Alejandro Pegoraro

Director de Consultora Politikon Chaco

Presupuesto con previsión, pero sin respaldo nacional

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Misiones ya tiene presupuesto para el año 2026 y vuelve a ser, una vez más, la primera provincia del país en contar con el instrumento económico más importante para una administración provincial. En resumidas cuentas, este presupuesto contempla erogaciones por más de cuatro billones de pesos, un incremento del 25% anual y una fuerte priorización de los servicios sociales, que concentran el 70% del gasto.

Con esto, Misiones ya dispone de un marco general para llevar adelante sus prioridades de gestión en el próximo año, aunque vuelve a estar presente la necesidad del acompañamiento nacional para el financiamiento de programas claves a desarrollar en los territorios. No cabe duda de que, a la luz de los antecedentes, el equipo económico provincial descuenta que no habrá grandes cambios en la relación Nación–Provincias, caracterizada en estos casi dos años de gestión libertaria como, lisa y llanamente, un abandono hacia los subnacionales. Los datos lo confirman: hace apenas unos días se conocieron los números relativos a las transferencias nacionales extracoparticipables (las no automáticas), que vuelven a demostrar que Misiones es, y por lejos, la provincia más perjudicada en el reparto de estos fondos. Vayamos a las cifras.

En septiembre, Misiones recibió el mayor monto en lo que va del año: fueron $5.939 millones, explicados principalmente por un ATN de $4.000 millones otorgado a partir de un pedido formal de la provincia, producto de la emergencia hídrica. A priori, fue una buena noticia que la gestión nacional haya tenido la consideración de habilitar esos recursos, que representan un impacto significativo (aunque menor a lo que sostienen algunos críticos) para las arcas provinciales. Sin embargo, incluso con un “buen septiembre”, el 2025 sigue mostrando un resultado altamente preocupante para este concepto en Misiones: en lo que va del año captó apenas $14.483 millones por esta vía, lo que equivale a una caída del -38,6% frente al mismo período de 2024, que ya había sido malo (en ese momento la merma fue de -80,8% contra 2023). Es decir: en 2024 se llegó a un piso; en 2025, al primer subsuelo. Y el problema es que todavía queda un segundo subsuelo.

Para poner en perspectiva esta baja de aportes nacionales no automáticos: apenas seis provincias en todo el país presentan caídas interanuales en 2025 y Misiones es una de ellas; pero peor aún, la reducción en la tierra colorada es la más fuerte de esas seis. Esto implica, a precios actuales, una pérdida estimada de casi $10.000 millones para la provincia.

Si la comparación se hace contra 2023, la situación es todavía más crítica: la baja alcanza el 88,2%, la quinta más alta del país, lo que significa que, de nuevo a valores actuales, Misiones dejó de percibir unos $115.464 millones respecto de aquel año.

A esto debe sumarse, necesariamente, otra muy mala noticia proveniente del frente de los recursos nacionales automáticos: en septiembre tuvieron un mes para el olvido y cayeron 10,0% real interanual, lo que generó para la provincia una pérdida de unos $18.000 millones sólo en ese mes. Sobre este punto conviene resaltar algo importante que no fue demasiado difundido en los últimos días: una de las principales razones de esta baja se encuentra en el impuesto a los Bienes Personales, que se desplomó un 92%. ¿La causa? En 2024 se aplicó el Régimen Especial de Ingreso del Impuesto sobre los Bienes Personales, creado por la Ley 27.743 de “Medidas Fiscales Paliativas y Relevantes”, que permitió a personas humanas y sucesiones indivisas cancelar de manera anticipada y con carácter liberatorio el tributo correspondiente a los períodos fiscales 2023 a 2027 inclusive.

El esquema consistió en un pago único de un monto determinado en función de los bienes declarados al 31 de diciembre de 2023, aplicando alícuotas reducidas respecto de las vigentes en el régimen general y eliminando el diferencial sobre activos en el exterior. La adhesión otorgó beneficios relevantes a los contribuyentes y, al mismo tiempo, representó una inyección inmediata de recursos al Tesoro, concentrada en septiembre de 2024 cuando ingresó el 75% de la recaudación prevista. Pero, en paralelo, esto implicó un efecto contractivo en la recaudación futura, ya que los contribuyentes adheridos quedaron liberados de ingresar el impuesto durante cinco ejercicios. En otras palabras, el Estado dejó de percibir lo que hubiera recaudado de manera corriente, generando un bache en los ingresos tributarios y condicionando la disponibilidad de recursos. En resumen: se “sobrerecaudó” en el presente a costa de menores recursos en el futuro.

