Alejandro Pegoraro

Director de Consultora Politikon Chaco

Superávit fiscal y cuidado del gasto sensible: los resultados financieros de Misiones

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En tiempos donde el equilibrio fiscal parece haberse convertido en una bandera casi excluyente del discurso económico nacional, vale la pena detenerse a observar con más detalle las distintas maneras en que se puede alcanzar ese resultado. No todo superávit es igual ni tiene las mismas consecuencias. 

Misiones ofrece un caso particular: la provincia ha logrado sostener sus cuentas ordenadas sin apelar a un ajuste que duela.

Recientemente, la Subsecretaría de Coordinación Fiscal Provincial de la Nación dio a conocer los datos de las cuentas públicas de las provincias, donde se observan resultados diferentes en los distritos, ya que a diferencia de lo que observado el año pasado, hay varias que han caída en déficit mientras que otro tanto conserva sus superávits, aunque dentro de este grupo hay mucho por analizar también respecto a cuál fue el camino tomado para lograr esos resultados. 

En primer lugar, si vemos la situación a nivel nacional, el Gobierno exhibe con insistencia los resultados de las cuentas públicas, mostrando un superávit que, si bien representa un cambio de signo relevante frente a años de déficit, se apoya fuertemente en los dos elementos que tanto festejan: motosierra y licuadora, que provocaron caída de las jubilaciones y salarios en términos reales, el freno total de la obra pública y la transferencia del peso del ajuste a provincias y sectores productivos. Entonces, ese “orden fiscal”, en los hechos, se sostiene sobre un profundo deterioro de la actividad económica y del bienestar social.

Por el otro lado tenemos a las provincias: durante el 2024 se encaró un severo ajuste del gasto público mientras que en 2025 se intentó comenzar a recomponer el mismo, aunque con una crisis de ingresos muy significativa, principalmente por que los recursos de origen tributario no repuntan (ante una actividad económica que no levanta cabeza) y por que no hay asistencia nacional. 

En ese marco, sobre un total de 22 distritos relevados (no hay datos aún de Neuquén ni de La Pampa), hay nueve que cerraron el primer semestre del año con déficit tanto primario como financiero

En el costado opuesto, hay otras trece provincias que sostuvieron sus resultados fiscales positivos. 

¿Cómo se posicionó Misiones? La provincia transitó un camino similar al de la Nación desde el punto de vista del resultado: tuvo superávit; pero tomó otro sendero para llegar a él: lo hizo dentro de un esquema que preserva el rol activo del Estado en la economía

Tiene un orden fiscal basado más en la eficiencia que en el ajuste. Vamos a los números. 

Lo que primera se destaca es que, ante un avance muy leve de los recursos, el gasto fue prudente: los ingresos de la provincia, que totalizaron $ 1,75 billones, crecieron apenas en 2,5% real; por su parte el gasto total, que fue por $ 1,74 billones, creció al 6,5%. Si el gasto creció más que los ingresos, ¿por qué hablamos de prudencia? Porque en la mayoría de las provincias, los recursos se movieron similares a Misiones, pero el gasto se expandió en doble dígito. ¿Esto significa que Misiones ajustó? No necesariamente. 

El gasto en personal (salarios públicos) creció al 22,9% real interanual; mientras que las Prestaciones de la Seguridad Social lo hicieron en +33,5% real. Por ende, dos de las cuestiones más sensibles del gasto tuvieron un desempeño positivo que impacta en el territorio. Además, reforzó el apoyo al sector privado, con alzas en las transferencias. Otro punto clave. 

En cambio, otros rubros menores estuvieron más contenidos, permitiendo así que la mayor parte del gasto, y el esfuerzo presupuestario por expandirlo, se concentre en las áreas que más aportan al desarrollo local. A la par, el gasto por servicios de deuda pública sigue en niveles bajos: apenas el 0,4%, ratificando el importante proceso de desendeudamiento que encara la provincia.

¿Cómo quedó el resultado fiscal misionero? Tuvo un superávit primario por $ 18.211 millones que representa el 1,0% de los ingresos totales y un superávit financiero por $ 12.084 millones equivalente al 0,7% de sus ingresos. Cabe señalar que dichos ratios de superávit respecto a los ingresos son algo menores que los que se observan en otros puntos del país, pero aquí viene una clave: el equilibrio se mantuvo eficientizando el gasto de manera de aplicar cada peso disponible en las áreas más importantes de la gestión económica

Entonces, la ecuación cierra así: ni déficit por expansión ineficiente del gasto ni superávit holgado a costa de ajustar sobre la población. Equilibrio justo para estos tiempos. Así, la disciplina fiscal no se choca con la inversión social, como sí ocurre a nivel nacional. 

El superávit, en este marco, no es el fin en sí mismo sino la condición que permite sostener políticas activas sin depender del endeudamiento o de la discrecionalidad de la Nación. 

