Alejandro Pegoraro

Director de Consultora Politikon Chaco

Baja deuda, fuerte superávit y récord de exportaciones, el presente de Misiones

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Termina una semana colmada de datos económicos provinciales, en la que Misiones fue gran protagonista. Uno de los temas que más revuelo generó en la agenda nacional fue el comportamiento fiscal de los gobiernos subnacionales y su situación en relación con la deuda pública. Al mismo tiempo, el INDEC dio a conocer el volumen de exportaciones provinciales, que también dejó mucho para analizar.

Comencemos por una cuestión central: la deuda pública. A nivel consolidado, el stock de deuda pública de las provincias ascendió a 23 billones de pesos al primer trimestre del año, lo que representa una baja del 27%. Esta reducción se explica, en gran medida, por el atraso cambiario, que impide que los pasivos en dólares crezcan significativamente, pero también por los convenios de cancelación de deuda recíproca que varias provincias -entre ellas, Misiones- firmaron con la Nación. En términos generales, el resultado es positivo, aunque con importantes diferencias entre distritos. En ese marco, Misiones volvió a destacarse por varias razones: bajo nivel nominal de deuda, caída en términos reales, escasa proporción respecto de sus ingresos, bajo peso de los intereses en el gasto total, reducido volumen per cápita y mínima exposición al dólar. Veamos cada uno de estos puntos.

El stock de deuda de Misiones al primer trimestre de 2025 fue de $85.857 millones, lo que representa una caída real interanual del 5,2%. ¿Por qué cae menos que el consolidado provincial? Básicamente porque en el primer trimestre de 2024 Misiones ya había registrado una importante reducción (-36,4% en ese momento), mientras que el total de provincias había incrementado su deuda en 2,2%. Por lo tanto, Misiones continúa bajando sus niveles de endeudamiento partiendo de un piso ya muy bajo, lo cual es altamente positivo.

En términos históricos, la disminución es notable: si se observa la serie completa de primeros trimestres desde que hay registros (2001), y se ajusta a precios constantes de marzo de 2025, el volumen de deuda actual es el más bajo de toda la serie. Es decir, la provincia tiene el menor nivel de deuda pública en al menos los últimos 24 años. Y no solo eso: la reducción ha sido drástica. En comparación con 2021, la deuda se redujo un 90%; frente a 2002 -el pico máximo-, la caída alcanza el 94%. En el conjunto de provincias, esa misma comparación muestra una reducción del 50,6%, por lo que Misiones presenta un desempeño muy superior al promedio.

Ya vimos la evolución en términos monetarios y reales. Ahora, veamos cómo se posiciona en relación con sus ingresos. El stock total de deuda de Misiones representa apenas el 12,1% de sus ingresos en el período, cuando el promedio nacional es del 82,7%. Misiones se ubica así como la quinta provincia con menor ratio deuda/ingresos del país. Y esta variable también muestra una evolución histórica muy favorable: en el primer trimestre de 2001, la deuda provincial equivalía al 549% de los ingresos; comenzó entonces un proceso de reducción que se consolidó desde 2021, cuando ese ratio cayó por debajo del 30%, y en 2025 apenas supera el 10%.

En la misma línea, se puede observar cuánto destina Misiones al pago de intereses de deuda. En 2005, representaban el 3,1% del gasto total; para 2025, ese porcentaje cayó al 0,1%. Es decir, por cada cien pesos que gasta la provincia, solo diez centavos se destinan al pago de intereses. Misiones se posiciona así como la quinta provincia con menor carga de intereses sobre su gasto total.

¿Qué sucede con la deuda per cápita? El pasivo provincial equivale a unos $67.135 por habitante, frente a un promedio nacional de $504.879. Esta cifra coloca a Misiones como la séptima provincia con menor deuda per cápita, muy por debajo, por ejemplo, de Chaco, donde asciende a $328.446 por persona.

El último punto vinculado a la deuda se refiere a su exposición a moneda extranjera, un factor que ha generado serias dificultades en otras provincias con altos niveles de endeudamiento en dólares. Misiones, en cambio, apenas tiene el 10,2% de su stock en moneda extranjera, lo que representa la quinta proporción más baja del país y la menor del NEA. Además, esos pasivos en dólares se pagan en pesos, ya que corresponden a préstamos con organismos internacionales. Por lo tanto, la provincia no solo está poco expuesta a saltos devaluatorios, sino que además evita el problema -muy frecuente entre 2022 y 2023- de tener que adquirir dólares para cancelar sus vencimientos.

Por otro lado, y como fue ampliamente difundido en los últimos días, Misiones exhibió un desempeño fiscal notable: cerró el primer trimestre de 2025 con un superávit primario de $81.605 millones y un superávit financiero de $80.611 millones. Estos fueron los mejores resultados del NEA, tanto en valores absolutos como en proporción a sus ingresos: representaron el 9,8% y 9,7%, respectivamente. Esta situación es fruto de una política fiscal prudente, orientada a preservar la sostenibilidad de las cuentas públicas sin desatender áreas sensibles para la sociedad.

