Alejandro Pegoraro

Director de Consultora Politikon Chaco

¿Cómo cambió la economía misionera en la última década?

Compartí esta noticia !

Es harto conocido que la Argentina experimentó serios problemas de crecimiento en los últimos años, combinando periodos de crecimiento económico con otros de depresión, lo que genera que, en la mirada de largo plazo, se llegue a la conclusión de que el país “no crece”. Múltiples episodios de recesión, alta volatilidad macroeconómica y fuertes restricciones externas configuraron un escenario de estancamiento estructural que limitó la expansión del producto y deterioró los indicadores sociales y productivos.

En ese marco general de bajo dinamismo, el desempeño de las provincias fue marcadamente dispar. Mientras algunos distritos lograron amortiguar parcialmente el contexto adverso mediante mejores desempeños sectoriales o estrategias de diversificación productiva, otros quedaron más expuestos a la caída de la actividad, profundizando las brechas regionales en términos de crecimiento.

En ese marco, surge analizaron los resultados que brinda la CEPAL respecto a los datos del Valor Agregado Bruto (VAB) por provincia. Esta entidad difunde estas cifras con un rezago de un año, por lo cual el análisis que aquí realizaremos corresponde al año 2024, que se conocieron hace apenas unos días. 

Resulta pertinente adoptar dos enfoques: una mirada de corto plazo, para ver qué pasó en la provincia durante el primer año de la era Milei; y otra mirada de largo plazo, comparando la evolución entre 2014 y 2024, lo que permite dimensionar con mayor precisión cómo se comportaron las economías provinciales en un período atravesado por fuertes desequilibrios macroeconómicos.

Empecemos por lo primero: en 2024 la economía misionera tuvo una caída del 5,2%, ubicándose a mitad de tabla en el ranking de provincias que, a su vez, mostró dos escenarios muy marcados. Neuquén fue la gran ganadora del año: traccionada por el boom de Vaca Muerta, esta provincia tuvo un alza del 11,3% en el año 2024, pero no fue la única ya que, impulsados por el agro principalmente, Córdoba (4,5%), Santa Fe (3,1%), Entre Ríos (0,4%) y La Pampa (0,4%) también exhibieron alzas. Sin embargo, en el resto del país la caída fue notoria: si vemos el otro extremo de la tabla, Formosa y Tierra del Fuego mostraron caídas de doble dígito de su economía (-12,9% y -13,1% respectivamente). Como dijimos, la caída misionera está a mitad de tabla, aunque se destaca en este marco que se trata del descenso más bajo en la región del NEA: además del caso ya mencionado de Formosa, también cayeron Chaco (-6,3%) y Corrientes (-5,3%). 

¿Cómo se movieron los sectores de la economía misionera en 2024? Cabe detallar, en primer lugar, cómo se distribuye la economía de la provincia: el mayor sector local es la Industria Manufacturera que explica el 17,9% del VAB de Misiones. Este es un dato de relevancia central ya que marca el perfil productivo de la provincia y permite inferir que buena parte del desempeño económico provincial está fuertemente condicionado por la dinámica de este rubro. Algo similar pasa con el Comercio: es el sector con el segundo mayor peso en la economía provincial con una participación del 12,9%; la Enseñanza (9,9%) y Transporte y Comunicaciones (9,7%) le siguen luego en orden de participación. 

Ahora bien, en términos de desempeños, hubo muchas diferencias. Sobre 16 grandes sectores de la economía local, hubo seis que tuvieron alzas en 2024 contra 2023. ¿Quiénes crecieron? En primer lugar se ubicó la Salud con +23,1%, pero con heterogeneidad hacia dentro de la actividad: la salud pública se incrementó en 45,3% pero la salud privada cayó 1,4% anual. En segundo lugar quedó la Agricultura, Ganadería, Pesca y Silvicultura cuyo incremento fue del 11,3%, empujado por la agricultura y ganadería (13,6%) cuyo resultado más que compensó la caída de la silvicultura (-0,3%). El podio se completó con Electricidad, Gas y Agua con +3,4%, cuyo resultado se apoya en la suba en Generación captación y distribución de energía eléctrica (+3,3%) y de Captación, depuración y distribución de agua (+6,9%). 

Los otros sectores que crecieron en Misiones fueron “Propiedad de la Vivienda” (+2,2%), Transporte y Comunicaciones (+2,2%) y Servicio doméstico en Hogares Privados (+0,9%). 

Ahora bien, se puede observar que de los cuatro sectores más grandes de la economía provincial, solo uno creció (Transporte y Comunicaciones), mientras que el resto (más varios otros más) tuvieron bajas. 

En este contexto, las mayores caídas relativas vs. el 2024 se vieron en la Construcción (-37,6%), la Administración Pública (-18,4%) y el Comercio (-9,8%). Pero además, se observa que la Industria Manufacturera cae 9,1%, la Enseñanza -8,4%, la Intermediación Financiera -8,3%, la Explotación de Minas y Canteras -8,0% y Restaurantes y Hoteles -2,8%, entre otros. 