Podemos hablar entonces de una gestión con austeridad inteligente: prioriza el equilibrio sin renunciar al desarrollo. 

En este contexto, Misiones presenta el mejor resultado fiscal de la región del NEA, con un superávit levemente mejor que el de Formosa y diferenciándose fuertemente de Chaco y Corrientes que cerraron con significativos déficits fiscales

Cabe comparar la situación con la vecina Corrientes: mientras que los ingresos crecieron con debilidad en ambas provincias, Misiones sostuvo una gestión eficiente al incrementar el gasto en solo 6,3%, pero Corrientes lo hizo en +27,4%. Las prestaciones de la seguridad social correntina crecieron por debajo de la misionera y, además, la política salarial acumulada del año mostró caídas en Corrientes y alzas en Misiones

Otro punto clave es notar que el apoyo al sector privado en Misiones concentra el 14,9% del gasto total, mientras que en Corrientes lo hace apenas en 5,2%.

Aun con esto, Corrientes terminó el período con un déficit financiero de $73.198 millones, equivalente al 5,1% de sus ingresos. Posiblemente, el gasto electoral explique gran parte de este desbarajuste de las cuentas públicas correntinas.

La estabilidad fiscal provincial, alcanzada con herramientas propias y en un entorno macroeconómico adverso, consolida la previsibilidad como rasgo distintivo del modelo económico misionero. Esto no solo fortalece la gestión pública, sino que también genera incentivos a la actividad privada, clave para alcanzar grados de desarrollo superiores. 

Por todo esto, entendemos que la experiencia misionera aporta una enseñanza clave al debate nacional: el equilibrio fiscal no debe medirse solo por el resultado numérico, que es muy importante, sino por el modo en que se logra y por las consecuencias que deja. Gestión, tan simple (y no) como eso.

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Misiones crece al estilo Misiones: top tres de la Argentina

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Durante los últimos días, tomó relevancia en la agenda pública provincial un informe que elaboró la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), que analizó el desempeño de las 24 jurisdicciones del país entre los años 2011 y 2022 tomando la evolución del Valor Agregado Bruto (VAB) provincial como indicador clave para medir el tamaño (y los desempeños) de las economías provinciales. 

En ese informe, resaltó, entre otras cosas, el buen desempeño misionero en ese período, mostrando un crecimiento de 17,1% la mayor expansión en el NEA. 

La publicación de la BCR se basa en los datos que elabora la Cepal, que mide año a año el VAB de las provincias y difunde la información con un año de rezago: es decir, a finales de este 2025 tendremos los datos de 2024. Pero mientras el informe de la BCR toma como punta el año 2022, los datos de 2023 ya están disponibles. Ante ello, haremos una nueva evaluación de cómo varió y cómo evolucionó la economía misionera no entre 2011 y 2022, si no ya entre 2011 y 2023. Es decir, le agregamos un año más al análisis. 

En primer lugar, cabe destacar un punto de inicio transcendental: ¿para qué medimos y analizamos el VAB? Esto es una de las formas más concretas de entender cómo cambia una economía, considerando por supuesto ciertos ciclos coyunturales (que se dan mucho en la Argentina) pero sobre todo para ver la foto de largo plazo. 

A diferencia de los datos de empleo o de recaudación, que suelen mostrar solo los efectos más visibles de las crisis o expansiones, el VAB permite observar qué sectores realmente sostienen el crecimiento, cuáles se estancan y, sobre todo, cómo se transforma la estructura productiva de una provincia. 

En este punto, Misiones exhibe resultados que muestran con claridad que tiene una economía que creció considerablemente en el período  2011–2023 y que tuvo razones de crecimiento en un perfil más urbano, de mayor valor de los servicios y con un rol estatal más fuerte en la generación de valor.

Empezamos por el dato global: el VAB misionero entre 2011 y 2023 creció en un 15%, constituyendo así en la provincia con el mayor crecimiento de su economía de la región del NEA y la tercera en todo el país, únicamente superada por Neuquén (+72,3%) y Jujuy (28,6%)

Cabe recordar que en la publicación del BCR hasta el 2022, Misiones se posicionaba cuarta en el país, por lo que subió un escalón al medirlo hasta 2023 (superando a Santiago de Estero que cayó al séptimo lugar del ranking). Por ende, se observa de inicio que el rol de la economía misionera está entre las mejores de todo el país en el período analizado, no solo con distancia respecto a otras provincias de la región (como Corrientes y Chaco que crecen al 10,5% y 2,7% respectivamente) sino incluso con provincias con relativo grado de desarrollo mayor como Mendoza, Buenos Aires o Córdoba, e incluso la CABA, que presentaron caídas en este tramo de análisis. 

¿Qué hay detrás de esta expansión? A priori, puede identificar una reconfiguración considerable del mapa productivo provincial. Algunos sectores tradicionales, que mantienen su importancia, contrajeron su participación en términos relativos pero otros irrumpieron con fuerza. Veamos los casos más resonantes.

