Camilo Furlan

Inteligencia vs astucia ¿Qué nos hace humanos?

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Alan Mathison Turing fue un matemático y lógico contemporáneo a la segunda guerra mundial, su participación en los trabajos de decodificación de mensajes encriptados por el Tercer Reich fue fundamental para ganar la guerra por parte de los aliados, aunque esto no lo sabríamos si no 50 años más tarde. Por otra parte, Turing es considerado como uno de los padres de la computación y la inteligencia artificial, ya que sus máquinas “no sólo resolvían ecuaciones” matemáticas, más bien razonaban por sí mismas para determinar cual era más eficiente de resolver el problema. Esto lo convierte en el pionero más importante de lo que hoy conocemos como razonamiento artificial o machine learning. 

El principio usado por Turing para el desarrollo de sus máquinas autómatas se basaba en la siguiente afirmación: “El razonamiento matemático puede considerarse esquemáticamente como el ejercicio de combinación de dos factores, que podríamos llamar intuición e ingenio”. Estos factores son los pilares de lo que hoy llamamos Inteligencia Artificial, porque usa conceptos (no lineales) para resolver los problemas, es decir, aprende del problema a resolver y se centra estrictamente en hallar la manera más eficiente de rodear el asunto de forma “astuta”, evadiendo obstáculos y sorprendiéndonos por su parecido al aprendizaje humano.

Turing, a lo largo de toda su carrera, hizo un particular énfasis en la capacidad humana de poder diferenciar a otro humano de una máquina. Es por ello que creo lo que hoy conocemos como “El test de Turing”, en el que un humano intercambia mensajes con un individuo detrás de una pared hipotética, posteriormente teniendo que adivinar si está hablando con un humano o con una máquina. Este énfasis se debía a la postura meramente “materialista” de la inteligencia por parte de Alan, es decir, a la interpretación de la inteligencia humana como la suma de complejas ecuaciones matemáticas (en algún punto replicables). Descartando cualquier postura que considere a la conciencia como un factor metafísico, mágico o bien más allá de los límites alcanzables por la ciencia. Por eso se consideraba ateo y desarrolló el siguiente concepto: “La ciencia es una ecuación diferencial, la religión es una condición de frontera”. De esta manera, Turing jamás descarta la existencia de lo “sobrenatural”, si no que creía que primero deberíamos de comprender hasta la mayor profundidad el razonamiento meramente lógico, para posteriormente (o no) embarcarnos en esa dirección. 

Esto nos lleva a la interpretación quizás más importante de la inteligencia por parte del matemático. En un punto determinado de la historia, la humanidad no será capaz de discernir la diferencia entre un humano y una máquina, lo que nos dejará entre la espada y la pared con respecto a la pregunta ¿Qué nos hace humanos? ¿Acaso no somos más que un montón de sintaxis y sumatorias que desencadenan respuestas frecuentemente predecibles? O, en aquel punto ¿En que podríamos sostenernos para afirmar que las máquinas carecen de conciencia?

Otra línea de pensamiento nos lleva a plantear que el momento “x” en el que no seamos capaces de diferenciar un chatbot de una persona será inalcanzable, ya que los procesadores no tienen la capacidad de computar tantos datos como si la tiene un humano. Nuestra capacidad de abstracción (Imaginación) es equivalente a la memoria RAM de las computadoras, un cerebro promedio tiene no menos de 2,5 Petabytes de “RAM”, (2,5 millones de Gigabytes). Mientras que una computadora promedio tiene entre 4 y 8 Gigabytes solamente. Además, un algoritmo de computadora jamás será capaz de vivir el cotidiano humano promedio, bañado de conversaciones, chistes sarcásticos, traumas, “emociones” (Sintaxis matemática cerebral alterada por la segregación de químicos en el organismo). 

Entonces ¿Qué es la inteligencia artificial?

