Cristian Milciades

Periodista, productor de contenidos.

Del exilio al regreso: Teatro Colibrí trae a Misiones cuatro décadas de arte titiritero y una historia de resiliencia latinoamericana

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Esa es la esencia del Teatro Colibrí, una de las agrupaciones históricas de marionetas de Venezuela, que este fin de semana desembarcará en Posadas con dos funciones que forman parte de la gira internacional “Retorno al Nido”, un recorrido artístico que atraviesa Argentina, Uruguay y Brasil antes del regreso definitivo de la compañía a su país de origen.

Las presentaciones tendrán lugar el sábado 30 de mayo en Tanta Tinta con El pequeño circo más grande del mundo y el domingo 31 en el Centro Cultural Vicente Cidade con Érase una vez, dos espectáculos construidos sobre una característica que distingue al grupo desde hace más de cuatro décadas: la ausencia de palabras.

“No trabajamos con personajes principales y antagonistas. Trabajamos con imágenes, música y objetos que permiten que cada espectador construya su propia historia”, explica Jica Rivas, integrante de la nueva generación familiar que hoy sostiene el legado artístico iniciado por Betty Osorio y Humberto Rivas, discípulos directos del legendario titiritero argentino Javier Villafañe.

La propuesta desafía las convenciones tradicionales del teatro infantil. No busca transmitir una moraleja cerrada ni imponer una interpretación única. Por el contrario, apela a la imaginación como herramienta narrativa. “Son obras para personas de uno a cien años”, resume Rivas. La frase sintetiza una filosofía artística que convierte al espectador en protagonista del relato.

La llegada a Posadas no es un episodio aislado. Forma parte de una travesía iniciada hace años, cuando la familia abandonó Venezuela en medio de una profunda crisis económica. Lo que originalmente iba a ser una gira de apenas doce meses terminó transformándose en un proyecto de vida que se extendió por gran parte de América Latina.

Argentina ocupó un lugar central en ese recorrido. Primero como escenario artístico y luego como espacio de arraigo. Córdoba se convirtió en su base de operaciones desde donde desplegaron funciones, talleres y encuentros culturales en distintas provincias.

La experiencia argentina dejó una huella profunda en la familia, no solamente por el respaldo recibido desde el ámbito cultural, sino también por las oportunidades de formación y desarrollo que encontraron en el país.

“Hay cosas que en otros lugares de América Latina parecen imposibles. Acá existe una licenciatura en títeres, una tecnicatura en escenografía, carreras vinculadas a oficios artísticos que en otros países ni siquiera se imaginan”, señala Rivas.

Esa valoración excede el campo artístico. Durante la entrevista con Economis, tanto Jica Rivas como Lugdwin Echeverría destacaron el entramado cultural argentino, la formación de públicos construida durante décadas y el acceso de niños y jóvenes a experiencias artísticas en escuelas, jardines y centros culturales.

En Argentina descubrimos algo extraordinario: generaciones enteras crecieron viendo títeres. Hay abuelos que llevan a sus nietos porque ellos mismos fueron espectadores cuando eran chicos. Esa construcción cultural no es casual. Es el resultado de muchos años de trabajo”, sostienen.

La historia familiar también estuvo atravesada por un desafío personal que reforzó el vínculo con el país. Su hijo Tiago, nacido en Argentina, fue diagnosticado dentro del espectro autista. La experiencia de inclusión educativa y acceso a tratamientos especializados terminó convirtiéndose en uno de los principales motivos para permanecer varios años más de lo previsto.

“Lo que vimos acá fue impresionante. Nuestro hijo pudo integrarse desde el primer día a una escuela común, acompañado por profesionales y compañeros. Descubrimos un sistema que entiende la inclusión como algo natural”, relata Echeverría.

Ahora, después de casi una década de residencia en Argentina, la familia se prepara para regresar a Venezuela. No lo hacen impulsados por razones económicas ni políticas, aclaran, sino por una decisión afectiva y vital: reencontrarse con sus raíces y trasladar a su país muchas de las experiencias acumuladas durante estos años.

Queremos volver. Queremos que nuestros hijos crezcan cerca de sus abuelos. Y también sentimos la necesidad de llevar todo lo aprendido. Venezuela necesita reconstruir espacios culturales y creemos que podemos aportar desde ahí”, explican.