Volviendo al plano provincial, este esquema modificó la estructura de recaudación y redujo de manera considerable la base imponible de los años siguientes, lo que repercutió en menores fondos para las provincias. Fue una medida del gobierno nacional en pos de cumplir su promesa de campaña de bajar impuestos, pero aplicada de una manera que produjo una merma muy fuerte para los subnacionales, en un contexto donde los demás tributos coparticipables vienen mostrando desempeños altamente débiles. Cuando analizamos la baja de la coparticipación u otros mecanismos automáticos, solemos atribuirla al estancamiento de la actividad económica, lo cual es cierto, pero no podemos obviar que también hubo decisiones de política fiscal nacional que impactaron directamente en la recaudación futura, buscando sobrerrecaudar en un momento puntual.

Este tipo de medidas, en el marco de la relación Nación–Provincias, deben ser necesariamente dialogadas y debatidas en un contexto federal: bienvenida la baja de impuestos, pero no a costa de cualquier cosa, como el financiamiento de los subnacionales que sostienen los servicios más esenciales de la sociedad. En la misma línea, recordemos que los fondos provinciales también se vieron afectados por otra medida nacional adoptada en esta gestión: la eliminación de la suspensión de la exención de los certificados de exclusión de la percepción en la Aduana, que redujo la recaudación de IVA. De nuevo: bienvenidas estas medidas, pero con coordinación.

En conclusión, es muy saludable que Misiones cuente, una vez más, con un presupuesto aprobado con tiempo para planificar mejor su ejecución, pero al mismo tiempo ningún presupuesto está blindado frente a decisiones que dependen del poder central y que pueden alterar las proyecciones. La denominada Mesa Federal que lanzó el gobierno nacional debe constituirse, en este contexto, no en una herramienta meramente coyuntural o electoral, sino en un instrumento permanente que permita avanzar de manera coordinada con las reformas, evitando que el peso recaiga desproporcionadamente sobre las provincias.

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Entre canastas: por qué baja la pobreza en los números pero no en la percepción

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Cada vez que se conoce el dato de pobreza en la Argentina se genera una fuerte polémica, sin importar cuál sea el resultado. Cuando la pobreza sube, se lo atribuye a una consecuencia “inevitable” de la coyuntura económica; cuando baja, se pone en duda la validez de la medición y se la califica como “no representativa”. 

Esto último volvió a ocurrir esta semana, tras conocerse que el INDEC informó una tasa de pobreza del 31,6% en el primer semestre del año. El debate sobre la “representatividad” del dato es legítimo y tiene múltiples aristas, aunque no hay margen para dudar de que el organismo aplica con rigurosidad la metodología vigente. 

La pregunta entonces no es si el dato está mal calculado, sino dónde podría residir el problema de sobrerrepresentación. La respuesta más clara está en la metodología misma.

La pobreza en Argentina se mide a partir de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), que releva información sobre ingresos en los principales aglomerados urbanos. El método compara los ingresos de los hogares con el valor de dos canastas de referencia: la Canasta Básica Alimentaria (CBA), que define la línea de indigencia, y la Canasta Básica Total (CBT), que agrega a la anterior los bienes y servicios no alimentarios considerados esenciales, como vivienda, transporte, salud, educación y vestimenta. En cada región se calculan los valores de las canastas a partir de la estructura de gastos de los hogares y la evolución de los precios. La CBA se valúa con una canasta específica de alimentos y se ajusta según los precios del IPC, mientras que la CBT se calcula mediante el coeficiente de Engel, que surge de la proporción entre gasto en alimentos y gasto total. 

El inconveniente es que este coeficiente proviene de encuestas de gasto de los hogares realizadas hace muchos años, lo que provoca que rubros hoy centrales (alquileres, servicios públicos, transporte, comunicaciones o servicios digitales) estén subrepresentados, con el riesgo de que la canasta total quede “chica”. Esta es una de las principales críticas al método vigente, ya que la estimación de la CBT puede no reflejar de manera adecuada la estructura de gasto contemporánea. 

A ello se suma la insuficiente actualización de la canasta utilizada para medir el IPC, lo que genera que productos y servicios actualmente relevantes tengan un peso muy bajo o no figuren en la medición oficial.

Existen además otros factores que inciden en la lectura de los datos. Los cambios abruptos en precios relativos, propios de una economía con alta inflación, alteran los hábitos de consumo y pueden distorsionar los cálculos. A esto se suman modificaciones en la captación de ingresos en la EPH, que si bien mejoran la calidad del registro, pueden alterar la comparación histórica: un mejor relevamiento de ingresos reduce la pobreza medida, aunque ello no necesariamente signifique un aumento real en el poder adquisitivo de los hogares.

