Alejandro Pegoraro

Director de Consultora Politikon Chaco

Entre crecimiento y equidad: la nueva foto de los ingresos en Misiones

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En la agenda política y económica argentina, el debate sobre los ingresos de los hogares se estructuró en torno a dos grandes ejes: su capacidad para ganarle a una inflación persistente y el modo en que esos ingresos se distribuyen dentro de la sociedad. Ambas dimensiones vuelven a escena a partir del último informe de Distribución del Ingreso publicado por el INDEC, elaborado sobre la base de la Encuesta Permanente de Hogares en su modalidad Total Urbano. Esta versión ampliada no sólo releva los principales aglomerados, sino también localidades de más de 2.000 habitantes en cada provincia. Se publica una vez al año y toma como referencia el tercer trimestre, lo que permite ampliar la mirada más allá de las capitales y observar con mayor precisión las dinámicas provinciales.

Uno de los primeros aportes de esta EPH extendida es la posibilidad de analizar las tasas laborales a nivel provincial completo. En el caso de Misiones, los datos muestran que no existen diferencias sustanciales entre el total provincial y el aglomerado de Posadas. La tasa de actividad fue prácticamente idéntica (46,3% para el total provincial y 46,4% para el aglomerado Posadas), algo más de diferencia en la de empleo (44,0% provincia vs. 44,3% Posadas) y la de desocupación fue 4,8% vs. 4,4%. 

Este dato no es menor: a diferencia de lo que ocurre en otras provincias del NEA, donde las capitales concentran el dinamismo laboral, en Misiones el interior sostiene niveles muy similares a los de la ciudad capital.

En materia de ingresos, la EPH permite captar no solo remuneraciones formales, sino también ingresos no registrados y no laborales, lo que ofrece una fotografía más integral. 

El Ingreso Per Cápita Familiar (IPCF), que surge de dividir el total de ingresos del hogar por la cantidad de integrantes, arrojó a nivel nacional un promedio de $ 605.535, con fuertes desvíos explicados por Ciudad Autónoma de Buenos Aires y las provincias patagónicas. 

Misiones registró un IPCF promedio de $ 469.978, por debajo del total nacional pero posicionándose como la provincia con mayor nivel de ingreso per cápita del NEA y segunda en el Norte Grande

En términos de evolución, el IPCF presentó una mejora del 9,4% en Misiones, una suba más moderada en comparación con otros distritos; ahora bien, el promedio no agota la discusión: la distribución también importa. 

El coeficiente de Gini para el IPCF en Misiones se ubicó en 0,343, por debajo del promedio nacional (0,425), mostrando además una significativa baja (-0,075) lo que implica un avance hacia mayor distribución. 

El Ingreso Total Individual (ITI), que contempla tanto ingresos laborales como no laborales percibidos por cada persona, mostró un promedio nacional de $ 956.283. En Misiones alcanzó los $ 749.110, nuevamente el valor más alto del NEA

A diferencia del IPCF, el ITI creció con un poco más de velocidad (+12,0%), aunque por debajo del promedio nacional. Esta diferencia en las dinámicas podría responder a un incremento en el tamaño promedio de los hogares: al haber más integrantes por vivienda, el ingreso individual puede mejorar más que el per cápita familiar.

Al desagregar el ITI se observa que el 22,1%, en Misiones, corresponde a ingresos no laborales. Esta proporción es levemente inferior a la media nacional y es, además, el más bajo en el NEA. En Misiones, la estructura de ingresos continúa fuertemente vinculada a la actividad laboral, coherente con sus tasas de empleo relativamente elevadas contra las otras provincias de la región. En ese marco, la participación de ingresos laborales creció respecto al 2024 (+6,3 puntos).

Un punto especialmente sensible surge al analizar la brecha de género. En Misiones, la diferencia de ingresos entre varones y mujeres alcanzó el 24,4%, por debajo de la media nacional (27,6%) con una importante reducción contra el año anterior (era de 31,1% en 2024).

El Ingreso de la Ocupación Principal (IOP), que mide exclusivamente lo percibido por la actividad laboral principal, también ubica a Misiones al frente del NEA, con una suba de 16,7% anual. 

Por último, el Ingreso Total Familiar (ITF), que suma todos los ingresos del hogar sin dividirlos por cantidad de integrantes, muestra que Misiones se ubica en segundo lugar en el NEA, detrás de Corrientes. Sin embargo, la diferencia en el tamaño promedio de los hogares modifica la lectura: en Corrientes, en promedio, los hogares son más numerosos, lo que diluye el ingreso per cápita. En Misiones, con hogares más pequeños, el ingreso promedio por persona resulta superior.

