Alejandro Pegoraro

Director de Consultora Politikon Chaco

Rebotó la inflación en el NEA: fue la más alta de los últimos seis meses

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En marzo de 2025, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) en la región del Nordeste Argentino (NEA) registró un incremento del 3,1%, lo que representa la mayor suba mensual en los últimos seis meses. Si bien esta cifra ubica al NEA como la región con menor inflación del país en el mes, marca una clara aceleración respecto a febrero (+1,2 puntos porcentuales). Así lo revela un informe de la consultora Politikon Chaco, elaborado en base a datos del INDEC.

El alza de precios acumulada en el primer trimestre del año alcanzó el 7,7% en la región, también el registro más bajo a nivel nacional. En términos interanuales, el incremento fue del 50,1%, el menor entre todas las regiones.

Comparación regional

A nivel nacional, la inflación de marzo fue del 3,7%, con una aceleración de 1,3 puntos respecto al mes anterior y por encima de las proyecciones del mercado. Las regiones del NOA (4,3%) y el Gran Buenos Aires (3,9%) lideraron las subas, mientras que el NEA (3,1%) cerró el ranking regional por debajo del promedio nacional. El acumulado trimestral a nivel país fue del 8,6%, destacándose nuevamente el NEA con el incremento más moderado.

En la comparación interanual, la Patagonia exhibió el mayor aumento con un 60,9%, seguida por el NOA (57,9%) y el Gran Buenos Aires (57%). En el otro extremo, el NEA volvió a mostrar el menor incremento, con un 50,1%.

Qué productos impulsaron la inflación en el NEA

En marzo, tres divisiones de consumo en el NEA registraron aumentos por encima del promedio regional:

  • Educación, con un 24,5%, impulsado por el inicio del ciclo lectivo;
  • Alimentos y bebidas no alcohólicas, con un 5,7%, traccionado principalmente por las verduras (19,7%);
  • Restaurantes y hoteles, con una suba del 3,4%.

El resto de las divisiones se ubicó por debajo del nivel general: Bienes y servicios varios (2,9%), Salud (2,9%), Comunicación (1,9%), Vivienda y servicios públicos (1,9%), Recreación y cultura (1,1%), Prendas de vestir y calzado (0,9%), Transporte (0,5%) y Equipamiento del hogar (0,5%). Por su parte, Bebidas alcohólicas y tabaco registró una baja del -0,3%.

Análisis interanual por rubros

En la comparación año a año, Educación fue la división que más aumentó en el NEA, con un alza del 142,3%. Le siguieron Vivienda, agua, electricidad y gas (136,9%) y Comunicación (67,8%). En el otro extremo, las divisiones con menores aumentos interanuales fueron Bienes y servicios varios (36,9%) y Equipamiento del hogar (34,4%).

El precio de los alimentos, en fuerte alza

El rubro de Alimentos y Bebidas no alcohólicas tuvo en marzo su mayor incremento mensual en un año, con una suba del 5,7%, tres puntos por encima del registro de febrero. El mayor aumento dentro de esta categoría lo encabezaron las verduras, tubérculos y legumbres con un 19,7%, afectadas por factores climáticos. Le siguieron carnes y derivados (6,8%) y lácteos y huevos (4,3%). También subieron frutas (3,6%), aceites y grasas (3,0%), panificados (1,6%) y bebidas (1,2%).

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Del rebote al camino: Posadas y la oportunidad de consolidar mejoras

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La publicación que realizó el INDEC esta semana respecto a la incidencia de la pobreza e indigencia, correspondiente al segundo semestre 2024, dejó mucha tela por cortar. Del informe se destaca la muy importante baja que tuvo este indicador no solo respecto al semestre anterior, sino también por ubicarse, en el caso del dato nacional, por debajo incluso de los niveles de finales del 2022. De un lado, se escucharon elogios al programa de gobierno del presidente Milei por haber hecho posible este descenso; del otro, las críticas a la poca representatividad (o incluso, credibilidad) del dato en un marco donde la situación social todavía muestra ciertas debilidades o recuperaciones todavía no alcanzadas. 

Aunque parezca muy difícil, porque de hecho lo es, es absolutamente imprescindible separar el dato técnico de pobreza (que surge de una metodología con consenso internacional) de las percepciones personales e incluso colectivas de las condiciones de vida de las personas. ¿Es posible una baja de la pobreza cuando todavía se verifica en el escenario social altísimas dificultades de las familias de hacer frente a sus gastos elementales? La respuesta es que sí, pero ello nos lleva necesariamente a analizar con mayor profundidad, entender el fenómeno y plantear, incluso, algunos interrogantes más. 