La gira que los trae a Misiones tiene entonces un significado especial. No es solamente una serie de funciones. Es una despedida simbólica de un territorio que los recibió cuando salieron de Venezuela y que terminó transformándose en una segunda casa.

En Posadas, el público encontrará mucho más que marionetas. Encontrará una experiencia construida desde la poesía visual, la música latinoamericana, el trabajo artesanal y la convicción de que el arte puede seguir derribando fronteras cuando la política, la economía o las diferencias culturales parecen levantar nuevas barreras.

Después de recorrer miles de kilómetros por Sudamérica, Teatro Colibrí llega a Misiones para recordar una verdad simple: cuando una historia está bien contada, no necesita palabras para emocionar.

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“No queremos ser un corredor, queremos ser parte del desarrollo regional”

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Con una mirada al desarrollo regional por fuera de las capitales del Mercosur, Luis Augusto “Guto” Silva, secretario de Ciudades del estado brasileño de Paraná dio una charla en Posadas. “Es muy fácil planificar sin gente; lo difícil es planificar con personas, con sus angustias y miedos”, argumentó.

En una entrevista con Economis, el especialista brindó su enfoque sobre planificación territorial y advirtió sobre uno de los principales obstáculos para el desarrollo regional: la falta de continuidad política y la carencia de arraigos entre lo que se planifica y las realidades sociales del lugar y su entorno. En otras palabras, no se puede pensar a Posadas sin su vínculo con Encarnación y las principales ciudades del sur de Brasil.

Silva vino a Misiones como invitado de la Universidad de la Integración Sudamericana (UNISUD), donde presentó una charla centrada en el “planeamiento de territorio en red”, un modelo que busca romper con la falta de coherencia política que afecta a las democracias latinoamericanas y que, según su visión, condena a muchas ciudades al estancamiento. “Pensar en la próxima elección hace que no haya un plan a largo plazo”, afirmó, al describir una dinámica que, según indicó, interrumpe proyectos y diluye estrategias.

Aclaró que con los actuales cambios en la tecnología y ciencia los planes a largo plazo no deben ser rígidos, sino que deben ser revisados y actualizados en el corto plazo, pero con metas a largo plazo.

El fracaso del planeamiento “vertical”

Para Silva, el principal obstáculo del desarrollo regional es el péndulo político: la tendencia a refundar las gestiones cada cuatro o seis años, descartando proyectos valiosos por falta de visión estratégica. “Muchos proyectos buenos se quedan en el camino por falta de una gestión focal”, advirtió el secretario, señalando que el planeamiento tradicional, diseñado por tecnócratas en oficinas centrales como Curitiba o Posadas, suele fracasar por su desconexión con la realidad territorial.

El modelo propuesto por el funcionario brasileño sustituye la jerarquía de “arriba hacia abajo” por un territorio en red. Esta metodología implica que la planificación no puede ser solo potestad del intendente o el concejal, sino que debe integrar a los actores locales. “Es muy fácil planificar sin gente; lo difícil es planificar con personas, con sus angustias y miedos”, analizó Silva. Explicó que los procesos técnicos muchas veces omiten conflictos, demandas y limitaciones concretas de las comunidades.

En ese sentido, describió la experiencia del estado de Paraná, donde se trabajó con los 399 municipios para construir una planificación más descentralizada. El objetivo fue evitar esquemas “de arriba hacia abajo” que, según advirtió, “están bonitos en el papel, pero no caminan”.

Uno de los enfoques centrales en su mirada sobre la planificación se centra en no solo hacer grandes planes, sino pensar objetivos en el corto plazo. Estos logros permiten validar la confianza de los actores del plan y permiten avanzar escalonadamente hacia un desarrollo integral.

Maringá: el espejo donde mirar el largo plazo

Como evidencia de éxito, Silva citó el caso de Maringá, ciudad brasileña de escala similar a Posadas (aproximadamente 450.000 habitantes), que ha sido elegida como la mejor ciudad para vivir en Brasil durante cuatro años consecutivos. La clave, según el funcionario, radica en un Consejo de Desarrollo que funciona de forma independiente al signo político del alcalde de turno.