Como bien lo planteaba Turing, una computadora jamás será capaz de emular un cerebro humano en toda su complejidad y magnificencia, lo que sí puede hacer es volverse extremadamente eficiente en convencernos de que si puede. Esta es la matriz del desarrollo actual de la mal llamada I.A, es decir, no somos capaces de generar el nivel de conciencia que podemos llegar a alcanzar los humanos, pero la capacidad de resolver problemas por parte de una I.A es una manera elegante de ocultar algo más simple, la astucia. 

Llevándonos de esta manera a construir el postulado de inteligencia sustentado sobre la base de la mera capacidad de persuasión y no de razonamiento. Mediante esto podríamos decir que más allá del trasfondo científico que subyace la verdadera razón del intelecto o la conciencia humana, el concepto más eficaz para describir que es la inteligencia refiere a la capacidad del comunicador de convencer al comunicado sobre su nivel de inteligencia. Es decir, somos tan inteligentes como seamos capaces de demostrar.

Las implicancias de esa afirmación hacen peligrar la estructura misma del mundo moderno, sustentado por medios de comunicación masivos e instantáneos. En el que convencer a la mayor cantidad de personas de ser capaz de revertir el cambio climático o eliminar el hambre del mundo, se vuelve tan fácil como publicar un meme de vez en cuando. En la era de la inteligencia artificial, la computación cuántica y la fibra óptica, nos enorgullecemos de poder engañar con mayor eficiencia que antes. Quizás no merezcamos desenmarañar el misterio detrás de la conciencia humana, siendo que teniendo la posibilidad de hacerlo justo frente a nuestras narices, decidimos usar la I.A para hacer tiktoks virales y engañar al profesor de literatura más fácilmente.

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Sueños inocentes, pesadillas inminentes

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Ray Kurzweil, ex ingeniero de Google, predijo que en ocho años la humanidad alcanzara la inmortalidad gracias a “Nanobots” que podrían revertir la edad. Según Kurzweil, la creación de esta tecnología será posible gracias a la expansión en genética, nanotecnología y robótica. En un debate realizado por el canal de YouTube Adagio, Kurzweil mencionó que los “nanobots” tendrán la capacidad de reparar las células y los tejidos dañados que se deterioran a medida que el cuerpo envejece. Para el ingeniero, dicha función permitirá quelos humanos sean inmunes al envejecimiento, la muerte y enfermedadescomo el cáncer.

Este autoproclamado futurista consiguió gran parte de su prestigio gracias a, años atrás, haber acertado en varias de sus predicciones. Una de ellas se cumplió en 1990, cuando el hombre advirtió que el mejor jugador de ajedrez del mundo perdería ante una computadora en el año 2000. Su “visión” se volvió realidad en 1997, cuando la IA Deep Blue venció a Gary Kasparov.

Asimismo, en 2005 indicó que para la década de 2010 las soluciones virtuales serían capaces de realizar traduccionesde idiomas en tiempo real. Con respecto al futuro, además de la inmortalidad, el ingeniero manifestó que los nanobots provocarán “una inmersión total de realidad virtual desde dentro de nuestro sistema nervioso”. “Al igual que hoy podemos ampliar de forma inalámbrica el poder de nuestros smartphones 10.000 veces en la nube, vamos a ser capaces de ampliar nuestra neocorteza en la nube”, precisó al respecto.

En tanto a la cuestión de predecir el futuro, nos vemos ante una situación ya vivida por nuestros padres y abuelos. Un claro ejemplo de ello sería la película de ciencia Ficción “Volver al Futuro”, donde para el año 2015 habría autos voladores circulando con total naturalidad por las ciudades. Al día de hoy, somos perfectamente capaces de desarrollar este tipo de tecnología, pero bien sabemos que de hacerlo, los costes de mantenimiento, energía, combustible y seguridad vial serían abismales e insostenibles por el usuario promedio. Y de esta manera se nos fue dando a entender que los avances tecnológicos no son directamente proporcionales a una mejora visible en nuestro estilo de vida, sino que hay otras cuestiones que engloban la cuestión, tal y como la disponibilidad de recursos y combustibles, o los costos de fabricación de dichos equipos.