El hecho concreto es que la incidencia de la pobreza pasó del 52,9% al 38,1% en la totalidad de aglomerados urbanos de la Argentina y una buena parte de esa explicación se encuentra en la evolución de los ingresos respecto a las canastas básicas: el promedio nacional muestra que mientras la Canasta Básica Alimentaria creció 22,2% semestral y 163,1% interanual y la Canasta Básica Total lo hizo en 26,7% semestral y 177,9%, el Ingreso Per Cápita Familiar lo hizo en 63,6% semestral y 206,0% interanual y el Ingreso Total de los Hogares se incrementó en 64,5% semestral y 208,9% interanual, con subas mayores en los ingresos de origen laboral que los de origen no laboral. 

Por ende, vemos que hay un alza de ingresos muy superior a la evolución de las canastas. Aquí encontramos dos fenómenos: por un lado, una paulatina recuperación de los ingresos que se dio durante el segundo semestre del año tras haber tocado un piso en los primeros seis meses. Pero además, una mejora en el mercado de trabajo que permitió incorporar (o recuperar) ingresos en un hogar. Aún suponiendo que una persona no tuvo un alza de ingresos suficiente, el hecho de que otro adulto de ese mismo hogar haya podido obtener (o recuperar) un empleo, suma un ingreso más al hogar y ello eleva los niveles de ingresos en el mismo. 

Pero también no hay que dejar de ver la cuestión de la distribución: no es lo mismo un alza de los ingresos totales de los hogares si está concentrado solo en el sector más acomodado que si se distribuye de manera algo más equilibrada entre los diferentes segmentos poblaciones. En ese marco, la brecha promedio del ingreso per cápita familiar entre el decil 10 (los de mayores ingresos) respecto al decil 1 (los de menores ingresos) se achicó de 18 en el cuarto trimestre 2023 al 17 del cuarto trimestre 2024, una baja que parece menor pero que parecía ser significativamente en el contexto. En consecuencia, en ese mismo periodo el Coeficiente de Gini pasó de 0,435 a 0,430, ratificando un proceso de mejora de la distribución en un escenario de crecimiento de los ingresos, lo cual no es para nada irrelevante.

Más allá de que hay una discusión muy válida respecto a ciertas falencias de la medición, principalmente en lo relativo al cálculo de los valores de la Canasta Básica por tener subponderados a gastos hoy muy relevante en un hogar como tarifa de servicios públicos y alquileres, entre otros, hay una situación generalizada de mejora de los indicadores sociales que permiten mostrar este resultado. Pero a su vez, debe tenerse en cuenta algo no menor: en procesos tan volátiles como los que tuvimos durante el 2024, a una suba muy exagerada por fuerte empeoramiento del escenario económico (primer semestre 2024) podría acompañarle una baja muy exagerada ante la mejora y/o estabilización de ese mismo escenario (segundo semestre 2024). Podría decir que ni estábamos tan mal en los primeros seis meses ni tampoco estuvimos tan bien durante el segundo. 

Además, no debe dejarse de lado una cuestión trascendental para entender con mayor precisión este fenómeno: en muchas zonas del país (la mayoría), la población que está muy pegada a la línea de pobreza (ya sea por arriba o por abajo) es muy voluminosa. Por ende, fluctúan sistemáticamente:  con crisis caen rápido por debajo de la línea, con recuperación suben rápidamente. 

En este marco, bien podríamos intentar analizar qué pasó en Posadas, que dejó algunos datos que requieren ciertas reflexiones. La incidencia de la pobreza en el aglomerado misionero fue del 43,4%, por debajo de la media NEA (47,0%) y por encima de la media nacional (38,1%). A su vez, la indigencia se ubicó en 7,7%, también por debajo del NEA (11,6%) pero en este caso también por debajo de la media nacional (8,2%).

