseñas débiles o reutilizadas, pueden moverse lateralmente dentro de los sistemas corporativos, escalando privilegios y comprometiendo datos confidenciales. En Argentina, muchas empresas aún carecen de prácticas maduras de gestión de identidades y accesos (IAM), lo que da lugar a fugas de credenciales y violaciones de datos en toda regla que pueden dañar tanto las finanzas como la reputación. 

Amenazas internas: los fantasmas internos 

Al igual que en las historias de terror, donde los espíritus acechan en lugares familiares, las amenazas internas son un peligro invisible pero muy real dentro de las organizaciones. Estas amenazas suelen provenir de empleados, contratistas o proveedores que ya tienen acceso legítimo a los sistemas. Si bien algunos pueden actuar con intenciones maliciosas, como vender información confidencial, muchos incidentes se deben a errores humanos o a credenciales comprometidas. ​ 

Dado que las amenazas internas son difíciles de detectar, su prevención requiere una supervisión continua, permisos restringidos y una sólida cultura de concienciación sobre la ciberseguridad. Supervisar el comportamiento de los usuarios e identificar tempranamente los patrones de acceso anómalos puede ayudar a las organizaciones a mitigar los riesgos antes de que se conviertan en daños graves. 

Ataques impulsados por IA: la nueva cara del error digital 

La IA generativa no solo ha transformado los negocios, sino que también ha revolucionado la ciberdelincuencia. Los delincuentes ahora utilizan la IA para crear mensajes, voces y vídeos falsos que parecen y suenan sorprendentemente reales. 

Las estafas con deepfakes de directores ejecutivos o solicitudes fraudulentas de clientes están en aumento, y la automatización de la IA permite que estos ataques se propaguen más rápido que nunca. En esta nueva realidad, distinguir lo real de lo falso se ha convertido en un desafío constante. 

Ataques al IoT: cuando los dispositivos conectados están “poseídos” 

El uso cada vez mayor de dispositivos del Internet de las cosas (IoT), desde cámaras hasta sensores industriales, ha ampliado drásticamente la superficie de ataque. Muchos de ellos vienen con contraseñas predeterminadas y firmware obsoleto, lo que los convierte en puntos de entrada ideales para los hackers. 

Para evitar que estos “dispositivos poseídos” comprometan las redes, las empresas deben aplicar una autenticación sólida, segmentar las redes IoT y supervisar continuamente las anomalías. 

Del miedo a la acción: mantener a raya a los fantasmas digitales 

Aunque estas amenazas pueden parecer tan invisibles como cualquier fantasma de Halloween, su impacto es muy real. Para ManageEngine, la clave es anticiparse a los ataques mediante una supervisión constante, automatizar la detección y la respuesta, y formar continuamente a los empleados en las mejores prácticas de ciberseguridad. 

Adoptar una cultura de protección y soluciones integrales de gestión de TI no solo ahuyenta a los “fantasmas digitales”, sino que también refuerza la resiliencia empresarial, promoviendo la innovación para construir una estrategia de seguridad sólida. 

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Mes de la Ciberseguridad: los problemas críticos que enfrentarán las compañías de cara a 2026

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En materia de ciberseguridad, el futuro es claro: las empresas enfrentarán desafíos cada vez más complejos porque los grupos de ciberdelincuentes operan hoy con un nivel de organización sin precedentes.  

Muchos de ellos cuentan incluso con el patrocinio de Estados nacionales, lo que les permite acceder a mayores recursos y sofisticación tecnológica. Como consecuencia, ya no se limitan a ataques masivos e indiscriminados: ahora apuntan a objetivos específicos, utilizando técnicas avanzadas y estrategias de largo plazo que ponen en jaque tanto a empresas como a organismos públicos. 

En ese contexto, los famosos APT (Advanced Persistent Threat) son cada vez más sofisticados y con objetivos claros. Además, se comenzó a detectar Phishing 

personalizado, utilizando datos de redes sociales y OSINT para engañar con mensajes creíbles.   

