Alejandro Pegoraro

Director de Consultora Politikon Chaco

El precio de la desigualdad: cómo la Nación financia su superávit con fondos provinciales

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El esquema de distribución de recursos Nación-Provincias sigue siendo una enorme deuda pendiente de la democracia argentina. Podemos debatir horas cómo debe ser un régimen de reparto, pero lo que no se puede poner en duda es que, bajo el escenario actual, el rol del Estado Nación en achicar asimetrías de desarrollo entre las provincias es esencial y no podemos naturalizar su retiro de esa función. 

La inversión del Estado nacional en las provincias es mucho más que una cuestión de recursos o partidas presupuestarias: es una expresión concreta de federalismo, una herramienta para corregir desigualdades históricas y una condición indispensable para construir un desarrollo equitativo y sostenible. 

En un país marcado por profundas asimetrías territoriales, sociales y económicas, el rol del Estado como actor inversor no puede reducirse a una lógica económica. La inversión en las provincias, lejos de ser un gasto como quieren hacer ver algunos, es una herramienta necesaria de desarrollo e integración. 

En un país federal en los papeles pero altamente unitario en los hechos, las provincias más alejadas del centro de poder ven año a año como las decisiones centrales de inversión le pasan de largo. Es cierto que hubo gobiernos que profundizaron este atraso de manera más fuerte que otros pero, aún con gobiernos de tinte más federal, existen aún diferencias que, sin intervención activa del estado nacional, condenan a la postergación. Por eso, el rol del Estado nacional es clave. 

En este marco, se debe resaltar que las provincias necesitan ser autónomas, sí, pero también necesitan la articulación necesaria con un Estado nacional que hoy concentra para sí mismo la mayor parte de los recursos que se generan en el país. La ecuación es simple: o se produce un esquema articulado de inversión o, simplemente, que la Nación devuelve los recursos a las provincias.

Algo de esto está en discusión actualmente, con dos proyectos elaborados por el pleno de los gobernadores que buscan una redistribución de recursos que hoy se los queda la Nación solo a los efectos de sostener, casi artificialmente, su equilibrio fiscal. En primer lugar, el impuesto a los Combustibles. ¿Cómo se reparte hoy? Luego de la detracción del 1,9% para ARCA (algo que también se debería reformular), el 28,69% de lo recaudado va a ANSES, el 10,4% a provincias (para obras, vialidad y otros), otro 15,07% también a provincias (pero para programas FONAVI), el 10,4% al Tesoro Nacional, el 4,31% al Fideicomiso de Infraestructura Hídrica, el 28,58% al Fideicomiso de Infraestructura del Transporte, y el 2,55% a Compensación del Transporte Público. 

¿Qué ocurre en los hechos? Ese 10,4% que queda para el Tesoro en verdad es el 45,84%, ya que los fondos para los fideicomisos los recauda, pero no los ejecuta

Cuando las provincias reclaman por el mantenimiento de rutas nacionales, por ejemplo, desde el Gobierno nacional afirman que “no hay plata”, omitiendo deliberadamente que el dinero está pero no lo está usando a los fines para lo cual se asignó la recaudación de ese impuesto. Solución fácil (desde la lógica, no desde la política): eliminemos los Fideicomisos y entreguen ese dinero a las provincias. Es decir, la nueva distribución sería entonces: 28,69% para Anses, 14,29% para el Tesoro y 57,02% para provincias. Siguiendo el supuesto de que esto no implica nuevas erogaciones sino, una redistribución de los fondos vigentes, no compromete en nada las cuentas públicas nacionales. ¿Por qué? Lo que el Estado (en teoría) gasta, por ejemplo, en mantenimiento de rutas, dejaría de gastarlo porque le pasa la potestad y los recursos a las provincias para ese mismo fin. Se “deshace” de fondos pero también de la responsabilidad. 

La respuesta del Presidente desnudó su propia lógica: esto pone en peligro el equilibrio fiscal porque, de entregar esos fondos, se achicaría el mismo debido a que no están utilizando los recursos para sus fines. En otras palabras: el superávit (o por lo menos, parte de él) está sostenido por la no ejecución de gastos que tienen como fuente de financiamiento la recaudación de impuestos con asignación específica. Flojito de papeles.

¿Cómo impactaría esto en Misiones? Si hacemos un rápido ejercicio de simulación, en el primer semestre del 2025 la provincia recibió $ 19.266 millones por la distribución automática del Impuesto a los combustibles según el régimen vigente. Si se aplicase para ese mismo período la propuesta de los gobernadores, hubiese captado alrededor de $ 38.500 millones: casi veinte mil millones de pesos más, sin que eso afecte las cuentas públicas y dándole a la provincia la autonomía necesaria para hacer la inversión. 