Algunas comparaciones lo ilustran con claridad. El gasto total de Misiones creció un 14,9% real interanual, mientras que en Corrientes lo hizo un 39,5%.

Sin embargo, el gasto salarial aumentó en Misiones un 40,2% y en Corrientes solo un 34%. Asimismo, las erogaciones en prestaciones de la seguridad social crecieron un 46,7% en Misiones, frente al 36% de Corrientes. Estos datos muestran que la provincia priorizó el gasto en áreas clave, en contraste con la alta imprudencia fiscal de Corrientes, donde el fuerte aumento del gasto -explicado en gran parte por un “Plan Platita” preelectoral- la llevó a tener el mayor déficit entre todas las provincias del país.

En resumen: dos provincias vecinas. Una con superávit, salarios y prestaciones en alza; la otra, con déficit y gasto político desbordado. Un contraste elocuente.

Finalmente, el otro eje central de la semana fueron las exportaciones provinciales. Durante el primer semestre de 2025, Misiones registró ventas al exterior por USD 261,3 millones, un récord histórico. Al observar los datos para primeros semestres desde 2002 -inicio de la serie-, este volumen es el más alto de todos, superando en un 6% al anterior máximo (2011) y en un 11% al año pasado. De este modo, Misiones reafirma su liderazgo exportador en el NEA. Además, las cantidades exportadas crecieron un 12% interanual en toneladas.

Pero lo que distingue a Misiones no es solo el volumen exportado, sino el valor agregado. El precio promedio por tonelada fue de USD 771, el más alto —por amplio margen— del NEA, donde el promedio general fue de USD 492. Corrientes, por ejemplo, tuvo un precio promedio de USD 549 por tonelada, 28% menos que el misionero. Incluso supera la media nacional, que fue de USD 580. Este diferencial se explica, sobre todo, por su perfil productivo: el 76% de sus exportaciones son manufacturas de origen agropecuario e industrial, frente a un promedio del 48% en el NEA.

En síntesis, Misiones atraviesa un presente económico sólido, con una deuda pública históricamente baja, cuentas fiscales superavitarias y exportaciones en niveles récord. La provincia consolida así un modelo de gestión con equilibrio financiero, bajo endeudamiento y un perfil productivo orientado al valor agregado, que la distingue con claridad en el escenario regional y nacional.

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Desmintiendo al Presidente

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“La recaudación a los gobernadores les viene creciendo entre el 7% y 8% en términos reales. Es decir, están recibiendo un montón de recursos y partieron de una situación de equilibrio. No es que les estén faltando recursos. No corresponde (que les dé los recursos que piden los gobernadores). Si partieron de una situación de equilibrio, además la recaudación está creciendo entre el 8% y el 10% en términos reales. Quieren destruir al gobierno nacional. Todos”. 

Esas palabras, que se hicieron virales estos días, salieron de la boca del presidente Javier Milei en referencia a los gobernadores, en la antesala de la votación del Senado que le dio media sanción a los proyectos de redistribución de recursos nacionales presentados por las provincias. 

Posiblemente haya alguien que, por no seguir el estado de las finanzas provinciales, crea que es verdad. Posiblemente también haya personas a quien no le interese conocer el dato: si lo dijo el Presidente, debe ser así. Pero corregir a Milei (oportunidad desperdiciada por el periodista con quien hablaba el Presidente) es muy fácil. Basta con mirar los datos. Veamos. 

Empecemos por la recaudación tributaria global del Estado nacional: en el primer semestre creció 1,3%, un alza muy leve respecto a las expectativas y a su vez muy apoyada en algunos pocos elementos. Ahora bien, eso no impacta de manera directa en las provincias, ya que no todos los impuestos son coparticipables. Ahí es donde Milei, en la entrevista, dice que si “se ajusta por los impuestos que se reparten con provincias, están recibiendo entre 8% y 10% más” afirmando además que una parte de la suba corresponde a IVA. Sin embargo, IVA crece solo 1,9%, Ganancias por su parte cae 4,8%; los impuestos internos -1,8% y los Otros Coparticipados bajan 18,4%

Es cierto que hay otros tributos con crecimiento más fuertes, como Combustibles (84,2%) y Bienes Personales (70%), pero son una parte muy minoritaria del reparto en relación con los otros. 

Entonces, ya a primera vista, la recaudación a los gobernados no crece en esa magnitud. Pero además, el Presidente parte de un error conceptual: mira recaudación tributaria cuando debe ver distribución por régimen vigente que, si bien van de la mano, no necesariamente van en línea. Veamos entonces, vía coparticipación y otros recursos automáticos, los fondos a provincias crecen entre 8% y 10%. 