La Industria Manufacturera se sostiene como el sector de mayor presencia en el VAB misionero: concentró en 2023 el 18,6% del total, aunque decreció en su participación respecto a 2011 cuando era del 21,8% y tuvo una evolución punta a punta de -1,8%. Aun con esa baja, lidera con amplitud el espectro económico provincial. Hacia dentro, la Fabricación de papel y de productos de papel explica el 41,5% del VAB industrial misionero y presentó un alza del 7,6% respecto a 2011; la Elaboración de productos alimenticios y bebidas se ubica en segundo lugar en el producto industrial explicando el 24,8% del total y también mostró un alza que fue del 19,6%. Es decir, las dos principales actividades industriales, ligadas fuertemente a las tres grandes fortalezas naturales de Misiones (madera, yerba y té), que explican el 66% del producto industrial, crecen en conjunto un 11,8% en el período analizado

Por el contrario, hay sectores que contrajeron su actividad, explicado en parte por las crisis recurrentes del país que afectan esos rubros en particular como ser la fabricación de muebles, productos de madera y textiles, entre otros. 

Pero por fuera de los sectores tradicionales de la industria misionera, hay otros que exhiben un grado de desarrollo muy relevante: pueden citarse, en otros, la fabricación de minerales no metálicos (+34,7%), la reparación de maquinaria (+33,4%) y la fabricación de sustancias químicas (+2,7%), entre otros. 

En este punto, la diferencia que muestra Misiones respecto a otras provincias de la región es de gran importancia: por caso, en Corrientes la Industria representa apenas el 8,4% de su economía y tuvo una caída en los últimos años (-1,9%), aunque con menor fortaleza del sector por contar con una participación considerablemente menor

Para comparar: medido a precios constantes de 2004 (método usado por Cepal), la Industria misionera es 123% mayor a la correntina.

El Comercio se posiciona como el segundo sector de mayor incidencia en el VAB de Misiones: concentra el 13,6% del total, aunque decreció respecto a 2011 cuando era del 14,7%. Esta baja en su nivel de participación se da pese a que, entre 2011 y 2023, el sector creció 6,4%. La baja se explica, entonces, porque otros sectores crecieron con mayor dinamismo, pero no por ello se desmerece el importante avance comercial de los últimos años; por el contrario, esa evolución refleja tanto la expansión del consumo interno y del empleo urbano con una dinámica comercial propia de una economía de alta circulación de bienes y servicios. 

El sector de la Enseñanza se posiciona en tercer lugar: explica el 10,6% del VAB misionero en 2023, cuando en 2011 era del 7,7%. Este salto en su nivel de participación se apoya en un incremento fenomenal del 59,5%, que se explica principalmente por la expansión de la enseñanza privada (+115,7%), que evidencia la fuerte ampliación de la oferta educativa de diferentes niveles: no solo escolar, también complementarios como idiomas, gimnasia, etc., que fortalece la posición misionera como polo educativo en la región. 

El sector de Transporte y Comunicaciones es otro que mostró desempeños muy positivos: creció 22,7% y pasó de representar el 8,5% del VAB misionero en 2011 al 9,0% en 2023, apoyado sobre todo en el rubro de las comunicaciones ante mayor demanda de servicios. 

En contraste, sectores productivos clásicos como la agricultura y la construcción muestran retrocesos. El agro (incluyendo agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca) tuvo una caída del 18,9% en su VAB respecto de 2011, reduciendo su participación del 7,7% al 5,4%. 

La construcción, por su parte, sufrió un descenso del 28,2%, con una pérdida de más de tres puntos porcentuales en su peso relativo (de 7,3% a 4,5%). Ambos casos reflejan la dificultad de sostener un ritmo de expansión en actividades fuertemente afectadas por la volatilidad macroeconómica, los costos internos y la pérdida de competitividad frente a otros sectores.

En cambio, algunos rubros asociados a la modernización de la estructura urbana tuvieron un fuerte impulso

El sector energético y de agua se expandió en 71,3% (y +2,1 puntos en participación sobre el total) lo que puede vincularse a la inversión pública en infraestructura y a la mejora en redes y servicios esenciales, mientras que los restaurantes y hoteles crecieron en 35,6% (y +0,5 puntos de participación) mostrando el avance sostenido de la actividad turística y si bien su peso total dentro del PBG sigue siendo modesto (3%) es un indicador de diversificación económica en marcha.

Estas cifras ponen de manifiesto un rasgo clave: buena parte del crecimiento económico misionero en los últimos doce años se explica, principalmente, por actividades de servicios mientras que los sectores productivos tradicionales como el agro, la industria y construcción mostraron estancamiento o retroceso. 

Un punto central que no debe dejar de analizarse es el rol del Estado dentro de esta transformación

El sector “Administración Pública” creció 49% entre 2011 y 2023, con un aumento de su participación de 6,1% a 7,9% del total del VAB provincial. 