Vamos al segundo proyecto, el reparto automático de ATN. En simples palabras, que el fondo deje de ser discrecional y se reparta de manera automática según los criterios de la ley 23.548 (sistema de coparticipación vigente). Esta propuesta, simulando su aplicación para el primer semestre 2025, hubiese permitido que a Misiones le lleguen 8.450 millones en lugar de los $ 3.000 que captó en el año. Pero además, y más importante, al ser automáticas le genera un flujo de fondos continuos a la provincia. También para este caso la Nación se negó, alegando nuevamente que “pone en riesgo el equilibrio fiscal”. Pero, esos recursos son de las provincias. Si no se ejecuta el fondo ATN, el remanente queda para el Tesoro ya que, según informó Guillermo Francos en el Senado, “integran el saldo de la cuenta escritural al cierre del período”. En otras palabras, otra vez, una parte del superávit se explica por la retención de fondos que no le son propios

En resumen: hoy el Tesoro se queda con fondos por no aplicación del gasto (como el impuesto a los combustibles) y por no distribución (como ATN). ¿Pero compensa por otro lado? En algunos (muy pocos) períodos de la historia reciente, podríamos pensar que sí: a través de mayores flujos de inversión real directa de la nación en el territorio: rutas, caminos, obras hídricas, etc. Pero no es el caso de este presente. En Misiones, la Inversión Real Directa del Estado nacional en el primer semestre de este año se ubica 50% por debajo de igual período del 2023 y en ese marco, particularmente el concepto de Construcciones (lo que comúnmente llamamos obra pública) está 51% por debajo. Por ende, no hay “compensación” por el lado de la inversión. ¿Lo hay desde transferencias no automáticas? Tampoco. Los envíos a Misiones no solo cayeron contra 2023 (-88%) sino que incluso se ubican por debajo del 2024 (-56%); es decir, no crecieron siquiera ante una base comparativa excepcionalmente baja. 

El perjuicio hacia las provincias se da entonces de múltiples variantes: no distribución de fondos que le son propios, no inversión, no partidas presupuestarias. Ni hablar siquiera de los fondos que por ley le corresponden a la provincia por la Caja Previsional. El abandono de la Nación es prácticamente total. Esto trae consecuencias. Volviendo a lo que decíamos al principio, cuando el Estado se retira, cuando deja de invertir o recorta transferencias, se profundizan las desigualdades. 

Algunas voces libertarias dirían “que las provincias se arreglen como puedan” o que “recauden por sí mismas a ver como les va”. Perfecto. La pregunta es: ¿Qué haría la Nación sin la actividad económica que las provincias generan? Nunca hay que olvidarse, aunque a muchos no les guste, que la actividad se mueve de abajo hacia arriba: las provincias financian a la Nación y no al revés. No es opinión: es lo que plasma el proceso de creación y nacimiento de Estado Nacional y lo que dicta la propia Constitución Nacional. 

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Salarios: ganadores y perdedores de Misiones en la era Milei

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La Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación, a través de su Observatorio de Empleo y Dinámica Empresarial (OEDE) dio a conocer los datos de los salarios promedio en el sector privado formal en las provincias para el primer trimestre del año. Esos datos nos permiten realizar múltiples análisis, como ser su composición, su dinámica y su distribución, entre otras. Allá vamos. 

Misiones muestra puntos altos y bajos en su estructura salarial del sector privado. A primera vista, se observa que la provincia aún sostiene un salario promedio relativamente bajo en el país, con casi $1.100.000 en el mes de marzo. No obstante, también hay otros indicadores que presentan más fortalezas en este escenario. Una primera cuestión para observar es su dinámica. 

Es harto conocido que el salario de los trabajadores, en general, han sufrido fuertes embates en todo el país durante el último año principalmente, a partir de los impactos de la devaluación de diciembre del 2023, el proceso de altísima inflación vivida en ese período y sus consecuentes golpes sobre el salario y la capacidad de compra. 

En efecto, el primer trimestre de 2024 mostró un golpe durísimo para este indicador: -15% interanual en términos reales para la provincia, al que le siguieron luego las bajas en el segundo y en el tercer trimestre, que fueron de -9,6% y -4,5%. 

Sin embargo, para el último trimestre comenzó a llegar cierta recuperación: hubo un alza del 8,0% interanual, muy explicada naturalmente por una base comparativa débil, sobre todo por los impactos sobre el salario que habían tenido los meses de noviembre y diciembre de 2023 por inflación y devaluación. Aun siendo consciente de que ese efecto estadístico tiene importancia, era igualmente relevante comenzar a dejar atrás las caídas para iniciar un proceso de recuperación. 

Con esa misma consideración vemos lo que dejó el primer trimestre 2025: aún sabiendo del impacto que tiene la base comparativa, el dato fue positivo: el salario en Misiones mostró un alza del 18,5% contra igual trimestre del 2024, convirtiéndose en la provincia con el cuarto incremento más alto del país y la de mayor crecimiento en la región del NEA. También es relevante observar en este contexto que, incluso, el salario promedio del primer trimestre 2025 se ubicó también por encima de igual período de 2023 aunque con mucha más moderación (+0,7%), pero eso marca un proceso de buena recuperación que todavía le falta mucho, pero pareciera estar en marcha. 