Existe un blog que se ha dedicado en los últimos años a recopilar imágenes que representen una visión futurista en el siglo XIX, es decir, un conjunto de cuadros en los que determinados artistas plasmaban sus “alocadas” visiones de como seria el año 2000. Empezando por los dibujos del artista francés Jean-Marc Côté, iniciados en 1899, cuando el largo y convulso siglo XIX tocaba a su fin. En él, Côté plasma sus ideas sobre el año 2000 (el equivalente a nosotros tratando de adivinar cómo será el mundo en 2115). Las obras se encuentras en la Biblioteca Nacional de Francia, y se fueron publicando durante la primera década del siglo XX.

Côté pensaba que en el año 2000 las máquinas aún serían de hierro, pero que serían capaces de acelerar el nacimiento de los polluelos en apenas un segundo. Una máquina también permitiría a un sólo hombre tocar todos los instrumentos de una orquesta a la vez. Y por supuesto, para entonces el ser humano ya habría sido capaz de volar (en unos muy rudimentarios cacharros).

El desarrollo de los famosos “nanobots” es una cuestión prácticamente descartada por toda la comunidad científica, porque se sabe que la construcción de componentes electrónicos capaces de cumplir con lo que se espera de un nanobot milagroso, significaría un dispositivo de algunos centímetro, algo que sin duda no cabría en nuestro sistema como para revertir el cáncer o el mismísimo envejecimiento. Quizás pienses “pero los componentes se hacen más y más diminutos y complejos año tras año casi exponencialmente”. Pero se tiende ignorar el trasfondo del dilema, estos “componentes” están formados por “transistores” un pequeño dispositivo encargado de las ecuaciones matemáticas que desencadenan en respuestas más complejas. Hace varios años ya, que es de publico conocimiento el limite de construcción de transistores, donde esros son tan diminutos que se componen de unos pocos átomos y de hacerlos más pequeños, las ejecuciones del ttransistores ven afectadas por la mecánica cuántica, un rubro de la física singularmente complejo de predecir.

Creo que si viéramos a el desarrollo de nuevas tecnologías como un concepto lineal, en el que el ritmo de desarrollo actual no se va a ver afectado por el paso de los años, pecamos de una extrema arrogancia y estupidez. Hay factores que, hace décadas, vienen siendo una cuestión más importante que el desarrollo tecnológico en sí mismo, pero hoy dejan de ser “una cuestión” y pasan a ser un factor inevitable. Hablo del cambio climático, la escasez de recursos, sequías, incendios, inundaciones, hambrunas masivas y esta lista podría seguir por horas.

En lo personal, espero que esta vez no sea nuestra fascinación por las “lucecitas de colores” lo que nos ciegue frente a la catástrofe (aún evitable) que se nos avecina. Pero a simple vista, la sociedad, el común de la gente hoy, no está preparada para un cambio en las prácticas mínimas que hace 70 años hubiesen sido suficientes para frenar el cambio climático. No estamos listos para lo que se viene, no sabemos que implica, no dejamos de soñar con un futuro lleno de autos voladores y posibilidades para todos.

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Inteligencia artificial para entender inteligencia natural

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¿Acaso jamás pensó usted en poder hablar con su perro? ¿O en entender el lenguaje de los leones? Esa fantasía, tan a menudo tachada de infantil e ingenua, tiende a volverse parte de nuestra cotidianeidad. Así es, estamos rozando la posibilidad de entender el lenguaje de los animales, tal y como si se tratase del traductor de Google. Un muy apasionado grupo de 10 científicos de California, EEUU, plantean que la interpretación de datos masivos conformados por material bioacústico de diversas especies puede ser interpretado de manera eficaz mediante el uso de inteligencia artificial. Su lema es: “Mas de 8 Millones de especies comparten nuestro planeta. Solo entendemos el idioma de uno”

Este proyecto nació en el año 2008, y desde ese entonces hasta el día de hoy, no deja de ser una magnífica idea. En 2017 se suma Reid Hoffman, cofundador de la plataforma LinkedIn, hoy Líder del proyecto. Earth Species Project, no tiene fines de lucro y se basa en la tecnología Open Source, lo que quiere decir que su código matriz está libre al público, tal y como si Coca-Cola diera libre acceso a su tan polémica receta de la gaseosa. 