Un punto central en este debate es que el concepto de pobreza utilizado en Argentina es estrictamente monetario. La línea que divide a pobres y no pobres se traza únicamente con base a ingresos, sin incorporar dimensiones adicionales vinculadas al acceso a servicios, vivienda, educación o calidad del empleo. Este enfoque tiende a chocar con la percepción social: gran parte de la población se siente más empobrecida de lo que reflejan los datos oficiales

No se trata de que el INDEC “mienta” o “dibuje” cifras, sino de que la metodología vigente captura de manera incompleta un fenómeno complejo y volátil como la pobreza en la Argentina.

Pero ahondemos un poco más en los datos principales para Posadas. En el período de referencia, la pobreza fue del 38,1%: contra igual semestre del 2024, cayó en 17,8 puntos porcentuales; contra el semestre anterior (es decir, el segundo del 2024) la disminución fue de 5,3 puntos; además, logró posicionarse también por debajo de los niveles del segundo semestre 2023 (38,4%) y volvió a iguales niveles que el primer semestre 2020 (también 38,1%). 

Contra igual período del 2024, la reducción de la pobreza alcanzó a unas 67.656 personas, mientras que unas 20.078 personas dejaron de ser pobres en los últimos seis meses en el aglomerado misionero. ¿Cómo se logró esto? Veamos punto por punto. Las Canastas Básicas para el NEA se movieron relativamente en línea con el IPC, aunque con una velocidad algo menor: a nivel interanual, la CBA creció 38,0%, la CBT 42% pero e IPC “solo” 37,1%. A nivel semestral, los precios crecieron al 13,2%, la CBA creció levemente por encima (13,3%) pero la CBT lo hizo en 12,4%. ¿Qué nos muestra esto? Que los valores de las canastas básicas (indicativos de las líneas de pobreza e indigencia) crecieron menos que la inflación. Esto es clave para entender algunos aspectos como “si el salario cae en términos reales, como puede ser que baje pobreza”, aunque volveremos con ello luego. 

Ya detallamos que, en el NEA, la CBA creció 38,0% interanual y 13,3% semestral mientras que la CBT lo hizo en 42% interanual y 12,4% semestral. En ese marco, ¿Cómo se movieron los ingresos en Posadas? Todos los indicadores de este tipo crecieron por encima de la variación de la CBT: la suma del ingreso familiar (es decir, la suma de todos los ingresos que haya en un hogar incluyendo laborales y no laborales) creció 108,0% interanual y 28,9% semestral; los ingresos laborales crecieron mas que los no laborables (para el interanual, +119,2% y 81,9% respectivamente; para el semestral +31,7% y +21,8%); en esta línea, la media del Ingreso Per Cápita Familiar creció 105,7% interanual y +26,9% semestral, al tiempo que la media del ingreso por adulto equivalente tuvo variaciones de 106,1% interanual y 27,5% semestral. 

Hasta aquí vimos cómo, en términos relativos, los ingresos en Posadas crecieron por encima de las canastas regionales. ¿Qué se observa en valores absolutos? Posadas tiene el ingreso por adulto equivalente más alto del NEA con $ 518.412, cuando en Corrientes es de $ 456.110; en Formosa de $ 453.137; y en Gran Resistencia por $ 394.022. En ese marco, la Canasta Básica Total promedio del NEA para un adulto equivalente fue de $ 293.567. Esto nos dice que el ingreso medio por adulto equivalente de Posadas le permitió adquirir 1,42 CBT, por encima de 1,25 de Corrientes y 1,26 de Formosa. Sin embargo, esos dos aglomerados mostraron niveles de pobreza inferior al misionero, por lo cual entra en juego, entonces, la distribución de esa media. 

¿La mejora de los ingresos de Posadas vino de la mano del empleo? Según el INDEC, no necesariamente. El mismo informe del organismo dice que la tasa de empleo cayó 3,1 puntos semestral y -5,5 interanual, por lo que la mejora de los ingresos laborales principalmente se pudo haber dado por recomposición de sectores, pero no por mayor apertura del mercado de trabajo que tomó el camino inverso. Pero aun con ello, la mayor parte del sector privado formal, por caso, ha tenido un retroceso salarial durante buena parte del primer semestre del año.

¿Cómo entender, entonces, la aparente contradicción entre caída del empleo, retroceso salarial en segmentos formales y, a la vez, una fuerte baja de la pobreza? La respuesta está en la propia dinámica metodológica. La pobreza se mide en función de si los ingresos superan o no el valor de las canastas.