A este análisis de dinámica, hay que agregarle necesariamente otro que venimos midiendo: la posición del salario respecto a inicios de la era Milei. Al observar el salario real misionero de marzo 2025 respecto al de noviembre 2023, mes previo al cambio de gobierno, notamos que ya se ubica 3,1% arriba, marcando un desempeño considerablemente superior respecto a otras provincias del NEA: en Chaco y Corrientes también muestra alzas, aunque inferiores (1,2% y 1,1%, respectivamente) mientras que en Formosa aún está 0,8% por debajo. 

Esto permite verificar que la fuerza en la recuperación está siendo más importante para el caso misionero que en sus pares de la región. 

Sin embargo, aun teniendo esto en consideración, no se debe dejar de marcar ciertas alertas, basadas en dos aspectos centrales: específicamente en marzo, el salario misionero creció contra marzo de 2024 y contra noviembre 2023, pero cayó contra el anterior (es decir, febrero 2025), en línea con lo que se observó con el salario promedio nacional. A su vez, la dinámica salarial de marzo y abril en los indicadores que miden salarios a nivel país fueron negativos para este segmento en concreto, por lo cual podría arrastrar también a la provincia a ello, aunque nada hace pensar que esa misma performance se traslade a mayo, por lo cual, aun con las reservas que hay que tener para los datos de abril, quizás podamos ver una nueva recuperación desde mayo en adelante que fortalezca el crecimiento mostrado durante el primer trimestre y fortalezca el proceso de recomposición salarial necesario para el sector privado misionero para acercarte, por lo menos, al pico registrado en los últimos años, que es enero de 2016 (hoy está 20% menos que ese techo).

Hasta aquí hablamos de la evolución del salario promedio en el sector privado formal, pero como todo promedio, la cifra esconde realidades diversas hacia dentro de los sectores de la economía local. Veamos entonces qué pasó en ellos. 

En línea con el total general provincial, todos los sectores presentaron crecimientos interanuales el primer trimestre del año respecto a igual período de 2024 y muchos de esos en una muy fuerte magnitud. 

Cabe recordar que, en aquel momento, todos los sectores (salvo el de finanzas) habrían mostrado duras caídas, por lo cual se da un proceso de recuperación en gran parte de las ramas de actividad que ahora detallaremos. 

Los desempeños interanuales del primer trimestre, así como fueron positivos, también presentaron importantes diferencias. Por un lado, en Hotelería y Restaurantes el salario promedio creció 65,5%, la mayor suba entre los sectores de la provincia. En el primer trimestre 2024 este rubro había caído 19,9%, por lo que recuperó esa merma pero fue más allá: se ubica 32,5% por encima de igual período del 2023 y además, está 38 puntos por encima de noviembre de 2023. Es, por lejos, el sector con la mejor dinámica salarial en la provincia. 

El segundo mayor crecimiento interanual del primer trimestre estuvo en el sector de la Enseñanza, con 37,6% de alza real. Sin embargo, su dinámica más amplia es notoriamente inferior al de Hotelería y Restaurantes: en 2024 había caído 40,6%, por lo cual recuperó solo una parte de esa merma, generando que respecto al primer trimestre 2023 siga aún debajo (-18,3%) y además se ubica -3,3% contra noviembre 2023. Es decir, recuperó parte de lo perdido, pero aún no se recompone en lo que va de la era libertaria. 

Similar situación se ve en el Agro: crece fuerte en el primer trimestre 2025 contra igual período del 2024 (+33,1%) pero sigue debajo del primer trimestre 2023 (-0,4%) y no recupera lo perdido en la gestión Milei (-0,9% vs. noviembre 2023). 

En cambio, en el cuarto rubro de mayor crecimiento relativo en la provincia, que fue Servicios Comunitarios, Sociales y Personales, la dinámica es un mix de los casos anteriores: el salario de ese sector se incrementó 29,8% interanual al primer trimestre, pero sigue debajo de igual período 2023 (-4,9%) aunque sí logró ubicarse por encima de noviembre 2023 (8,6%). Esto da una pauta que el salario de ese sector ya venía cayendo con fuerza desde antes del cambio de gobierno y por ello la recuperación actual la posicionó por encima de ese momento. 

Otros tres sectores tuvieron alzas interanuales en el primer trimestre por encima del total general provincial: Minería con 29,7%, pero aún en proceso de recuperación (-20,4% contra primer trimestre 2023 y -1,2% vs. noviembre 2023); Construcción con 20,4% pero en igual situación que la anterior (-9,8% vs. primer trimestre 2023 y -8,6% vs. noviembre de ese año) y Servicios Inmobiliarios, Empresariales y de Alquiler con 19,8%, aunque este sí muestra recomposición (+8,4% vs. tres primeros meses 2023 y +9,2% respecto al cambio de gobierno).