Esta expansión del Estado como generador de valor refleja un papel activo del sector público como garante de estabilidad económica y social, especialmente en contextos de crisis o recesión. Al mismo tiempo, la ampliación de servicios públicos en materia de salud y educación representa una inversión en capital humano e integración territorial fundamentales. Se trata, en definitiva, de un Estado activo dentro de la economía, no como freno al desarrollo, sino como componente estructural del modelo de crecimiento misionero.

En definitiva, los datos del VAB muestran que Misiones consolidó un proceso de crecimiento sostenido en los últimos doce años, apoyado más en la expansión de los servicios que en los sectores tradicionales, aunque estos aún son fundamentales (e imprescindibles, en algunos casos) en la economía misionera.  Esta transformación refleja una economía que se urbaniza, diversifica y apuesta por el capital humano como eje de desarrollo, con una fuerte impronta estatal y un dinamismo privado adaptado a las nuevas demandas. El desafío hacia adelante será mantener ese sendero de crecimiento equilibrando la expansión de los servicios con un impulso más vigoroso al sector productivo, garantizando que la estructura económica misionera combine inclusión, innovación y sostenibilidad.

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Presupuesto con previsión, pero sin respaldo nacional

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Misiones ya tiene presupuesto para el año 2026 y vuelve a ser, una vez más, la primera provincia del país en contar con el instrumento económico más importante para una administración provincial. En resumidas cuentas, este presupuesto contempla erogaciones por más de cuatro billones de pesos, un incremento del 25% anual y una fuerte priorización de los servicios sociales, que concentran el 70% del gasto.

Con esto, Misiones ya dispone de un marco general para llevar adelante sus prioridades de gestión en el próximo año, aunque vuelve a estar presente la necesidad del acompañamiento nacional para el financiamiento de programas claves a desarrollar en los territorios. No cabe duda de que, a la luz de los antecedentes, el equipo económico provincial descuenta que no habrá grandes cambios en la relación Nación–Provincias, caracterizada en estos casi dos años de gestión libertaria como, lisa y llanamente, un abandono hacia los subnacionales. Los datos lo confirman: hace apenas unos días se conocieron los números relativos a las transferencias nacionales extracoparticipables (las no automáticas), que vuelven a demostrar que Misiones es, y por lejos, la provincia más perjudicada en el reparto de estos fondos. Vayamos a las cifras.

En septiembre, Misiones recibió el mayor monto en lo que va del año: fueron $5.939 millones, explicados principalmente por un ATN de $4.000 millones otorgado a partir de un pedido formal de la provincia, producto de la emergencia hídrica. A priori, fue una buena noticia que la gestión nacional haya tenido la consideración de habilitar esos recursos, que representan un impacto significativo (aunque menor a lo que sostienen algunos críticos) para las arcas provinciales. Sin embargo, incluso con un “buen septiembre”, el 2025 sigue mostrando un resultado altamente preocupante para este concepto en Misiones: en lo que va del año captó apenas $14.483 millones por esta vía, lo que equivale a una caída del -38,6% frente al mismo período de 2024, que ya había sido malo (en ese momento la merma fue de -80,8% contra 2023). Es decir: en 2024 se llegó a un piso; en 2025, al primer subsuelo. Y el problema es que todavía queda un segundo subsuelo.

Para poner en perspectiva esta baja de aportes nacionales no automáticos: apenas seis provincias en todo el país presentan caídas interanuales en 2025 y Misiones es una de ellas; pero peor aún, la reducción en la tierra colorada es la más fuerte de esas seis. Esto implica, a precios actuales, una pérdida estimada de casi $10.000 millones para la provincia.

Si la comparación se hace contra 2023, la situación es todavía más crítica: la baja alcanza el 88,2%, la quinta más alta del país, lo que significa que, de nuevo a valores actuales, Misiones dejó de percibir unos $115.464 millones respecto de aquel año.

A esto debe sumarse, necesariamente, otra muy mala noticia proveniente del frente de los recursos nacionales automáticos: en septiembre tuvieron un mes para el olvido y cayeron 10,0% real interanual, lo que generó para la provincia una pérdida de unos $18.000 millones sólo en ese mes. Sobre este punto conviene resaltar algo importante que no fue demasiado difundido en los últimos días: una de las principales razones de esta baja se encuentra en el impuesto a los Bienes Personales, que se desplomó un 92%. ¿La causa? En 2024 se aplicó el Régimen Especial de Ingreso del Impuesto sobre los Bienes Personales, creado por la Ley 27.743 de “Medidas Fiscales Paliativas y Relevantes”, que permitió a personas humanas y sucesiones indivisas cancelar de manera anticipada y con carácter liberatorio el tributo correspondiente a los períodos fiscales 2023 a 2027 inclusive.