Rebobinamos a los años 60, donde un profesor de poligrafía se relajaba en su oficina, (El, su polígrafo y una planta). Este señor, se llamaba Cleve Backster y ese día, en esa oficina descubriría algo tan impresionante que lo dejaría obsesionado por el resto de su vida. Backster descubrió, entre otras cosas, que las plantas sienten y convertiría su mera existencia en la prueba científica más fehaciente de ello. Lastimosamente, su trabajo fue atrozmente ignorado por parte de la comunidad científica, dejando de lado toda posibilidad de considerar a las plantas conscientes. Aun así, hasta la actualidad, ha resultado inútil intentar refutar sus investigaciones, dotando su trabajo de un muy bien camuflado prestigio científico. 

Al día de hoy, la poligrafía es una disciplina en extremo perfeccionada y refinada mediante el uso de modernas máquinas que solamente un profesional podría manejar. Más allá de ello, un polígrafo, no es nada de otro mundo. Al punto tal de que, quien escribe esto, pudo crear uno funcional sin mayores inconvenientes. Programé una plaqueta “Arduino”, para que interpretara la variación de conductividad entre dos electrodos y lo convirtiera en un gráfico inteligible, algo que he visto hacer en niños de 6 años sin mayores dificultades. 

Por mi experiencia, la cual recomiendo a cualquiera que pueda replicarla, me di a entender de que la interpretación de las lecturas proporcionadas por el dispositivo, a menudo tienden a ser complejas de interpretar. Unos días atrás, dí por casualidad con el trabajo de este grupo de científicos y resonó en mí la posibilidad de combinar estas tecnologías. Es decir, desarrollar una inteligencia artificial capaz de interpretar las lecturas del polígrafo en plantas, convirtiendo unas pocas variaciones eléctricas en palabras representativas tal y como: “Necesito más sol”, “El jueves me echaste demasiada agua”, “El electricista que vino ayer me cae mal” …

Quizás estés pensando: “Qué el electricista… ¿qué? O ¿Qué tiene que ver eso con la planta? Creo firmemente que este es un tema caracterizado por su vastedad, a tal punto de que, si me pusiera a explicar el porqué de todo, me extendería a sobremanera. Aún así, puedo dar fe, en que esas “frasecitas” tan inocentes, tienen un muy profundo asidero científico y son una síntesis muy didáctica de una extensa y apasionada investigación sobre la temática. En última instancia, puedo invitarlos a que investiguen al respecto, porque lo que yo sé, lo sé por información dispersa en toda la red del internet, a la cual todo el mundo tiene un relativo fácil acceso.

Si bien por mi parte estoy trabajando en el desarrollo de neuronas artificiales capaces de realizar esta tarea, mi énfasis se centra hoy en que la posibilidad de indagar en estas cuestiones está en las manos de quien simplemente se lo proponga. Backster hubiese soñado con que cada niño de la primaria pudiese estar jugando con un polígrafo con total naturalidad, creo que el fácil acceso a esta tecnología y a esta información es el más preciado regalo del que nos podría haber dotado el siglo XXI. Lastimosamente, en las instituciones educativas, a menudo se subestima la inteligencia de los individuos y se busca disciplinarlos en función de un propósito unificado “Ser alguien en la vida”

Quizás Backster, en su niñez, hacía “machetes” para aprobar los exámenes. Luego, vino internet, y los niños del 2000-2020 reinventaron las “trampas” al recurrir a una búsqueda rápida en la red. Pero, hoy… ¿Cómo podemos seguir enseñándoles que las plantas son seres “Pasivos”? Les obligamos a memorizar la fórmula para calcular la velocidad, o el uso de poleas, en una era en la que tienen la biblioteca de Alejandría en el bolsillo. Sin dudas es tiempo de que la educación cree personas capaces de afrontar la crisis climática, social, medioambiental y energética que se nos avecina. 