Es cierto que en el primer trimestre del año los envíos por coparticipación crecieron en doble dígito (entre 10% y 17%) pero entre mayo y junio mostraron caídas significativas. El semestre acumulado muestra bajas del 1% en coparticipación, lejos del cálculo del Presidente. Las transferencias automáticas totales, en cambio, crecen al 4% por el impulso de leyes especiales y compensaciones de consenso fiscal. Pero eso no es suficiente para calmar las preocupaciones provinciales ni para pensar que las provincias están holgadas. Hagamos una mirada más amplia. Así como la coparticipación cae 1% vs. 2024, lo hace con más fuerza respecto a años previos: -10% respecto a 2023 y 2022 y -2% vs. 2021. A su vez, las transferencias automáticas totales caen 9% vs. 2023, -11% contra 2022 y -4% respecto a 2021. 

En otras palabras: el valor real de los fondos que recibieron las provincias es menor al de los años previos, situación que equivale a decir que tienen menor capacidad adquisitiva para su gestión presupuestaria. Pero pongamos esto en números: por coparticipación, el conjunto de provincias perdió $ 223.628 millones en este 2025 respecto al 2024; pero si comparamos con el primer semestre 2023, la pérdida es de casi 3 billones de pesos. No millones, Billones. Este problema se verifica en todos los distritos subnacionales. 

¿Qué vemos en Misiones? Perdió siete mil millones de pesos contra 2024 y 91.600 millones contra 2023. Estas cifras solamente contemplan los primeros semestres, pero veamos específicamente que pasó en la era Milei. 

Entre diciembre de 2023 y junio de 2024, el consolidado de provincias y CABA perdieron por coparticipación federal 6,6 billones. Misiones, en ese marco, perdió casi 211 mil millones, es decir, casi un mes y medio promedio de coparticipación

Pero quedarnos en la coparticipación solamente sería mirar la mitad del problema: la otra parte, quizás menos voluminoso pero muy importante igualmente, es el recorte de las transferencias no automáticas. Por este concepto, el consolidado de provincias y CABA perdió en la era Milei $ 4,9 billones, mientras que Misiones perdió $ 191 mil millones

Hagamos el saldo global de envíos nacionales (automáticas + no automáticas): los subnacionales perdieron $ 11,4 billones; Misiones perdió casi $ 395 mil millones

La pérdida global para el consolidado de provincias equivale al 1,5% del PBI. ¿A cuánto equivale el pedido de los gobernadores en el Senado? A 0,36% del PIB. Aún así, el gobierno está en contra de esas propuestas. 

Por otro lado, el Presidente siguió hablando contra las provincias diciendo que, como quieren “destruir al gobierno nacional”, suben impuestos. Si bien es cierto que hubo casos puntuales de suba en algunas provincias, el propio ministerio de Economía de la Nación desmiente al presidente: en 2023, la Presión Tributaria Nacional, como porcentaje del PBI, era del 22,8% y creció al 23,0% en 2024; en cambio, la Presión Tributaria Provincial pasó del 5,1% en 2023 al 4,8% en 2024. Es decir, la presión tributaria creció en la Nación pero cayó en las provincias. Milei, entonces, miente o ignora. 

Otro argumento en contra de Milei y a favor de las provincias, es el peso del ajuste. Desde el Gobierno nacional niegan el recorte del gasto público que hicieron las provincias e instan al mismo, pero olvidan (o ignoran) el fuerte recorte realizado en 2024: el consolidado de provincias aplicó un ajuste del gasto por $ 15 billones, equivalente al 2,2% del PBI

Resumamos brevemente: las provincias perdieron recursos de origen nacional por el 1,5% del PIB en la era Milei, y ajustaron el gasto en 2,2% del producto. Es decir, no solo recortaron gastos por caída de ingresos, sino que hicieron ajustes extra. Además, disminuyeron su presión tributaria. Entonces, el conflicto del gobierno nacional no es por dogmas de política económica, es simplemente político e incluso es hasta filosófico: es desconocer el rol central político, económico, institucional, normativo y constituyente de las provincias, simple y llanamente. 

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El precio de la desigualdad: cómo la Nación financia su superávit con fondos provinciales

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El esquema de distribución de recursos Nación-Provincias sigue siendo una enorme deuda pendiente de la democracia argentina. Podemos debatir horas cómo debe ser un régimen de reparto, pero lo que no se puede poner en duda es que, bajo el escenario actual, el rol del Estado Nación en achicar asimetrías de desarrollo entre las provincias es esencial y no podemos naturalizar su retiro de esa función. 

La inversión del Estado nacional en las provincias es mucho más que una cuestión de recursos o partidas presupuestarias: es una expresión concreta de federalismo, una herramienta para corregir desigualdades históricas y una condición indispensable para construir un desarrollo equitativo y sostenible. 

En un país marcado por profundas asimetrías territoriales, sociales y económicas, el rol del Estado como actor inversor no puede reducirse a una lógica económica. La inversión en las provincias, lejos de ser un gasto como quieren hacer ver algunos, es una herramienta necesaria de desarrollo e integración. 