El esquema consistió en un pago único de un monto determinado en función de los bienes declarados al 31 de diciembre de 2023, aplicando alícuotas reducidas respecto de las vigentes en el régimen general y eliminando el diferencial sobre activos en el exterior. La adhesión otorgó beneficios relevantes a los contribuyentes y, al mismo tiempo, representó una inyección inmediata de recursos al Tesoro, concentrada en septiembre de 2024 cuando ingresó el 75% de la recaudación prevista. Pero, en paralelo, esto implicó un efecto contractivo en la recaudación futura, ya que los contribuyentes adheridos quedaron liberados de ingresar el impuesto durante cinco ejercicios. En otras palabras, el Estado dejó de percibir lo que hubiera recaudado de manera corriente, generando un bache en los ingresos tributarios y condicionando la disponibilidad de recursos. En resumen: se “sobrerecaudó” en el presente a costa de menores recursos en el futuro.

Volviendo al plano provincial, este esquema modificó la estructura de recaudación y redujo de manera considerable la base imponible de los años siguientes, lo que repercutió en menores fondos para las provincias. Fue una medida del gobierno nacional en pos de cumplir su promesa de campaña de bajar impuestos, pero aplicada de una manera que produjo una merma muy fuerte para los subnacionales, en un contexto donde los demás tributos coparticipables vienen mostrando desempeños altamente débiles. Cuando analizamos la baja de la coparticipación u otros mecanismos automáticos, solemos atribuirla al estancamiento de la actividad económica, lo cual es cierto, pero no podemos obviar que también hubo decisiones de política fiscal nacional que impactaron directamente en la recaudación futura, buscando sobrerrecaudar en un momento puntual.

Este tipo de medidas, en el marco de la relación Nación–Provincias, deben ser necesariamente dialogadas y debatidas en un contexto federal: bienvenida la baja de impuestos, pero no a costa de cualquier cosa, como el financiamiento de los subnacionales que sostienen los servicios más esenciales de la sociedad. En la misma línea, recordemos que los fondos provinciales también se vieron afectados por otra medida nacional adoptada en esta gestión: la eliminación de la suspensión de la exención de los certificados de exclusión de la percepción en la Aduana, que redujo la recaudación de IVA. De nuevo: bienvenidas estas medidas, pero con coordinación.

En conclusión, es muy saludable que Misiones cuente, una vez más, con un presupuesto aprobado con tiempo para planificar mejor su ejecución, pero al mismo tiempo ningún presupuesto está blindado frente a decisiones que dependen del poder central y que pueden alterar las proyecciones. La denominada Mesa Federal que lanzó el gobierno nacional debe constituirse, en este contexto, no en una herramienta meramente coyuntural o electoral, sino en un instrumento permanente que permita avanzar de manera coordinada con las reformas, evitando que el peso recaiga desproporcionadamente sobre las provincias.

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Entre canastas: por qué baja la pobreza en los números pero no en la percepción

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Cada vez que se conoce el dato de pobreza en la Argentina se genera una fuerte polémica, sin importar cuál sea el resultado. Cuando la pobreza sube, se lo atribuye a una consecuencia “inevitable” de la coyuntura económica; cuando baja, se pone en duda la validez de la medición y se la califica como “no representativa”. 

Esto último volvió a ocurrir esta semana, tras conocerse que el INDEC informó una tasa de pobreza del 31,6% en el primer semestre del año. El debate sobre la “representatividad” del dato es legítimo y tiene múltiples aristas, aunque no hay margen para dudar de que el organismo aplica con rigurosidad la metodología vigente. 

La pregunta entonces no es si el dato está mal calculado, sino dónde podría residir el problema de sobrerrepresentación. La respuesta más clara está en la metodología misma.

La pobreza en Argentina se mide a partir de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), que releva información sobre ingresos en los principales aglomerados urbanos. El método compara los ingresos de los hogares con el valor de dos canastas de referencia: la Canasta Básica Alimentaria (CBA), que define la línea de indigencia, y la Canasta Básica Total (CBT), que agrega a la anterior los bienes y servicios no alimentarios considerados esenciales, como vivienda, transporte, salud, educación y vestimenta. En cada región se calculan los valores de las canastas a partir de la estructura de gastos de los hogares y la evolución de los precios. La CBA se valúa con una canasta específica de alimentos y se ajusta según los precios del IPC, mientras que la CBT se calcula mediante el coeficiente de Engel, que surge de la proporción entre gasto en alimentos y gasto total. 

El inconveniente es que este coeficiente proviene de encuestas de gasto de los hogares realizadas hace muchos años, lo que provoca que rubros hoy centrales (alquileres, servicios públicos, transporte, comunicaciones o servicios digitales) estén subrepresentados, con el riesgo de que la canasta total quede “chica”. Esta es una de las principales críticas al método vigente, ya que la estimación de la CBT puede no reflejar de manera adecuada la estructura de gasto contemporánea. 

A ello se suma la insuficiente actualización de la canasta utilizada para medir el IPC, lo que genera que productos y servicios actualmente relevantes tengan un peso muy bajo o no figuren en la medición oficial.