Creo en la educación disruptiva, creo en los científicos audaces, en el Open Source y en Albert Einstein cuando dijo “El verdadero signo de la inteligencia no es el conocimiento, sino la imaginación”

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El desgastado límite entre un futuro soñado y el transhumanismo criminal

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Este martes, 18 de septiembre de 2023, se abrieron las inscripciones para participar de los experimentos en humanos por parte de la empresa de biotecnología “Neuralink” perteneciente al multimillonario Sudafricano Elon Musk. Esta empresa fue creada en el año 2016 y su principal objetivo, según aseguran, es ayudar a que las personas con “ELA” (esclerosis lateral amiotrófica) puedan controlar prótesis robóticas usando su propia mente.

Un ejemplo popular de esta enfermedad fue un físico teórico, astrofísico, cosmólogo y divulgador científico británico, hablamos de Stephen Hawking, a quien con apenas 21 años se le diagnosticó esta enfermedad. Sin dudas hablamos de un propósito en extremo noble, considerando los estragos que la ELA le puede significar a la vida de las personas afectadas. Con esta idea, Neuralink consiguió recaudar no menos de 280.000 millones de dólares de inversores interesados en apuntalar la audaz iniciativa de los científicos.

Pero, no por motivos casuales, se encuentran hoy entre el fuego cruzado de los medios de comunicación y una enorme polémica sustentada por denuncias realizadas por exempleados de dicha corporación. La idea que subyace el objetivo meramente médico de los implantes craneales en humanos, tiene mas que ver con el control y manejo “psíquico” de componentes tecnológicos, como lo sería un Smartphone o un automóvil inteligente. Es decir, la idea de Musk, es llegar a un futuro en el que la interacción con las redes sociales o internet en general, avance a un siguiente nivel.

Hasta aquí, no hay problemas significativos en materia de controversias o peligros para la salud. Pero ¿Por qué la polémica?

Quienes se posicionan en contra de la propuesta de Neuralink, argumentan cómo este tipo de implantes puede afectar de diversas maneras a sus “Usuarios”, o bien portadores. Y es que el Comité de Médicos para una Medicina Responsable, una organización sin ánimo de lucro con sede en Washington, ha denunciado al magnate ante la Comisión de Bolsa y Valores de EE UU (SEC) por la muerte agónica de doce primates por culpa de estos implantes.

En diciembre del año pasado, Reuters (Agencia de Noticias) denunció que la empresa estaba bajo investigación federal acusada de presuntas violaciones del bienestar de los animales. En concreto, de unas 1.500 ovejas, cerdos y monos, después de que una veintena de trabajadores y ex trabajadores acusaran a Neuralink de acelerar las investigaciones, produciendo “sufrimiento y muertes innecesarias”.

Dichas denuncias intentan frenar esta oleada de microchips cerebrales, preocupando por razones obvias a quienes quieran presentarse voluntarios para los ensayos en humanos. La brecha entre pacientes y Usuarios intenta difuminarse, con el argumento de un progreso tecnológico, mostrándonos lo morboso del mundo detrás de esas bellas palabras enunciadas por un CEO de empresas tan reconocidas y aplaudidas por el mundo; “Imagínense si Stephen Hawking hubiese tenido esto” presumía Musk en las redes sociales.

En un contexto mundial signado por la extrema pobreza y desigualdad, el cambio climático y la crisis energética, la escasez de recursos y el “pico del petróleo”, se promete un futuro en el que los problemas sen tan fáciles de olvidar como lo es tener una idea de un momento a otro.