¿Cómo varió la pobreza en Posadas? Respecto al semestre anterior, la tasa de pobreza cayó en 12,5 puntos. Esto generó que las personas en condición de pobreza pasen de 217.204 a 169.626: un descenso de 47.578 personas. A su vez, la indigencia cayó en 10,6 puntos y las personas indigentes pasaron de 71.339 a 29.948: una merma de 41.391 en seis meses. En este contexto, cabe señalar una aclaración no siempre difundida y conocida: pobres e indigentes no son dos grupos de personas por separado, sino que parte de un solo grupo. Por ello, hay que distinguir que aquellos que están por debajo de la línea de indigencia se les llama “pobres indigentes” y aquellos que están por encima de la línea de indigencia pero por debajo de la línea de pobreza son “pobres no indigentes”. Esto se menciona en la colocación del detalle anterior respecto a la cantidad de personas que dejaron de ser pobres. Si somos técnicamente rigurosos: los pobres indigentes disminuyeron en 41.391 personas y los pobres no indigentes lo hicieron en -6.187 personas: esto no da un total de 47.578 personas que dejaron de ser pobres, como se informó anteriormente. 

¿A qué se debe esta explicación? Como se observa, la cantidad de personas que dejaron de ser indigentes fue muy superior respecto a los que dejaron de pobres no indigentes, y esto encuentra explicación en la situación de los ingresos: en Posadas, en el segundo semestre respecto al primero, el Ingreso Per Cápita Familiar creció 62,1% y el Ingreso Total Familiar lo hizo en 61,3%, incrementos muy por encima de la variación que tuvieron las canastas básicas correspondientes a la región del NEA: la alimentaria lo hizo en 21,9% y la Total 26,3%. Entonces, como puede observarse, el hecho de que los ingresos hayan crecido más respecto a la canasta de alimentos (que determina niveles de indigencia) y crecido también, aunque en menor nivel, respecto a la canasta de alimentos (que determina niveles de pobreza en sentido amplio), lo que sugiere que los hogares en situación de vulnerabilidad crítica fueron los que más sintieron el impacto positivo de la recuperación de ingresos. En conclusión, el solo movimiento de ingresos vs. canastas explica la mejor contundente que tuvo la pobreza e indigencia en Posadas respecto al semestre anterior. 

Sin embargo, si vemos la comparación interanual, es decir, contra el segundo semestre de 2023, el escenario es distinto. La tasa de pobreza creció 5 puntos interanual: del 38,4% al 43,4%, provocando que haya 21.222 personas que pasaron a estar por debajo de la línea de pobreza. En cambio, la indigencia cayó de 9,6% al 7,7%, una merma de 1,9 puntos que provocó que haya 7.022 que dejaron de ser indigentes. ¿Qué pasa cuando descomponemos la población pobre? Tal como hicimos en el ejercicio semestral, vemos la variación según tipo de pobreza. Como ya lo dijimos, las personas consideradas pobres indigentes cayeron en 7.022, mejorando así esa tasa, pero los pobres no indigentes se incrementaron en 28.244 personas: el saldo de ambos segmentos da como resultado los 21.222 nuevos pobres mencionados antes. 

En esta comparación interanual, ¿qué pasó con los ingresos en Posadas? Se incrementaron en un 166,8%, por encima de la suba de la canasta básica alimentaria regional (160,7%) pero se ubicaron por debajo del incremento de la canasta básica total (175,3%). A simple vista, ya se observa entonces que los hogares más vulnerables pudieron haber tenido una mejora de ingresos tal que les permitió salir de esa condición pero no lograron dar el siguiente salto y por ende siguieron siendo pobres (aunque en este caso ya no indigente). A su vez, las personas que superan el umbral de la indigencia no logran dar el salto sobre la línea de pobreza e incluso algunas personas que estaban muy cerca de esa línea, por encima, pasaron a ubicarse por debajo. 

Entonces, si tomamos a la población más vulnerable de Posadas y la desagregamos en vulnerabilidad crítica (para los pobres indigentes) y vulnerabilidad moderada (para los pobres no indigentes), los críticos tuvieron una mejora mucho más marcada, aunque insuficiente aún en el contexto. 

En síntesis, la mejora en los ingresos y la baja de la indigencia son señales alentadoras, pero también ponen sobre la mesa un desafío estructural: cómo transformar estas recuperaciones de corto plazo en procesos sostenidos que permitan a más personas salir (y mantenerse fuera) de la pobreza. Al mismo tiempo, nos obliga a repensar el rol de la distribución del ingreso: no alcanza con crecer, si ese crecimiento no llega a todos. La verdadera prueba está en construir un piso social que no vuelva a ceder ante la próxima crisis.