Existen además otros factores que inciden en la lectura de los datos. Los cambios abruptos en precios relativos, propios de una economía con alta inflación, alteran los hábitos de consumo y pueden distorsionar los cálculos. A esto se suman modificaciones en la captación de ingresos en la EPH, que si bien mejoran la calidad del registro, pueden alterar la comparación histórica: un mejor relevamiento de ingresos reduce la pobreza medida, aunque ello no necesariamente signifique un aumento real en el poder adquisitivo de los hogares.

Un punto central en este debate es que el concepto de pobreza utilizado en Argentina es estrictamente monetario. La línea que divide a pobres y no pobres se traza únicamente con base a ingresos, sin incorporar dimensiones adicionales vinculadas al acceso a servicios, vivienda, educación o calidad del empleo. Este enfoque tiende a chocar con la percepción social: gran parte de la población se siente más empobrecida de lo que reflejan los datos oficiales

No se trata de que el INDEC “mienta” o “dibuje” cifras, sino de que la metodología vigente captura de manera incompleta un fenómeno complejo y volátil como la pobreza en la Argentina.

Pero ahondemos un poco más en los datos principales para Posadas. En el período de referencia, la pobreza fue del 38,1%: contra igual semestre del 2024, cayó en 17,8 puntos porcentuales; contra el semestre anterior (es decir, el segundo del 2024) la disminución fue de 5,3 puntos; además, logró posicionarse también por debajo de los niveles del segundo semestre 2023 (38,4%) y volvió a iguales niveles que el primer semestre 2020 (también 38,1%). 

Contra igual período del 2024, la reducción de la pobreza alcanzó a unas 67.656 personas, mientras que unas 20.078 personas dejaron de ser pobres en los últimos seis meses en el aglomerado misionero. ¿Cómo se logró esto? Veamos punto por punto. Las Canastas Básicas para el NEA se movieron relativamente en línea con el IPC, aunque con una velocidad algo menor: a nivel interanual, la CBA creció 38,0%, la CBT 42% pero e IPC “solo” 37,1%. A nivel semestral, los precios crecieron al 13,2%, la CBA creció levemente por encima (13,3%) pero la CBT lo hizo en 12,4%. ¿Qué nos muestra esto? Que los valores de las canastas básicas (indicativos de las líneas de pobreza e indigencia) crecieron menos que la inflación. Esto es clave para entender algunos aspectos como “si el salario cae en términos reales, como puede ser que baje pobreza”, aunque volveremos con ello luego. 

Ya detallamos que, en el NEA, la CBA creció 38,0% interanual y 13,3% semestral mientras que la CBT lo hizo en 42% interanual y 12,4% semestral. En ese marco, ¿Cómo se movieron los ingresos en Posadas? Todos los indicadores de este tipo crecieron por encima de la variación de la CBT: la suma del ingreso familiar (es decir, la suma de todos los ingresos que haya en un hogar incluyendo laborales y no laborales) creció 108,0% interanual y 28,9% semestral; los ingresos laborales crecieron mas que los no laborables (para el interanual, +119,2% y 81,9% respectivamente; para el semestral +31,7% y +21,8%); en esta línea, la media del Ingreso Per Cápita Familiar creció 105,7% interanual y +26,9% semestral, al tiempo que la media del ingreso por adulto equivalente tuvo variaciones de 106,1% interanual y 27,5% semestral. 

Hasta aquí vimos cómo, en términos relativos, los ingresos en Posadas crecieron por encima de las canastas regionales. ¿Qué se observa en valores absolutos? Posadas tiene el ingreso por adulto equivalente más alto del NEA con $ 518.412, cuando en Corrientes es de $ 456.110; en Formosa de $ 453.137; y en Gran Resistencia por $ 394.022. En ese marco, la Canasta Básica Total promedio del NEA para un adulto equivalente fue de $ 293.567. Esto nos dice que el ingreso medio por adulto equivalente de Posadas le permitió adquirir 1,42 CBT, por encima de 1,25 de Corrientes y 1,26 de Formosa. Sin embargo, esos dos aglomerados mostraron niveles de pobreza inferior al misionero, por lo cual entra en juego, entonces, la distribución de esa media. 

¿La mejora de los ingresos de Posadas vino de la mano del empleo? Según el INDEC, no necesariamente. El mismo informe del organismo dice que la tasa de empleo cayó 3,1 puntos semestral y -5,5 interanual, por lo que la mejora de los ingresos laborales principalmente se pudo haber dado por recomposición de sectores, pero no por mayor apertura del mercado de trabajo que tomó el camino inverso. Pero aun con ello, la mayor parte del sector privado formal, por caso, ha tenido un retroceso salarial durante buena parte del primer semestre del año.

¿Cómo entender, entonces, la aparente contradicción entre caída del empleo, retroceso salarial en segmentos formales y, a la vez, una fuerte baja de la pobreza? La respuesta está en la propia dinámica metodológica. La pobreza se mide en función de si los ingresos superan o no el valor de las canastas.