Por debajo del promedio general provincial, en cambio, se ubicaron: Electricidad, Gas y Agua con 16,7% interanual y recuperando contra período previos (+9,1% 1T23 y +17,8% vs. noviembre 2023); Servicios de Transporte, de Almacenamiento y de Comunicaciones con +16,1% (pero aún en niveles bajos con -4,9% vs. 1T23 y -3,1% vs. noviembre); Servicios Sociales de Salud con +15,7% (también en proceso de recomposición, con -2,9% y -0,9% respectivamente); y la Industria Manufacturera con 15,6% (y recomposición de 1,1% vs. 1T23 y +11,7% vs. noviembre 2023). 

Finalmente, en dos sectores el alza interanual fue de un solo dígito: el Comercio con 6,1% y recuperación parcial (+1,2% vs. 1T23 y pero -1,5% vs. noviembre 2023) y la Intermediación Financiera con 5,2% y también recomposición parcial (+13,4% vs. 1T23 y pero -21,8% vs. noviembre 2023).

Podemos afirmar entonces que la recuperación en la era Milei sigue siendo aún parcial, ya que no abarca a todos los sectores. De aquí surge la pregunta, ¿a cuántos trabajadores abarca? Si tomamos la cobertura de trabajadores según sectores de actividad y cruzamos con los que ya muestran niveles salariales mayores a noviembre de 2023, podemos afirmar entonces que esa recomposición llegó al 40% de los trabajadores misioneros; por ende, el 60% aún no logra recomponer salarios a ese nivel. 

Pero hay otros aspectos interesantes para observar en la cuestión salarial, referido a la distribución de los trabajadores según los rangos de ingresos. Misiones es la provincia del NEA con la mayor proporción de trabajadores con ingresos superiores al millón de pesos: el 69% de los trabajadores gana más que ese nivel y el 31% lo hacer por debajo; si bien se debe bregar para que cada vez sea menos la población que tenga ingresos inferiores a ese nivel, la diferencia respecto al NEA es fuerte. Por caso, en Chaco el 61% de los trabajadores gana más de un millón, en Corrientes el 59% y en Formosa el 56%. 

Por ende, si bien los promedios luego muestran acomodamientos distintos en el ranking, en Misiones hay mayor participación de trabajadores en el rango superior de la franja de ingresos. Es decir, presenta una distribución salarial menos polarizada que el resto. Esta característica sugiere que, dentro del mercado laboral formal, Misiones logró construir un esquema más homogéneo en términos distributivos. 

La interpretación económica de este fenómeno puede vincularse a varios factores. Por un lado, la composición sectorial del empleo privado en Misiones tiene un peso importante de ramas como Industria (20% del total de trabajadores) y Comercio (22%), que si bien no se ubican entre los sectores con salarios más altos, permiten un ingreso relativamente homogéneo para una amplia masa laboral. Por otro lado, la provincia no presenta grandes asimetrías internas como sí sucede en otras jurisdicciones donde coexisten sectores con altísimos salarios y otros con remuneraciones muy bajas, generando una mayor dispersión.

Misiones tiene una base sobre la cual construir: un entramado productivo con ramas dinámicas, una distribución salarial formal relativamente equilibrada y un contexto reciente de crecimiento. Hay elementos para ser optimistas. 

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Radiografía del mercado laboral en Posadas: resiliencia y luces amarillas

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Los datos del INDEC, referidos al mercado laboral para el primer trimestre de 2025, dejaron alertas. Como se observa en todo el país, aún están frescos los impactos de la recesión, el ajuste fiscal y su consecuente contracción del consumo y sus embates a los indicadores de empleo. 

Los datos muestran a Posadas registrando retrocesos en las principales variables clave del mercado de trabajo, aunque no menos relevante, aún con ese deterioro, es que el aglomerado misionero sigue destacándose como el de mejores indicadores laborales dentro del NEA, sosteniendo así su ya histórico liderazgo regional. 

Inevitablemente, hay dos miradas que no dejan de ser complementarias al respecto: en primer lugar, reconocer que Posadas no es ajena a la crisis y sufre, naturalmente, sus impactos. 

Sin embargo, cabe resaltar, enfrenta ese temporal desde una base más robusta. Hay dos datos puntuales que reafirman esto: aún con caída, es el único aglomerado de la región que tiene más del 45% de tasa de actividad y es el único, también con descensos, que superó el 40% de tasa de empleo. No es menor. 

La evolución de los indicadores de trabajo en Posadas tiene matices: entre la caída y la resistencia. Si hacemos una mirada más amplia, observando que pasó en los últimos tres años (es decir, entre el primer trimestre de 2023 y el primero de 2025) vemos que la tasa de actividad pasó de 48,3% a 45,1%. Esta contracción de poco más de tres puntos porcentuales podría reflejar un mercado laboral con menos incentivos: es decir, que hay más personas que podrían haber abandonado la búsqueda de empleo. Por su parte, la tasa de empleo pasó del 46,0% a inicios de 2023 al 42,4% actual: la caída acumulada es de 3,6 puntos entre los extremos, mostrando una dificultad para sostener (primero) y generar (luego) puestos de trabajo. 