Quizás, los métodos de evasión de los que requiere la sociedad para apaciguar la enorme tristeza que le ocasiona la vida cotidiana y repetitiva de la sociedad moderna, son hoy demasiado incómodos de llevar en el bolsillo. Donde antes “Juan” llegaba exhausto del trabajo, queriendo sentarse un momento y ver algunas novedades en Facebook o algo de entretenimiento en TikTok, ya no le será “tan complicado como eso”.

En el momento en el que Juan se sienta agotado, triste o frustrado, la solución se activaría de manera instantánea, dotando a Juan de la maravillosa capacidad de consolar su frustración tan solo en unos milisegundos de retardo, liberando en Juan la cantidad necesaria de dopamina par que se sienta bien de nuevo y pueda seguir siendo un operario funcional de la fábrica de autos eléctricos y “ecológicos” en la que trabaja.

O quizás, esto sirva para que las personas tetrapléjicas puedan tener una vida “funcional” ¿No? Donde Luis dejaría la silla de ruedas para poder, al fin, ser parte de SpaceX y cumplir su sueño de ser astronauta, o quizás no, quizás Luis termine teniendo que trabajar explotando los yacimientos petrolíferos mediante Fracking para poder generar el combustible que permita a un barco de carga traer componentes electrónicos desde el otro extremo del planeta, para poder construir autos a base de Litio, (también extraído de una explotación minera, posterior al desplazamiento de comunidades indígenas milenarias), para que finalmente “Sussane” pueda pegar una calcomanía de “Reducir, Reutilizar, Reciclar” en el parabrisas de su Tesla. Vivimos el siglo XXI, donde a la mayoría le toca vivir el siglo XX y a otros pocos el siglo XXII.

El futuro es la cúspide de una pirámide de eras pasadas sosteniendo este fantástico orden en un mismo instante presente. El futuro esta al alcance de quien pueda pagarlo, el futuro está justo detrás de el monitor de tu PC, detrás de tu celular, detrás de las muy bien producidas propagandas de televisión.

Hoy resulta que darle like a Greenpeace en Instagram, eso sí que es ser sustentable, eso sí es cuidar el planeta. Conducir un auto que “aún” funcione a gasolina, es del siglo pasado, mejor cómprate un eléctrico. Montar un caballo o una bicicleta, plantar un árbol, comerse un trébol ¡POR DIOS! ¡QUE RETRÓGRADA! ¿No?

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Un billón de árboles, ¿pueden revertir el cambio climático?

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Sin duda es este un tema que a menudo tiende a ignorarse en absoluto. Cuesta reconocerlo, pero apenas se menciona, nos vemos empujados a rechazar la posibilidad de que el clima vaya a cambiar para mal. Porque parece que no afecta nuestro día a día, o al menos no como esperamos que suceda, sino que se manifiesta de maneras indirectas.

El destino lineal de la humanidad, es decir, si seguimos exactamente cómo vamos hasta ahora, nos lleva a una catástrofe climática, regida por los desequilibrios, inundaciones, calor extremo, sequías, etc. Aun así, esto es a largo plazo, pero ¿Qué se nos dice al día de hoy sobre el cambio climático?

Estoy completamente seguro de que, en mayor o menor medida, todos sabemos que es y que implica el cambio climático, pero ¿Por qué? El tema es enormemente polémico al día de hoy, representando tendencias enormes en redes sociales, programas de televisión, titulares de revistas y artículos. Desde científicos que se encadenan a las puertas de corporaciones de renombre en modo de protesta, hasta “activistas” climáticos que buscan llamar la atención de los medios salpicando pintura de colores en obras de arte representativas. Es por ello, que, sin lugar a dudas, todos oímos hablar al respecto ¿No?