Esta es una foto puntual de un momento muy crítico dada las consecuencias del modelo económico aplicado desde diciembre de 2023 que produjo fuertes bajas generales y particulares en sectores que concentran el movimiento económico provincial. Pero cabe ir más allá y preguntarnos: ¿Cómo cambió la economía provincial entre 2014 y 2024?

Como dijimos al principio, Misiones tuvo un crecimiento del 2,3% en esa década, siendo la provincia del NEA con el mejor desempeño y formando parte del lote de las únicas nueve provincias que tuvieron alzas. En ese mismo período, Corrientes también creció pero a menor velocidad (0,8%), Chaco cayó 8,0% y Formosa -10,4%. 

Para observar de mejor manera la forma en que fue cambiando la economía provincial, vamos a ir viendo los desempeños de cada sector en particular. Como se dijo antes, la Industria Manufacturera es el sector más importante de Misiones: en 2024 explicó el 17,9% de la economía local, pero en 2014 explicaba el 19,6%: esa pérdida de participación (de 1,7 puntos porcentuales) se produjo porque el sector tuvo una caída de su VAB del 6,4% entre puntas. 

El Comercio, por su parte, explicó el 12,9% de la economía provincial en 2024 pero lo hacía en 13,2% en 2014; perdió 0,3 puntos de participación pero, al mismo tiempo, el VAB sectorial creció 0,6% entre puntas; la razón por la que creció su actividad pero cayó su participación es que hubo otros sectores con dinamismos mucho más fuertes. Por ende, es positivo este desempeño, pero insuficiente en la comparación amplia. 

La Enseñanza fue en 2024 el tercer sector más grande de la economía misionera con el 9,9% de participación; en 2014, era del 9,1%, por lo cual se ve un fuerte salto (+0,8 puntos) que se explicó por una importante suba entre puntas: esta actividad creció 11,1% entre 2014 y 2024. Algo similar se ve en Transporte y Comunicaciones: pasó de concentrar el 8,7% del total provincial en 2014 al 9,7% en 2024: una suba de 1 punto de participación a raíz de haber crecido en este período un 14,6%. 

El sector de Propiedad de la Vivienda también tuvo un proceso expansivo: pasó del 6,4% del total en 2014 al 7,7% (+1,3 p.p) tras haber incrementado su actividad un 22,7% entre puntas. 

La Administración Pública, por su parte, no sufrió variación en términos de participación: tanto en 2014 como en 2024 explicó el 7,1% de la economía local, aunque en ese período creció 2,0%.

El sector de la Salud, en cambio, tuvo un desempeño fenomenal: pasó del 4,6% al 7,0% luego de haber presentado un crecimiento del 55,9% en la última década, la más alta entre todos los sectores de actividad de Misiones. Parecido es el caso de Electricidad, Gas y Agua: pasó de 5,0% al 7,0% con un crecimiento relativo de su actividad del 43,5%, la segunda más alta. 

Luego se ubica Agricultura, Ganadería, Pesca y Silvicultura, que tuvo una dinámica inversa: pasó de concentrar el 7,4% de la economía local en 2014 a 6,0% y en la última década tuvo una caída del 16,7%, la tercera más fuerte en la provincia.

Restaurantes y Hoteles, por su lado, creció como sector: tuvo una suba del 17,2% en la última década que la llevó a incrementar sus niveles de participación del 2,6% al 3,0%. La Construcción, por su lado, explicó el 3,0% del VAB misionero en 2024, pero en 2014 lo hacía en un 6,8%: esta muy fuerte disminución de su peso fue producto de una baja de la actividad del 54,9% en los últimos diez años, la más fuerte en la provincia. A su vez, la Intermediación Financiera pasó de explicar el 2,1% de la economía misionera al 1,6% en la última década y tuvo una baja del 23,8%, la segunda más fuerte de la provincia.

¿Cómo podemos resumir estos datos? Básicamente, en dos grandes puntos. Por un lado, los servicios van ganando terreno por sobre los sectores tradicionales de la provincia. Si bien el comercio y la industria siguen siendo los pilares de la economía misionera, otros como la enseñanza, la energía, la salud, el transporte, logística y comunicación vienen pisando fuerte y le dan una nueva diversidad a la matriz productiva local. En segundo lugar, queda en evidencia que los ciclos económicos inestables pegan de lleno en sectores específicos que son, a su vez, los más grandes: el comercio por capacidad de consumo, la industria por la necesidad de demanda interna, entre otros. 

En definitiva, la última década deja para Misiones un balance mixto: logró crecer en un contexto nacional claramente adverso y se ubicó entre las provincias con mejor desempeño relativo, pero ese avance fue moderado y estuvo acompañado por cambios profundos en su estructura productiva. La pérdida de peso de la industria y la construcción, junto con el fuerte avance de los servicios muestran una economía que se reconfigura, con mayor diversificación pero también con señales de fragilidad en sus sectores tradicionales. El desafío hacia adelante pasa por transformar esa nueva composición en un motor de crecimiento más sólido y sostenido, fortaleciendo la inversión, recuperando los rubros productivos clave y consolidando una matriz que combine servicios dinámicos con una base industrial capaz de traccionar empleo y valor agregado.