No importa quién es el intendente. Todos los años se firma el plan y se camina junto a él. Hay una agenda permanente hace 25 años donde los problemas se ponen sobre la mesa y se resuelven entre lo público y lo privado“, explicó.

La propuesta de Silva interpela directamente la coyuntura argentina, donde el debate actual oscila hacia una preeminencia del sector privado en la obra pública y la planificación. Ante esto, el secretario fue tajante: “El privado no puede planificar solo“.

En contraste, propone la “institucionalidad”, esto es la creación de “pequeños pactos” y relaciones de confianza es lo que permite que una red territorial gane fuerza y sobreviva a las crisis. Para él los consejos de desarrollo deben conformarse con representantes del sector público, el sector privado, la academia y la comunidad. Allí cada sector debe presentar sus problemáticas y en un debate abierto deben encontrarse las soluciones posibles y desarrollar los proyectos para lograrlos.

Silva argumenta que el sector privado, por su naturaleza, no prioriza los intereses colectivos ni el desarrollo humano por sobre la rentabilidad. El sector público debe actuar como el “director técnico” de un equipo (haciendo una analogía con el fútbol infantil) para evitar que todos los actores corran tras la pelota de forma desordenada.

En su visión, la planificación debe surgir de un equilibrio entre actores, donde cada sector asuma su rol dentro de un esquema coordinado. La construcción de consensos aparece como condición para sostener políticas en el tiempo.

“Hay que salir de la política solo como político. Si se queda concentrado en el concejal o el intendente, no va a ningún lugar”, planteó.

Bajo este enfoque, la planificación no se limita a la ciudad como unidad aislada, sino que incorpora su vínculo con el entorno rural, la producción, la industria y el sistema educativo. La clave, según explicó, es identificar problemas concretos y construir agendas compartidas: “Problema bueno es problema en la mesa”, sintetizó.

Este enfoque también apunta a reducir la volatilidad política. El ejemplo que citó fue el de ciudades brasileñas con planes de largo plazo que trascienden gestiones, donde los distintos gobiernos continúan una misma hoja de ruta.

Talento, inversión y desarrollo local

Uno de los ejes más sensibles que planteó Silva fue la pérdida de capital humano. Según indicó, la migración de jóvenes formados hacia grandes centros urbanos o el exterior debilita el desarrollo regional. Silva advirtió que si el territorio no“vibra” -es decir, si no ofrece condiciones culturales, educativas y de vida atractivas-, la inversión pública en educación termina siendo un subsidio para países centrales. “Cada vez que un joven formado en Posadas se va a trabajar a Estados Unidos, es una derrota nacional”, sentenció.

No queremos perder más talento. Cuando eso ocurre es una derrota”, advirtió. En ese marco, vinculó la planificación territorial con la capacidad de generar condiciones para retener y atraer recursos humanos calificados. Recordó que la formación de recursos humanos significa una gran inversión desde el Estado.

Además, subrayó que el desarrollo económico no puede depender exclusivamente de una “vocación natural” del territorio, como la agroindustria, sino que debe abrirse a nuevas actividades mediante innovación y articulación entre sectores.

Integración entre Misiones, sur de Brasil y Paraguay

Silva puso énfasis en el potencial de integración regional entre el norte argentino, el sur de Brasil y Paraguay. Señaló que, pese a la distancia con los centros políticos nacionales, existe una cercanía cultural y económica que podría ser aprovechada.

“Hay mucha vida afuera de ese sistema centralizado”, afirmó, en referencia a las grandes capitales del Mercosur. En esa línea, cuestionó la lógica de “corredores” logísticos que solo conectan puntos, sin generar desarrollo local: “No queremos ser un corredor, queremos ser parte del desarrollo”, afirmó, instando a fortalecer los puntos de convergencia en las áreas agroindustrial y forestal que son comunes al Estado de Paraná y a Misiones.

El desafío, según lo expuesto, no pasa solo por diseñar planes, sino por construir acuerdos sostenibles que integren intereses diversos y generen resultados concretos. La evolución de estos modelos dependerá de la capacidad de los territorios para articular actores y sostener agendas más allá de los cambios de gobierno.