Pero ¿Por qué tanto escándalo, si aún no hay hambrunas masivas, ni radiación UV quemándonos vivos a todos, ni inundaciones en ciudades importantes? Como mencioné anteriormente, dicho cambio no solo se dará en etapas paulatinas, sino que se irá tornando parte de nuestra cotidianeidad. Donde ahora es normal que ciertos productos escaseen en las góndolas, mañana lo será que la harina de trigo sea un lujo que ni la clase media se pueda dar. Sin mencionar los atroces daños a la salud que provoca el exceso de gases de efecto invernadero, tales como el Co2, en nuestra salud. Si bien el petróleo representa la mayor parte de las emisiones de este tipo de gases (40.600 Gigatoneladas de CO2 en 2022), la misma eliminación de la contraparte (La deforestación) también representa parte importante de las emisiones (3.900 Gigatoneladas de CO2 en 2022).

Solamente un automóvil, en promedio, produce al menos 250 gramos de Co2 por Kilómetro recorrido. El promedio de kilometraje recorrido por automóvil al año ronda los 12.500Km, esto significa que, al año, un solo auto produce no menos de tres toneladas de Co2. Un árbol promedio, absorbe entre diez a quince kilos de Co2 anuales, implicando por lo tanto que, con solamente el recorrido de un vehículo a lo largo de un año, ciento cincuenta y seis árboles tuvieron que absorber el Co2 producido. De esta manera, creo que no seria una idea muy descabellada exigir al Usuario poseer una certificación que acredite al mismo de ser cuidador de esta cantidad de árboles, equivalente a al menos tres hectáreas de bosque en optimas condiciones. Dicha acreditación sería tanto o mas importante que la verificación técnica vehicular o la licencia de conducir ya que, desde el punto de vista de la seguridad vial, la exigencia de estas credenciales es una manera de garantizar la integridad física y la salud del Usuario. 

Si pretendemos poder abrir las ventanillas del auto en el año 2050, tendríamos que pretender también que haya oxígeno ahí fuera, ¿No? ¿O acaso sería mas loable que se exija una credencial que garantice el correcto funcionamiento de los tanques de oxígeno que, sin duda alguna, va a tener que trasportar en su baúl?

Según constato el COP25 (Conferencia de las Naciones Unidas sobre cambio climático de 2019), el cambio climático podría revertirse si cada persona sobre la faz de la tierra plantase seis plantas al mes. Si, en última instancia, todo se reduce a algo “tan simple” como eso. Compensando, de esta manera, incluso las emisiones producidas por las grandes industrias y la maquinaria empleada para tareas de producción y extracción de materias primas en general. 

Tengo que aclarar, algo obvio, que tiene que ver con un árbol; plantar un árbol no es tan fácil como suena, no podemos reducirlo a una simple tarea repetitiva tal y como cepillarse los dientes o lavarse las manos, sino que lleva sus cuidados, asemejándose mas bien a una mascota. A la que hay que suministrarle agua y alimento, al menos hasta que pueda arreglárselas por su cuenta, y sea lo suficientemente frondoso como para suplir la demanda de absorción de Co2 requerida a nivel planetario.

Otras fuentes, señalan que, si de alguna manera pudiésemos plantar un billón de árboles de un momento a otro, toda la problemática se revertiría y evitaríamos una catástrofe a nivel global. Mil millones suena a un gran número, pero no es imposible, se reduce a un cambio en el régimen de prioridades que establezcamos como especie. Ya hemos señalado muchas veces a las grandes corporaciones o a los gobiernos como los culpables del problema y los que deberían de establecer políticas destinadas a plantear y aplicar soluciones fiables. Pero la verdad es que, “El gobierno” o “Las corporaciones” son títulos que empaquetan un gran cúmulo de gente que intenta sentirse segura en una casa de paja. El único que puede salvar al mundo hoy, es usted, soy yo, lo son todos aquellos que quieran garantizar algo parecido a un futuro posible para sus hijos. No lo es nadie más. Plantar esos seis árboles, es más importante que todo en tu vida, porque tu vida de ello depende. Es tan simple, que cuesta entenderlo en toda su esencia.

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