Compartí esta noticia !

Misiones frente a las dos Argentinas: estabilidad macro y crisis real en las provincias

Compartí esta noticia !

Las dos caras de la moneda de la economía argentina se observan y se viven más que nunca. Esta semana, el dólar sostuvo la pax cambiaria, el BCRA siguió comprando dólares, las reservas brutas tocaron un máximo en cuatro años, el riesgo país alcanzó un mínimo en ocho años, de la mano de una suba de los bonos soberanos, y la balanza comercial cerró con un importante superávit. Del otro lado, la actividad económica cayó por segundo mes consecutivo, las ventas en supermercados tuvieron su peor resultado en dos años y el índice de salarios registró su tercera caída al hilo. ¿En qué Argentina vivimos? En la dos, y eso trae una complejidad fenomenal para entender dónde estamos y hacia dónde vamos.

Luego de las elecciones de octubre parecía que todos los problemas de la Argentina se resolvían, o al menos así lo planteaba el oficialismo. Eliminado el “riesgo kuka”, todo volvería a funcionar sobre ruedas. Sin embargo, en términos de actividad económica, en el mes electoral el EMAE mostró una baja del 0,4% mensual. Esa caída podría haberse atribuido a la expectativa electoral, pero en noviembre volvió a retroceder 0,3%, dato conocido días atrás. Es decir, incluso luego de despejar el supuesto ruido político, la economía no se despertó. Más aún, la contracción también se observó en la comparación interanual, evidenciando profundas asimetrías sectoriales: mientras el agro, la minería y las finanzas exhiben expansiones relevantes, la industria, el comercio y la construcción continúan muy rezagados. Estas asimetrías no son solo estadísticas, sino que marcan el rumbo del modelo económico: los tres sectores de mejor desempeño explican apenas el 9% del empleo, mientras que los tres de peor resultado concentran el 45% de los puestos de trabajo.

En un contexto en el que el empleo privado registrado se encuentra en sus niveles más bajos desde 2022, los salarios siguen cayendo. El INDEC informó que en noviembre el salario de los trabajadores registrados del sector privado retrocedió 0,3% mensual, acumulando su tercera baja consecutiva. Entre los trabajadores del sector público, el salario cayó 1,3%, también por tercer mes seguido. Casi como un correlato de esta dinámica, las ventas en supermercados se desplomaron 3,8% mensual en noviembre, la peor caída desde diciembre de 2023, es decir, desde la devaluación.

En otras palabras, pasada la elección, todo continuó empeorando en lo que respecta a los indicadores económicos de impacto social.

Si miramos hacia las provincias, las heterogeneidades también son palpables: por ejemplo, Neuquén atraviesa un proceso de expansión y mejora de muchos indicadores, dado el efecto sobre el territorio que produce el avance de la actividad energética, algo que puede verse en menor nivel también en Río Negro y un poco menos aún en el NOA, producto de la minería; pero en el resto del país la situación es aún crítica.

Los últimos datos de Misiones confirman este diagnóstico. Más allá de los esfuerzos provinciales por sostener niveles de actividad y consumo, la dinámica general empuja a todos los indicadores hacia la baja y configura un escenario de fuerte complejidad, sin elementos claros de mediano plazo que permitan pensar en una recuperación. El consumo mantiene una trayectoria descendente que se profundizó en noviembre, con una caída interanual del 9,8% en las ventas en supermercados y del 5,1% en la comparación mensual, acumulando un retroceso del 27,9% respecto de 2023. El salario del sector privado, aun mostrando cierta recuperación frente a un 2024 que tocó piso, todavía no logra superar los niveles de 2023, situación que se agrava por el achicamiento del mercado laboral: el empleo privado en la provincia se ubica 8,9% por debajo del nivel previo a la asunción de Milei.

En este marco, los principales indicadores muestran deterioros significativos no solo en Misiones, sino en gran parte de las provincias argentinas. En línea con lo señalado anteriormente, salvo algunas pocas economías motorizadas por sectores muy específicos, el resto carece de margen suficiente para salir de un pozo generado de manera directa por los efectos de las políticas nacionales, frente a las cuales las provincias cuentan con herramientas limitadas para revertir el rumbo.

Mientras tanto, el Gobierno avanza en reformas que se presentan como “soluciones definitivas” a los problemas económicos, aunque con escasa evidencia de que efectivamente lo sean o, al menos, con la dificultad de que la solución propuesta no necesariamente es la mejor.

Uno de los argumentos más repetidos en el debate sobre la reforma laboral es el del “costo empresario” y, dentro de este, el costo de contratar. Sin dudas se trata de un problema para la creación de empleo, pero no es el único ni tampoco el central. Según la última Encuesta de Tendencia de Negocios de Supermercados y Autoservicios Mayoristas del INDEC, ante la pregunta sobre los factores que limitan la capacidad para aumentar la actividad comercial, el 56% de los empresarios señaló a la falta de demanda, mientras que solo el 29% mencionó el costo laboral. En la industria manufacturera, el 59% de los empresarios identificó a la falta de demanda como el principal obstáculo para producir, y en la construcción el 30% afirmó que el principal problema del sector es la caída de la actividad económica. Todos los caminos llevan a Roma: es la actividad la que debe recuperarse, pero no al ritmo del EMAE, sino de manera mucho (muchísimo) más homogénea.