Durante el período analizado, los ingresos familiares en Posadas crecieron muy por encima de la CBT, lo que permitió a una parte importante de los hogares ubicarse por encima de la línea de pobreza, aun con un mercado laboral debilitado, aunque ello no necesariamente implica una mejora en la calidad de vida. En el mejor de los casos, podría “estabilizarse” una condición, pero no necesariamente mejorarla. 
El dato de pobreza se cruza con otros, además, como el nivel de morosidad récord de hogares. Al final del día, entonces, la cuestión se reduce en que el INDEC toma el ingreso total respecto a una canasta subrepresentada, pero no se considera lo que se llama el “ingreso disponible” que es, al final del día, el que le da calidad de vida a la gente.

Si mis ingresos crecen por encima de inflación, pero mis costos fijos crecen por encima de ello incluso con conceptos no representados (o mínimamente representados) en la canasta (como alquileres que sí se considera pero con alta subponderación; o como cuotas de créditos personales, por ejemplo) entonces no seré estadísticamente pobre, pero vivo mi vida en condición de pobre.

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Más trabajo pero más tensiones: las dos caras del mercado laboral en Posadas

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El empleo está en el centro de la discusión pública, dado los fuertes impactos que la política nacional ha tenido sobre el mercado laboral, provocando un deterioro significativo al inicio de la gestión y volatilidades posteriores, sin que exista, a nivel nacional, una recuperación sostenible que permita vislumbrar un horizonte optimista a mediano plazo. En diferentes encuestas de opinión pública, la problemática del empleo pasó a liderar como la más mencionada por los argentinos, superando a otras preocupaciones que en los últimos años habían predominado, como la inflación.

Naturalmente, una política económica centrada en la cuestión macro y el frente financiero, con escasa o nula atención a la economía real, genera, entre otras consecuencias, altas tasas de desocupación, como ya se ha visto en otros momentos de la historia reciente argentina. Esto, sumado a problemas estructurales vinculados al mundo del trabajo, provoca no solo el achicamiento del mercado laboral, sino también su cierre: hay menos personas que pueden volver a ingresar.

A nivel nacional, según informó INDEC el pasado jueves, la tasa de desocupación del segundo trimestre se ubicó en 7,6%. Si bien es levemente inferior al trimestre anterior (7,9%), sigue ampliamente por encima del 7%, sin poder regresar a los niveles previos a la gestión actual (entre 5% y 6%). La tasa de empleo nacional mostró un leve aumento frente al trimestre anterior (de 44,4% a 44,5%), pero resulta insuficiente. Además, se destacan dos datos importantes: la informalidad pasó del 42,0% al 43,2% en los últimos tres meses y la presión sobre el mercado laboral aumentó del 29,7% al 30,5%. Este indicador mide el porcentaje de la población económicamente activa que enfrenta dificultades para acceder a un empleo adecuado, ya sea por desempleo, subocupación o necesidad de mejorar sus condiciones laborales. Refleja, por ende, la tensión real del mercado laboral, ya que incluye no sólo a quienes buscan empleo, sino también a los que buscan un segundo trabajo o desean cambiar de puesto.

Desglosemos ahora la situación de Posadas. En términos generales, el aglomerado misionero presentó buenos resultados. La tasa de actividad creció un punto porcentual respecto al trimestre anterior (de 45,1% a 46,1%), incorporando cuatro mil nuevos activos. La tasa de empleo tuvo una dinámica más acelerada, aumentando 1,7 puntos (de 42,4% a 44,1%), lo que permitió la creación de siete mil nuevos puestos de trabajo. En este contexto, la tasa de desocupación cayó 1,7 puntos (de 6,0% a 4,3%), lo que derivó en tres mil desocupados menos respecto al trimestre previo.

Esto demuestra que la baja de la desocupación fue genuina: de los siete mil nuevos ocupados, cuatro mil corresponden a los nuevos activos y tres mil a personas que dejaron la condición de desocupadas. Es decir, la mejora en la actividad y la reducción de la desocupación fueron absorbidas por el empleo, lo que es importante destacar, ya que en muchas ocasiones la baja de la desocupación se presenta como un indicador positivo, aunque esté explicada por una caída de la actividad y no por generación de empleo. En Posadas, la comparación trimestral muestra un comportamiento genuino de mejora en los indicadores del mercado laboral.

Sin embargo, los problemas persisten. Comparando trimestres iguales (segundo trimestre 2025 vs. segundo trimestre 2024), la situación sigue siendo débil: la tasa de actividad está 1,3 puntos por debajo, la tasa de empleo -0,4 puntos, y la desocupación disminuyó, pero motivada por la caída de la actividad. Es decir, mientras que a nivel trimestral Posadas redujo la desocupación gracias al aumento del empleo, a nivel interanual esta baja se explica por desocupados que pasaron a ser inactivos y no por la creación de empleo.