En definitiva, los datos muestran una provincia que consolida liderazgo regional en niveles de ingreso y en dinamismo laboral, con avances concretos en materia distributiva y reducción de la brecha de género. El desafío hacia adelante no pasa sólo por sostener el crecimiento de los ingresos, sino por profundizar su calidad y equidad, en un contexto nacional todavía atravesado por tensiones macroeconómicas.

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Menos patrones y menos empleo formal, el nuevo mapa laboral en Misiones

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Hace ya un tiempo se viene hablando de cómo está cambiando el mapa del mercado del trabajo en la Argentina, a partir de un proceso de destrucción de empleo registrado y el aumento de otras formas de trabajo más tendientes al autoempleo. Esto no nace como un fenómeno natural de la evolución de las formas de trabajo, sino más bien como una respuesta a la pérdida de trabajo en el segmento de asalariados. Aunque existan personas que decidan voluntariamente dejar un empleo formal para emprender, por ejemplo, el grueso de los nuevos independientes lo son por necesidad: lograr hacerse un ingreso que le permita subsistir ante el achicamiento del trabajo formal. En ese escenario se aplicará la nueva Reforma Laboral -una vez que supere Diputados-, con la incógnita de si servirá para crear más empleo o para profundizar aún más el proceso.

Pero este fenómeno, si bien es palpable a simple vista, necesita ser medido. Para ello, analizaremos los resultados que nos muestran el procesamiento de los microdatos de EPH-INDEC para el tercer trimestre 2025 (último disponible) en comparación con el cuarto trimestre 2023 (cuando inició el actual gobierno) y vamos a puntualizar en los aglomerados urbanos del NEA. 

Al realizar el análisis de la evolución de los ocupados según su modalidad ocupacional para los aglomerados de Posadas, Resistencia y Corrientes, se evidencia un cambio significativo en la dinámica laboral. Más allá de la variación del total de ocupados (que se reducen) los datos muestran una reconfiguración profunda en la composición del empleo: pérdida importante de puestos asalariados y un crecimiento relevante del cuentapropismo.

¿Qué pasa con el número total de ocupados? En el periodo analizado, Posadas registra una caída del 3,1% y Corrientes una contracción más intensa del 9,7%, mientras que Resistencia exhibe una leve expansión del 1,2%. 

Sin embargo, el rasgo central no es únicamente la disminución del total, sino el cambio en la estructura interna del mercado laboral. Vamos a analizar caso por caso según las categorías ocupaciones. 

El empleo asalariado (formal e informal) es, en términos de participación, el predominante en el mercado de trabajo: explicó, al tercer trimestre 2025, 64% del empleo total en Posadas, el 66% en Gran Resistencia y el 65% en Corrientes. Por ello, es que su progresión negativa impactó de manera muy fuerte en el mercado laboral: en comparación con el cuarto trimestre de 2023, la contracción es muy fuerte: en Posadas los puestos de trabajo asalariados cayeron 13,2%, equivalente a la pérdida de 17.002 puestos de trabajo en ese segmento. Los otros aglomerados de la región no se quedaron atrás: en el Gran Resistencia los asalariados disminuyeron en un 11,0% (-14.516 puestos de trabajo) y en Corrientes la baja fue aún más fuerte: -16,8% (-19.791 empleos asalariados). 

Cabe preguntarse en este marco como esos empleos perdidos se “compensaron” mediante otras formas de empleo. Aquí entra a jugar de manera fuerte el trabajo por cuenta propia, una modalidad de empleo que creció con fuerza. Si vemos primero su nivel de participación sobre el empleo, en Posadas representó al tercer trimestre 2025 el 32% del total; en Gran Resistencia el 31% y en Corrientes el 29%, en todos los casos, incrementando su participación de manera fuerte contra el último trimestre de 2023. 

En ese marco, el número de trabajadores en este segmento, naturalmente, creció con contundencia.  

En Posadas los trabajadores cuentapropistas se incrementaron en un 43,4%, lo que significa que unas 16.912 personas pasaron a tener esa categoría ocupacional durante la era Milei. La suba es significativa; sin embargo, no llegó a compensar toda la pérdida de empleo en los asalariados (recordemos que eran -17.002 personas). Algo muy similar se observa en Gran Resistencia: el cuentapropismo creció 28,7% equivalente a unas 12.211 personas (pero los asalariados cayeron en 14.516) ; y en Corrientes lo mismo, pero con mucha menor fuerza: el cuentapropismo creció 6,4% con +2.599 personas contra -19.791 asalariados

De manera muy general, podemos resumirlo así: Posadas necesita otros 90 cuentrapropistas más para equiparar con la pérdida de los asalariados; Gran Resistencia 2.305 y Corrientes 17.192. 