Al volver la mirada hacia las provincias surge una pregunta clave: ¿qué capacidad real tienen para impulsar esa recuperación? Más allá de las limitaciones normativas, tampoco cuentan con margen financiero para hacerlo vía inyección de ingresos, simplemente porque no los tienen. De acuerdo con las estimaciones del Presupuesto 2026 sobre transferencias automáticas, ajustadas por la inflación esperada por el mercado y no por el 10% proyectado por el Gobierno, ya de imposible cumplimiento, los fondos a las provincias caerían 3,7%, lo que implicaría una pérdida cercana a los 3 billones de pesos en el conjunto de los subnacionales. En ese escenario, Misiones podría resignar hasta 98 mil millones de pesos.

Pero a eso debe sumarse la posibilidad de una nueva pérdida de fondos en caso de que se apruebe la reforma laboral, debido a los impactos del capítulo fiscal que tiene dicho proyecto. Por la modificación en el impuesto a las Ganancias, Misiones podría perder alrededor de $ 36,4 mil millones; por la eliminación de impuestos internos, otros $ 7,8 mil millones. En total, $ 44,2 mil millones menos. Si bien no todo se aplicaría a 2026, sino que una parte importante recaería en 2027, la proyección de ingresos para la provincia es muy preocupante.

Bienvenido sea el debate sobre la reducción de impuestos, pero con todos los actores dentro de la discusión y no de manera unilateral. La pregunta que se impone es cómo compensar estas caídas de recursos. Existen dos caminos posibles: mayores transferencias no automáticas de la Nación hacia las provincias o una fuerte recuperación de la actividad que derive en una mayor recaudación. El primero aparece prácticamente descartado; el segundo, en el contexto actual, luce extremadamente difícil.

La economía argentina parece transitar un equilibrio frágil, sostenido por indicadores financieros que muestran estabilidad, pero atravesado por una dinámica real que sigue deteriorándose y golpea de lleno sobre el empleo, los salarios y el consumo. Mientras la macro exhibe logros parciales, la micro y los territorios siguen pagando el costo del ajuste. Sin una estrategia clara que priorice la recuperación de la actividad y contemple el impacto federal de las decisiones económicas, la distancia entre las dos Argentinas no solo se mantiene, sino que amenaza con profundizarse.

Compartí esta noticia !

Disciplina fiscal sin recortes: el modelo Misiones en un NEA en rojo

Compartí esta noticia !

En tiempos en los que el equilibrio fiscal está en la agenda central del debate de política económica, Misiones volvió a presentar un resultado que la jerarquiza, principalmente, dentro de la región del NEA. Días atrás, la Dirección Nacional de Asuntos Provinciales (DNAP) dependiente del ministerio de Economía de la Nación publicó las planillas de ejecución presupuestaria de las provincias que corresponden al 3° trimestre 2025, y su análisis dejó un par de cuestiones a analizar. 

En primer lugar, los ingresos evolucionaron de manera muy lenta. A nivel consolidado (es decir, considerando al total de las provincias y a CABA), apenas crecieron 2,7% entre enero y septiembre de 2025 respecto de igual período de 2024. Este débil desempeño se explicó, fundamentalmente, por una performance muy limitada de los ingresos tributarios de origen nacional (principalmente coparticipación), sumada a menores recursos derivados de rentas de la propiedad y a la caída de las regalías, entre otros factores. En contraste, el gasto público provincial consolidado “puso segunda” y aceleró hasta el +11,3%, una expansión cuatro veces superior a la de los ingresos. Como consecuencia, se produjo un marcado deterioro de los resultados fiscales: si bien las provincias lograron sostener de manera conjunta el superávit primario y financiero, estos se redujeron en un 79,2% y 97,6%, respectivamente, frente a los niveles registrados el año anterior.

¿Por qué decimos que Misiones se destacó en este contexto? Principalmente por la gestión de sus propias limitaciones. La provincia fue una de las únicas seis que registró una caída de sus ingresos totales, que en su caso fue del 0,2%. Esta baja respondió, en primer lugar, a una menor recaudación: los ingresos tributarios descendieron 0,8%, traccionados por los de origen provincial, que retrocedieron 4,8%. A ello se sumaron mermas en la recaudación no tributaria: los ingresos por regalías cayeron 14,9% y los provenientes de tasas y otros conceptos lo hicieron en 8,6%. También se registraron menores recursos por rentas de la propiedad (-71,2%) y por transferencias corrientes (-11,5%), al tiempo que disminuyeron los ingresos vinculados a la inversión financiera (-4,4%). Los únicos conceptos que mostraron incrementos fueron las Contribuciones a la Seguridad Social (12,8%) y las Transferencias de Capital (194,4%), aunque en este último caso cabe señalar que representan apenas el 0,1% de los ingresos totales.