En un país federal en los papeles pero altamente unitario en los hechos, las provincias más alejadas del centro de poder ven año a año como las decisiones centrales de inversión le pasan de largo. Es cierto que hubo gobiernos que profundizaron este atraso de manera más fuerte que otros pero, aún con gobiernos de tinte más federal, existen aún diferencias que, sin intervención activa del estado nacional, condenan a la postergación. Por eso, el rol del Estado nacional es clave. 

En este marco, se debe resaltar que las provincias necesitan ser autónomas, sí, pero también necesitan la articulación necesaria con un Estado nacional que hoy concentra para sí mismo la mayor parte de los recursos que se generan en el país. La ecuación es simple: o se produce un esquema articulado de inversión o, simplemente, que la Nación devuelve los recursos a las provincias.

Algo de esto está en discusión actualmente, con dos proyectos elaborados por el pleno de los gobernadores que buscan una redistribución de recursos que hoy se los queda la Nación solo a los efectos de sostener, casi artificialmente, su equilibrio fiscal. En primer lugar, el impuesto a los Combustibles. ¿Cómo se reparte hoy? Luego de la detracción del 1,9% para ARCA (algo que también se debería reformular), el 28,69% de lo recaudado va a ANSES, el 10,4% a provincias (para obras, vialidad y otros), otro 15,07% también a provincias (pero para programas FONAVI), el 10,4% al Tesoro Nacional, el 4,31% al Fideicomiso de Infraestructura Hídrica, el 28,58% al Fideicomiso de Infraestructura del Transporte, y el 2,55% a Compensación del Transporte Público. 

¿Qué ocurre en los hechos? Ese 10,4% que queda para el Tesoro en verdad es el 45,84%, ya que los fondos para los fideicomisos los recauda, pero no los ejecuta

Cuando las provincias reclaman por el mantenimiento de rutas nacionales, por ejemplo, desde el Gobierno nacional afirman que “no hay plata”, omitiendo deliberadamente que el dinero está pero no lo está usando a los fines para lo cual se asignó la recaudación de ese impuesto. Solución fácil (desde la lógica, no desde la política): eliminemos los Fideicomisos y entreguen ese dinero a las provincias. Es decir, la nueva distribución sería entonces: 28,69% para Anses, 14,29% para el Tesoro y 57,02% para provincias. Siguiendo el supuesto de que esto no implica nuevas erogaciones sino, una redistribución de los fondos vigentes, no compromete en nada las cuentas públicas nacionales. ¿Por qué? Lo que el Estado (en teoría) gasta, por ejemplo, en mantenimiento de rutas, dejaría de gastarlo porque le pasa la potestad y los recursos a las provincias para ese mismo fin. Se “deshace” de fondos pero también de la responsabilidad. 

La respuesta del Presidente desnudó su propia lógica: esto pone en peligro el equilibrio fiscal porque, de entregar esos fondos, se achicaría el mismo debido a que no están utilizando los recursos para sus fines. En otras palabras: el superávit (o por lo menos, parte de él) está sostenido por la no ejecución de gastos que tienen como fuente de financiamiento la recaudación de impuestos con asignación específica. Flojito de papeles.

¿Cómo impactaría esto en Misiones? Si hacemos un rápido ejercicio de simulación, en el primer semestre del 2025 la provincia recibió $ 19.266 millones por la distribución automática del Impuesto a los combustibles según el régimen vigente. Si se aplicase para ese mismo período la propuesta de los gobernadores, hubiese captado alrededor de $ 38.500 millones: casi veinte mil millones de pesos más, sin que eso afecte las cuentas públicas y dándole a la provincia la autonomía necesaria para hacer la inversión. 

Vamos al segundo proyecto, el reparto automático de ATN. En simples palabras, que el fondo deje de ser discrecional y se reparta de manera automática según los criterios de la ley 23.548 (sistema de coparticipación vigente). Esta propuesta, simulando su aplicación para el primer semestre 2025, hubiese permitido que a Misiones le lleguen 8.450 millones en lugar de los $ 3.000 que captó en el año. Pero además, y más importante, al ser automáticas le genera un flujo de fondos continuos a la provincia. También para este caso la Nación se negó, alegando nuevamente que “pone en riesgo el equilibrio fiscal”. Pero, esos recursos son de las provincias. Si no se ejecuta el fondo ATN, el remanente queda para el Tesoro ya que, según informó Guillermo Francos en el Senado, “integran el saldo de la cuenta escritural al cierre del período”. En otras palabras, otra vez, una parte del superávit se explica por la retención de fondos que no le son propios

En resumen: hoy el Tesoro se queda con fondos por no aplicación del gasto (como el impuesto a los combustibles) y por no distribución (como ATN). ¿Pero compensa por otro lado? En algunos (muy pocos) períodos de la historia reciente, podríamos pensar que sí: a través de mayores flujos de inversión real directa de la nación en el territorio: rutas, caminos, obras hídricas, etc. Pero no es el caso de este presente. En Misiones, la Inversión Real Directa del Estado nacional en el primer semestre de este año se ubica 50% por debajo de igual período del 2023 y en ese marco, particularmente el concepto de Construcciones (lo que comúnmente llamamos obra pública) está 51% por debajo. Por ende, no hay “compensación” por el lado de la inversión. ¿Lo hay desde transferencias no automáticas? Tampoco. Los envíos a Misiones no solo cayeron contra 2023 (-88%) sino que incluso se ubican por debajo del 2024 (-56%); es decir, no crecieron siquiera ante una base comparativa excepcionalmente baja. 