Sin embargo, hay otras dos categorías ocupacionales que también juegan un papel importante para entender el resultado global del mercado de los ocupados, aunque muchas veces pasan desapercibidos por su bajo peso relativo dentro del total. Uno de ellos es la categoría de Patrones, que presentó un comportamiento muy heterogéneo. En Posadas el sector patrones muestra una caída muy significativa (-58,6%) pasando de 11.770 patrones en 2023 a solo 4.875 en 2025 (-6.895); sin embargo, en Gran Resistencia tuvo una suba muy fuerte (207,2% con +4.454) que le permitió compensar parcialmente la pérdida de asalariados. En Corrientes también creció, pero menos (+13,1% sumando 1.015 personas)

Luego, tenemos al último tipo de ocupado: el trabajador familiar sin remuneración, definida como aquella persona que trabaja en una empresa, comercio, explotación agropecuaria o actividad económica que pertenece a un familiar, sin percibir un salario o ingreso monetario directo por esa tarea, pero a fines estadísticos, igualmente se la considera ocupada. En Posadas, esta categoría creció 217,4% (+1.389 personas); en Gran Resistencia no se registró personas bajo esta categoría y en Corrientes creció 23,7% (+90 personas). 

En resumen: Posadas perdió 5.596 puestos de trabajo entre 2023 y 2023 (-3,1%) apoyado casi exclusivamente en la baja de los asalariados; al igual que Corrientes que perdió 16.087 trabajadores (-9,7%); Gran Resistencia, en cambio, creció 1,2%, aunque apoyado en el diferencial que hizo la categoría de Patrones. 

Pero miremos un poco más allá, para el caso misionero, para entender mejor qué pasó en algunos sectores específicos. El sector que más emplea en Posadas es el Comercio, que registró 44.004 trabajadores en todos sus tipos; respecto al 2023, este creció en un 24,2%, equivalente a 8.569 nuevos trabajadores en ese sector. Pero hacia dentro, los patrones cayeron en un 58,2%, que es igual a 1.827 personas menos en esa categoría y esto es relevante porque la baja en los ocupados patrones suele asociarse al cierre de unidades productivas pequeñas y medianas. Esto se ve mucho en contextos de recesión y caída del consumo, donde muchos pequeños empleadores dejan de sostener su actividad y directamente salen del mercado. En esos casos, el patrón desaparece como categoría ocupacional y, según la trayectoria posterior, puede pasar a ser asalariado, cuentapropista o incluso inactivo. Por el contrario, los cuentapropistas en el comercio crecieron en un fenomenal 81,5% que significa 10.377 personas “nuevas” bajo esa categoría; y los asalariados se incrementaron en 361 personas. 

La industria, en cambio, tuvo un proceso inverso: el empleo total cayó 9,5% y hacia dentro, disminuyeron de manera drástica los asalariados (-71% equivalente a -5.301 personas) y crecieron en 771 los cuentapropistas del sector

En el rubro de Alojamiento y Comidas, el total cayó 32,3%: fueron 2.931 los que perdieron su trabajo en ese sector; pero se ve que los asalariados cayeron en 2.020 personas y, los patrones -1.366, al tiempo que los cuentapropistas crecieron en 752 personas.

Por último, se puede mencionar el caso de la construcción: perdió 6.101 empleos en el global en un contexto donde los asalariados disminuyeron en 5.781 y los patrones en 2.234, pero los cuentapropistas crecieron en 1.914.

En definitiva, lo que muestran los datos es que el mercado laboral no logró recomponerse, sino que se reconfiguró hacia formas más inestables de inserción. La caída del empleo asalariado, la fuerte expansión del cuentapropismo y la reducción de empleadores en sectores clave reflejan un proceso donde el ajuste se trasladó directamente a la estructura ocupacional. Más que un cambio virtuoso en las formas de trabajo, lo que se observa es una estrategia de supervivencia frente a la contracción del empleo formal. Así, aunque el empleo se sostiene en términos cuantitativos en algunos casos, presenta un claro deterioro en su calidad, estabilidad y capacidad de generar ingresos consistentes, configurando un mercado laboral más fragmentado y vulnerable.