A la par, la desocupación también subió: del 4,7% en el primer trimestre de 2023 al 6,0% en 2025. Si bien este último valor no es el más alto de toda la serie, se observa que viene en aumento por tercer trimestre consecutivo.

A primera vista, este cuadro puede parecer preocupante y, de hecho, lo es. Enciende muchas más alertas de las que ya había. Pero todo tiene que ser puesto en un contexto y, en este caso, es el regional.

El promedio regional del NEA permite dimensionar mejor la posición relativa de Posadas. Al primer trimestre de 2025, la tasa de actividad en el NEA es de 42,7%, dos puntos y medio por debajo de Posadas. Si bien la distancia se achicó respecto a los más de tres puntos que los separaban en 2023, la capital misionera sigue liderando en participación laboral. 

En cuanto al empleo, la diferencia también persiste: 42,4% en Posadas contra 40,1% en el conjunto regional. Aquí también hubo un achicamiento de la brecha (de 3 a 2,3), pero la ciudad sigue posicionándose mejor que el promedio. 

En materia de desocupación, el dato es clave: mientras Posadas cerró el primer trimestre de 2025 con una tasa del 6,0%, el NEA en su conjunto alcanzó el 6,1%. Es cierto que la diferencia es mínima, pero no menor: a pesar del deterioro reciente, Posadas no sólo evita superar el promedio regional, sino que lo hace con una base laboral más amplia y activa. 

Esto significa que, en una plaza donde más personas buscan empleo, aún se sostiene un mejor equilibrio entre oferta y demanda laboral.

Pero más allá de estos indicadores, hay otros que nos permiten ampliar el análisis. Además de más o menos empleo, hay que hablar de la calidad del empleo. El dato de ocupados demandantes de empleo (personas que, estando ocupadas, buscan otro trabajo) muestra que Posadas pasó de un 11% a inicios de 2023 al 7,8% en 2025. Si bien el dato es superior a los niveles del NEA (7,6%), hay que es clave ver la evolución: contra 2023, los ocupados demandantes cayeron 3,2 puntos en Posadas y -2,2 en NEA; si lo comparamos, en cambio, contra el último trimestre 2024 (es decir, para ver la evolución de los últimos tres meses) en Posadas cayó 2,6 puntos y en NEA apenas 0,3. 

Este comportamiento sugiere que, si bien Posadas presenta un nivel levemente superior de ocupados que aún buscan otro empleo respecto al promedio regional, la dinámica reciente muestra una mejora más acelerada y consistente. 

Esto permite hacer dos lecturas complementarias: por un lado, podría reflejar cierta recomposición en la calidad del empleo en Posadas, donde más trabajadores logran sostener ocupaciones más estables o satisfactorias; por el otro, la mejora también podría estar explicada por un factor clave que suele impulsar la búsqueda de otro trabajo: los ingresos. Si bien aún no se dispone de información directa sobre evolución salarial a nivel local, es razonable suponer que cuando se produce una recomposición relevante (o al menos suficiente) de los ingresos, los trabajadores ocupados reducen su intención de cambiar de empleo, ya que logran satisfacer la principal demanda que los llevaba a buscar mejores condiciones. Así, una caída en los ocupados demandantes puede ser tanto señal de mejora cualitativa del empleo como de cierta estabilización del poder adquisitivo.

Veamos ahora qué pasó con la subocupación, es decir, la cantidad de personas que trabajan menos de 35 horas y quieren trabajar más. 

Posadas llegó a tener un pico fuerte en el tercer trimestre del 2024 donde llegó al 15,1%; sin embargo, al primer trimestre 2025 esta tasa se ubicó en 7,3%, la más baja en cinco años. Si bien también se posiciona por encima del NEA (5,5%) se vuelve a presentar un escenario similar al anteriormente descripto: la velocidad en la reducción es muy importante: -2,1 puntos contra el trimestre anterior para Posadas vs.-1,7 en la región.  

¿Cuáles podrían ser las razones que explican una baja en la subocupación? Si somos optimistas, esto podría darse a partir de una mejora en la cantidad de horas trabajadas o incluso por mejoras en ingresos por hora trabajada, aunque también, si somos más pesimistas, podría deberse por desaliento (dejar de buscar ese segundo empleo). 

En algunas semanas, cuando se conozcan los microdatos de la EPH, podremos saberlo con mayor precisión.

Ahora bien, volvamos al origen de este análisis. Posadas no mejoró sus indicadores, pero resiste. ¿Cuáles pueden ser algunas claves de esto? La ciudad tiene elementos estructurales que pueden explicar esta resiliencia relativa. La capital misionera cuenta con una matriz de servicios más diversificada, una infraestructura urbana más desarrollada y un mercado de consumo más activo que otros aglomerados del NEA. El comercio y los servicios personales, aunque golpeados por la caída de ingresos, siguen siendo generadores de empleo. Además, la articulación entre programas provinciales y el sostenimiento de políticas de inclusión laboral han permitido cierta contención en los momentos más críticos.