El perjuicio hacia las provincias se da entonces de múltiples variantes: no distribución de fondos que le son propios, no inversión, no partidas presupuestarias. Ni hablar siquiera de los fondos que por ley le corresponden a la provincia por la Caja Previsional. El abandono de la Nación es prácticamente total. Esto trae consecuencias. Volviendo a lo que decíamos al principio, cuando el Estado se retira, cuando deja de invertir o recorta transferencias, se profundizan las desigualdades. 

Algunas voces libertarias dirían “que las provincias se arreglen como puedan” o que “recauden por sí mismas a ver como les va”. Perfecto. La pregunta es: ¿Qué haría la Nación sin la actividad económica que las provincias generan? Nunca hay que olvidarse, aunque a muchos no les guste, que la actividad se mueve de abajo hacia arriba: las provincias financian a la Nación y no al revés. No es opinión: es lo que plasma el proceso de creación y nacimiento de Estado Nacional y lo que dicta la propia Constitución Nacional. 

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Salarios: ganadores y perdedores de Misiones en la era Milei

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La Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación, a través de su Observatorio de Empleo y Dinámica Empresarial (OEDE) dio a conocer los datos de los salarios promedio en el sector privado formal en las provincias para el primer trimestre del año. Esos datos nos permiten realizar múltiples análisis, como ser su composición, su dinámica y su distribución, entre otras. Allá vamos. 

Misiones muestra puntos altos y bajos en su estructura salarial del sector privado. A primera vista, se observa que la provincia aún sostiene un salario promedio relativamente bajo en el país, con casi $1.100.000 en el mes de marzo. No obstante, también hay otros indicadores que presentan más fortalezas en este escenario. Una primera cuestión para observar es su dinámica. 

Es harto conocido que el salario de los trabajadores, en general, han sufrido fuertes embates en todo el país durante el último año principalmente, a partir de los impactos de la devaluación de diciembre del 2023, el proceso de altísima inflación vivida en ese período y sus consecuentes golpes sobre el salario y la capacidad de compra. 

En efecto, el primer trimestre de 2024 mostró un golpe durísimo para este indicador: -15% interanual en términos reales para la provincia, al que le siguieron luego las bajas en el segundo y en el tercer trimestre, que fueron de -9,6% y -4,5%. 

Sin embargo, para el último trimestre comenzó a llegar cierta recuperación: hubo un alza del 8,0% interanual, muy explicada naturalmente por una base comparativa débil, sobre todo por los impactos sobre el salario que habían tenido los meses de noviembre y diciembre de 2023 por inflación y devaluación. Aun siendo consciente de que ese efecto estadístico tiene importancia, era igualmente relevante comenzar a dejar atrás las caídas para iniciar un proceso de recuperación. 

Con esa misma consideración vemos lo que dejó el primer trimestre 2025: aún sabiendo del impacto que tiene la base comparativa, el dato fue positivo: el salario en Misiones mostró un alza del 18,5% contra igual trimestre del 2024, convirtiéndose en la provincia con el cuarto incremento más alto del país y la de mayor crecimiento en la región del NEA. También es relevante observar en este contexto que, incluso, el salario promedio del primer trimestre 2025 se ubicó también por encima de igual período de 2023 aunque con mucha más moderación (+0,7%), pero eso marca un proceso de buena recuperación que todavía le falta mucho, pero pareciera estar en marcha. 

A este análisis de dinámica, hay que agregarle necesariamente otro que venimos midiendo: la posición del salario respecto a inicios de la era Milei. Al observar el salario real misionero de marzo 2025 respecto al de noviembre 2023, mes previo al cambio de gobierno, notamos que ya se ubica 3,1% arriba, marcando un desempeño considerablemente superior respecto a otras provincias del NEA: en Chaco y Corrientes también muestra alzas, aunque inferiores (1,2% y 1,1%, respectivamente) mientras que en Formosa aún está 0,8% por debajo. 

Esto permite verificar que la fuerza en la recuperación está siendo más importante para el caso misionero que en sus pares de la región. 