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El cuentapropismo avanza: en Posadas creció 35% en los últimos dos años

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En los últimos años el mercado de trabajo urbano en la Argentina ha mostrado cambios significativos en su estructura ocupacional, con un crecimiento sostenido de las formas de  autoempleo. Dentro de este proceso, el cuentapropismo aparece como uno de los  fenómenos más relevantes, tanto por su magnitud como por las implicancias económicas y sociales que conlleva. El aglomerado de Posadas no fue ajeno a esta dinámica y exhibe señales claras de una expansión del trabajo por cuenta propia en los últimos dos años. 

El cuentapropismo es un tipo de inserción laboral que suele estar asociado a estrategias de  subsistencia, a la falta de oportunidades en el empleo asalariado formal y, en muchos casos, a mayores niveles de precariedad e inestabilidad de ingresos.  

¿Qué muestra la situación de Posadas? A partir de los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), se observa que entre 2023 y 2025, la cantidad de trabajadores por cuenta propia en el aglomerado Posadas mostró un incremento significativo: creció 35% y su grado de participación sobre el total de ocupados ha crecido también de manera significativa. Esto contrasta con las otras formas de empleo: los  ocupados categorizados como “Patron” descendieron 30,5% en el período, y los  Empleados cayeron 13,7%; a su vez, el total de ocupados cayó 2,3% en Posadas. 

Por ende,  se verifica el hecho de que el cuentapropismo fue la salida que tuvo el posadeño para continuar teniendo una ocupación en el contexto actual. Dicho de otro modo: el  cuentapropismo operó como una válvula de escape frente a la debilidad del mercado laboral formal. 

En 2023, el cuentapropismo explicaba el 23,1% del total de ocupados de Posadas, y pasó a representar el 32,0% en 2025, con un incremento de 8,9 puntos porcentuales. En cambio, los ocupados de tipo Patrón pasaron del 3,9% al 2,8% de participación (evidenciando la caída de empleadores) y los Empleados bajaron del 72,5%  al 64,1%, al tiempo que los trabajadores familiares sin remuneración pasaron del 0,5% al  1,2%.

¿Qué vemos al analizar los datos en valores absolutos? La cantidad de ocupados total pasó  de 178.965 personas en 2023 a 174.774 personas en 2025 (-4.191). En ese marco, los  Patrones cayeron de 7.018 a 4.875 (-2.143 personas) y los Empleados de 129.702 a 111.970 (-17.732 personas)

En cambio, los Cuentapropistas pasaron de 41.404 a 55.901 (+14.497 personas).  

El aumento en términos absolutos de los cuentapropistas no solo refleja una mayor  participación de este tipo de ocupación, sino también un cambio en la estructura del empleo local. En la práctica, una proporción creciente de personas ocupadas encuentra en el trabajo independiente su principal estrategia de inserción laboral, ya sea por elección o por necesidad. 

Cuentapropismo por sector de actividad 

El análisis sectorial permite observar que el crecimiento del cuentapropismo no fue  homogéneo entre ramas de actividad. En el período analizado, se destaca una fuerte  concentración del trabajo por cuenta propia en sectores tradicionales como el comercio, los servicios personales y la construcción, actividades que históricamente han funcionado  como refugio frente a la pérdida de empleo asalariado. Por caso, se puede observar  actividades con alta concentración de cuentapropistas como ser: Comercio de textiles (88,6%), Servicios de peluquería y tratamientos de belleza (88,3%), Comercio de alimentos, bebidas y tabaco (69,3%), Servicios de expendio de comidas y bebidas (46%), Mantenimiento y reparación de vehículos automotores (42,6%) y Construcción (36,2%), entre otros. 

¿Pero cómo evolucionó este segmento de ocupados en los últimos diez años? En Servicios  de expendio de comidas y bebidas, la cantidad de trabajadores cuentapropistas creció 711,5% en los últimos dos años: pasó de 322 a 2.613 trabajadores; en Mantenimiento y reparación de vehículos automotores creció 167,2% (pasó de 647 a 1.729 trabajadores); en Comercio de alimentos, bebidas y tabaco creció 126,5% (de 2.957 a 6.698), entre otros. 

El cuentapropismo posadeño en comparación con otros aglomerados urbanos 

Al comparar la evolución del cuentapropismo en Posadas con la de otros aglomerados urbanos, se advierte que el fenómeno no es exclusivo del ámbito local, aunque presenta particularidades propias. En términos relativos, Posadas se ubica como el segundo  aglomerado con el mayor peso del trabajo por cuenta propia entre los aglomerados  relevados por la EPH -INDEC. Mientras que en 2023 se ubicaba décima (con 23,1%), en  2025 se ubicaba segunda (con 32,0%), quedando solo por debajo de Mar del Plata (32,5%). En este mismo marco, se destaca que Posadas vio el mayor incremento en la participación relativa del cuentapropismo del país: +8,9 puntos porcentuales contra 2023, seguido por Gran Rosario con +7,9 puntos porcentuales. En términos de trabajadores bajo ese segmento, su crecimiento del 35% se ubica como el séptimo más alto del país, en un  ranking liderado por Gran Rosario (+48,7%). 