La implementación de estos consejos de desarrollo en el NEA dependerá de la capacidad de los actores locales (universidades, cámaras empresariales y gobiernos) para ceder cuotas de protagonismo en pos de una agenda común. La variable clave a observar será la voluntad política de institucionalizar estos espacios para que no queden reducidos a foros de debate sin ejecución real.

La pregunta que queda flotando es si el modelo de Maringá es exportable a una Argentina que hoy debate el repliegue del Estado en la planificación territorial.

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Gustavo Quatrin, CEO de Playadito sobre el precio de la yerba: “Ni antes éramos ángeles ni ahora somos demonios”

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En la reunión de la mesa yerbatera realizada el 23 de abril en el Ministerio del Agro de Misiones, Gustavo Andrés Quatrin -gerente de la Cooperativa Agrícola de Colonia Liebig, con su marca Playadito- no pasó desapercibido: es quien conduce la asociación con el rigor de una empresa que hoy lidera el mercado interno con 56,7 millones de kilos vendidos en 2025.

Tras la reunión habló con Economis y marcó un punto de inflexión en el tono del debate. “Somos conscientes de los bajos precios que hoy tiene la producción”, reconoció. “Sabemos que los precios están lejos de lo que hoy desearían los productores y no solo desean, sino que necesitan”.

Sin embargo, al mismo tiempo, defendió la posición de la industria que tiene otros problemas, asociados a los costos y la rentabilidad, “Podemos tener las mejores normativas, pero si no tenemos consumo, no podemos transformar absolutamente nada”, afirmó, en una definición que corre el foco desde la regulación hacia la dinámica del mercado.

Tras más de una década de precios altos, el sector enfrenta ahora un escenario inverso: mayor producción, aumento de stocks y presión a la baja en los valores de la hoja verde. El gerente explicó que el problema central es la sobreoferta acumulada tras años de expansión productiva. “Hay un potencial de producción que supera la demanda en un momento determinado y eso lleva a la situación de precios actual”, sostuvo.

Incluso con un aumento del 37% en las exportaciones, el sistema no logró absorber el excedente. “Los stocks no bajaron, sino que subieron ligeramente”, detalló. Esa afirmación desarma una de las expectativas del sector: que el crecimiento externo pudiera compensar la presión interna por los precios.

En ese contexto, el precio se convierte en la variable de ajuste. Y la explicación que ofrece Quatrin es directa: “Cualquier número superior a cero es mejor que no vender”. Esa dinámica, que antes jugaba a favor del productor -cuando retenía stock esperando mejores precios- ahora opera en sentido inverso.

El cambio coincide con el nuevo esquema del Gobierno nacional desde diciembre de 2023, que modificó las reglas del negocio yerbatero. Sin intervención directa en precios, el mercado quedó expuesto a su propia dinámica. El resultado: una competencia más agresiva y una pérdida de referencia para toda la cadena.

Una cadena tensionada desde adentro

El posicionamiento de Quatrin tiene un peso específico: proviene de una cooperativa que no solo lidera ventas, sino que articula con productores y secaderos desde hace más de 20 años. Por eso, su advertencia evita confrontaciones y apunta a sostener el entramado.

Lo peor que nos puede pasar es pelearnos entre productores y secaderos industriales”, señaló, en un intento por desactivar tensiones en un momento crítico. Los propios productores le reconocen que son la empresa que mejor paga por la yerba canchada a un precio de 1160 pesos el kilo, cuando las demás están pagando por debajo de los 900 pesos.

Sin embargo, también dejó en claro los límites de la industria para recomponer precios. Recordó que la empresa aplicó una baja del 20% cuando sus despachos cayeron “casi a la mitad” en abril de 2024, y que desde entonces no logró recuperar ese nivel de precios, aunque lidera el mercado.

Esa señal impacta en toda la cadena productiva. Si la empresa con mayor espalda financiera y volumen no logra trasladar mejoras, el resto del sector queda condicionado. En especial los productores primarios, que dependen directamente del precio de la hoja.

Aun así, anunció un movimiento reciente: “Hemos hecho un aumento de un 5% para la materia prima y acortamos en 30 días los plazos de pago”. Es un gesto que busca recomponer parcialmente el ingreso del productor, pero también funciona como test para medir la reacción del mercado.