Sin embargo, aun teniendo esto en consideración, no se debe dejar de marcar ciertas alertas, basadas en dos aspectos centrales: específicamente en marzo, el salario misionero creció contra marzo de 2024 y contra noviembre 2023, pero cayó contra el anterior (es decir, febrero 2025), en línea con lo que se observó con el salario promedio nacional. A su vez, la dinámica salarial de marzo y abril en los indicadores que miden salarios a nivel país fueron negativos para este segmento en concreto, por lo cual podría arrastrar también a la provincia a ello, aunque nada hace pensar que esa misma performance se traslade a mayo, por lo cual, aun con las reservas que hay que tener para los datos de abril, quizás podamos ver una nueva recuperación desde mayo en adelante que fortalezca el crecimiento mostrado durante el primer trimestre y fortalezca el proceso de recomposición salarial necesario para el sector privado misionero para acercarte, por lo menos, al pico registrado en los últimos años, que es enero de 2016 (hoy está 20% menos que ese techo).

Hasta aquí hablamos de la evolución del salario promedio en el sector privado formal, pero como todo promedio, la cifra esconde realidades diversas hacia dentro de los sectores de la economía local. Veamos entonces qué pasó en ellos. 

En línea con el total general provincial, todos los sectores presentaron crecimientos interanuales el primer trimestre del año respecto a igual período de 2024 y muchos de esos en una muy fuerte magnitud. 

Cabe recordar que, en aquel momento, todos los sectores (salvo el de finanzas) habrían mostrado duras caídas, por lo cual se da un proceso de recuperación en gran parte de las ramas de actividad que ahora detallaremos. 

Los desempeños interanuales del primer trimestre, así como fueron positivos, también presentaron importantes diferencias. Por un lado, en Hotelería y Restaurantes el salario promedio creció 65,5%, la mayor suba entre los sectores de la provincia. En el primer trimestre 2024 este rubro había caído 19,9%, por lo que recuperó esa merma pero fue más allá: se ubica 32,5% por encima de igual período del 2023 y además, está 38 puntos por encima de noviembre de 2023. Es, por lejos, el sector con la mejor dinámica salarial en la provincia. 

El segundo mayor crecimiento interanual del primer trimestre estuvo en el sector de la Enseñanza, con 37,6% de alza real. Sin embargo, su dinámica más amplia es notoriamente inferior al de Hotelería y Restaurantes: en 2024 había caído 40,6%, por lo cual recuperó solo una parte de esa merma, generando que respecto al primer trimestre 2023 siga aún debajo (-18,3%) y además se ubica -3,3% contra noviembre 2023. Es decir, recuperó parte de lo perdido, pero aún no se recompone en lo que va de la era libertaria. 

Similar situación se ve en el Agro: crece fuerte en el primer trimestre 2025 contra igual período del 2024 (+33,1%) pero sigue debajo del primer trimestre 2023 (-0,4%) y no recupera lo perdido en la gestión Milei (-0,9% vs. noviembre 2023). 

En cambio, en el cuarto rubro de mayor crecimiento relativo en la provincia, que fue Servicios Comunitarios, Sociales y Personales, la dinámica es un mix de los casos anteriores: el salario de ese sector se incrementó 29,8% interanual al primer trimestre, pero sigue debajo de igual período 2023 (-4,9%) aunque sí logró ubicarse por encima de noviembre 2023 (8,6%). Esto da una pauta que el salario de ese sector ya venía cayendo con fuerza desde antes del cambio de gobierno y por ello la recuperación actual la posicionó por encima de ese momento. 

Otros tres sectores tuvieron alzas interanuales en el primer trimestre por encima del total general provincial: Minería con 29,7%, pero aún en proceso de recuperación (-20,4% contra primer trimestre 2023 y -1,2% vs. noviembre 2023); Construcción con 20,4% pero en igual situación que la anterior (-9,8% vs. primer trimestre 2023 y -8,6% vs. noviembre de ese año) y Servicios Inmobiliarios, Empresariales y de Alquiler con 19,8%, aunque este sí muestra recomposición (+8,4% vs. tres primeros meses 2023 y +9,2% respecto al cambio de gobierno).

Por debajo del promedio general provincial, en cambio, se ubicaron: Electricidad, Gas y Agua con 16,7% interanual y recuperando contra período previos (+9,1% 1T23 y +17,8% vs. noviembre 2023); Servicios de Transporte, de Almacenamiento y de Comunicaciones con +16,1% (pero aún en niveles bajos con -4,9% vs. 1T23 y -3,1% vs. noviembre); Servicios Sociales de Salud con +15,7% (también en proceso de recomposición, con -2,9% y -0,9% respectivamente); y la Industria Manufacturera con 15,6% (y recomposición de 1,1% vs. 1T23 y +11,7% vs. noviembre 2023). 

Finalmente, en dos sectores el alza interanual fue de un solo dígito: el Comercio con 6,1% y recuperación parcial (+1,2% vs. 1T23 y pero -1,5% vs. noviembre 2023) y la Intermediación Financiera con 5,2% y también recomposición parcial (+13,4% vs. 1T23 y pero -21,8% vs. noviembre 2023).