Por ende, se puede corroborar que, en un contexto donde el cuentapropismo crece en todo  el país, en Posadas exhibe una expansión algo más marcada.

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¿Cómo cambió la economía misionera en la última década?

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Es harto conocido que la Argentina experimentó serios problemas de crecimiento en los últimos años, combinando periodos de crecimiento económico con otros de depresión, lo que genera que, en la mirada de largo plazo, se llegue a la conclusión de que el país “no crece”. Múltiples episodios de recesión, alta volatilidad macroeconómica y fuertes restricciones externas configuraron un escenario de estancamiento estructural que limitó la expansión del producto y deterioró los indicadores sociales y productivos.

En ese marco general de bajo dinamismo, el desempeño de las provincias fue marcadamente dispar. Mientras algunos distritos lograron amortiguar parcialmente el contexto adverso mediante mejores desempeños sectoriales o estrategias de diversificación productiva, otros quedaron más expuestos a la caída de la actividad, profundizando las brechas regionales en términos de crecimiento.

En ese marco, surge analizaron los resultados que brinda la CEPAL respecto a los datos del Valor Agregado Bruto (VAB) por provincia. Esta entidad difunde estas cifras con un rezago de un año, por lo cual el análisis que aquí realizaremos corresponde al año 2024, que se conocieron hace apenas unos días. 

Resulta pertinente adoptar dos enfoques: una mirada de corto plazo, para ver qué pasó en la provincia durante el primer año de la era Milei; y otra mirada de largo plazo, comparando la evolución entre 2014 y 2024, lo que permite dimensionar con mayor precisión cómo se comportaron las economías provinciales en un período atravesado por fuertes desequilibrios macroeconómicos.

Empecemos por lo primero: en 2024 la economía misionera tuvo una caída del 5,2%, ubicándose a mitad de tabla en el ranking de provincias que, a su vez, mostró dos escenarios muy marcados. Neuquén fue la gran ganadora del año: traccionada por el boom de Vaca Muerta, esta provincia tuvo un alza del 11,3% en el año 2024, pero no fue la única ya que, impulsados por el agro principalmente, Córdoba (4,5%), Santa Fe (3,1%), Entre Ríos (0,4%) y La Pampa (0,4%) también exhibieron alzas. Sin embargo, en el resto del país la caída fue notoria: si vemos el otro extremo de la tabla, Formosa y Tierra del Fuego mostraron caídas de doble dígito de su economía (-12,9% y -13,1% respectivamente). Como dijimos, la caída misionera está a mitad de tabla, aunque se destaca en este marco que se trata del descenso más bajo en la región del NEA: además del caso ya mencionado de Formosa, también cayeron Chaco (-6,3%) y Corrientes (-5,3%). 

¿Cómo se movieron los sectores de la economía misionera en 2024? Cabe detallar, en primer lugar, cómo se distribuye la economía de la provincia: el mayor sector local es la Industria Manufacturera que explica el 17,9% del VAB de Misiones. Este es un dato de relevancia central ya que marca el perfil productivo de la provincia y permite inferir que buena parte del desempeño económico provincial está fuertemente condicionado por la dinámica de este rubro. Algo similar pasa con el Comercio: es el sector con el segundo mayor peso en la economía provincial con una participación del 12,9%; la Enseñanza (9,9%) y Transporte y Comunicaciones (9,7%) le siguen luego en orden de participación. 

Ahora bien, en términos de desempeños, hubo muchas diferencias. Sobre 16 grandes sectores de la economía local, hubo seis que tuvieron alzas en 2024 contra 2023. ¿Quiénes crecieron? En primer lugar se ubicó la Salud con +23,1%, pero con heterogeneidad hacia dentro de la actividad: la salud pública se incrementó en 45,3% pero la salud privada cayó 1,4% anual. En segundo lugar quedó la Agricultura, Ganadería, Pesca y Silvicultura cuyo incremento fue del 11,3%, empujado por la agricultura y ganadería (13,6%) cuyo resultado más que compensó la caída de la silvicultura (-0,3%). El podio se completó con Electricidad, Gas y Agua con +3,4%, cuyo resultado se apoya en la suba en Generación captación y distribución de energía eléctrica (+3,3%) y de Captación, depuración y distribución de agua (+6,9%). 