Consumo estancado y exportaciones insuficientes

Otro eje central de su análisis fue el comportamiento del consumo. Quatrin lo definió como estructuralmente limitado: “La demanda es inelástica”. Es decir, aunque bajen los precios, el volumen consumido no crece de manera significativa.

En paralelo, el ingreso de productos importados con mayor precio en góndola agrega una distorsión adicional. No compiten directamente en formato, pero sí en percepción de valor, tensionando la lógica del mercado local.

El gerente, además, relativizó el impacto del mercado externo. “El crecimiento de las exportaciones no supera el 2% del total en cantidad (del volumen comercializado por su empresa”, explicó, pese a que la cooperativa exporta a más de 20 países.

Incluso en mercados grandes, como China, el desafío es cultural. “Lograr que el mundo incorpore una infusión nueva es una tarea compleja, de altísimo costo”, sostuvo. Explicó que desde la cooperativa están trabajando en ese mercado hace 10 años y aun así el volumen comercializado en el 2025 fue de 60 mil kilos y es solamente hoja, porque se exporta para infusionar con formato de tés.

Además, Quatrin fue claro al explicar que el aumento de exportaciones se explica en gran medida por la caída de los precios locales, que volvió competitiva a la yerba argentina en el exterior. Sin embargo, ese impulso no alcanza para absorber el excedente: los stocks que han acumulado las empresas no bajaron y eso sigue condicionando los valores.

Esa combinación -consumo interno estable y exportaciones limitadas- refuerza la presión sobre los precios locales y deja a la cadena sin una válvula de escape inmediata.

Quatrin deja entrever un cambio más profundo: el sector yerbatero atraviesa una transición donde las herramientas tradicionales ya no alcanzan y el mercado aún no encuentra equilibrio.

El gerente lo resumió con una frase que busca ordenar el debate sin personalizar responsabilidades: “Éramos los mismos cuando los precios eran espectaculares. Ni antes éramos ángeles ni ahora somos demonios”.

Esa lectura introduce una variable incómoda: el problema no responde a decisiones aisladas, sino a ciclos productivos y expectativas acumuladas.

Hacia adelante, la expectativa es moderada. “Esperemos que hayamos tocado los pisos de precio”, expresó. Pero la definición no es categórica. Dependerá de cómo evolucione la reposición, el nivel de stocks y la capacidad del mercado para absorber la producción.

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Misiones retoma la mesa yerbatera en busca de un acuerdo de precios en un mercado sin regulación

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El Gobierno de Misiones reunió este jueves en Posadas a productores, cooperativas, secaderos e industrias yerbateras en una mesa de diálogo convocada por el Ministerio del Agro y la Producción, con un objetivo: destrabar la crisis de precios que golpea al eslabón primario. Según lo expuesto en la reunión, el valor actual de la hoja verde se ubica alrededor de un 50% por debajo de los costos, lo que implica una pérdida de rentabilidad cercana al 70% para los productores.

El sector ya no cuenta con la herramienta que permitía fijar precios mínimos -atribución que tenía el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM)– y la provincia solo puede tomar un rol de mediación. Pero el dato es que la Industria acudió casi en pleno y escuchó y expuso su posición en un diálogo abierto aunque no exento de tensión con los productores.

Durante el encuentro, los productores plantearon la necesidad de contar con precios de referencia que otorguen previsibilidad a la actividad, mientras que los representantes de los trabajadores rurales expusieron la compleja situación que atraviesa el sector, señalando el impacto directo de la desregulación sobre sus condiciones laborales y de ingresos. Se compartió un diagnóstico generalizado sobre las dificultades que atraviesan especialmente los sectores primarios de la cadena.

Los representantes de la industria misionera manifestaron su disposición a trasladar el planteo a sus respectivas cámaras y federaciones, con el objetivo de avanzar en una propuesta concreta que permita ordenar la discusión de precios. Desde el sector industrial con presencia en Corrientes -particularmente de la cooperativa de Colonia Liebig- se expusieron los valores actualmente abonados por la materia prima, destacando el vínculo con productores misioneros y reconociendo que la situación responde a múltiples factores que inciden sobre la rentabilidad del sector.