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Posadas: la pobreza cayó 12,5 puntos en el último semestre y hay 47 mil pobres menos

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Al segundo semestre del 2024, de acuerdo con la Encuesta Permanente de Hogares del  INDEC, la pobreza en el aglomerado urbano de Posadas alcanzó al 43,4% de las personas, con una reducción de 12,5 puntos porcentuales (p.p) respecto al semestre anterior, aunque hubo un aumento de cinco puntos por encima de igual semestre del año anterior.  

En los últimos seis meses, 47.578 personas dejaron de ser pobres en este aglomerado,  destaca un informe de la consultora Politikon Chaco basado en datos del INDEC. 

Incidencia de la pobreza e indigencia del 2° semestre 2024. En el aglomerado misionero se contabilizaron, al segundo semestre de 2024, unas 169.626 personas en situación de  pobreza que viven en 48.158 hogares. Así, la incidencia de la pobreza llega al 43,4% de las personas y al 33,5% de los hogares. Además, se registraron 29.948 personas en situación de indigencia que viven en 9.181 hogares, por lo que la incidencia de la indigencia alcanzó al 7,7% de las personas y al 6,4% de los hogares. 

Desempeño de las tasas en comparación interanual y semestral. Si se mira la comparación  interanual, la tasa de pobreza en personas del segundo semestre de 2024 se situó 5 puntos por encima de igual período del 2023 cuando fue del 38,4%. Sin embargo, si se realiza una comparación semestral, la tasa de pobreza se redujo en 12,5 puntos contra el primer  semestre de 2024. Por su parte, la tasa de indigencia se redujo en ambos niveles: -1,9 puntos interanual y -10,6 puntos en la comparación semestral.  

Impacto de la evolución de las tasas en la población (valores absolutos). En términos de  población, la evolución observada en Posadas implica que, en los últimos seis meses, unas  47.578 personas dejaron de ser pobres en el aglomerado misionero; aunque aún hay 21.222 más respecto a finales del 2023. 

Por su parte, hubo mejoras respecto a la  indigencia: hay 41.391 menos indigentes respecto al semestre anterior y -7.022 contra el  año anterior.

Evolución de los ingresos posadeños vs. canastas de la región. El informe de INDEC  también mostró como fue la evolución de los ingresos en los aglomerados: en Posadas, el  ingreso medio per cápita familiar creció 62,1% semestral, mientras que, en ese mismo  período, el valor de la canasta básica alimentaria creció en 21,9% y la canasta básica total en 26,3%

Esta mejora en los ingresos produjo la fuerte caída a nivel semestral tanto en la pobreza aunque en mayor medida en la indigencia. A nivel interanual, el ingreso medio per cápita familiar creció en Posadas 166,8% contra 160,7% de la canasta básica alimentaria, lo que explica la caída en la tasa de pobreza; sin embargo, la canasta básica total creció en ese período 175,3%, por encima de la suba de los ingresos del aglomerado, provocando que la tasa de pobreza siga siendo superior a los registros de finales del 2023. 

Posadas y su posicionamiento en el NEA. Comparando el desempeño misionero con el  resto de los aglomerados de las provincias del NEA, Posadas tiene la segunda tasa de  pobreza más baja de la región ubicándose por debajo de Gran Resistencia (60,8%) y de  Formosa (46,2%) pero por encima de Corrientes (36,0%); respecto a la indigencia, aún con la fuerte baja observada, Posadas sostiene la segunda más alta de la región solo por debajo de Gran Resistencia (22,4%). 

En términos de desempeños, la pobreza en Posadas fue la única que se ubicó por encima  de los niveles de finales del 2023 (+5 puntos) mientras que el resto de los aglomerados  mostró bajas en esa comparación: Corrientes -5,0 puntos; Formosa -0,7; y Gran Resistencia  -4,4%. En la comparación semestral, si bien tuvo una reducción fuerte, Posadas tuvo la  menor reducción porcentual en la región: fue de -12,5 puntos cuando en Corrientes fue – 16,3 puntos, en Formosa -21,4 y en Gran Resistencia -15,4.  