La caída de los ingresos obligó, necesariamente, a un rediseño del gasto, que se reflejó con claridad en el período analizado. El gasto total provincial se incrementó apenas 0,5% en términos reales, lo que posicionó a Misiones como la provincia con la menor suba de erogaciones de todo el país. Este resultado, en una mirada superficial, podría dar lugar a lecturas simplistas en clave de “ajuste”, pero un análisis más fino muestra una dinámica diferente.

Los dos componentes más sensibles del gasto escaparon a la tendencia general y exhibieron aumentos significativos: el gasto en personal creció 14,2% y las prestaciones de la seguridad social lo hicieron en 23,2%. De este modo, la contención del gasto no se apoyó en recortes sobre áreas particularmente delicadas como la salarial o la previsional. Además, tampoco se descuidó el impulso al desarrollo: si bien se trata de volúmenes relativamente menores en comparación con otros motores del gasto, las transferencias de capital al sector privado crecieron 91,8% y al sector público 257%. A esto se sumó un aumento del 15,6% en la inversión financiera, destacándose que una porción relevante de este rubro se destinó al otorgamiento de créditos para la producción.

En sentido contrario, los mayores recortes se concentraron en los Servicios no Personales (un rubro usualmente asociado al denominado “gasto político”), que cayeron 3,0%, y en las Transferencias Corrientes, con una baja del 12,6%. El gasto en intereses de la deuda, por su parte, aumentó 42,7% debido a pagos a organismos internacionales y al Gobierno nacional, entre otros conceptos, aunque con la particularidad de que, pese a su crecimiento, la deuda mantiene un peso casi marginal dentro del gasto provincial (apenas 0,3%). En cuanto al gasto de capital, la inversión real directa se redujo 35%, aunque esta caída fue parcialmente compensada por el mayor dinamismo de las transferencias al sector privado y del crédito productivo, tal como se mencionó anteriormente.

Con ingresos cayendo 0,2% interanual y gastos creciendo solo 0,5%, el resultado fiscal de Misiones no se vio comprometido. La provincia registró un superávit primario superior a los 90 mil millones de pesos y un superávit financiero cercano a los 83 mil millones. Medidos como porcentaje de los ingresos totales, estos resultados representaron el 3,4% y el 3,1%, respectivamente. Si bien se trata de registros inferiores a los de 2024 (3,8% y 4,0% en aquel momento), distan de configurar un deterioro significativo, especialmente considerando el comportamiento de los ingresos y del gasto. Por el contrario, reflejan un desempeño sólido que permitió ordenar la gestión presupuestaria y llegar con mayor margen al último tramo del año, que suele ser el más exigente.

Dentro del NEA, Misiones fue la única provincia que cerró el período con resultados fiscales positivos, evidenciándose una brecha marcada respecto del resto de la región. Formosa, por ejemplo, registró la mayor suba de ingresos del NEA (y la tercera más alta del país), con un 6,3%, pero al mismo tiempo exhibió la mayor expansión del gasto de toda la Argentina (+33,4%), lo que derivó en un fuerte desequilibrio y un déficit financiero superior a los 24 mil millones de pesos (1,3% de sus ingresos). Chaco mostró un crecimiento de ingresos del 5,4%, pero expandió su gasto un 10,3% y finalizó el período con un déficit de 162 mil millones de pesos (5,5% de sus ingresos). Corrientes, por su parte, incrementó sus ingresos en 2,5%, pero elevó su gasto en 15,7%, generando un rojo fiscal cercano a los 70 mil millones (3,1% de sus ingresos).

En síntesis, Misiones enfrentó la peor situación en materia de ingresos dentro del NEA (siendo la única provincia con caídas), pero logró alinear el gasto a esa realidad y sostener resultados fiscales positivos. En contraste, Formosa, Chaco y Corrientes desaprovecharon un mayor crecimiento de sus recursos al expandir el gasto con mucha mayor intensidad, dejando sus cuentas públicas en un escenario de alto desequilibrio.

Este escenario refleja que al analizar las cuentas públicas no siempre se trata únicamente de cuánto crecen los ingresos o de cuanto cae el gasto, sino de cómo se administran. Aun partiendo de un escenario adverso en términos de recursos, la provincia logró preservar el equilibrio fiscal sin recortar salarios, jubilaciones ni herramientas de impulso productivo, priorizando una reasignación del gasto antes que un ajuste lineal. En un año marcado por la fragilidad de las finanzas subnacionales, Misiones mostró que la disciplina fiscal no es incompatible con sostener áreas sensibles ni con pensar el desarrollo, sino que depende, fundamentalmente, de decisiones de gestión.

Compartí esta noticia !

Oberá marca el pulso de construcción en la región NEA

Compartí esta noticia !

¿Y si la recuperación viene del interior del interior? A nivel sectorial, la actividad más golpeada en los últimos dos años fue, sin ningún lugar a dudas, la construcción. El freno a la obra pública como decisión política del Gobierno nacional, sumado a cierto parate a nivel provincial por falta de financiamiento, produjo una brusca caída hacia inicios de 2024 que no logró repuntar con claridad hacia el 2025 e incluso, por momentos, se deteriora aún más. A eso, se agrega el hecho de que los costos para la inversión privada se encarecieron notablemente y el crédito, pese a mostrar una expansión general, no llegó siempre a este sector, que aún expresa que ese es uno de los tantos limitantes. 