Del precio regulado a la negociación entre privados

El ministro del Agro, Facundo Sartori, explicitó en dialogo con Economis ese límite: la provincia no fija precios, pero intenta ordenar el conflicto. “Hoy los valores que se están pagando no cubren los costos”, advirtió, al tiempo que describió un mercado con fuerte asimetría: muchos productores frente a pocos molinos que concentran la capacidad de fijación de precios.

La dinámica actual, según se planteó, responde a un cambio estructural. La oferta de materia prima creció en los últimos años, mientras la demanda no acompañó en igual proporción. Esa combinación, en un esquema sin precios sostén, presiona a la baja el valor de la hoja verde.

El subsecretario de Asuntos Yerbateros, Ricardo Maciel, recordó que este tipo de instancias de diálogo tiene antecedentes previos a la creación del INYM, y remarcó que, más allá de los desafíos, la existencia de ese organismo permitió durante años dotar de mayor previsibilidad al sector. Asimismo, advirtió que los períodos de libre mercado han sido históricamente los más adversos para el conjunto de los actores de la cadena.

Desde la industria, el diagnóstico no difiere en lo general, aunque incluye sus propios problemas. Gustavo Quatrin, de la Cooperativa Liebig, señaló a Economis que el aumento de exportaciones -que llegó a crecer un 37% interanual- se explica en gran medida por la caída de los precios locales, que volvió competitiva a la yerba argentina en el exterior. Sin embargo, ese impulso no alcanza para absorber el excedente: los stocks no bajaron y eso sigue condicionando los valores.

Qué se discute: precios, plazos y poder de mercado

El eje concreto de la negociación pasa por el precio de la materia prima y las condiciones de pago. La cooperativa Liebig anunció un incremento del 5% en los valores que paga por hoja verde y una reducción en el plazo de pago de 30 días, movimiento que fue leído por el Gobierno como un gesto inicial, aunque insuficiente.

Los productores cuestionaron que los precios actuales que ofrece la industria están entre 180 y 250 pesos por kilo, valores que, según afirmaron, no solo eliminan margen sino que generan pérdidas. “Cosechar es entrar en deuda”, sintetizó uno de los referentes.

La posibilidad de medidas de fuerza sigue latente. Algunos sectores ya evalúan sostener la no cosecha e incluso avanzar en cortes para interrumpir la circulación de materia prima, aunque la mayoría pretende seguir el camino de la negociación y el Gobierno busca evitar mediante la mediación. El dato político es que la Industria se sentó a la mesa y sus representantes no bloquearon la discusión. La producción, incluso los más exaltados, también mantuvo una posición negociadora.

El diagnóstico industrial hizo foco en otro dato: el mercado interno mantiene una demanda relativamente estable -definida como inelástica-, lo que limita la capacidad de absorber mayores volúmenes incluso con precios más bajos.

Al mismo tiempo, el crecimiento del mercado externo enfrenta barreras culturales y de escala. Quatrin explicó que la Cooperativa Liebig aunque exporta a más de veinte países, la participación sobre el total sigue siendo marginal, inferior al 2% en volumen. La expansión internacional, entonces, aparece como una estrategia de largo plazo, pero sin capacidad de resolver la sobreoferta inmediata.

El corrimiento del INYM como fijador de precios reconfigura el equilibrio de poder dentro de la cadena. Los molinos basan su capacidad de negociación en un contexto de sobreoferta, mientras los productores quedan están expuestos a la dinámica de mercado.

El Gobierno provincial, sin herramientas regulatorias directas, intenta ocupar un rol de articulador. La mesa de diálogo funciona como espacio de contención institucional, pero su efectividad depende de la voluntad de las partes de ceder posiciones.

La convocatoria a un cuarto intermedio por parte de las cámaras molineras marca el próximo punto de inflexión: deberán definir si avanzan hacia un precio común o sostienen estrategias individuales.

Ingreso rural en riesgo y tensión social

La caída de precios en la hoja verde impacta de forma directa en el ingreso de las familias productoras, que constituyen la base social de la actividad en Misiones. La pérdida de rentabilidad no solo compromete la cosecha actual, sino también la sostenibilidad de las chacras en el mediano plazo.