Los otros sectores que crecieron en Misiones fueron “Propiedad de la Vivienda” (+2,2%), Transporte y Comunicaciones (+2,2%) y Servicio doméstico en Hogares Privados (+0,9%). 

Ahora bien, se puede observar que de los cuatro sectores más grandes de la economía provincial, solo uno creció (Transporte y Comunicaciones), mientras que el resto (más varios otros más) tuvieron bajas. 

En este contexto, las mayores caídas relativas vs. el 2024 se vieron en la Construcción (-37,6%), la Administración Pública (-18,4%) y el Comercio (-9,8%). Pero además, se observa que la Industria Manufacturera cae 9,1%, la Enseñanza -8,4%, la Intermediación Financiera -8,3%, la Explotación de Minas y Canteras -8,0% y Restaurantes y Hoteles -2,8%, entre otros. 

Esta es una foto puntual de un momento muy crítico dada las consecuencias del modelo económico aplicado desde diciembre de 2023 que produjo fuertes bajas generales y particulares en sectores que concentran el movimiento económico provincial. Pero cabe ir más allá y preguntarnos: ¿Cómo cambió la economía provincial entre 2014 y 2024?

Como dijimos al principio, Misiones tuvo un crecimiento del 2,3% en esa década, siendo la provincia del NEA con el mejor desempeño y formando parte del lote de las únicas nueve provincias que tuvieron alzas. En ese mismo período, Corrientes también creció pero a menor velocidad (0,8%), Chaco cayó 8,0% y Formosa -10,4%. 

Para observar de mejor manera la forma en que fue cambiando la economía provincial, vamos a ir viendo los desempeños de cada sector en particular. Como se dijo antes, la Industria Manufacturera es el sector más importante de Misiones: en 2024 explicó el 17,9% de la economía local, pero en 2014 explicaba el 19,6%: esa pérdida de participación (de 1,7 puntos porcentuales) se produjo porque el sector tuvo una caída de su VAB del 6,4% entre puntas. 

El Comercio, por su parte, explicó el 12,9% de la economía provincial en 2024 pero lo hacía en 13,2% en 2014; perdió 0,3 puntos de participación pero, al mismo tiempo, el VAB sectorial creció 0,6% entre puntas; la razón por la que creció su actividad pero cayó su participación es que hubo otros sectores con dinamismos mucho más fuertes. Por ende, es positivo este desempeño, pero insuficiente en la comparación amplia. 

La Enseñanza fue en 2024 el tercer sector más grande de la economía misionera con el 9,9% de participación; en 2014, era del 9,1%, por lo cual se ve un fuerte salto (+0,8 puntos) que se explicó por una importante suba entre puntas: esta actividad creció 11,1% entre 2014 y 2024. Algo similar se ve en Transporte y Comunicaciones: pasó de concentrar el 8,7% del total provincial en 2014 al 9,7% en 2024: una suba de 1 punto de participación a raíz de haber crecido en este período un 14,6%. 

El sector de Propiedad de la Vivienda también tuvo un proceso expansivo: pasó del 6,4% del total en 2014 al 7,7% (+1,3 p.p) tras haber incrementado su actividad un 22,7% entre puntas. 

La Administración Pública, por su parte, no sufrió variación en términos de participación: tanto en 2014 como en 2024 explicó el 7,1% de la economía local, aunque en ese período creció 2,0%.

El sector de la Salud, en cambio, tuvo un desempeño fenomenal: pasó del 4,6% al 7,0% luego de haber presentado un crecimiento del 55,9% en la última década, la más alta entre todos los sectores de actividad de Misiones. Parecido es el caso de Electricidad, Gas y Agua: pasó de 5,0% al 7,0% con un crecimiento relativo de su actividad del 43,5%, la segunda más alta. 

Luego se ubica Agricultura, Ganadería, Pesca y Silvicultura, que tuvo una dinámica inversa: pasó de concentrar el 7,4% de la economía local en 2014 a 6,0% y en la última década tuvo una caída del 16,7%, la tercera más fuerte en la provincia.

Restaurantes y Hoteles, por su lado, creció como sector: tuvo una suba del 17,2% en la última década que la llevó a incrementar sus niveles de participación del 2,6% al 3,0%. La Construcción, por su lado, explicó el 3,0% del VAB misionero en 2024, pero en 2014 lo hacía en un 6,8%: esta muy fuerte disminución de su peso fue producto de una baja de la actividad del 54,9% en los últimos diez años, la más fuerte en la provincia. A su vez, la Intermediación Financiera pasó de explicar el 2,1% de la economía misionera al 1,6% en la última década y tuvo una baja del 23,8%, la segunda más fuerte de la provincia.