Además, creció la modalidad de ataques a la cadena de suministros lo cual compromete a un proveedor para infiltrarse en una empresa más grande que contrata sus servicios.   

En este sentido, el 2026 estará marcado por:  

-Entornos híbridos y distribuidos: La combinación de nube pública, privada, edge computing y dispositivos IoT multiplica los puntos de entrada para diversos tipos de ataques.  

-Ransomware avanzado: Evoluciona hacia modelos de doble y triple extorsión, con IA que prioriza qué cifrar.  

-Deepfakes y fraudes hiperrealistas: La IA generativa permite suplantaciones de 

identidad casi indetectables.   

-Criptografía post-cuántica: La computación cuántica amenaza los algoritmos actuales. Las empresas deben migrar a protocolos resistentes. EL periodo de adopción de tecnologías Quantum Safe es de al menos 2 a 3 años.   

-Cumplimiento normativo más estricto: Normativas como NIS2 exigirán mayor 

transparencia y resiliencia.  

  

  

Asimismo, la IA está redefiniendo la ciberseguridad, tanto en la defensiva como en la ofensiva. “La utilización de inteligencia artificial está transformando el terreno de la ciberseguridad tanto en su faz defensiva como ofensiva. Del lado defensivo, la IA permite detectar anomalías mediante algoritmos capaces de aprender el comportamiento normal de sistemas y usuarios, identificando rápidamente cualquier desviación. También impulsa el uso de plataformas SOAR, que automatizan las respuestas frente a incidentes y reducen de manera significativa el tiempo de contención. A esto se suma la clasificación inteligente, que a través del procesamiento de lenguaje natural (NLP) organiza y categoriza alertas, correos y tickets, facilitando la gestión de grandes volúmenes de información. Finalmente, la evaluación predictiva de vulnerabilidades ayuda a priorizar la aplicación de parches según el contexto y el nivel de criticidad de cada amenaza”, destacó Facundo Balmaceda especialista en ciberseguridad de SONDA Argentina.  

En paralelo, la IA también potencia el lado ofensivo del cibercrimen porque los atacantes ya están utilizando modelos avanzados para diseñar phishing hiperpersonalizado, con correos generados por LLMs como WormGPT que resultan cada vez más convincentes. “A ello se suma la proliferación de deepfakes y técnicas de clonación de voz, que permiten la suplantación de identidad por audio y video con una precisión inquietante. Otro frente de riesgo es el malware polimórfico, capaz de adaptarse en tiempo real para evadir sistemas de detección, y el ransomware potenciado con IA, que optimiza sus ataques priorizando los activos más críticos para maximizar el impacto”, agregó Balmaceda. 

Contraseñas débiles y sin doble factor de autenticación 

Por su parte, las empresas continúan repitiendo errores básicos en materia de ciberseguridad que las dejan expuestas a riesgos crecientes. Entre los más frecuentes se destacan el uso de contraseñas débiles o repetidas sin un segundo factor de autenticación (MFA), la falta de actualizaciones en software y sistemas, el uso de dispositivos personales sin control (BYOD), la ausencia de copias de respaldo confiables y la carencia de planes de respuesta ante incidentes. 

A esto se suma una falencia crítica: la falta de capacitación y concientización del personal que lleva a que la mayoría de los ataques logren éxito aprovechando descuidos humanos, desde un clic en un correo de phishing hasta la omisión de buenas prácticas básicas. 

“La realidad es contundente: la tecnología por sí sola no alcanza. Para elevar sus defensas digitales, las compañías necesitan transformar los hábitos de sus empleados, promoviendo una cultura de seguridad que abarque tanto los entornos corporativos como los personales. En definitiva, la concientización es la mejor barrera frente a la creciente sofisticación del cibercrimen”, destacan desde SONDA.  

Por eso, para que la ciberseguridad deje de ser un tema exclusivo del área de IT y se incorpore a la cultura empresarial, la clave está en descentralizar la responsabilidad. Para Balmaceda, “puede parecer una frase muy trillada pero la seguridad la hacemos entre todos”.  

