Alemania y España muestran limitaciones de eólicas y solares

Con argumentos similares, en Alemania y España los sectores del ecologismo cavernario y los fuertes intereses económicos vinculados con las “renovables amputadas” fogonearon las instalaciones masivas de las energías eólicas y solares.

Enfatizan que eólicas y solares producen “energía limpia” (son las “renovables amputadas” que caprichosamente excluyen del concepto a otras fuentes como las hidroeléctricas, tal el caso de la sesgada “Ley Guinle” de Argentina) y las presentan como grandes soluciones.

En Alemania, el Partido Verde, que se sumó a la coalición de Angela Merkel, impuso como condición cancelar el importante y eficiente plan nuclear germano, buscando también cerrar las centrales nucleares en operación, apelando para ello a operaciones de terrorismo mediático, demonizando lo nuclear, exagerando y distorsionando los casos de Chernobyl y luego de Fukushima.

Tiraron por la borda la eficiente y competitiva industria nuclear que era una de las joyas tecnológicas germanas.

El argumento era –e insólitamente aun es- reemplazar la generación nuclear, con generación eólica y solar, lo cual es un absurdo sin asidero técnico. La generación nuclear, al igual que la hidroeléctrica, es totalmente apta para operar como Energía de Base del Sistema Eléctrico, pues se trata de energía de calidad, de previsible y programable operación, con voltaje constante.

En cambio las eólicas y solares, son fuentes generadoras de muy baja calidad, inútiles como Energías de Base, pues sus operaciones son totalmente aleatorias, sujetas a bruscos altibajos en el voltaje y a imprevisibles cortes de generación, pues el ser humano no controla los vientos ni el sol. Esos altibajos y cortes pueden solucionarse con acumuladores, lo cual es más caro aun, y muy contaminante.

Además las energías eólica y solar, son muy costosas por kWh.

Pese a las estentóreas declamaciones de los militantes del ecologismo cavernario, que afirmaban “reemplazar la energía nuclear con eólicas y solares”, Alemania debió suplantar sus cancelados nuevos proyectos nucleares y las usinas nucleares dadas de baja anticipadamente, con energía termoeléctrica, producida con abundante y creciente provisión de gas ruso, además de carbón polaco y de Norte América.

Total contrasentido de los ultra ecologistas, que exigiendo “generación limpia”, forzaron el aumento exponencial de la muy contaminante generación en base a carbón y la también contaminante generación en base a gas.

Adicionalmente, Alemania se vio obligada a aumentar sus importaciones de electricidad francesa, básicamente de origen nuclear.

Muy costoso y negativo todo eso, para los reales intereses del gigante económico germano. Una importante y creciente sangría de divisas, por las cuantiosas importaciones de energéticos, y una acentuada debilidad estratégica, al depender en proporciones significativas de energía importada, sin posibilidad de sustitutos propios.

Según trascendidos, el alto costo de la energía eléctrica, está limando la competitividad económica de Alemania; y los sectores del ultra ecologismo presionan para implantar más eólicas y solares, casi como mandato pseudo religioso, sin importar sus negativas incidencias en las tarifas eléctricas.

Si bien Alemania sigue siendo país líder económico de la Unión Europea, su importancia relativa en el concierto económico y geopolítico mundial se vio muy disminuida. Ya no es el primer exportador del mundo, y las nuevas potencias como China e India, la superaron o la están alcanzando, mientras Rusia se perfila como otro gigante económico de escala similar a la de los teutones.

Respecto a la energía hidroeléctrica, en forma maliciosa, los “informes técnicos” (mamarrachos dibujados) de grupos vinculados a eólicas y solares, dicen en forma sutilmente despectiva “Alemania no incrementa su generación hidroeléctrica”, ocultando que no lo hace pues ya hace décadas construyó todas las centrales hidros que su hidrología le permitió hacer. ¡No tienen lugares donde construir nuevas represas, ya las hicieron todas!

Algo igual sucede en toda Europa. Pero los ultras del ecologismo cavernario, pretenden presentar a las hidroeléctricas como una tecnología “anticuada”, lo cual es falso y malicioso.

En España, en sus años de “plata dulce” al crecer al amparo comunitario, no les importó aprobar elevados subsidios, sin los cuales las eólicas y solares no serían en modo alguno competitivas.

Con la crisis financiera mundial de 2008, se apresuraron a cortar subsidios costosos e innecesarios. Y los grupos de poder de eólicas y solares, pusieron el grito en el cielo. España continúa generando la muy competitiva energía nuclear, y al igual que Alemania, no construye más hidroeléctricas, pues ya hizo todas las posibles.

En Argentina, la ley Guinle y sucesivas normativas, establecieron una serie de ventajas prebendarias, a favor de las energías eólica y solar, con tarifas dolarizadas e indexadas, con prioridad para despachar (vender) a la red o a usuarios directos, sin importar que existan otras energías disponibles más económicas, implementando además irritantes privilegios impositivos y facilidades totales para importar equipos, con lo cual el argumento de “promocionar la industria argentina” es otra mentira más de los grupos ultra ecologistas y de los factores de poder vinculados a esas caras e ineficientes energías.

Incluso mediante amañados “escenarios energéticos” teóricos, pretenden imponer la supuesta “necesidad” de montar una matriz basada excluyentemente en esas falaces “nuevas energías limpias”.

Por encima de ciertos límites del orden del 20 % de la matriz eléctrica nacional, el sistema eléctrico pasará a tener baja confiabilidad técnica, por las intermitencias insalvables de los sistemas eólicos y solares, a los que se agregarían costos reales mucho más elevados.

Eso nos llevaría a un escenario patológico de pobreza energética, lo cual sería una pesada ancla que nos ate al subdesarrollo crónico. Eso es un objetivo geopolítico de los que quieren imponer la globalización salvaje, tornando inviables a las naciones excluidas de los grupos de poder atlantista.

Cierto es que las naciones están apelando a todas las fuentes de generaciones posibles, pero eso debe hacerse con coherencia y dentro de los límites de la solvencia técnica. O como dijera el tres veces presidente argentino “todo en su medida, y armoniosamente”.

Distinta y positiva es la generación de biomasa y todo lo referente a biocombustibles, pero ese ya es otro tema.

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