Durante el período analizado, los ingresos familiares en Posadas crecieron muy por encima de la CBT, lo que permitió a una parte importante de los hogares ubicarse por encima de la línea de pobreza, aun con un mercado laboral debilitado, aunque ello no necesariamente implica una mejora en la calidad de vida. En el mejor de los casos, podría “estabilizarse” una condición, pero no necesariamente mejorarla. 
El dato de pobreza se cruza con otros, además, como el nivel de morosidad récord de hogares. Al final del día, entonces, la cuestión se reduce en que el INDEC toma el ingreso total respecto a una canasta subrepresentada, pero no se considera lo que se llama el “ingreso disponible” que es, al final del día, el que le da calidad de vida a la gente.

Si mis ingresos crecen por encima de inflación, pero mis costos fijos crecen por encima de ello incluso con conceptos no representados (o mínimamente representados) en la canasta (como alquileres que sí se considera pero con alta subponderación; o como cuotas de créditos personales, por ejemplo) entonces no seré estadísticamente pobre, pero vivo mi vida en condición de pobre.

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Más trabajo pero más tensiones: las dos caras del mercado laboral en Posadas

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El empleo está en el centro de la discusión pública, dado los fuertes impactos que la política nacional ha tenido sobre el mercado laboral, provocando un deterioro significativo al inicio de la gestión y volatilidades posteriores, sin que exista, a nivel nacional, una recuperación sostenible que permita vislumbrar un horizonte optimista a mediano plazo. En diferentes encuestas de opinión pública, la problemática del empleo pasó a liderar como la más mencionada por los argentinos, superando a otras preocupaciones que en los últimos años habían predominado, como la inflación.

Naturalmente, una política económica centrada en la cuestión macro y el frente financiero, con escasa o nula atención a la economía real, genera, entre otras consecuencias, altas tasas de desocupación, como ya se ha visto en otros momentos de la historia reciente argentina. Esto, sumado a problemas estructurales vinculados al mundo del trabajo, provoca no solo el achicamiento del mercado laboral, sino también su cierre: hay menos personas que pueden volver a ingresar.

A nivel nacional, según informó INDEC el pasado jueves, la tasa de desocupación del segundo trimestre se ubicó en 7,6%. Si bien es levemente inferior al trimestre anterior (7,9%), sigue ampliamente por encima del 7%, sin poder regresar a los niveles previos a la gestión actual (entre 5% y 6%). La tasa de empleo nacional mostró un leve aumento frente al trimestre anterior (de 44,4% a 44,5%), pero resulta insuficiente. Además, se destacan dos datos importantes: la informalidad pasó del 42,0% al 43,2% en los últimos tres meses y la presión sobre el mercado laboral aumentó del 29,7% al 30,5%. Este indicador mide el porcentaje de la población económicamente activa que enfrenta dificultades para acceder a un empleo adecuado, ya sea por desempleo, subocupación o necesidad de mejorar sus condiciones laborales. Refleja, por ende, la tensión real del mercado laboral, ya que incluye no sólo a quienes buscan empleo, sino también a los que buscan un segundo trabajo o desean cambiar de puesto.

Desglosemos ahora la situación de Posadas. En términos generales, el aglomerado misionero presentó buenos resultados. La tasa de actividad creció un punto porcentual respecto al trimestre anterior (de 45,1% a 46,1%), incorporando cuatro mil nuevos activos. La tasa de empleo tuvo una dinámica más acelerada, aumentando 1,7 puntos (de 42,4% a 44,1%), lo que permitió la creación de siete mil nuevos puestos de trabajo. En este contexto, la tasa de desocupación cayó 1,7 puntos (de 6,0% a 4,3%), lo que derivó en tres mil desocupados menos respecto al trimestre previo.

Esto demuestra que la baja de la desocupación fue genuina: de los siete mil nuevos ocupados, cuatro mil corresponden a los nuevos activos y tres mil a personas que dejaron la condición de desocupadas. Es decir, la mejora en la actividad y la reducción de la desocupación fueron absorbidas por el empleo, lo que es importante destacar, ya que en muchas ocasiones la baja de la desocupación se presenta como un indicador positivo, aunque esté explicada por una caída de la actividad y no por generación de empleo. En Posadas, la comparación trimestral muestra un comportamiento genuino de mejora en los indicadores del mercado laboral.

Sin embargo, los problemas persisten. Comparando trimestres iguales (segundo trimestre 2025 vs. segundo trimestre 2024), la situación sigue siendo débil: la tasa de actividad está 1,3 puntos por debajo, la tasa de empleo -0,4 puntos, y la desocupación disminuyó, pero motivada por la caída de la actividad. Es decir, mientras que a nivel trimestral Posadas redujo la desocupación gracias al aumento del empleo, a nivel interanual esta baja se explica por desocupados que pasaron a ser inactivos y no por la creación de empleo.