En el NEA, las personas en situación de pobreza representaron el 47,0%, y vuelve a ser la región con la mayor pobreza en todo el país. Lo mismo ocurre con la tasa de indigencia: con 11,6%, el NEA es la de mayor tasa en el país.  Posadas y su posicionamiento en el país. En el plano nacional, Posadas exhibe la 8° tasa  de pobreza más alta del país. Dicho ranking, que agrupa a los aglomerados urbanos medidos por el INDEC, está encabezado por el Gran Resistencia (60,8%) y lo cierra CABA  (16,7%). Respecto a la tasa de indigencia, Posadas se ubica 13° en el país.

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¿En qué sector de la economía de Misiones los salarios lograron recuperarse?

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El gobierno nacional, a través del Observatorio de Empleo y Dinámica Empresarial (OEDE) difundió recientemente la base de datos de la evolución de los salarios promedios de los trabajadores del sector privado formal en las provincias. Esta herramienta nos permite, fundamentalmente, ver dos cosas: que dejó el 2024 en el saldo global, y como viene la tendencia para el inicio de este 2025. 

Comencemos con lo primero. El año cerró en Misiones con una baja acumulada del salario promedio del sector privado formal del 5,2%, un resultado esperable dado que el golpe de la primera mitad de año, sumado al arrastre de finales del 2023, nos hacía prever un resultado negativo global. ¿Cómo se llegó a este resultado? Veamos cronológicamente: sobre el final del 2023, la situación era volátil, en parte explicada por la inestabilidad inflacionaria de aquel momento, con predominio de la suba de precios. En noviembre, previo al cambio de gobierno, el salario cayó 3,3% real interanual pero en diciembre, con devaluación en el medio, lo hizo en -18,7%, una de las mayores caídas para un mes de la historia reciente para la provincia, algo que se dio también en el resto del territorio nacional. 

El efecto de la devaluación y su consecuente golpe inflacionario dejó el salario debilitado: a la baja de diciembre se le sumó otra de enorme magnitud en enero 2024 (-14,2%), otra similar en febrero (-13,5%) y la profundidad de recesión en ese primer trimestre dio el golpe de knock out en marzo con una baja del -17,3%. Tener cuatro meses consecutivos con bajas de doble dígito (tres de ellos en el primer trimestre del año) ya permitía avizorar que el año cerraría en caída, por el arrastre estadístico que eso traía. 

Pero se complicó aún más entre abril y mayo con bajas de -13,3% y -10,2%. Es decir, seis meses seguidos de bajas interanuales en términos reales de doble dígito

Sin embargo, allí comenzó el proceso primero de moderación y luego de recuperación: el salario continuó cayendo entre junio y septiembre pero a una velocidad muy menor (de -6,5% de junio a -2,1% en septiembre). En octubre, dejó de caer (0,0%) y comenzó a crecer en noviembre (+1,6%) y diciembre (+20,1%)

La magnitud del crecimiento de diciembre no debe sorprender: se dio, con mayor o menor intensidad, en todas las provincias, a partir del efecto de la base comparativa; es decir, del desplome del mes con el que se lo comparaba. 

Aun con ello, podemos identificar entonces tres períodos claros en el año: fuerte derrumbe entre enero y mayo, caída pero más moderada entre junio y septiembre, y comienzo de recuperación con subas entre octubre y diciembre. Por supuesto, como se dijo antes, la mejora sobre finales de año no pudo contener la fuerte caída de principios de año y, por ello, el salario acumulado cerró el año con bajas. 

Todo esto que recién se detalló corresponde a las variaciones interanuales. ¿Pero qué pasa cuando observamos las variaciones mensuales? Para esto, primero realizamos una desestacionalización de los datos para quitar todo efecto estacional (entre otras, el medio aguinaldo). Aquí comienza lo interesante: en diciembre de 2023, el salario cayó contra el mes previo un 14,3%, en línea con el resultado interanual (producido por el mismo fenómeno devaluatorio). Ya en 2024, el primer trimestre tuvo bajas: -0,5% en enero, -1,5% en febrero y -5,2% en marzo. Estas caídas generaron que en marzo 2024, el salario se ubique 20% por debajo del nivel de noviembre de 2023, es decir, previo al cambio de Gobierno y previo a devaluación. Perder 20% de salario en solo cuatro meses es un golpe casi mortal y así lo vivió la economía provincial.