En paralelo, el encarecimiento del financiamiento -con tasas positivas- limita la capacidad de la industria para sostener stocks y pagar mejores precios, lo que complejiza aún más la ecuación.

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El “Mundial de la Yerba Mate” busca redefinir la industria en un negocio con estándares globales

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Del 5 al 7 de junio, Buenos Aires será sede del primer “Mundial de la Yerba Mate”, un certamen que propone reposicionar al principal producto agroindustrial de Misiones dentro de una lógica global de calidad, evaluación técnica y diferenciación. El evento, presentado en el Senado y con proyección internacional, introduce una pregunta de fondo para la cadena yerbatera: ¿puede la yerba dejar de ser solo una tradición cultural para convertirse en una industria con estándares comparables al vino o el café?

Del consumo cultural al producto evaluado

El eje del certamen no estará puesto en el ritual del mate, sino en la yerba mate como producto en sí mismo. La propuesta implica un cambio conceptual relevante: pasar de una mirada doméstica —centrada en el consumo cotidiano— hacia una lógica de valorización técnica, sensorial y comercial.

“El objetivo es posicionar la yerba mate en un esquema similar al de otros productos como el vino o los destilados”, explicó el sommelier de mate y organizador Martín Gómez en diálogo con Economis. En ese sentido, el evento buscará introducir criterios de evaluación estandarizados, con degustaciones a ciegas y protocolos técnicos desarrollados durante los últimos meses.

A diferencia de una competencia tradicional, los productos no competirán entre sí, sino contra parámetros de calidad predefinidos. Esto permitirá otorgar medallas en función del puntaje alcanzado y, a la vez, brindar devoluciones técnicas a las marcas sobre sus características.

Nuevos formatos y consumo global: la ventana que mira la industria

Uno de los puntos más disruptivos del Mundial será la incorporación de nuevas formas de consumo, más allá del mate cebado. Desde bebidas listas para tomar hasta aplicaciones en gastronomía o productos innovadores, el certamen busca reflejar cómo el mercado internacional percibe a la yerba mate.

El diagnóstico es claro: mientras en Argentina el consumo supera el 90% de penetración en hogares, el margen de crecimiento local es limitado. En cambio, en el exterior la yerba se posiciona como alimento funcional, alineado con tendencias globales vinculadas a la salud, lo natural y lo ancestral.

“En otros países la visión es mucho más funcional, enfocada en los beneficios”, señaló Gómez, al tiempo que remarcó la necesidad de que la industria local amplíe su mirada. “Tenemos que dejar de discutir cuestiones tradicionales y empezar a pensar cómo crecer como industria”, agregó.

Escala internacional y construcción de marca país

El evento no se limitará a Buenos Aires. Según los organizadores, existen gestiones para replicar actividades en simultáneo en distintos países, lo que podría transformar al Mundial en una plataforma global de promoción.

Además, se evalúa la implementación de subsedes dentro de la propia Argentina, lo que ampliaría el alcance territorial y la participación del ecosistema productivo.

Este despliegue no es menor: introduce una dimensión estratégica para la yerba mate como activo exportador y como herramienta de construcción de marca país, en un contexto donde las economías regionales buscan nuevos canales de valorización.

Impacto para Misiones y la cadena yerbatera

Para Misiones, principal provincia productora, el Mundial abre un frente distinto al debate tradicional sobre precios o regulación. La iniciativa apunta a generar valor agregado, diferenciación y posicionamiento, variables clave para mejorar la competitividad del sector.

En términos económicos, la propuesta dialoga con una agenda más amplia: diversificación de mercados, innovación en productos y adaptación a estándares internacionales. En lo político, instala una discusión de fondo sobre el modelo de desarrollo de la cadena yerbatera.

Un experimento en marcha

El Mundial de la Yerba Mate aparece, en este contexto, como una apuesta que combina promoción, innovación y construcción de consenso dentro de la industria. No surge como respuesta directa a una crisis, pero sí como un intento de salir de los límites del mercado tradicional.

La clave estará en su capacidad de generar continuidad: si logra consolidar criterios técnicos y atraer demanda internacional, podría convertirse en una herramienta estructural para el sector. Si no, quedará como una experiencia aislada.

Por ahora, el movimiento ya empezó. Y la discusión, también.

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