En resumen, Posadas dio un gran paso en los últimos tres meses, pero aún necesita mayor impulso para recuperar niveles de años anteriores. Aun así, se lograron hitos importantes: Posadas no sólo consolidó, sino que amplió su liderazgo en el NEA. En la tasa de actividad, registró el mayor nivel de la región y el incremento más alto frente al trimestre anterior (1,0 puntos, frente a 0,5 de Formosa, 0,4 de Gran Resistencia y -0,7 de Corrientes). En la tasa de empleo, nuevamente lidera la región: es el único aglomerado con más del 40% y el que más creció (+1,7 p.p., frente a +0,3 en Formosa, -0,3 en Gran Resistencia y -1,6 en Corrientes). La desocupación, además, es la más baja de la región y la única que disminuyó en el último trimestre (-1,7 p.p., frente a +1,4 en Gran Resistencia, +0,6 en Formosa y +2,2 en Corrientes).

La comparación con Corrientes es especialmente relevante por las marcadas diferencias: Posadas supera a Corrientes en tasa de actividad (46,1% vs. 40,8%), empleo (44,1% vs. 38,0%) y presenta menor desocupación (4,3% vs. 6,7%). En términos de variación trimestral, las diferencias son aún mayores. La baja performance de Corrientes incluso hizo que su tasa de empleo quedara por debajo de la de Formosa (38,0% vs. 38,2%), un hecho que solo se había registrado una vez en los últimos 37 trimestres.

A nivel nacional, Posadas también se destaca: mostró el sexto mayor crecimiento en la tasa de actividad (y el mayor entre las provincias del norte grande), el séptimo mayor aumento en la tasa de empleo (segundo en el norte grande) y fue el séptimo aglomerado con mayor reducción de la desocupación (segundo en el norte).

Ahora bien, hay otros aspectos a analizar más allá de estas tasas detalladas. En primer lugar, son cada vez más los ocupados que están buscando otro trabajo: la tasa de ocupados demandantes de empleo pasó del 7,8% del primer trimestre del año al 11,1% en el segundo. Esta situación podría indicar que se buscan cambios de empleo por motivos que pueden ser varios: desde la insatisfacción profesional/laboral hasta la búsqueda de mejores ingresos o bien, la percepción de inestabilidad laboral en un escenario donde el mercado de trabajo se achica. Es decir, además de reflejar un potencial problema de ingresos (un salario bajo, por ejemplo) también podría tratarse de problemas de calidad y seguridad en los puestos de trabajo. En cualquiera de los casos, produce una tensión en un mercado laboral que aún no puede cubrir toda la demanda que tiene. 

En segundo lugar, la tasa de subocupación creció del 7,3% al 10,9%. Recordamos que una persona subocupada es aquella trabaja menos de 35 horas semanales. A priori, no podemos otorgarle una valoración a esta situación: podría tratarse de un problema de disponibilidad de oferta laboral o bien, de decisiones particulares (ejemplo, un estudiante que también trabaja part-time). Pero si miramos el dato de la subocupación demandante podemos encontrar alguna respuesta: esta tasa pasó del 6,2% al 10,0%. Es decir, hay subocupados que quieren trabajar más horas y están en búsqueda activa de ello. ¿Qué podría implicar esta suba? Un problema de insuficiencia laboral, ya que la cantidad de horas trabajadas no les permite alcanzar un ingreso adecuado para cubrir sus costos y refleja el hecho de que el mercado laboral no está absorbiendo plenamente la capacidad productiva de los trabajadores. 

¿Cómo entender esta combinación de buenos desempeños en empleo y desocupación pero al mismo tiempo un fuerte salto de los demandantes de empleo? Esto podría explicarse desde tres puntos: en primer lugar, Posadas mejoró contra el trimestre anterior en materia de empleo y disminuyó la desocupación, pero todavía tiene mucho margen de recuperación pendiente para alcanzar niveles de años previos. En esta línea, surge la segunda razón: Posadas llegó a tener tasas de actividad del 50% y de empleo del 49% (récords que pertenecen al segundo trimestre del 2022); por ende, la potencialidad en términos de disponibilidad y de productividad que tiene el aglomerado capital de Misiones es tan grande que aun con una mejora no logra absorber la totalidad de la demanda que tiene. El tercer punto es distinto, pero vinculado: los ingresos. En períodos donde el costo de vida se encareció notablemente, incluso los ocupados con buenos ingresos buscan constantemente mejorar esa situación, y mucho más aun los de ingresos menores.

Posadas muestra un desempeño laboral positivo en el corto plazo, con mejoras reales en empleo y reducción de la desocupación, consolidando su liderazgo en la región. Pero ello no debe ser razón para olvidar que aún persisten desafíos estructurales, como la subocupación y el aumento de los ocupados que buscan otro empleo, que reflejan tensiones y limitaciones en la calidad del trabajo. 

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