Ante las turbulencias, se aprieta el cinturón y surgen nuevos escenarios

El shock externo por la suba de la tasa de interés de EEUU puso en jaque el esquema de reducción gradual del déficit fiscal que atentó de manera negativa en el costo del financiamiento internacional, algo predecible en función a los anuncios que venía empleando la FED y que obligó a modificar los diagramas de las metas y los escenarios de crecimiento de las variables.
La canilla del financiamiento sigue abierta, tal es el caso del crédito con el FMI que se anunció el jueves por 50.000 millones de dólares, al que se le adicionarían los 5.650 millones de dólares que aportarían otros organismos multilaterales de crédito como el Banco Mundial, BID y CAF, con una tasa de interés del 1,96 % que puede incrementarse en determinados eventos. Este colchón, reduce los potenciales riesgos de incumplimientos en los pagos de los servicios de deuda en el corto plazo dotando de tranquilidad parcial al mercado.
Pero el cimbronazo de la devaluación tendrá su efecto en cuanto al nivel de producción de bienes y servicios en este año, donde la pauta de crecimiento se redujo significativamente, pasando de un crecimiento estimado del 3,5 % según la pauta del Presupuesto Nacional a un crecimiento, conforme al anuncio del Ministro de Hacienda de la Nación, de entre el 0,4 % al 1,4 %, que según el último relevamiento de Expectativas del Mercado que proyectan un aumento del PBI crecimiento para este año del 1,3 %.
Este escenario se debe a que el mercado también espera que la tasa de interés nominal de referencia de la política monetaria, para atemperar la inflación y la corrida cambiaria, se mantenga en junio en el 40 %, en julio en un 38%, en agosto en un 36 % que afectaran de manera negativa contra la inversión privada debido al aumento del costo financiero para apalancar la actividad productiva por el traslado que realizan las entidades financieras en las tasas de los préstamos.
Adicionando, la sequia en el campo que afecto la producción de soja y de trigo y la potencial caída del consumo asociada al menor ingreso (por merma de actividad) y variación del salario real.
La reprogramación de las metas fiscales que surgen a consecuencia del acuerdo con el FMI implican que la Argentina deba alcanzar un déficit fiscal primario del 2,7 % del PBI en el 2018 (antes 3,2 %), 1,3 % en el 2019 (antes 2,2%) y en el 2020 alcanzar el equilibrio primario y en el 2021 un superávit primario del 0,5 %, donde los principales gastos a reducir de mayor a menor en términos reales son Gasto de Capital (incluye transferencias de capital a provincias) – 81 %, transferencias corrientes a provincias – 74 %, subsidios (energía y transporte) – 48%, salarios y bienes y servicios – 13 %.

Los antecedentes con el Fondo Monetario Internacional con nuestro país no traen buenos recuerdos, pero la cuestión que emerge es sobre si será factible o no el cumplimiento de las metas fiscales anunciadas en un contexto de merma del incremento del nivel de actividad económica que implica menores recursos fiscales, por ende, mayor deberá ser el esfuerzo en la reducción del gasto para alcanzar las nuevas metas.
Está claro que esta reducción tendrá su respectivo impacto en las provincias que no solo recibirán menos transferencias de capital y corrientes no automáticas, sino que también tendrán que afrontar los menores recursos a consecuencia de la reducción de las alícuotas del impuesto a los ingresos brutos y del impuesto a los sellos en función a la suscripción del consenso fiscal.

Ante la inminente reducción de las transferencias, en el gráfico precedente se refleja que las transferencias corrientes no automáticas giradas por el Estado Nacional representan el 6,3 % de los ingresos corrientes de las 24 Jurisdicciones y las transferencias de capital representan el 58,53 % del total ingresos de capital, por lo que su reducción implicará una caída de las obras a realizar por parte de la Provincias que estan financiadas con recursos nacionales, por lo que la Participación Publica Privada (PPP) va a ser de vital importancia, pero en contextos de elevados costos financieros que deba afrontar el sector privado va a ser de difícil concreción hasta tanto se estabilicen los desequilibrios macroeconómicos.
Es de recordar, que para el año que viene la alícuota para ingresos brutos de la industria manufacturera se reduciría al 1,5 % (hoy en el 2 %), construcción al 2,5 % (hoy al 3 %), transporte al 2 % (hoy al 3 %), electricidad, gas y agua al 3,75 % (hoy al 5 %), entre otros, que claramente tendrá su costo fiscal que iba a ser compensada con las mayores ventas a consecuencia del crecimiento económico que para el año que 2019 inicialmente se preveía que la economía crecería al 3,5 % y conforme a la nueva coyuntura se bajó su estimación al 2,2 %.
Este nuevo esquema de “reorientación” de las erogaciones del Estado tendrá su respectiva discusión en la presentación del Presupuesto Nacional que debe presentar el Poder Ejecutivo Nacional antes del 15 de septiembre conforme a la Ley Nº 24.156 de Administración Financiera, donde los representantes de las Provincias podrán vislumbrar que partidas específicamente se reducen con este esquema y contemplar el impacto directo e indirecto en los sectores. Otro punto inherente al acuerdo con el FMI es la mayor independencia del BCRA en cuanto al no financiamiento del déficit fiscal y dejar de comprar dólares, a los fines de reducir la cantidad de dinero en circulación y atemperar el alza de la inflación prevista para este año claramente superior a la meta inicial, como así también, hacer borrón y cuenta nueva particularmente después de los anuncios en diciembre del año pasado.
Ojalá los antecedentes queden solo en historia.

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