Moyamoya: el Madariaga convirtió un caso excepcional en una lección para detectar una enfermedad invisible

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Una tomografía normal no siempre alcanza: el ateneo que enseñó a sospechar de una patología que afecta a 7 de cada 10 millones de personas.

El Servicio de Terapia Intensiva del Hospital Escuela de Agudos “Dr. Ramón Madariaga” desarrolló un ateneo hospitalario sobre la vasculopatía de Moyamoya, una arteriopatía cerebral extremadamente infrecuente, con una incidencia de 0,07 cada 100.000 personas, a partir de un caso atendido en el hospital que reunió a Terapia Intensiva, Hemodinamia y el equipo de Trasplante y Procuración, y que terminó con un desenlace fatal y con la donación de un órgano que le permitió a un paciente joven con disfunción renal recibir un trasplante.

La doctora Manuela Pohlemann, del servicio, explicó que el objetivo fue llevar a todo el hospital una consigna clara: ante cefaleas crónicas o alteraciones de conducta con tomografía normal, conviene ir más allá y pedir estudios más complejos. Todo ocurre en un servicio que concentra la atención de los casos más graves de la provincia y que se apoya en la inversión sostenida de la Fundación Parque de la Salud.

Una enfermedad que se nombra por una imagen

Descrita por primera vez en 1957 en Japón, la enfermedad se bautizó Moyamoya por el aspecto que toma en una angiografía: una maraña difusa que recuerda a una bocanada de humo. Esa imagen es, todavía hoy, la huella que permite reconocerla.

“Es una arteriopatía que se desarrolla tanto en niños como en adultos y su diagnóstico no suele ser muy frecuente”, explicó la doctora Pohlemann. En términos clínicos, hay una estenosis, un estrechamiento, de la carótida interna, y el cerebro intenta compensarlo creando una red de circulación colateral. El problema es que esa red es frágil: vasos voluminosos, débiles y ramificados que predisponen a las trombosis.

La angiografía es el gold standard para confirmarla

Los síntomas, además, no ayudan. Pueden manifestarse como cefaleas o accidentes cerebrovasculares isquémicos, pero también como alteraciones cognitivas o trastornos mentales no filiados, es decir, cuadros que no terminan de encajar en ningún diagnóstico conocido.

Pohlemann fue directa al explicar por qué eligieron este tema. “La importancia de este ateneo no es solamente ver el trabajo multidisciplinario entre diferentes servicios, sino también llevar a todo el hospital el mensaje de que es una patología muy poco frecuente, pero que la debemos sospechar”, sostuvo.

El escenario que describió es cotidiano para cualquier guardia o consultorio: un paciente con dolor de cabeza crónico, quizás con cambios de conducta, al que se le hace una tomografía y el resultado es normal. “Deberíamos plantearnos hacer otro estudio un poco más complejo para descartar esta patología”, planteó. La razón es esperanzadora: con tratamiento, mejora el desempeño de los pacientes. El tratamiento médico es de primera elección, y la cirugía queda reservada para los cuadros severos que comprometen la calidad de vida.

Una terapia intensiva de referencia en el NEA

El caso se discutió en un servicio con peso propio. La Terapia Intensiva del Madariaga es el centro de derivación para patologías complejas de Misiones y el NEA. Dispone de 31 camas de alta complejidad, 21 en el hospital y 10 en la UT2, el ex Materno. En 2024 atendió a más de 530 pacientes críticos, a los que se sumaron 170 en la UT2. Lo sostienen 17 especialistas, con 11 enfermeros y 12 kinesiólogos por turno, y una residencia médica que forma a las nuevas generaciones. El servicio, además, desarrolla procedimientos neuroendovasculares que antes eran difíciles de realizar en la región, justamente el tipo de recurso que hizo posible abordar un caso como el de Moyamoya.

Ningún diagnóstico difícil se resuelve sin tecnología a la altura, y ahí aparece la Fundación Parque de la Salud. Articulada con el Gobierno de Misiones, la Fundación financia equipamiento de avanzada y obras de modernización en el Madariaga. Según se informó, el hospital incorporó recientemente camas ortopédicas de alta gama para la Terapia Intensiva, con motores eléctricos que regulan la altura y elevan de forma independiente los sectores de cabeza y pies, pensadas también para cuidados intermedios y áreas médico-quirúrgicas. La gerente asistencial, la doctora Dalila Bühl, ubicó esa incorporación en un hospital de 260 camas de internación, 49 de ellas críticas.

La directora ejecutiva, Alejandra Schmid, lo enmarcó como parte de un mantenimiento continuo que requiere una institución de alta complejidad. A eso se suman otras inversiones, como los equipos de hemodiálisis que benefician también a pacientes de terapia intensiva y unidad coronaria.

La coordinación entre inversión tecnológica calificada y capacitación del personal es la que permite que un ateneo sobre una enfermedad de 0,07 casos cada 100.000 no sea una curiosidad académica, sino una herramienta concreta para que el próximo paciente sea diagnosticado a tiempo.

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