También el dinamismo de sectores como el turismo le otorga a Posadas una ventaja competitiva en relación con otros centros urbanos de la región, que dependen más de la obra pública o de empleos estatales directos.

Si bien el liderazgo laboral de Posadas dentro del NEA es indiscutido, por cifras y por estructura, no debe ser razón para descansar en laureles. Más bien, los últimos datos deberían servir como alerta. La dinámica que mostraron los indicadores de actividad, empleo y calidad del trabajo evidencia tensiones crecientes en el mercado laboral local que son fruto de una crisis nacional de la cual es difícil “salir solo”, pero también exhorta a reforzar las capacidades locales. La resiliencia posadeña (y misionera en general) ya se ha manifestado de manera contundente en muchas oportunidades y esta vez deberá volver a mostrar esa capacidad de reinvención.

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Desinflación en marcha ¿Es suficiente?

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En los últimos años, nos acostumbramos, si vale la expresión, a vivir bajo un régimen de alta inflación que alteró notablemente la vida económica de los argentinos. Aún en procesos de expansión de empleo, el valor de la moneda se perdía e impedía incrementar niveles de calidad de vida ante la imposibilidad de ahorrar o, incluso, de consumir más. 

Hubo momentos, pocos, donde el salario, vía indexación, podía rendir un poco más, y se contenía la pérdida de poder adquisitivo vía otros mecanismos como ser subsidios, por ejemplo, que permitían destinar una parte menor del salario en servicios públicos u otros para poder usarlos al consumo del hogar. 

Esto tornó insostenible a la macro nacional pero también impactaba en la economía real, naturalmente. La solución, entonces, como ya incluso lo había dicho Mauricio Macri allá por 2015, era terminar con la inflación. La premisa parecía obvia: bajar inflación era terminar con prácticamente todos los problemas económicos de la sociedad.

Los simpatizantes del actual gobierno nacional sostienen, aún hoy, esa premisa. Celebran el dato de inflación como si, automáticamente, eso repercute en una mejora de la calidad de vida de la gente. Sin embargo, no es el único factor que está actualmente en juego y tampoco vino a ser la solución definitiva. 

Primero, hay que dejar claro lo siguiente: que la inflación transite un sendero a la baja es altamente positivo. No hay dudas que un proceso de desinflación, con los datos que conocimos esta semana, es una herramienta fundamental para que el país transite caminos de normalidad y para que se estabilice el escenario nacional. Pero solamente con bajas la inflación no alcanza: el Estado debe necesariamente articular políticas que permitan a la ciudadanía disfrutar, por llamarlo de un modo, de ese descenso en la velocidad de suba de precios. 

El 1,5% de inflación de mayo es la suba más leve desde 2020 para el país. Datazo. Pero ¿qué nos dicen otros datos vinculados a la calidad de vida? También esta semana conocimos los datos del empleo registrado que corresponden al mes de marzo: cayó 0,1% mensual que equivale a 12.729 empleos menos que en febrero de este año. Veamos por modalidad: el sector privado formal cayó 0,1% y perdió 7.310 empleos; el sector público tuvo una variación de -0,02% que significa 802 empleos perdidos; el empleo registrado en casas particulares descendió 0,2% con -870 puestos de trabajo. En el sector independiente, los autónomos cayeron 0,5% (-1.990 empleos), los monotributistas, en cambio, crecieron 0,2% sumando 5.091, y los Monotributistas Sociales descendieron 2,8% (-6.848 personas). 

Habrá algunos que quizás argumenten que el dato puntual de marzo, que había sido malo para la economía con una baja sustancial del EMAE, en parte por la incertidumbre ante la inminente corrección del esquema cambiario (que se dio finalmente en abril) no debe ser tomado como una generalidad. Pero hay dos cosas que agravan la situación del empleo: la trayectoria y las expectativas.

¿A qué nos referimos con la trayectoria? Si tomamos los datos de marzo 2025 respecto a noviembre 2023, el mes previo al cambio de gobierno, de modo tal de analizar globalmente todo el período del actual gobierno nacional, la pérdida de empleo fue importante: el total del empleo registrado (excluyendo el monotributo social por cambios administrativos en su régimen) bajó 0,9%: son 116.680 empleos menos. En ese marco, el sector privado está 1,8% por debajo de antes del inicio de la era Milei con 115.353 empleos perdidos; el sector público -1,7% y 58 mil empleos menos; en casas particulares -4,8% (-22.111) y por el contrario, creció el registro en los independientes: Autónomos +1% y Monotributistas +3,7%, sumando en conjunto 78.994 empleos. Aun suponiendo que una parte de las personas con empleo en el sector privado o público se haya reconvertido en monotributista, el saldo global es altamente negativo. 

Es decir, aun con un proceso de desinflación muy importante y con mejoras en las condiciones macro, el empleo sufrió mucho y no mostró señales claras de recuperación sostenida.