¿Cómo podemos resumir estos datos? Básicamente, en dos grandes puntos. Por un lado, los servicios van ganando terreno por sobre los sectores tradicionales de la provincia. Si bien el comercio y la industria siguen siendo los pilares de la economía misionera, otros como la enseñanza, la energía, la salud, el transporte, logística y comunicación vienen pisando fuerte y le dan una nueva diversidad a la matriz productiva local. En segundo lugar, queda en evidencia que los ciclos económicos inestables pegan de lleno en sectores específicos que son, a su vez, los más grandes: el comercio por capacidad de consumo, la industria por la necesidad de demanda interna, entre otros. 

En definitiva, la última década deja para Misiones un balance mixto: logró crecer en un contexto nacional claramente adverso y se ubicó entre las provincias con mejor desempeño relativo, pero ese avance fue moderado y estuvo acompañado por cambios profundos en su estructura productiva. La pérdida de peso de la industria y la construcción, junto con el fuerte avance de los servicios muestran una economía que se reconfigura, con mayor diversificación pero también con señales de fragilidad en sus sectores tradicionales. El desafío hacia adelante pasa por transformar esa nueva composición en un motor de crecimiento más sólido y sostenido, fortaleciendo la inversión, recuperando los rubros productivos clave y consolidando una matriz que combine servicios dinámicos con una base industrial capaz de traccionar empleo y valor agregado.

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Misiones frente a las dos Argentinas: estabilidad macro y crisis real en las provincias

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Las dos caras de la moneda de la economía argentina se observan y se viven más que nunca. Esta semana, el dólar sostuvo la pax cambiaria, el BCRA siguió comprando dólares, las reservas brutas tocaron un máximo en cuatro años, el riesgo país alcanzó un mínimo en ocho años, de la mano de una suba de los bonos soberanos, y la balanza comercial cerró con un importante superávit. Del otro lado, la actividad económica cayó por segundo mes consecutivo, las ventas en supermercados tuvieron su peor resultado en dos años y el índice de salarios registró su tercera caída al hilo. ¿En qué Argentina vivimos? En la dos, y eso trae una complejidad fenomenal para entender dónde estamos y hacia dónde vamos.

Luego de las elecciones de octubre parecía que todos los problemas de la Argentina se resolvían, o al menos así lo planteaba el oficialismo. Eliminado el “riesgo kuka”, todo volvería a funcionar sobre ruedas. Sin embargo, en términos de actividad económica, en el mes electoral el EMAE mostró una baja del 0,4% mensual. Esa caída podría haberse atribuido a la expectativa electoral, pero en noviembre volvió a retroceder 0,3%, dato conocido días atrás. Es decir, incluso luego de despejar el supuesto ruido político, la economía no se despertó. Más aún, la contracción también se observó en la comparación interanual, evidenciando profundas asimetrías sectoriales: mientras el agro, la minería y las finanzas exhiben expansiones relevantes, la industria, el comercio y la construcción continúan muy rezagados. Estas asimetrías no son solo estadísticas, sino que marcan el rumbo del modelo económico: los tres sectores de mejor desempeño explican apenas el 9% del empleo, mientras que los tres de peor resultado concentran el 45% de los puestos de trabajo.

En un contexto en el que el empleo privado registrado se encuentra en sus niveles más bajos desde 2022, los salarios siguen cayendo. El INDEC informó que en noviembre el salario de los trabajadores registrados del sector privado retrocedió 0,3% mensual, acumulando su tercera baja consecutiva. Entre los trabajadores del sector público, el salario cayó 1,3%, también por tercer mes seguido. Casi como un correlato de esta dinámica, las ventas en supermercados se desplomaron 3,8% mensual en noviembre, la peor caída desde diciembre de 2023, es decir, desde la devaluación.

En otras palabras, pasada la elección, todo continuó empeorando en lo que respecta a los indicadores económicos de impacto social.

Si miramos hacia las provincias, las heterogeneidades también son palpables: por ejemplo, Neuquén atraviesa un proceso de expansión y mejora de muchos indicadores, dado el efecto sobre el territorio que produce el avance de la actividad energética, algo que puede verse en menor nivel también en Río Negro y un poco menos aún en el NOA, producto de la minería; pero en el resto del país la situación es aún crítica.