En el último reporte del Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) que mide el INDEC, las expectativas no son optimistas para el sector. Entre los empresarios que se dedican a obras privadas, sólo el 13% considera que para el primer bimestre del año el sector presentará mejoras, mientras que el 18,5% considera que empeorará y el 68,5% cree que se mantendrá sin cambios. 

Igual de pesimista es el marco para los empresarios que se dedican a la obra pública: el 24% cree que el escenario empeorará y el 54,1% que se mantendrá igual. 

En el contexto actual, la respuesta “se mantendrá igual” equivale a sostener un ritmo de actividad altamente debilitado y en pisos históricos, equivalente a hablar de “la paz del cementerio”. Peor aún, el 20,8% de los proyectos de obra privada anticipa una disminución de personal y apenas el 8,5% lo incrementarían.

Otro dato saliente de esa encuesta del INDEC es la identificación de los principales factores que podrían estimular el crecimiento del sector; es decir, qué hace falta para que se reactive la construcción. Entre los empresarios de la obra privada, las respuestas se centran en tres cuestiones: el 31% expresó que el factor clave es el crecimiento de la actividad económica; el 19% la estabilidad de precios y otro 19% la disponibilidad de crédito. 

También el INDEC preguntó lo mismo, pero a la inversa: ¿Cuáles piensa que son las principales causas que provocarán la caída de la actividad del sector? El 28,3% respondió “la caída de la actividad económica”, el 10% la “falta de crédito” y el 12% los “atrasos en la cadena de pagos”.

Queda claro que el sector está mirando actividad, precios y financiamiento como los factores limitantes para lograr cierta reactivación, siendo así un reflejo casi exacto de lo que sucede en casi toda la economía real del país.

En este escenario, Misiones ha mostrado una fuerte contracción de la construcción en los últimos dos años, sufriendo por encima del promedio nacional los efectos de recortes de obra pública, desfinanciamiento nacional y encarecimiento de costos y del crédito, entre otras cosas. Pero es interesante observar cómo se mueve el sector no solo a nivel provincial, sino haciendo doble click sobre el desempeño puntual de ciertos municipios para intentar analizar desde dónde podría llegar la reactivación deseada. 

Para esto, uno de los insumos disponibles, son los datos respecto a permisos de obra y superficie autorizada a construir que el INDEC suministra mes a mes sobre más de 200 municipios de todo el país; de Misiones, hay relevamiento para 7 de ellos. 

El último dato disponible, que corresponde a octubre, muestra a una ciudad que sobresale por encima del resto: Oberá. En la capital del Monte, los permisos de obra otorgados fueron los más altos del mes en misiones (totalizaron 35) con un crecimiento del 16,7% interanual y del 40% contra el mes anterior. 

El volumen de permisos de octubre es el más alto no solo del año, sino de los últimos 29 meses, pero no se trata de un dato aislado: presenta alzas en los últimos cuatro meses consecutivos y en siete de los diez meses del año registró la mayor cantidad de permisos en la provincia. 

Acumulado – Permisos
Acumulado Permisos
Oberá224
Formosa194
Resistencia163
Posadas147
Goya132
Corrientes101
Pto. Iguazú95
Eldorado88
Clorinda88
Alem82
Apóstoles56
Curuzú Cuatiá47
P. de la Patria38
P. de los Libres35
Puerto Rico27
Bella Vista26
Pero vale ir un poco más allá todavía en la comparación y observar su posición en el NEA: en octubre Oberá fue la ciudad con el segundo mayor volumen de permisos otorgados de toda la región, solo debajo de Resistencia que tuvo un mes excepcionalmente bueno (pero venía mostrando una tendencia decreciente). 

Pero insistimos: lejos de ser un dato aislado, fue una constante en el año. Si tomamos los datos acumulados de enero a octubre, Oberá se erige como el municipio del NEA con el mayor volumen de permisos de construcción otorgados, con un total de 224, ubicándose por encima de todas las capitales de las cuatro provincias que conforman la región, y exhibe un crecimiento acumulado del 23%, también un desempeño relativo muy superior a las grandes urbes del NEA. 

¿Cómo les fue a los otros municipios misioneros relevados? En cantidad de permisos acumulados del año, a Oberá la secunda Posadas con un total de 147. La capital misionera si bien tuvo un buen octubre (+28,6% mensual) todavía sigue muy atrasada en el acumulado anual (-47,9%). En tercer lugar se ubica Puerto Iguazú con 95 permisos en los diez meses del año, mostrando una buena dinámica: en octubre creció 71,4% mensual y en el acumulado del año lleva +25,0%, por lo que este municipio es también un pilar de reactivación para la provincia. Eldorado se ubica más atrás con 88 permisos y exhibiendo también un buen desempeño acumulado (+41,9% interanual). Leandro N. Alem (82 permisos y +3,8% acumulado interanual), Apóstoles (56 permisos y +5,7%) y Puerto Rico (27 permisos y -10,0%) completan el ranking. 