En resumen, Posadas dio un gran paso en los últimos tres meses, pero aún necesita mayor impulso para recuperar niveles de años anteriores. Aun así, se lograron hitos importantes: Posadas no sólo consolidó, sino que amplió su liderazgo en el NEA. En la tasa de actividad, registró el mayor nivel de la región y el incremento más alto frente al trimestre anterior (1,0 puntos, frente a 0,5 de Formosa, 0,4 de Gran Resistencia y -0,7 de Corrientes). En la tasa de empleo, nuevamente lidera la región: es el único aglomerado con más del 40% y el que más creció (+1,7 p.p., frente a +0,3 en Formosa, -0,3 en Gran Resistencia y -1,6 en Corrientes). La desocupación, además, es la más baja de la región y la única que disminuyó en el último trimestre (-1,7 p.p., frente a +1,4 en Gran Resistencia, +0,6 en Formosa y +2,2 en Corrientes).

La comparación con Corrientes es especialmente relevante por las marcadas diferencias: Posadas supera a Corrientes en tasa de actividad (46,1% vs. 40,8%), empleo (44,1% vs. 38,0%) y presenta menor desocupación (4,3% vs. 6,7%). En términos de variación trimestral, las diferencias son aún mayores. La baja performance de Corrientes incluso hizo que su tasa de empleo quedara por debajo de la de Formosa (38,0% vs. 38,2%), un hecho que solo se había registrado una vez en los últimos 37 trimestres.

A nivel nacional, Posadas también se destaca: mostró el sexto mayor crecimiento en la tasa de actividad (y el mayor entre las provincias del norte grande), el séptimo mayor aumento en la tasa de empleo (segundo en el norte grande) y fue el séptimo aglomerado con mayor reducción de la desocupación (segundo en el norte).

Ahora bien, hay otros aspectos a analizar más allá de estas tasas detalladas. En primer lugar, son cada vez más los ocupados que están buscando otro trabajo: la tasa de ocupados demandantes de empleo pasó del 7,8% del primer trimestre del año al 11,1% en el segundo. Esta situación podría indicar que se buscan cambios de empleo por motivos que pueden ser varios: desde la insatisfacción profesional/laboral hasta la búsqueda de mejores ingresos o bien, la percepción de inestabilidad laboral en un escenario donde el mercado de trabajo se achica. Es decir, además de reflejar un potencial problema de ingresos (un salario bajo, por ejemplo) también podría tratarse de problemas de calidad y seguridad en los puestos de trabajo. En cualquiera de los casos, produce una tensión en un mercado laboral que aún no puede cubrir toda la demanda que tiene. 

En segundo lugar, la tasa de subocupación creció del 7,3% al 10,9%. Recordamos que una persona subocupada es aquella trabaja menos de 35 horas semanales. A priori, no podemos otorgarle una valoración a esta situación: podría tratarse de un problema de disponibilidad de oferta laboral o bien, de decisiones particulares (ejemplo, un estudiante que también trabaja part-time). Pero si miramos el dato de la subocupación demandante podemos encontrar alguna respuesta: esta tasa pasó del 6,2% al 10,0%. Es decir, hay subocupados que quieren trabajar más horas y están en búsqueda activa de ello. ¿Qué podría implicar esta suba? Un problema de insuficiencia laboral, ya que la cantidad de horas trabajadas no les permite alcanzar un ingreso adecuado para cubrir sus costos y refleja el hecho de que el mercado laboral no está absorbiendo plenamente la capacidad productiva de los trabajadores. 

¿Cómo entender esta combinación de buenos desempeños en empleo y desocupación pero al mismo tiempo un fuerte salto de los demandantes de empleo? Esto podría explicarse desde tres puntos: en primer lugar, Posadas mejoró contra el trimestre anterior en materia de empleo y disminuyó la desocupación, pero todavía tiene mucho margen de recuperación pendiente para alcanzar niveles de años previos. En esta línea, surge la segunda razón: Posadas llegó a tener tasas de actividad del 50% y de empleo del 49% (récords que pertenecen al segundo trimestre del 2022); por ende, la potencialidad en términos de disponibilidad y de productividad que tiene el aglomerado capital de Misiones es tan grande que aun con una mejora no logra absorber la totalidad de la demanda que tiene. El tercer punto es distinto, pero vinculado: los ingresos. En períodos donde el costo de vida se encareció notablemente, incluso los ocupados con buenos ingresos buscan constantemente mejorar esa situación, y mucho más aun los de ingresos menores.