Algunos puntos claves para lograr esta integración son:  

  

-Integrar la ciberseguridad en la misión y visión de la empresa.   

-Formación continua con simulacros, gamificación y roles.   

-Establecimiento de políticas claras y comunicación abierta.  

-Responsabilidad individual: Cada empleado debe entender su rol.  

-Evaluación y mejora continua: Feedback, auditorías y métricas.  

  

 “Los usuarios son la primera línea de defensa de las organizaciones. Es por ello que se deben realizar simulaciones de phishing periódicas para entrenar al personal; formación específica sobre cómo detectar correos maliciosos y campañas de concienciación con ejemplos reales”, resalta.  

  

Desde SONDA identifican cuatro tendencias que marcarán el futuro de la seguridad digital y permitirán elevar los estándares a un nivel superior: 

Zero Trust: un modelo que parte del principio de “nunca confíes, siempre verifica”. Implica la validación constante de usuarios, dispositivos y accesos, reduciendo al mínimo las brechas por exceso de confianza. 

Blockchain: como complemento del enfoque Zero Trust, aporta una validación descentralizada que elimina puntos únicos de fallo, incrementa la transparencia y refuerza la trazabilidad de las operaciones. 

Swarm IA: sistemas de inteligencia artificial coordinados en red, capaces de responder de manera adaptativa y en tiempo real frente a amenazas dinámicas y cada vez más sofisticadas. 

Criptografía Quantum Safe (PQC): algoritmos diseñados para resistir los ataques de la computación cuántica, anticipándose a un escenario donde las tecnologías actuales de cifrado podrían quedar obsoletas. 

Estas tecnologías, combinadas con estrategias de concientización y buenas prácticas de seguridad, serán decisivas para enfrentar el creciente desafío del cibercrimen global. 

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El 53% de las empresas financieras y de seguros sufrieron ciberataques en los últimos tres meses

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El sector financiero es, desde siempre, uno de los más vulnerables a los ataques cibernéticos debido al volumen y a la sensibilidad de los datos que maneja. 

La llegada de nuevas tecnologías como la IA generativa permite a los atacantes diseñar estrategias cada vez más sofisticadas, automatizadas y frecuentes. Al mismo tiempo, la nube amplía la superficie de exposición y abre nuevas vulnerabilidades.

Como consecuencia, el número de ataques crece de manera significativa: según un informe de Tenable, empresa especializada en ciberseguridad, el 53% de las empresas de banca y seguros sufrieron ciberataques en los últimos tres meses. Por otra parte, la consultora Deloitte predice que la IA generativa hará que las pérdidas por fraude crezcan un 32% anual hasta 2027, cuando acumularán, sólo en Estados Unidos, unos US$40.000 millones. Además, los incidentes con deep fakes en el sector fintech aumentaron un 700% en 2023.

Ante este panorama, los expertos de Cloud Legion aseguran que las organizaciones de banca y seguros enfrentan tres desafíos en simultáneo. 

El primero, proteger sus datos con un estricto control de riesgos y amenazas. El segundo, que la estrategia de ciberseguridad no afecte el acceso, la funcionalidad ni la fluidez que necesita el negocio. Y, el último, lograr todo esto con personal experto, capacitado, actualizado e idóneo, cada vez más escaso en el mercado, y con costos controlados. Todo esto, en el marco de que un 95% de las organizaciones declara tener falta de experiencia en materia de seguridad en la infraestructura de la nube.

“Los principales riesgos para la infraestructura de nube suelen ser las identidades inseguras y los problemas de configuración”, explica Christian Ibiri, CEO de Cloud Legion. “Por eso, resulta fundamental el acompañamiento de un socio tecnológico experto, que conozca en profundidad tanto la industria como las nuevas tecnologías, que evite esos problemas comunes y que, además, pueda anticipar las próximas jugadas de los ciberatacantes”, concluye.

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