Podemos afirmar entonces que la recuperación en la era Milei sigue siendo aún parcial, ya que no abarca a todos los sectores. De aquí surge la pregunta, ¿a cuántos trabajadores abarca? Si tomamos la cobertura de trabajadores según sectores de actividad y cruzamos con los que ya muestran niveles salariales mayores a noviembre de 2023, podemos afirmar entonces que esa recomposición llegó al 40% de los trabajadores misioneros; por ende, el 60% aún no logra recomponer salarios a ese nivel. 

Pero hay otros aspectos interesantes para observar en la cuestión salarial, referido a la distribución de los trabajadores según los rangos de ingresos. Misiones es la provincia del NEA con la mayor proporción de trabajadores con ingresos superiores al millón de pesos: el 69% de los trabajadores gana más que ese nivel y el 31% lo hacer por debajo; si bien se debe bregar para que cada vez sea menos la población que tenga ingresos inferiores a ese nivel, la diferencia respecto al NEA es fuerte. Por caso, en Chaco el 61% de los trabajadores gana más de un millón, en Corrientes el 59% y en Formosa el 56%. 

Por ende, si bien los promedios luego muestran acomodamientos distintos en el ranking, en Misiones hay mayor participación de trabajadores en el rango superior de la franja de ingresos. Es decir, presenta una distribución salarial menos polarizada que el resto. Esta característica sugiere que, dentro del mercado laboral formal, Misiones logró construir un esquema más homogéneo en términos distributivos. 

La interpretación económica de este fenómeno puede vincularse a varios factores. Por un lado, la composición sectorial del empleo privado en Misiones tiene un peso importante de ramas como Industria (20% del total de trabajadores) y Comercio (22%), que si bien no se ubican entre los sectores con salarios más altos, permiten un ingreso relativamente homogéneo para una amplia masa laboral. Por otro lado, la provincia no presenta grandes asimetrías internas como sí sucede en otras jurisdicciones donde coexisten sectores con altísimos salarios y otros con remuneraciones muy bajas, generando una mayor dispersión.

Misiones tiene una base sobre la cual construir: un entramado productivo con ramas dinámicas, una distribución salarial formal relativamente equilibrada y un contexto reciente de crecimiento. Hay elementos para ser optimistas. 

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Radiografía del mercado laboral en Posadas: resiliencia y luces amarillas

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Los datos del INDEC, referidos al mercado laboral para el primer trimestre de 2025, dejaron alertas. Como se observa en todo el país, aún están frescos los impactos de la recesión, el ajuste fiscal y su consecuente contracción del consumo y sus embates a los indicadores de empleo. 

Los datos muestran a Posadas registrando retrocesos en las principales variables clave del mercado de trabajo, aunque no menos relevante, aún con ese deterioro, es que el aglomerado misionero sigue destacándose como el de mejores indicadores laborales dentro del NEA, sosteniendo así su ya histórico liderazgo regional. 

Inevitablemente, hay dos miradas que no dejan de ser complementarias al respecto: en primer lugar, reconocer que Posadas no es ajena a la crisis y sufre, naturalmente, sus impactos. 

Sin embargo, cabe resaltar, enfrenta ese temporal desde una base más robusta. Hay dos datos puntuales que reafirman esto: aún con caída, es el único aglomerado de la región que tiene más del 45% de tasa de actividad y es el único, también con descensos, que superó el 40% de tasa de empleo. No es menor. 

La evolución de los indicadores de trabajo en Posadas tiene matices: entre la caída y la resistencia. Si hacemos una mirada más amplia, observando que pasó en los últimos tres años (es decir, entre el primer trimestre de 2023 y el primero de 2025) vemos que la tasa de actividad pasó de 48,3% a 45,1%. Esta contracción de poco más de tres puntos porcentuales podría reflejar un mercado laboral con menos incentivos: es decir, que hay más personas que podrían haber abandonado la búsqueda de empleo. Por su parte, la tasa de empleo pasó del 46,0% a inicios de 2023 al 42,4% actual: la caída acumulada es de 3,6 puntos entre los extremos, mostrando una dificultad para sostener (primero) y generar (luego) puestos de trabajo. 

A la par, la desocupación también subió: del 4,7% en el primer trimestre de 2023 al 6,0% en 2025. Si bien este último valor no es el más alto de toda la serie, se observa que viene en aumento por tercer trimestre consecutivo.

A primera vista, este cuadro puede parecer preocupante y, de hecho, lo es. Enciende muchas más alertas de las que ya había. Pero todo tiene que ser puesto en un contexto y, en este caso, es el regional.

El promedio regional del NEA permite dimensionar mejor la posición relativa de Posadas. Al primer trimestre de 2025, la tasa de actividad en el NEA es de 42,7%, dos puntos y medio por debajo de Posadas. Si bien la distancia se achicó respecto a los más de tres puntos que los separaban en 2023, la capital misionera sigue liderando en participación laboral. 