Los últimos datos de Misiones confirman este diagnóstico. Más allá de los esfuerzos provinciales por sostener niveles de actividad y consumo, la dinámica general empuja a todos los indicadores hacia la baja y configura un escenario de fuerte complejidad, sin elementos claros de mediano plazo que permitan pensar en una recuperación. El consumo mantiene una trayectoria descendente que se profundizó en noviembre, con una caída interanual del 9,8% en las ventas en supermercados y del 5,1% en la comparación mensual, acumulando un retroceso del 27,9% respecto de 2023. El salario del sector privado, aun mostrando cierta recuperación frente a un 2024 que tocó piso, todavía no logra superar los niveles de 2023, situación que se agrava por el achicamiento del mercado laboral: el empleo privado en la provincia se ubica 8,9% por debajo del nivel previo a la asunción de Milei.

En este marco, los principales indicadores muestran deterioros significativos no solo en Misiones, sino en gran parte de las provincias argentinas. En línea con lo señalado anteriormente, salvo algunas pocas economías motorizadas por sectores muy específicos, el resto carece de margen suficiente para salir de un pozo generado de manera directa por los efectos de las políticas nacionales, frente a las cuales las provincias cuentan con herramientas limitadas para revertir el rumbo.

Mientras tanto, el Gobierno avanza en reformas que se presentan como “soluciones definitivas” a los problemas económicos, aunque con escasa evidencia de que efectivamente lo sean o, al menos, con la dificultad de que la solución propuesta no necesariamente es la mejor.

Uno de los argumentos más repetidos en el debate sobre la reforma laboral es el del “costo empresario” y, dentro de este, el costo de contratar. Sin dudas se trata de un problema para la creación de empleo, pero no es el único ni tampoco el central. Según la última Encuesta de Tendencia de Negocios de Supermercados y Autoservicios Mayoristas del INDEC, ante la pregunta sobre los factores que limitan la capacidad para aumentar la actividad comercial, el 56% de los empresarios señaló a la falta de demanda, mientras que solo el 29% mencionó el costo laboral. En la industria manufacturera, el 59% de los empresarios identificó a la falta de demanda como el principal obstáculo para producir, y en la construcción el 30% afirmó que el principal problema del sector es la caída de la actividad económica. Todos los caminos llevan a Roma: es la actividad la que debe recuperarse, pero no al ritmo del EMAE, sino de manera mucho (muchísimo) más homogénea.

Al volver la mirada hacia las provincias surge una pregunta clave: ¿qué capacidad real tienen para impulsar esa recuperación? Más allá de las limitaciones normativas, tampoco cuentan con margen financiero para hacerlo vía inyección de ingresos, simplemente porque no los tienen. De acuerdo con las estimaciones del Presupuesto 2026 sobre transferencias automáticas, ajustadas por la inflación esperada por el mercado y no por el 10% proyectado por el Gobierno, ya de imposible cumplimiento, los fondos a las provincias caerían 3,7%, lo que implicaría una pérdida cercana a los 3 billones de pesos en el conjunto de los subnacionales. En ese escenario, Misiones podría resignar hasta 98 mil millones de pesos.

Pero a eso debe sumarse la posibilidad de una nueva pérdida de fondos en caso de que se apruebe la reforma laboral, debido a los impactos del capítulo fiscal que tiene dicho proyecto. Por la modificación en el impuesto a las Ganancias, Misiones podría perder alrededor de $ 36,4 mil millones; por la eliminación de impuestos internos, otros $ 7,8 mil millones. En total, $ 44,2 mil millones menos. Si bien no todo se aplicaría a 2026, sino que una parte importante recaería en 2027, la proyección de ingresos para la provincia es muy preocupante.

Bienvenido sea el debate sobre la reducción de impuestos, pero con todos los actores dentro de la discusión y no de manera unilateral. La pregunta que se impone es cómo compensar estas caídas de recursos. Existen dos caminos posibles: mayores transferencias no automáticas de la Nación hacia las provincias o una fuerte recuperación de la actividad que derive en una mayor recaudación. El primero aparece prácticamente descartado; el segundo, en el contexto actual, luce extremadamente difícil.

La economía argentina parece transitar un equilibrio frágil, sostenido por indicadores financieros que muestran estabilidad, pero atravesado por una dinámica real que sigue deteriorándose y golpea de lleno sobre el empleo, los salarios y el consumo. Mientras la macro exhibe logros parciales, la micro y los territorios siguen pagando el costo del ajuste. Sin una estrategia clara que priorice la recuperación de la actividad y contemple el impacto federal de las decisiones económicas, la distancia entre las dos Argentinas no solo se mantiene, sino que amenaza con profundizarse.

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