Posadas muestra un desempeño laboral positivo en el corto plazo, con mejoras reales en empleo y reducción de la desocupación, consolidando su liderazgo en la región. Pero ello no debe ser razón para olvidar que aún persisten desafíos estructurales, como la subocupación y el aumento de los ocupados que buscan otro empleo, que reflejan tensiones y limitaciones en la calidad del trabajo. 

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Buena recuperación del mercado de trabajo de Posadas, con alzas en empleo y baja en desocupación

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Al segundo trimestre de 2025, el aglomerado de Posadas presentó una considerable mejora de las principales tasas del mercado de trabajo en comparación con el período  anterior. En los últimos tres meses, logró incrementar su población activa, mejoró tasa de empleo y redujo la desocupación. Si bien en la comparación interanual las tasas de actividad y empleo se redujeron, el repunte trimestral permite trazar un horizonte de mediano plazo algo más optimista. 

Posadas: principales tasas del mercado de trabajo 

En el segundo trimestre de 2025, la Tasa de Actividad en Posadas se ubicó en 43,6%,  presentando una expansión de 1,0 puntos porcentuales respecto al trimestre anterior,  aunque aún se mantiene -1,3 p.p. en la comparación interanual. La variación positiva  trimestral equivale a unos cuatro mil nuevos activos en los últimos tres meses (y -4 mil respecto al segundo trimestre 2024). 

Por su parte, la Tasa de Empleo fue del 44,1% en Posadas, lo que representa un significativo incremento de 1,7 puntos contra el trimestre anterior, variación que generó 7 mil nuevos ocupados en los últimos tres meses. En la comparación interanual, esa tasa muestra variación de -0,4 puntos, aunque sin impacto en valores absolutos. 

Asimismo, la Tasa de Desocupación fue del 4,3%, cayendo en 1,7 puntos porcentuales a nivel trimestral. Esto equivale a que tres mil personas dejaron de ser desocupadas en comparación con tres meses atrás. También esta tasa cae en la comparación interanual (- 2,0 p.p.) aunque en este caso motivado por la caída de actividad en ese nivel comparativo. 

En conclusión, los resultados del segundo trimestre 2025 en Posadas muestran una mejora  muy significativa en comparación con el trimestre anterior: amplió la población  económicamente activa (de 45,1% a 46,1%, sumando cuatro mil nuevos activos), se incrementó la población ocupada (de 42,4% a 44,1%, logrando siete mil nuevos ocupados) y se redujo la población desocupada del 6,0% a 4,3% (tres mil desocupados menos).

La importancia de estos resultados radica en que Posadas logró disminuir la tasa de desocupación vía empleo y no vía inactividad: la población activa creció en 4 mil personas y los desocupados cayeron en tres mil personas: esas siete mil personas fueron absorbidas  directamente por el empleo, cuyo crecimiento de la tasa equivale a esa cantidad de personas que pasaron a ser ocupadas. 

¿Cómo se ubicó Posadas en el plano regional y nacional? 

Posadas ratificó su liderazgo en el NEA con las mayores tasas de actividad y de  empleo. En relación con la primera, el 46,1% de tasa de actividad de Posadas está muy por  encima del resto de los aglomerados del NEA: Gran Resistencia tuvo 44,0%, Corrientes 40,8% y Formosa 40,0%; también supera ampliamente la media regional del noreste (43%). 

Por su parte, la tasa de empleo misionera también lidera con comodidad en la región, siendo el único aglomerado que supera (y con creces en este caso) el 40%: mientras que Posadas marcó 44,1%, Gran Resistencia tuvo 39,4%, Formosa 38,2% y Corrientes cierra el  ranking regional con 38,0%. La media regional fue de 40%. 

Finalmente, la tasa de la desocupación de Posadas es la más baja de la región: con 4,3%,  queda por debajo Formosa (4,4%), Corrientes (6,7%) y Gran Resistencia (10,3%), mientras que la media NEA es de 6,7%. 

En el plano nacional, Posadas muestra la 16° mayor tasa de Actividad (y 3° en el Norte  Grande), ubicándose 2 puntos por debajo de la media nacional. 

En la tasa de Empleo, Posadas se ubica 13° en el país (y de nuevo tercera en el Norte Grande) quedando -0,4  puntos respecto a la media nacional; mientras que la tasa de Desocupación posadeña es la octava más baja del país y quedó tres puntos por debajo de la media nacional. 