En cuanto al empleo, la diferencia también persiste: 42,4% en Posadas contra 40,1% en el conjunto regional. Aquí también hubo un achicamiento de la brecha (de 3 a 2,3), pero la ciudad sigue posicionándose mejor que el promedio. 

En materia de desocupación, el dato es clave: mientras Posadas cerró el primer trimestre de 2025 con una tasa del 6,0%, el NEA en su conjunto alcanzó el 6,1%. Es cierto que la diferencia es mínima, pero no menor: a pesar del deterioro reciente, Posadas no sólo evita superar el promedio regional, sino que lo hace con una base laboral más amplia y activa. 

Esto significa que, en una plaza donde más personas buscan empleo, aún se sostiene un mejor equilibrio entre oferta y demanda laboral.

Pero más allá de estos indicadores, hay otros que nos permiten ampliar el análisis. Además de más o menos empleo, hay que hablar de la calidad del empleo. El dato de ocupados demandantes de empleo (personas que, estando ocupadas, buscan otro trabajo) muestra que Posadas pasó de un 11% a inicios de 2023 al 7,8% en 2025. Si bien el dato es superior a los niveles del NEA (7,6%), hay que es clave ver la evolución: contra 2023, los ocupados demandantes cayeron 3,2 puntos en Posadas y -2,2 en NEA; si lo comparamos, en cambio, contra el último trimestre 2024 (es decir, para ver la evolución de los últimos tres meses) en Posadas cayó 2,6 puntos y en NEA apenas 0,3. 

Este comportamiento sugiere que, si bien Posadas presenta un nivel levemente superior de ocupados que aún buscan otro empleo respecto al promedio regional, la dinámica reciente muestra una mejora más acelerada y consistente. 

Esto permite hacer dos lecturas complementarias: por un lado, podría reflejar cierta recomposición en la calidad del empleo en Posadas, donde más trabajadores logran sostener ocupaciones más estables o satisfactorias; por el otro, la mejora también podría estar explicada por un factor clave que suele impulsar la búsqueda de otro trabajo: los ingresos. Si bien aún no se dispone de información directa sobre evolución salarial a nivel local, es razonable suponer que cuando se produce una recomposición relevante (o al menos suficiente) de los ingresos, los trabajadores ocupados reducen su intención de cambiar de empleo, ya que logran satisfacer la principal demanda que los llevaba a buscar mejores condiciones. Así, una caída en los ocupados demandantes puede ser tanto señal de mejora cualitativa del empleo como de cierta estabilización del poder adquisitivo.

Veamos ahora qué pasó con la subocupación, es decir, la cantidad de personas que trabajan menos de 35 horas y quieren trabajar más. 

Posadas llegó a tener un pico fuerte en el tercer trimestre del 2024 donde llegó al 15,1%; sin embargo, al primer trimestre 2025 esta tasa se ubicó en 7,3%, la más baja en cinco años. Si bien también se posiciona por encima del NEA (5,5%) se vuelve a presentar un escenario similar al anteriormente descripto: la velocidad en la reducción es muy importante: -2,1 puntos contra el trimestre anterior para Posadas vs.-1,7 en la región.  

¿Cuáles podrían ser las razones que explican una baja en la subocupación? Si somos optimistas, esto podría darse a partir de una mejora en la cantidad de horas trabajadas o incluso por mejoras en ingresos por hora trabajada, aunque también, si somos más pesimistas, podría deberse por desaliento (dejar de buscar ese segundo empleo). 

En algunas semanas, cuando se conozcan los microdatos de la EPH, podremos saberlo con mayor precisión.

Ahora bien, volvamos al origen de este análisis. Posadas no mejoró sus indicadores, pero resiste. ¿Cuáles pueden ser algunas claves de esto? La ciudad tiene elementos estructurales que pueden explicar esta resiliencia relativa. La capital misionera cuenta con una matriz de servicios más diversificada, una infraestructura urbana más desarrollada y un mercado de consumo más activo que otros aglomerados del NEA. El comercio y los servicios personales, aunque golpeados por la caída de ingresos, siguen siendo generadores de empleo. Además, la articulación entre programas provinciales y el sostenimiento de políticas de inclusión laboral han permitido cierta contención en los momentos más críticos.

También el dinamismo de sectores como el turismo le otorga a Posadas una ventaja competitiva en relación con otros centros urbanos de la región, que dependen más de la obra pública o de empleos estatales directos.

Si bien el liderazgo laboral de Posadas dentro del NEA es indiscutido, por cifras y por estructura, no debe ser razón para descansar en laureles. Más bien, los últimos datos deberían servir como alerta. La dinámica que mostraron los indicadores de actividad, empleo y calidad del trabajo evidencia tensiones crecientes en el mercado laboral local que son fruto de una crisis nacional de la cual es difícil “salir solo”, pero también exhorta a reforzar las capacidades locales. La resiliencia posadeña (y misionera en general) ya se ha manifestado de manera contundente en muchas oportunidades y esta vez deberá volver a mostrar esa capacidad de reinvención.

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