Vamos a lo otro, ¿a qué nos referimos con expectativas? Marzo fue malo, sí. Pero parece que abril podría ser parecido. La misma Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación, en la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL), el nivel de empleo privado registrado es -0,2% respecto a marzo. El EIL, que se puede considerar como un proxy de los registros de SIPA, releva a empresas de más de diez personas ocupadas en once aglomerados urbanos del país. La caída que presenta en abril de 2025 es la tercera consecutiva y es además más elevada que en los meses previos. Ese -0,2% global está contenido por GBA, pero es más grave si miramos hacia adentro del territorio nacional: en los aglomerados del interior marcó -0,4%. Al ver el EIL analizado por tamaño de empresa, en las pequeñas de 10 a 49 personas ocupadas la caída es del -0,5%. Pero hay un dato que pasó un poco por alto de la agenda económica que es preocupante: la tasa de despidos en abril 2025 se ubicó en su mayor nivel del último año. Esto naturalmente provoca que las expectativas en torno al empleo no sean favorables para el corto plazo. 

Volviendo al tema inicial: bien por la desinflación, pero sin mejora de empleo y principalmente, recuperación de lo perdido en este proceso, los beneficios en precios no se pueden ver reflejados en mejora de calidad de vida. 

La otra pata de esta discusión es el salario: en abril de 2025, el promedio de los salarios privados en SIPA tuvo una disminución del 1,6% mensual real y ya acumula tres meses consecutivos de caída (-0,2% en febrero y -2,6% en marzo). De esta forma, se ubicó en igual nivel de noviembre 2023 pero con una diferencia: habría logrado estar arriba del mismo entre septiembre 2024 y marzo 2025, por lo cual no está atravesando un sendero de recuperación sino por lo contrario, de nueva pérdida. 

Por otro lado, el promedio de los salarios de convenios colectivos de trabajo en abril sigue por debajo de niveles de noviembre 2023 en un 3%, por lo que no tuvieron recomposición salarial.  Si a esto le sumamos el hecho de que, en marzo, el salario en el sector público mostraba caída del 16,7% respecto a noviembre de 2023, se fortalece más el punto. 

Recapitulemos: el empleo no logra un proceso sostenido que le permita recuperar lo perdido y los salarios siguen en sendero bajista que se traduce, pese a la desinflación, en caída del poder adquisitivo. Esto, a su vez, se traslada inevitablemente a un consumo más débil aunque con algunas paradojas: se observa una fuerte dicotomía entre el consumo masivo (que no recupera) con los bienes durables (que están volando). ¿Qué significa esto? Los durables como ser electrodomésticos, automóviles, escrituraciones e incluso turismo están teniendo crecimientos muy importantes en el último tiempo; pero por el otro lado, los indicadores de venta en supermercados, autoservicios, minoristas pymes y consumo masivo siguen sin lograr recuperarse, ubicándose en todos los casos por debajo del nivel de noviembre 2023. 

Es decir, algunos pueden consumir más y se vuelcan a los durables, que son seguramente los que tenían poder de compra incluso con la crisis (y por ende no se modificó su comportamiento en la compra de masivos) pero los que no logran recuperar su poder adquisitivo (o su ingreso, en el caso de los que quedaron sin empleo) disminuyen sistemáticamente su canasta de consumo de bienes básicos. En otras palabras, una gran parte de la población compra menos, no porque los precios suban mucho, sino porque aún con precios relativamente estables, no le alcanza para aumentar su volumen de compra. 

En términos generales, aunque más aplicado a los bienes de consumo básicos, hay una evidente paradoja: los precios suben menos, pero la calidad de vida no mejora. Esto pone en evidencia que la desinflación, por sí sola, no implica bienestar. Es una condición necesaria, sí, y por ello se celebra el proceso. Pero esta estabilidad de precios necesariamente debe estar acompañada de mejoras en la situación del empleo y de salarios reales.

Reducir la inflación es clave, sin dudas. Pero lograrlo sin que la mayoría de la población lo sienta como una mejora concreta en su vida puede hacer que ese esfuerzo, por más consistente que sea, pierda legitimidad. Aunque la ideología libertaria no esté de acuerdo, el rol del Estado en acompañar procesos de recomposición de ingresos (como por ejemplo, no ponerle techo a paritarias en 1% cuando la inflación no llegó a ese nivel) y de creación de empleo (por ejemplo, obra pública) es clave para que la mejora en las condiciones macro tenga su impacto a nivel social. 

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Empresas: el motor misionero en tiempos complejos

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En medio de la inestabilidad económica a la que nos tiene acostumbrados la Argentina, uno de los desafíos más urgentes —y muchas veces poco visibilizado— tanto para el país como para las provincias, es sostener su entramado productivo mediante, primero, el sostenimiento y, luego, la expansión de empresas activas que no solo generan empleo, sino que impulsan inversiones y le dan dinamismo a la economía local. Pero, sobre todo, son una señal clara de resiliencia frente a contextos adversos.