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ATN: la caja negra del poder que Milei se niega a soltar

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En la arquitectura fiscal argentina existe una herramienta que cobró altísima relevancia en los últimos dos años y resulta clave en el vínculo financiero entre Nación y provincias: los Aportes del Tesoro Nacional (ATN). Esos aportes hoy están en el centro de la agenda económica: primero, por la sanción de ley de reforma de su distribución; y luego, por el veto del presidente Javier Milei, que se conoció el jueves por la noche. 

Empecemos por lo básico: ¿Qué son los ATN? Los Aportes del Tesoro Nacional nacen con la misma ley 23.548 de Coparticipación Federal de Impuestos. Esa norma establece que el Fondo de ATN se destinará a atender situaciones de emergencia y desequilibrios financieros de los gobiernos provinciales y que el Ministerio del Interior será el encargado de su asignación; además, establece que el 1% de la masa coparticipable bruta se destinará a ese fin. 

Entonces, se trata de un fondo que tiene una composición automática (se financia con el 1% de los impuestos coparticipables) pero, a diferencia de la coparticipación, tiene un régimen de distribución discrecional: es el Gobierno nacional, vía ministerio del Interior, el que decide su asignación a determinada provincia en función de las situaciones de emergencia dadas. 

Aquí encontramos el primer punto de conflicto: si bien la norma establece que su razón de ser es la de financiar emergencias y/o desequilibrios financieros, en la práctica, dada su discrecionalidad, los ATN se convirtieron mayormente en una herramienta de premio o castigo de la administración central hacia los subnacionales. La discrecionalidad de los ATN es triple: quién, cuánto, y cuándo

Es decir, el Gobierno nacional de turno tiene plena independencia de enviar ATN a quien quiera, por el monto que quiera y en el momento que quiera. 

Esto, con el tiempo, se tradujo en una enorme diferencia en favor del Tesoro nacional que deriva de su subejecución. Vamos a los datos. En el año 2017, el fondo ATN totalizó unos $21.354 millones pero se envió a las provincias apenas $3.875 millones, es decir, el 18%. En 2018, se distribuyó apenas el 16% y bajó al 8% en el año 2019.

En el año 2020, se dio una situación puntual: se distribuyeron ATN por $67.195 millones cuando el Fondo ATN había recaudado un total de $24.363 millones; es decir, se distribuyó el 196% del fondo. Esto se dio por la emergencia de la pandemia del Covid-19 cuya situación demandó mayores envíos a provincias. ¿Pero cómo se explica que se haya pagado más ATN de lo que se recaudó por ese fondo? La respuesta es simple: usando remanentes. Lo dejamos ahí, pero más adelante volvemos con esto que es crucial. 

En 2021, volvió la subejecución del fondo ATN: se pagó el 70% del total del fondo y en 2022 cayó al 26%. En 2023, se recuperó parcialmente y llegó al 78%, aunque empujó mucho la situación de fin de año: ya con Milei electo, el entonces ministro Sergio Massa pagó a las provincias ciertos remanentes del año anterior del fondo ATN para garantizar pagos de salarios y aguinaldos de diciembre. 

Este pago se dio entre el 7 y 8 de diciembre, es decir, apenas días antes de dejar el gobierno. 

Ya con Milei a cargo del gobierno, en 2024 los ATN se derrumbaron: se pagó apenas el 7% del fondo constituido. 

Si acumulamos la información de punta a punta, entre 2017 y 2024 el fondo ATN recaudó un total de $1,17 billones y se distribuyeron sólo $0,37 billones: el 32%. La pregunta natural que surge de esto es: ¿qué pasa con los fondos que no se reparten? Ese remanente, según la normativa vigente, debe ser trasladado al ejercicio siguiente pero como reserva, como lo expresa la Auditoría General de la Nación, que agrega, “salvo que por las leyes que correspondan se resolviera expresamente que todos los recursos asignados deben ser distribuidos en el ejercicio en que se integran”. Esa ley es la que se sancionó en el Congreso, pero que vetó Milei

En esta línea, ¿qué pasó en 2020? La emergencia sanitaria y económica fue el fundamento para el uso de remanentes de ejercicios anteriores y por ello se distribuyó más ATN que los constituidos en el año. 

Hagamos un resumen que nos ayude a entender la situación. En primer lugar, legalmente, los fondos pertenecen a las provincias ya que surgen de la masa coparticipable, tienen como destino las provincias y su uso no puede ser otro que para transferirlos a los subnacionales. 

Sin embargo, dado que la ley faculta al Ejecutivo nacional a distribuir los ATN según emergencias y/o desequilibrios, no existe garantía de su real asignación a las provincias, hecho que queda evidenciado en la alta subejecución que tiene el fondo. En esa línea, como no hay una definición clara de qué constituye una emergencia o un desequilibrio financiero, la discrecionalidad del poder de turno es aún mayor. 