Afortunadamente, fue marzo justamente donde el salario tocó un piso y, a partir de allí, comenzó a recuperar lento, pero sostenido. En abril tuvo un alza del 1,5% mensual seguida de +6,3% en mayo y 3,7% en junio. Es decir, en tres meses logró ubicarse 12% por encima del piso de marzo, pero todavía no era suficiente para recuperar todo lo perdido porque, aun con ello, seguía estando 11% por debajo de noviembre de 2023. La recuperación siguió: 3,9% en julio, 1,9% en agosto y 1% en septiembre. En ese mes, ya estaba 20% por encima de marzo, pero todavía 5% debajo de noviembre de 2023. Octubre fue el mes de alivio: con una suba del 6,2% mensual, finalmente logró superar los niveles de noviembre del 2023 en un 1,2%. Es decir, para octubre de 2024, el salario misionero logró recuperar todo lo que perdió tras la devaluación

Este proceso se consolidó luego en noviembre con +1,1% y en diciembre, con +0,4%. En el último mes del 2024, entonces el salario misionero ya se ubicaba casi 3% por encima del nivel previo al cambio de gobierno nacional.

Repasemos brevemente: si se miden las comparaciones interanuales, Misiones recién logró tener mejoras del salario en noviembre y la profundizó en diciembre; pero si miramos las comparaciones mensuales (que son clave en los procesos de fuerte caída por devaluación para prever la velocidad eventual de recuperación) Misiones ya comenzó a mostrar mejoras en abril y logró profundizarlas de tal forma que ya para octubre logró recuperar lo perdido por la devaluación y salto inflacionario de finales del 2023. 

Si bien el salario hay está por encima de noviembre 2023, lógicamente queda un camino por recorrer para volver a niveles de período de expansión: el pico del salario misionero se ubica en noviembre de 2017 y actualmente, se está todavía 16% debajo de ese nivel. Por ende, si bien se logró dejar atrás la devaluación y el mileiázo, la búsqueda de recomponer el salario tiene todavía un trayecto largo a recorrer. 

Ahora bien, hemos hablado del salario promedio general provincial, pero ¿qué pasa hacia adentro de los sectores de actividad?

Primero veamos la situación en el análisis acumulado anual. Allí hubo solo tres sectores (sobre un total de 13) que cerraron el 2024 con crecimiento: el más fuerte se vio en Hotelería y Restaurantes (+4,0%), un sector que tras un caer de manera sostenida entre enero y agosto (y en doble dígito entre enero y abril), comenzó un proceso de recuperación muy fuerte ya desde septiembre y aceleró la suba luego: en los últimos cuatro meses del año, este sector tuvo una suba promedio mensual del 30% interanual real

En segundo lugar se ubicó el sector de Finanzas (+3,0% en el año), sector que tuvo caídas menores al promedio en el primer tramo del año y ya había comenzado a recuperar desde agosto.

Cierra el sector de Electricidad, Gas y Agua con +2,2%, explicado también por descensos relativamente leves en el peor tramo del año y recuperación sostenida desde agosto. 

Los diez sectores restantes tuvieron bajas a diferentes ritmos: por ejemplo, el salario del Agro cayó 5,7% acumulado anual, la Industria -1,8% y el Comercio -2,8%; pero también está el caso de la Enseñanza (-19,9%), la Construcción (-14,4%) y la Explotación de Minas y Canteras (-24,1%) por citar los extremos. 

En este contexto, y tal como ya lo hicimos para el total general provincial, cabe preguntarnos si, a pesar de la previsible caída acumulada en el año, estos sectores ya lograron, o no, recuperar niveles de noviembre de 2023. 

De los trece sectores relevados, diez lograron recomponerse. El Agro, gracias a crecimientos mensuales sostenidos entre julio y noviembre 2024, se ubica ya 4,4% por encima del nivel previo a la devaluación; la Minería está +2,4%, la Industria Manufacturera +10,1% gracias al crecimiento mensual que tuvo en siete de los últimos nueve meses del año pasado; Electricidad, Gas y Agua está +13,3%; el Comercio +0,7% con alzas leves pero sostenidas desde mayo. 

Hotelería y Restaurantes, además de crecer en el acumulado anual, ya está 32,1% por encima de noviembre de 2023, entre otros. 

Los sectores que, por el contrario, no logran todavía recuperar lo perdido por devaluación, son la Construcción (-5,1%, pese a haber tenido un muy buen último trimestre), los servicios de Transporte, Almacenamiento y Comunicaciones (-6,9%) y Enseñanza (-4,8%). 