Es harto sabido que las empresas, en particular las pequeñas y medianas, son el corazón económico de muchas (por no decir todas) provincias argentinas. Pero aquí pueden encontrarse algunas sutilezas: en los grandes centros urbanos del centro del país, la concentración de capital y consumo define buena parte de la actividad, mientras que en las provincias, muchas veces, una sola empresa —como una fábrica, un aserradero, una firma exportadora o una pyme tecnológica— no solo genera empleo directo, sino que arrastra consigo una red de proveedores, contratistas, comercios y servicios conexos. Se convierten así en una pieza imprescindible del tejido económico y social, pero también de la política fiscal local: provincias con una estructura empresarial sólida tienen mayor actividad económica, lo que redunda en mejores niveles de recaudación en sus distritos.

En este sentido, Argentina presenta una densidad empresarial baja en comparación con otros países. En 2024, había unas 12 empresas cada 1.000 habitantes, un número significativamente inferior al promedio de países como México (40 empresas cada 1.000 habitantes) o los países de la Unión Europea (72). Esto, sumado a que el stock total de empresas en Argentina viene mostrando una tendencia decreciente, representa una problemática que obstaculiza el desarrollo económico nacional.

En contextos nacionales históricamente desafiantes, volátiles y altamente inciertos, la provincia de Misiones mostró signos de resiliencia económica. No estuvo exenta de los impactos de cada crisis, pero supo sostener una estructura que permitió amortiguarlos y, a la vez, propició una recuperación más rápida. Un primer ejemplo de esto se dio durante la pandemia: un golpe que se sintió en todo el país, pero del que Misiones comenzó a recuperarse con mayor celeridad que otras regiones. En los primeros meses de la crisis se cerraron casi 100 empresas, pero hacia fines de ese mismo año se habían abierto 184. Esto no es otra cosa que una potente demostración de capacidad de resistencia y despegue.

Misiones se destaca en la región del NEA por su liderazgo en cantidad de empresas y empleo. En particular, concentra el 36% del total de empresas de la región. Esto se explica por una economía diversificada, con fuerte peso del comercio y los servicios, pero también de la industria, que genera un movimiento de cadena fundamental para la vida económica misionera. En este marco, la provincia mostró un crecimiento sostenido en la creación de empresas en la última década: entre 2013 y 2023, el volumen creció un 10%.

El año 2024 presentó fuertes complejidades, marcadas por una feroz recesión que se llevó consigo muchos empleos y empresas. De hecho, entre noviembre de 2023 y mayo de 2024, se cerraron 220 empresas en la provincia. Sin embargo, a partir de allí volvió a evidenciarse la resiliencia de Misiones: de manera lenta pero sostenida, comenzó a recuperar lo perdido, logrando sumar 156 nuevas empresas hacia fin de año. Naturalmente, algunos sectores se recomponen más rápido que otros, pero lo relevante es el saldo global positivo.

El 2025 marca un rumbo que permite cierto optimismo: la cantidad de empresas, hacia abril, crece un 1,7%, con un desempeño parejo entre los distintos sectores, aunque algunos encabezan el proceso. Por ejemplo, el sector de Información y Comunicaciones crece 5,3%; las Asociaciones, 3,4%; los Servicios Inmobiliarios y los Servicios Profesionales, 3,1% cada uno; y las Actividades Administrativas y de Apoyo a Empresas, 2,5%. También hay crecimiento en sectores claves de la economía local: el Comercio aumenta un 1,7% y la Industria Manufacturera, un 2,6%.

En este contexto, solamente dos sectores muestran descensos: la Construcción y la Explotación de Minas y Canteras. Sin embargo, hay cierto optimismo, especialmente en el primer caso, de que la situación pueda revertirse en el mediano plazo si continúa el proceso de expansión del sector privado. No obstante, resulta igualmente importante que la Nación retome el financiamiento de obra pública para dinamizar el sector. En relación con esto, la ejecución de obras por parte del Estado nacional en la provincia (que incluye edificaciones, infraestructura, etc.) acumulada a mayo se ubica un 64% por debajo de los niveles de 2023, por lo cual aún queda mucho por recomponer en materia de inversión nacional.

En el plano regional, Misiones muestra una dinámica de crecimiento superior a otras provincias del NEA en 2025: su alza del 1,7% es mayor que la de Corrientes (0,2%) y contrasta con la baja del 1,2% que presenta Chaco. Nuevamente, se evidencia una diferenciación positiva de Misiones respecto de su entorno.

Así como es relevante entender qué sectores están traccionando la recuperación, también lo es analizar ese proceso por tamaño empresarial: entre diciembre de 2024 y abril de 2025, las empresas de hasta 10 empleados se mantienen estables, pero las que tienen entre 11 y 40 trabajadores son las que impulsan el crecimiento, con una suba promedio del 3,4%.

Detrás de estos datos, hay una articulación entre un perfil empresarial con capacidad de reinvención y un marco de políticas públicas provinciales orientadas al desarrollo del sector privado, con instrumentos clave como incentivos fiscales, financiamiento y acompañamiento en la gestión. En tiempos de crisis, las empresas no solo son un termómetro de la economía, sino que, ante todo, constituyen un motor fundamental para la recuperación y el crecimiento.

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