Con todo esto, hay una cosa clara: los fondos ATN pertenecen a las provincias y no a la Nación, que en este caso actúa como un mero administrador de los mismos, aunque con facultades sobredimensionadas. 

Estas fueron las razones que esgrimieron los gobernadores al momento de presentar el proyecto de ley que luego fue sancionado por ambas cámaras convirtiéndolo en Ley N° 27.794. ¿Qué dice ese texto? Que “los recursos que correspondiere distribuir al Fondo de Aportes del Tesoro Nacional a las provincias creado por él artículo 3° inciso d) de la Ley 23.548 serán redistribuidos de conformidad con las previsiones de los artículos 3° y 4° de dicha norma” y que la redistribución “procederá en forma diaria y automática y en las mismas condiciones que las dispuestas en el artículo 6° de la Ley 23.548 y los recursos que la compongan serán considerados a cualquier efecto como integrantes de la masa de fondos coparticipable prevista en dicha ley mientras subsista la vigencia de la presente”. Traducción: los ATN dejan de ser discrecionales, se distribuyen siguiendo la misma distribución porcentual que la coparticipación y su envío a las provincias será por goteo diario, también al igual que los fondos coparticipables. Esta reforma le permite a las provincias contar con un flujo de fondos garantizado y evitar así la triple discrecionalidad que tiene actualmente el reparto de ATN, que mencionamos antes. 

El veto de Milei, esperado, dejó igualmente mucha tela por cortar. En términos argumentativos, es bastante flojito. El decreto 652/2025, donde está expresado el veto total del Poder Ejecutivo, dice entre otras cosas que “la existencia de este Fondo (ATN) resulta imprescindible, ya que dota al Estado Nacional de una herramienta que complementa el régimen automático de coparticipación y permite dar respuesta a situaciones extraordinarias que no pueden ser previstas y atendidas a partir de un sistema de reparto rígido y automático” y luego añade, en esa línea, que la ley sancionada por el Congreso “priva al Estado Nacional de una herramienta de acción inmediata frente a emergencias y desequilibrios financieros que requieren decisiones rápidas y acordes a su carácter imprevisto” y que “la privación de este instrumento para afrontar contingencias graves implica un menoscabo concreto de las facultades y recursos del Estado Nacional”.

Para muestras, basta un botón. En marzo de este año, Bahía Blanca sufrió un temporal que dejó un saldo trágico de 18 víctimas fatales, cientos de heridos y más de mil cuatrocientos personas debieron ser evacuadas. Desde el gobierno municipal y provincial afirmaron que se requerirá aproximadamente $ 400.000 millones para la reconstrucción de la ciudad. Ante eso, el gobierno nacional activó un ATN, dado que se trataba de una condición de emergencia. Pero lo enviado fue por apenas $ 10.000 millones, cuando solo entre enero y febrero de este 2025 el fondo ATN acumulaba un excedente de $ 120.000 millones y, si se sumaba el saldo no distribuido del año 2024, el disponible del fondo superaba los $ 750.000 millones. 

En efecto, el Gobierno nacional retaceo el envío de ATN cuando la situación ameritaba una asistencia todavía mayor dado que se contaba con los recursos suficientes. 

Entonces, la ley aprobada en el Congreso no “privó” al Estado nacional de fondos para asistencia; por el contrario, el propio Gobierno se privó a sí mismo al decidir restringir el uso de los fondos. 

El ejemplo de Bahía Blanca es gráfico para entender que las razones que esgrime el Ejecutivo son débiles, pero hay muchos más casos. Emergencias ígneas, hídricas, climáticas, agropecuarias y económicas que las provincias han sufrido y que no han sido atendidas o lo hicieron de manera muy parcial. 

Si la Nación se borra de las emergencias, ¿por qué entonces dejarle la distribución de esos fondos? Tienen que volver a las provincias, que son las dueñas originales de los mismos. 

Entre 2017 y 2024, la provincia de Misiones recibió el 6,4% de los ATN distribuidos a nivel nacional. Si se compara con la participación misionera en la distribución efectiva de recursos coparticipables (3,2%), entonces los ATN sirvieron, en determinados momentos puntuales, para de alguna manera “compensar” parcialmente la enorme asimetría de la coparticipación con la tierra colorada, aunque es notablemente insuficiente. 

¿Qué pierde Misiones con este veto? La posibilidad de incorporar unos $7.500 millones a las arcas entre septiembre y diciembre y así poder reforzar programas de Gobierno en un contexto de caída de la actividad y de expectativas algo nubladas para el resto del año. 

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