En resumen: de siete municipios, cinco muestran subas acumuladas en el año y solo dos, entre ellos Posadas, presentan bajas. ¿Será que la reactivación viene desde el interior del interior argentino? 

Veamos que ocurre con el segundo indicador: la superficie autorizada a construir; esto es, el tamaño de las obras. En metros cuadrados acumulados, Posadas lidera con amplia comodidad no solo a nivel provincial sino también regional. En la capital misionera, la superficie autorizada en los diez meses del año totaliza 104.563 metros cuadrados; si bien muestra una merma contra el 2024 (-39,8%), su liderazgo en el NEA es indiscutible. 

El municipio que le sigue es Corrientes con 60.127 metros cuadrados autorizados, 42% menos que en Posadas. A su vez, el podio regional se completa con Oberá con 53.175 m2

Hay una diferencia clave entre estos tres municipios: mientras que las dos capitales presentan bajas contra el año anterior, Oberá vuelve a destacarse al mostrar expansión, que llega al 8,3%. 

Acumulado – m2 autorizados
Acumulado m2 autorizados
Posadas104.563
Corrientes60.127
Oberá53.175
Resistencia47.682
Eldorado43.234
Formosa35.926
Pto. Iguazú25.642
Goya21.341
Alem15.956
Clorinda15.152
Curuzú Cuatiá9.798
Puerto Rico9.442
Apóstoles9.120
P. de la Patria8.222
P. de los Libres5.648
Bella Vista5.587

Podemos hacer una tercera mirada, sobre el tamaño promedio de las obras: esto es, cruzar la cantidad de metros cuadrados autorizados con los permisos otorgados para tener un indicador de tamaño promedio de cada obra y dimensionar así el perfil municipal del sector: pueden ser pocas obras de mucha superficie; o muchas obras de poca superficie. En este caso, Posadas muestra el mayor tamaño promedio de obra de todo el NEA, con un promedio de 711 metros cuadrado por obra; Corriente se ubica segunda y otro municipio misionero da la nota al meterse en el podio, pero en este caso no es Oberá: es Eldorado, con 491 metros cuadrados de obra promedio. 

¿Qué podemos llevarnos de todo esto? Como primera reflexión, cabe señalar que en un contexto macroeconómico adverso y con un sector de la construcción que sigue operando en niveles históricamente bajos, existen dinámicas locales que desafían el diagnóstico general. Municipios como Oberá, y en menor medida Puerto Iguazú y Eldorado, muestran que la actividad puede encontrar motores propios cuando confluyen cierta estabilidad local, decisiones de inversión privada de menor escala e incluso acompañamiento estatal mediante tasas bajas y subsidios al crédito y/o a la actividad en sí misma. 

Es cierto que no se trata todavía de una reactivación plena, ni mucho menos homogénea, pero no deben dejarse de lado estas señales concretas que rompen con la idea de parálisis total y permiten pensar que el interior del interior puede funcionar como motor de una recuperación más gradual y dispersa.
Estos brotes verdes son fundamentales, pero todavía frágiles y sobre todo, altamente sensibles a la evolución de la actividad general, al acceso al crédito y a la estabilidad de precios, exactamente los mismos factores que el propio sector identifica como determinantes. Entonces, si bien la recuperación puede venir desde el interior del interior, se necesita todavía un esquema macroeconómico que sostenga, expanda y contagie al resto del territorio.

Compartí esta noticia !

¿Qué margen hay para crecer en 2026?

Compartí esta noticia !

Se fue nomás el 2025, un año que empezó con altas expectativas pero que fue, otra vez, presa de las propias inestabilidades políticas y económicas argentinas. En ese contexto, las provincias han sufrido nuevamente un escenario de caída de recursos, de discrecionalidades centralistas y de falta de apoyo traducido en fondos que condicionaron notablemente las gestiones presupuestarias en el territorio. Pero aún más: también sufrieron consecuencias de cambios normativos, totalmente inconsultos, que agravaron aún más esos problemas y que todo indica que seguirán haciéndolo.

Al cerrar diciembre, pudimos ver cómo fue el desempeño de los fondos nacionales que se reparten automáticamente a las provincias en el año. La performance del año fue pobre y solo estuvo parcialmente salvada por aspectos puntuales y no sostenibles. Veamos el caso Misiones: los recursos por coparticipación terminaron el 2025 con variación 0%; es decir, en pesos constantes, se recibió exactamente lo mismo que en 2024, un año donde había caído 9% contra el 2023. Por ende, estos fondos siguen muy retrasados y se dio lo que se temía: no se logró crecer contra un año que, a priori, debía ser un piso del cual rebotar. Por otro lado, el conjunto de Leyes Especiales, que hacia mitad de año mostraban una buena dinámica, cerraron el 2025 con una variación de apenas +0,2% contra 2024, año donde habían caído 16%. De nuevo: no se logró crecer contra lo que era un piso de reparto. ¿Qué fue lo que salvó el año? La Compensación del Consenso Fiscal, que creció 91,6%. Estos fondos representaron el 4,8% de los envíos automáticos a Misiones en el año, cuando en 2024 representaron el 2,6%.