Con esto en consideración, se presupone que el salario misionero continúe con un proceso de expansión considerable, traccionado por la mejora en los niveles de actividad económica como también por cierto arrastre estadístico que dejó el 2024. Es cierto que todavía falta muchísimo para que hablemos de niveles de salarios altos (recordar que se está todavía 15% por debajo del pico de 2017) pero el hecho de haber podido dejar atrás los efectos de la devaluación y salto inflacionario de finales de 2023 e inicios de 2024 allana el camino para que el salario transite un sendero alcista de importante magnitud.

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Los desafíos que tiene Misiones en el mercado de trabajo para el 2025

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Días atrás, el INDEC difundió los datos del mercado de trabajo correspondientes al cuarto trimestre del 2024, que no solo dejaron un panorama claro de lo que fue el año, sino que también permiten identificar los desafíos que se presentarán durante este 2025.

A nivel nacional, se observó que, aun con una feroz recesión, el mercado laboral se ajustó más por precio (salarios) que por cantidad (empleo). Esto se evidencia al comparar los datos de punta a punta (último trimestre de 2024 vs. igual período de 2023): la tasa de empleo descendió levemente, de 45,8% a 45,7%, mientras que la desocupación creció de 5,7% a 6,4%, aunque en niveles menores a los que se proyectaban inicialmente. Es clave entender que durante 2024 hubo dos períodos bien diferenciados: un primer semestre de fuerte recesión y caída de la actividad, con impacto en el empleo (desocupación del 7,7% en el primer trimestre y 7,6% en el segundo, con el empleo por debajo del 45%), y una segunda mitad del año con signos de recuperación, donde la desocupación cayó por debajo del 7% y la tasa de empleo volvió a ubicarse por encima del 45%.

Cuando decimos que el mercado de trabajo ajustó más por precio que por cantidad, lo fundamentamos al observar la presión sobre el mercado laboral: subió del 27,4% al 29,4%. Esto indica que hay más personas buscando mejorar su situación laboral, lo cual está directamente relacionado con los ingresos. Aunque estos mostraron una leve recuperación en el segundo semestre del año pasado, lo hicieron de manera muy desigual y a un ritmo menor.

En este contexto, algo similar se observó en el caso de Posadas. El aglomerado misionero ratificó su liderazgo regional, presentando las tasas de actividad y empleo más altas del NEA, una tendencia sostenida al menos en los últimos ocho años. Posadas tiene una fortaleza estructural basada en dos factores clave: una estructura poblacional que favorece la participación en el mercado laboral y una mayor diversificación de actividades económicas en comparación con otros centros urbanos de la región.

Sin embargo, a pesar de estas fortalezas, los datos de Posadas encendieron algunas alertas que, si bien no fueron sorpresivas, tampoco pueden ser ignoradas. Al analizar la evolución de las tasas laborales, se observa un patrón similar al nacional: niveles inferiores a los de 2023, pero mejores respecto al trimestre anterior, confirmando la recuperación iniciada en el segundo tramo del 2024.

Veamos los datos: la tasa de actividad pasó del 48,3% a fines del 2023 al 46,9% al cierre del 2024, lo que representa una caída de 1,4 puntos porcentuales, equivalente a cuatro mil personas activas menos. La tasa de empleo se redujo de 46,6% a 44,8%, con cinco mil ocupados menos. La tasa de desocupación aumentó de 3,5% a 4,5%, es decir, mil desocupados más.

A nivel trimestral, la situación mejoró: la tasa de actividad subió del 45,9% al 46,9% (cuatro mil nuevos activos), la de empleo pasó del 44,3% al 44,8% (dos mil nuevos ocupados) y la desocupación también creció del 3,4% al 4,5% (dos mil nuevos desocupados).

¿Qué ocurrió particularmente en este último trimestre? La mejora de las condiciones generales provocó que personas inactivas se volvieran activas para ingresar al mercado laboral. De esas cuatro mil nuevas personas, dos mil consiguieron empleo (por eso creció la tasa de empleo) y las otras dos mil siguen en búsqueda (por eso también aumentó la desocupación).

Considerando los distintos escenarios que atravesó la economía nacional durante el 2024, podemos ser optimistas de cara al futuro. Lo verdaderamente importante es que el empleo se reactive lo suficiente como para generar incentivos a la búsqueda laboral. Si la sociedad percibe que es muy difícil acceder al mercado laboral, se incrementa la inactividad. En cambio, si se perciben mejores oportunidades, crece la población activa. Si esta nueva demanda de empleo es absorbida, aunque sea en parte, crecerá la tasa de empleo. Y aunque esto pueda elevar también la desocupación (por más personas buscando), refleja un mercado en movimiento, no necesariamente en deterioro.

Este punto es clave para comprender la dinámica del mercado laboral. Analizar la tasa de desocupación de forma aislada, como se hace frecuentemente con fines mediáticos o políticos, es un error que lleva a interpretaciones erróneas. Para ilustrar esto, comparemos rápidamente los datos de Posadas con los de Corrientes.

Como vimos, en Posadas crecieron la actividad, el empleo y la desocupación por la dinámica explicada. En Corrientes, en cambio, la desocupación cayó del 3,7% al 1,9% entre el tercer y cuarto trimestre. A primera vista, podría parecer una mejora, pero al mirar más de cerca, esa caída estuvo acompañada por una disminución tanto en la actividad como en el empleo.

Veámoslo en números absolutos: la población activa en Corrientes cayó en 4 mil personas, mientras que en Posadas creció en la misma cantidad. En Corrientes, se registró una baja de 1 mil ocupados y de 3 mil desocupados. En el primer caso, por pérdida de empleo; en el segundo, muy probablemente por desincentivo a seguir buscando trabajo. En Posadas, de los cuatro mil nuevos activos, dos mil encontraron empleo y dos mil siguen buscando.

En conclusión, la suba de la desocupación en Posadas respondió a una mayor participación en el mercado laboral, mientras que la baja en Corrientes se debió a un incremento de la inactividad. Desde esta perspectiva, Posadas se ubica en una posición más favorable para el 2025, ya que la mayor actividad indica que el mercado laboral comenzó a reactivarse, a diferencia del estancamiento que se observa en Corrientes.

Aunque el análisis de las tasas de actividad, empleo y desocupación es fundamental, no debemos dejar de lado otros indicadores igualmente relevantes, especialmente para interpretar lo que dejó el 2024 y anticipar hacia dónde vamos este año.

Uno de esos indicadores es la tasa de Ocupados demandantes de empleo, es decir, personas que, aun teniendo trabajo, buscan otro. Este indicador revela insatisfacción o precariedad, en general vinculada a ingresos bajos, inestabilidad o malas condiciones laborales. En Posadas, esta tasa fue del 10,4% en el cuarto trimestre del 2024, superior al 8,2% registrado al cierre de 2023, pero inferior al 14,2% del segundo trimestre del mismo año (el más crítico). Esta evolución sugiere que, si bien todavía hay muchas personas buscando un empleo mejor, esa necesidad se fue moderando, lo cual indica una mejora respecto del peor momento del año.

Otro dato clave es la subocupación, que muestra cuántas personas trabajan menos horas de las deseadas y están disponibles para ampliar su jornada. En Posadas, esta tasa fue del 9,4% al cierre del 2024, levemente por encima del 9,0% del 2023, pero con una fuerte baja desde el 15,1% del segundo trimestre, pasando por el 12,8% del tercero. Esto indica que mejoraron las condiciones laborales generales.

Más relevante aún es la subocupación demandante, es decir, aquellas personas que trabajan pocas horas pero desean y necesitan trabajar más. Esta tasa pasó del 11,6% en el segundo trimestre, al 10,5% en el tercero, y al 8,6% en el cuarto. Esta caída refleja una mejora en los ingresos o condiciones, y muestra que el mercado comienza a responder mejor a la demanda.

Para cerrar, debemos mirar un último indicador clave: la presión sobre el mercado de trabajo, que mide cuánta gente busca empleo o desea cambiar sus condiciones laborales. Este indicador alcanzó el 35,7% en el segundo trimestre del 2024 y descendió al 24,0% en el cuarto trimestre, lo que puede interpretarse como una mejora significativa en el clima laboral.

Así, el 2025 se presenta con el desafío de consolidar aumentos sostenidos en los niveles de actividad y empleo, mientras se busca reducir la desocupación. Para lograrlo, será clave ampliar la oferta laboral, de modo que pueda absorber tanto a quienes hoy buscan empleo como a quienes comiencen a hacerlo. Además, si los ingresos continúan mejorando, eso repercutirá positivamente en las condiciones laborales y ayudará a reducir la presión sobre el mercado, tanto entre ocupados como subocupados.

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