¿En qué se basó esa suba? Para esto, recordemos que son las transferencias por compensación del Consenso Fiscal. Estos tienen su origen en los acuerdos fiscales firmados entre la Nación y las provincias a partir de 2017, en el marco del Consenso Fiscal, cuyo objetivo fue ordenar la relación tributaria interjurisdiccional y avanzar en la reducción gradual de impuestos distorsivos a nivel provincial. Como contrapartida a la pérdida de recursos que implicaban esos compromisos (principalmente la baja de Ingresos Brutos y Sellos), se establecieron mecanismos de compensación financiados con recursos nacionales, destinados a sostener los ingresos provinciales durante el período de transición.

Con el paso del tiempo, y tras sucesivas adendas y renovaciones de esos acuerdos, la compensación quedó institucionalizada como una transferencia automática y diaria, distribuida según cálculos teóricos administrados por la DNAP. De este modo, los fondos de Compensación del Consenso Fiscal pasaron a formar parte del esquema regular de transferencias automáticas. Pero estos fondos no surgen de la recaudación tributaria (a diferencia de la coparticipación y de las leyes especiales), sino que salen del Tesoro y se distribuyen según un cálculo preestablecido. Por ende, sus subas (o bajas) dependen de esos cálculos.

En sus inicios, estos fondos debían ser actualizados por inflación cada tres meses, pero eso no siempre se cumplió. Ello derivó en reclamos, algunos incluso judicializados, de provincias ante la Nación y quedó etiquetado como “deuda del Estado nacional a provincias”, lo que permitió que muchos distritos hayan compensado mutuamente pasivos incluyendo estos envíos. Pero a la par, este 2025 la Nación aplicó actualizaciones y permitió que crezcan de manera importante, al mismo tiempo que a una determinada cantidad de provincias se les haya transferido una porción significativamente mayor a la establecida justamente como cancelación parcial de deuda acumulada.

Entonces, hay dos cosas a destacar: en primer lugar, bienvenido que la Nación se “ponga al día” en este concepto; pero, en segundo lugar, que esto haya sido el motivo para que las transferencias automáticas hayan terminado con leve alza refleja la débil sostenibilidad de los fondos nacionales. Lo que las provincias necesitan es recomposición real de la coparticipación, que solo se dará por vía de mejora y expansión de la actividad económica.

Con esto en consideración, abrimos alertas para el 2026. La primera: la actividad seguirá mostrando heterogeneidades en su evolución. Esto es: la economía va a seguir creciendo, pero apoyada en sectores de bajo derrame como la minería y la energía. Esto no logrará impulsar el consumo, por ejemplo, y ante ello, el IVA no podrá mostrar una expansión muy significativa, lo que producirá que no haya más fondos para distribuir entre los estados subnacionales. 

Pero además, se suman otros dos problemas de tipo normativo: los cambios que propone el proyecto de Reforma Laboral y que impactan sobre fondos coparticipables. Primero: las alícuotas del impuesto a las Ganancias de empresas se reducirán en las escalas más altas: las que pagan el 30% bajarían a 27% y las que tributan el 35% pasarían a 31,5%. Esto va a impactar en la recaudación general del impuesto y, por ende, en su distribución a las provincias. 

Segundo: eliminación de Impuestos Internos, que también son parte de la masa coparticipable. Esto provocará una pérdida de casi 1,7 billones para las provincias; Misiones, en ese marco, dejaría de percibir unos 57 mil millones de pesos, según las proyecciones existentes.

Si bien las reformas tributarias y el alivio a empresas son necesarias para reactivar la actividad, el Gobierno nacional avanza de manera unilateral sin considerar sus impactos en las cajas provinciales: en caso de darse una pérdida de recursos como la detallada antes, estamos en las puertas de un 2026 donde las provincias van a volver a sufrir por menores ingresos y, por ende, más dificultad para aplicar políticas de desarrollo que colaboran con la expansión de la economía a nivel local.

El grado de desfinanciamiento a los subnacionales es fenomenal: pensemos solo en el caso misionero. En 2025, comparado con 2023, la provincia perdió unos 179 mil millones de pesos de recursos automáticos; además, perdió otros 188 mil millones de pesos por fondos no automáticos. Dicho de otro modo: en este año que acaba de terminar dispuso de 367 mil millones de pesos menos que en el año 2023, el equivalente a casi tres masas salariales mensuales.

Para 2026 ya se arranca con una alerta: la potencial merma de fondos por las reformas antes mencionadas, que pueden sumarse a otras cuando se presente la Reforma Tributaria, que posiblemente también recorte fondos a distribuir entre las provincias. Esto, y sin la garantía de que una eventual mejora de la actividad realmente impacte en las arcas nacionales y, por ende, en las provinciales, equivale a pensar en un nuevo año de pensar más en cómo “sobrevivir” que en desarrollarse y lograr avanzar en los desafíos pendientes.

¿Qué margen hay para crecer entonces? Desde el punto de vista subnacional, poco. Nuevamente, condicionado por una política centralista unilateral cuya única respuesta es “arréglenselas”. Bienvenido 2026, ojalá no seas lo que parece que vas a ser.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin