Wenceslao del Dollar Free

Un “passing shot” a la confianza del electorado

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En este país tenemos la capacidad inagotable de inventar nuevas formas de tomarle el pelo al votante. Si hubiera un ranking ATP de la estafa moral en política, algunos ya estarían top 10 hace rato. Y quien se subió a ello fue Diego “nunca una pala” Hartfield.

El ex tenista -ni tan famoso, digamos la verdad, porque nunca pasó de figurar en los dobles de algún torneo perdido en Europa del Este- decidió reinventarse como broker/inversor… ¡desde Oberá! Porque claro, uno imagina a los brokers en Wall Street, en la City porteña, mínimo en San Pablo. Pero no, acá tenemos al lobo de Wall Street… versión ruta 14. Falta nomás que le agreguen “delivery de chipa” a la tarjeta personal.

Y de la Bolsa de Valores (que en Oberá debe ser la de té, madera o yerba), pegó el salto mágico a la política. Sin pergaminos, sin militancia, sin haber juntado ni firmas para una cooperadora escolar, los anti casta de las fuerzas del cielo, lo pusieron de cabeza de lista de diputados provinciales. ¿La razón? Fácil: era “famoso”, o algo parecido. Lo suficiente como para que los armadores políticos pensaran: “Total, la gente ve una cara conocida y compra como si fueran figuritas del Mundial”.

Y compraron. La gente lo votó. Ganó la banca. Hubo aplausos, festejo y fotos con sonrisa Colgate. Pero cuando llegó la hora de la verdad, de sentarse en la banca, de apretar un botón y leer un proyecto, nuestro Federer del monte misionero desapareció de la cancha. Ni se cambió de ropa. Ni entró a pelotear. Directamente se paró en la línea y dijo: “Gracias por el voto, pero yo acá no juego”.

Un fenómeno. El único deportista que se retira antes de debutar.

Pero no se confunda, querido lector: no es que se fue a entrenar más duro, a mejorar el revés político o a agarrar experiencia para servir a la gente. No. Resulta que ahora encabeza la lista de diputados nacionales. El pibe saltó del Challenger de Misiones al US Open de la política Nacional, sin siquiera pasar por la qualy.

Y ahí es donde empieza el sainete. Porque estos mismos espacios se la pasan criticando a los peronistas por ser caraduras testimoniales, por acomodarse, por vender gato por liebre. Y, la verdad, tienen razón: el peronismo lo hace. Pero si vos te llenas la boca hablando de ética y transparencia y terminás haciendo lo mismo, ahí ya no sos caradura: sos hipócrita, que es mucho peor.

El votante, mientras tanto, queda pintado. Porque votó pensando que le ponía la camiseta a un jugador de su provincia, alguien que iba a pelear los puntos en la Legislatura local. Y resulta que al tipo consideró que le quedó chica la camiseta, o no le gustó el vestuario, o simplemente el cheque nacional era más gordo. Así que, sin ningún pudor, se fue al torneo grande, dejando a su hinchada misionera haciendo pogo con la entrada en la mano.

Lo más triste es la subestimación al votante. En lugar de ofrecer proyectos, ideas o gente que haya laburado por su comunidad, te tiran un famoso. Como si la política fuera un programa de televisión y no el lugar donde se decide qué pasa con tu vida y los destinos del país. Te meten un tenista croto, un actor en decadencia, un cantante o el que estuvo en la tapa de una revista el mes pasado. Y si pueden, seguro un influencer en el próximo turno. Total, la política se volvió un casting de Gran Hermano con sueldos estatales.

El mensaje implícito es brutal: “No necesitamos que pienses, te damos una cara conocida y vos compras igual”. Y ojo, a veces funciona, porque la gente vota con simpatía, con nostalgia, con la esperanza de que la fama se traduzca en compromiso. Spoiler: nunca se traduce.

Esto, que en cualquier país serio sería un escándalo, acá lo tomamos casi como un chiste. Y quizá lo sea. Un mal chiste, claro, pero chiste al fin: la política argentina como género de stand up involuntario.

En definitiva, lo que se confirma es que en este país la vara moral es como el encordado de la raqueta vieja: se estira, se afloja, se vuelve a encordar según la conveniencia. Y el electorado, pobre, termina siempre de pelotita.

Gente. De un lado de la reja esta la realidad, del otro lado también. Lo único irreal es la reja.

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Agosto llegó, y con él… los aumentos. ¡Sorpresa! (Dijo nadie nunca)

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¡Bienvenidos a agosto y la caña con ruda! Ese mes que no solo trae viento, alergias y ganas de emigrar, sino también una hermosa colección de aumentos que parecen haber sido curados por un sommelier del ajuste: “Le recomiendo un blend de subte con toques de gas y un final persistente de prepagas”.
Después de haber registrado 1,6% de inflación en junio y romper así el piso del 2%, el Gobierno le dio luz verde al aumento de precios
Para el porteñaje enfrascado el subte ahora cuesta $1.032. O sea, lo mismo que un café con croissant en París, pero sin la torre Eiffel, ni los franceses, ni el croissant. Y si pensabas que podías tomarte un colectivo tranquilo, agárrate: $510 el mínimo en Buenos Aires.

En el “interior” del país es el doble. Más barato salir a dedo con un cartel que diga “Me lleva hasta la dignidad, por favor”.

¿Y la SUBE sin registrar? Aumenta también. Porque si no la registraste, claramente estás ocultando algo. Como plata, por ejemplo. O bien, no te podes registrar porque no hay plástico para que te den la sube.
Si sos inquilino con contrato viejo, sube más del 120%. Si es nuevo, 73%. En resumen: si renovaste, lloras; si firmaste de cero, también lloras, pero con menos interés acumulado. Y ni hablar de las expensas, que vienen con aumentos al ritmo de “dos por uno”: uno en julio, otro en agosto.
¿Querías ver Netflix? Pagá el 3% más y sin quejarte”
Sí, también suben el cable, el internet y la telefonía. ¡Todo junto! Ideal para que pagues caro por una videollamada que se traba justo cuando tu jefe te pregunta algo importante. Porque nada dice “calidad de vida” como pagar más para que se te corte el Zoom.
Combustibles: ¡Llena el tanque y hipoteca tu alma!
Otro aumento en agosto. Ya no es un auto, es una relación tóxica: te hace mal, pero no podés dejarlo. Y todo gracias a los impuestos descongelados. El que no se descongela sos vos, que te quedas tieso cada vez que miras el surtidor.
Servicios públicos: se vienen los aumentos “tímidos” (pero igual llegan)
Luz, gas y agua… todos están en revisión. Vos también, revisate el bolsillo, por si todavía te queda algo ahí adentro. La suba es de “solo” un 2%. ¡Una ternura! Es como que te peguen con una almohada, pero llena de ladrillos.
Prepagas: el aumento más simpático
Sube un 1,6%. O sea, menos que lo demás. ¡Un milagro! También podes comparar planes en una plataforma oficial. ¡Qué divertido! Te sentás una tarde con mate y elegís cómo endeudarte con más elegancia.
Conclusión:
Agosto es el nuevo enero, pero sin vacaciones. El mes perfecto para hacer yoga… pero no por salud, sino para doblarte y caber mejor dentro del presupuesto.
En fin, agarrate fuerte del boleto, del contrato de alquiler y del control remoto… que este viaje recién empieza.
De un lado de la reja esta la realidad, del otro lado también está la realidad. Lo único irreal es la reja.
Feliz mes de Agosto y que viva la libertad mi gente!!!

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Javi el Gran Pescador Solitario y los Chinos que no Quieren Ser Molestados

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Había una vez un hombre que amaba la pesca, pero no cualquier tipo de pesca. A nuestro protagonista, al que llamaremos “El Gran Pescador Solitario” -el Javi-, le encantaba salir al rio al amanecer, lanzar su caña y esperar pacientemente a que los peces vinieran a él, mientras navegaba en redes sociales. Eso sí, su única regla era clara: no quería ser molestado ni que lo contradigan.

Le gustaba que todo fluyera en paz. Si los peces se acercaban a su anzuelo, era porque respetaban su calma. Si otros pescadores pasaban cerca, él solo esperaba que lo hicieran en silencio, sin incomodarlo. Para él, el secreto del éxito estaba en no hacer olas. “Si no los molestas, vendrán”, repetía, convencido de que su enfoque zen era infalible.

Un día, se decidió a explorar otros territorios y se fue de viaje a Estados Unidos. “Ahí los peces son más grandes, y la pesca debe ser más interesante”, pensaba. Pero tras varios -muchos- viajes, volvía siempre a su rio con las manos vacías. Los peces de allá parecían más esquivos de lo que pensaba. “No pasa nada”, se decía, ajustándose su peluca de pescador. “A veces es cuestión de paciencia. Además, no es que los moleste demasiado”.

Así que, cansado de las idas y venidas al norte sin éxito pues solo Elon lo recibe y vaya uno a saber porque desinterés en Argentina, nuestro Gran Pescador Solitario miró hacia el este. Ahí estaba el Océano de las Oportunidades Orientales, donde grandes barcos surcaban las aguas, llenos de promesas de pesca abundante. Y no eran barcos cualquiera, sino unos enormes, robustos, algunos sin pintar, que llevaban banderas rojas con caracteres chinos. China. Ese país que, según le dijeron, era el mejor socio comercial pero no le gusta que lo molesten. Como cuando pesca uno. Y ellos pescas mucho e ilegalmente en nuestro mar Argentino. Y se ve que no le gusta que los molesten. 

Antes de embarcarse hacia esas aguas, nuestro pescador hizo un anuncio: “China es un gran pescador, un socio comercial importante. Pero, ojo, no hay que molestarlo.” O sea, digamos, o sea…. déjenlos pescar tranquilos.

Y ahí es donde la historia empieza a tomar un giro cómico, casi irónico. Porque, mientras nuestro pescador se preocupaba por no incomodar a los gigantes barcos chinos, esos mismos barcos estaban, digamos, bastante cómodos en nuestras aguas llevándose lo nuestro. Sí, la mismísima argentina, el Mar Argentino, donde la flota china se pasea como si estuviera en su casa, lanzando redes, sacando toneladas de peces, y apenas saludando a los pequeños botes locales que, con suerte, sacan algún pececito que les queda en las sobras. 

El pescador Solitario, navegando con su lancha, sigue repitiendo su mantra, que ya no todos creen. Y mientras él mira al horizonte, soñando con los grandes peces que le prometieron los orientales, los pescadores locales empiezan a preguntarse si no es hora de alzar un poquito la voz.

Porque, claro, hay algo que no cuadra. Mientras el pescador va de viaje y lanza su anzuelo al aire en países lejanos sin traer ni un pez de vuelta, los barcos chinos siguen pescando alegremente en las aguas argentinas. ¡Y cómo pescan! Enormes redes que parecen aspiradoras submarinas, barriendo todo lo que encuentran a su paso. ¿Qué peces quedan para los locales? ¿Quién sabe? Pero lo importante, parece, es no molestar a los que pescan en gran escala.

Quizás lo más curioso de esta historia es cómo, mientras el Gran Pescador Solitario sigue buscando grandes peces en mares lejanos —EE.UU., China, y quién sabe dónde más—, no parece notar que en su propio mar, los grandes barcos ya están ahí, llevándose lo mejor de la pesca sin pedir permiso. Es como si, al preocuparse tanto por no incomodar a los peces gigantes, se olvidara de los pescadores locales, esos que también quieren una parte mínima de la pesca.

Además de la pobreza, de la cual ya hemos hablado. Tenemos otro dato: en la Argentina hay más de dos millones de trabajadores formales que están en situación de pobreza. Es decir, el trabajo formal, aunque brinda protección, no es suficiente para mitigar los impactos de la crisis social. En el 2024 se duplicó la cantidad de asalariados formales pobres. Yo calculo que en los barcos chinos no hay trabajo para los locales y, si hubiera, no sería formal ni registrado. 

Según las cifras conocidas recientemente, el 66,1% de los menores de 14 años es pobre. En cada aula de 30 alumnos hay 20 que viven en casas en las que no llegan a cubrir la canasta básica total. Y para colmo, estamos recortando plata en la educación. Pobres y brutos, no augura un muy buen destino para Argentina

Y así, queridos lectores, seguimos navegando en este mar de promesas y peces lejanos, mientras los barcos chinos no parecen tener ningún problema en pescar donde quieran. Pero tranquilos, que al menos, según nuestro Gran Pescador Solitario, nadie será molestado.

Como siempre, de un lado de la reja esta la realidad, del otro lado también está la realidad. Lo único realmente irreal, es la reja. 

Hasta la próxima.

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Espejitos de colores: entre la acumulación de millas de cero gestión y la pobreza

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Buena amigos lectores. Tanto tiempo.

Me acordaba la otra noche, cuando era un adolescente, de un encuentro en las playas de Camboriú. Conocí a un hippie que vendía espejitos de colores y artesanías -malas por cierto- y, por supuesto, fumaba marihuana como si fuera parte de un uniforme. Aunque yo no me drogaba -ni lo hago ahora- lo escuché atentamente mientras me contaba que iba a cambiar el mundo. Me mostró con orgullo su colección de libros, que al parecer eran el manual del revolucionario aficionado. Creo que se llamaba José, pero su nombre realmente no importa.

El asunto es que, en mi juventud ingenua, le creí. José hablaba de Marx, Engels, la lucha armada y las revoluciones del proletariado con la convicción de quien ya se ve a sí mismo esculpido en bronce. Hoy, con algunos años más (y quizás algo de sentido común), me atrevería a decir que, si José sigue vivo y aun deambulando por ahí, no ha cambiado el mundo ni un milímetro. Pero bueno, siempre nos quedarán las malas artesanías y sus espejitos de colores. 

Pasando a lo de hoy, al aquí y al ahora, parece que Javier Milei va camino a ser recordado, pero no como “el presidente libertario” que algunos imaginaban. De hecho, a este ritmo, quizás ni siquiera como presidente, sino más bien como una especie de Marco Polo versión sudaca. Desde que asumió, más que en la Casa Rosada, se lo ha visto con más frecuencia en el aeropuerto de Ezeiza. A este paso, no va a necesitar ni visa para Estados Unidos; probablemente lo terminen nombrando “ciudadano frecuente” o algo por el estilo.

Los mal pensados dicen que su interés en vender Aerolíneas Argentinas es para poder disponer de vuelos privados sin tener que andar lidiando con los incomodísimos jets de 300 mil dólares por viaje. Y si te lo estás preguntando, sí, me lo contó el hermano del ex panelista Adorno, quien ahora es “casta” pero nadie sabe exactamente de qué trabaja.

Por cierto, me dijo que Javi ya está escribiendo un libro titulado: “Cómo gobernar un país desde un avión”. 

Parece que Javi está probando una nueva forma de gobernar: en lugar de quedarse atado a un escritorio como cualquier mortal, prefiere dirigir los destinos de la nación desde las alturas, literalmente. A 10 mil pies de distancia, sobrevuela el país de vez en cuando, porque, claro, nada dice “cercanía con el pueblo” como gobernar desde un avión. Libertad, innovación, evasión… y cero gestión, eso sí.

Ahora, la pregunta del millón (o mejor dicho, de los millones que se gastan en estos vuelos): ¿alguno de esos viajes tendrá algo que ver con hacer algo por el país? Porque mientras la inflación baja a fuerza de un ajuste que solo duele a los de siempre, y la pobreza sigue trepando como si fuera su deporte favorito, Javi anda por el mundo enseñando sobre las fuerzas del cielo y otros grandes misterios.

Digo yo, si la economía está en crisis, ¿no sería buena idea que Milei se quedara un ratito en casa, viendo cómo arreglamos este desastre en lugar de andar sacándose selfies en Wall Street? Pero claro, las selfies siempre salen mejor con un fondo internacional.

El león viaja. Y cuando, por algún milagro, está en el país, no recibe a nadie que no forme parte de su exclusiva “mesita chica”. Eso sí, se da algún que otro asadito para celebrar que los jubilados, una vez más, no verán un aumento en sus haberes. Porque, claro, siempre hay algo que festejar. Mientras tanto, Javi no habla con gobernadores, no da audiencias y, ni por asomo, viaja al interior. Sus funcionarios, bueno, tampoco. Los pocos que sí se dignan a hablar con algún gobernador, lo hacen para no decidir absolutamente nada. Todo muy cambiante en esta nueva forma de no gobernar.

Ahora, lo que no cambia, es cómo muchos en Buenos Aires parecen creer que lo que sucede en la ciudad es una representación fiel de toda la Argentina. Para algunos, el país termina en la General Paz, y todo lo que queda más allá es poco menos que una leyenda urbana. Se quejan del tráfico en la 9 de Julio o discuten sobre el sentido de circulación de la Av. Pueyrredón, creyendo que esa es la realidad de todo el país: asfaltada, iluminada, veloz, ruidosa, llena de oportunidades. 

Quizás, solo quizás, a un gobierno nacional le vendría bien equilibrar la “unidad nacional” con la diversidad regional, permitiendo que las provincias gestionen según sus necesidades locales. Capaz, ¿no?

Pero bueno, todos sabemos (menos los funcionarios nacionales, por supuesto) que la realidad del interior es otra. En muchas provincias, la vida transcurre a otro ritmo, enfrentando desafíos y carencias que en la ciudad son inimaginables. Allí, los servicios públicos no llegan con la misma rapidez, los trabajos escasean, y la conexión con la tierra es algo mucho más literal. La desigualdad regional es palpable. 

Quienes gobiernan encerrados en Buenos Aires, viven en una burbuja. Y salir de ella para conocer el verdadero país no es solo recomendable, es fundamental. Porque sin esa perspectiva, seguirán pensando soluciones para una pequeña parte de la población, mientras el resto del país sigue esperando que alguien lo vea.

La noticia más relevante de la semana, además de la supuesta separación de Pampita, es que “Argentina alcanza el 53%”. Y no, no es el descuento de un CyberMonday; es el porcentaje de pobreza. ¡Sí, señores! Parece que nos convertimos en campeones de los récords de la libertad… pero de los malos.

Así es, mi gente. Por si a alguien le interesa, pasamos de un 40,1% al 53% en un año. ¡Todo un logro! Vamos tan rápido que, si la pobreza fuera una competencia, estaríamos en la Fórmula 1 con Colapinto y directo a la pole position. Y la indigencia, que no quiso quedarse atrás, decidió duplicarse para no perder protagonismo, subiendo del 9,3% al 18,1%. Si fuera un partido de fútbol, ya nos habrían sacado la tarjeta roja.

Lo más preocupante es que, si seguimos así, vamos a necesitar un nuevo índice que mida cuántos de nosotros estamos “pobres pero felices”, porque parece que lo único que nos queda es el humor. Al final del día, como buenos argentinos, sobrevivimos con un chiste bajo el brazo y un mate en la mano… aunque, siendo sinceros, la yerba también nos está mirando de reojo, preguntándose si no la vamos a tener que compartir con el vecino, que ya no puede comprarla.

Volviendo a los viajes del León, desde esta humilde columna, lo que sí le pedimos al Javi, es que en su próxima gira vuelva con algo más que souvenirs y un bronceado diplomático. Porque a este paso, lo único que nos está dejando es en la cuenta regresiva para que se nos terminen las millas… pero de paciencia. A este ritmo, no queda margen ni para la ironía. O ajustamos el rumbo, o nos vamos a reír… para no llorar.

Amigo, como siempre, de un lado de la reja esta la realidad, del otro lado también hay una realidad. Lo único irreal es la reja.

Hasta la próxima.

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Oro en bicicleta olímpica y financiera

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Buenas estimados lectores. Bienvenidos a una nueva edición de esta humilde y contradictoria columna de actualidad, desde La Tierra sin Mal.

Nuestro tema de hoy es la bicicleta en sus distintas versiones, es por eso que primero quiero felicitar a José “Maligno” Torres, quien con mucho mérito y esfuerzo logró la primera medalla de oro para Argentina en los Juegos Olímpicos de París 2024.

Nada más representativo en la Argentina de hoy que ganar haciendo piruetas en el aire. En el caso de “Maligno” con su bici BMX, y en el caso de los amigos de Toto, con la bici financiera. Sin mérito, sin esfuerzo y “con la tuya”. Lo importante es ganar, dijo Bilardo.

Mi gente bella, como seguidor de la primera hora de Javi me siento tan discordante que a esta altura ya no sé si soy casta, no casta o castrado, y otra vez traigo sólo malas, porque este agosto varios servicios y bienes en Argentina experimentarán nuevamente aumentos.

Los principales incrementos están en las tarifas de electricidad y gas, que aumentarán hasta un 4%. Los combustibles también vienen con incrementos. Los abonos de líneas de teléfono fijas y celulares subirán entre un 5% y 6%, y las tarifas de televisión por cable e internet también se actualizarán en porcentajes similares. Además, al menos cinco de las prepagas más utilizadas ya anunciaron que incrementarán sus tarifas y algunas cositas más subirán sus precios.

Pero nada que tenga más importancia como nuestra preocupación presidencial, manifestada en la red X sobre la participación de la boxeadora argelina Imane Khelif, quien fue cuestionada por tener altos niveles de hormona masculina, según trascendió. El Javi, reeee preocupado por los aumentos y la realidad de la calle, comentó: “A ver boluprogres. Vengan a explicar esto de boxeadora trans en los Juegos Olímpicos de París 2024: si seguía la mataba”. En fin, vaya preocupación.

Hablemos un poco de economía. Según los libros -que no muerden- la economía es la ciencia que estudia cómo las sociedades administran sus recursos para producir bienes y servicios y DISTRIBUIRLOS entre sus miembros.

La confianza en la economía es crucial para su buen funcionamiento, pues sin ella, las personas y empresas se muestran reacias a invertir y gastar. La confianza se construye sobre la estabilidad política, la transparencia y la previsibilidad. Cuando los agentes económicos confían en el sistema, se generan inversiones, empleo y crecimiento, mientras que la desconfianza puede llevar a crisis financieras y recesiones. En las crisis, sólo ganan unos pocos. O sea, los mismos de siempre, los de la bicicleta ¿capiche?

La economía son personas, son casas, son préstamos que se toman, son negocios que cierran. Los economistas están entrenados para verlos como cifras y, además, casi ninguno de ellos conoce, se junta o habla con nadie que no sea de clase alta como ellos, más allá de las personas que limpian sus hogares, claro.

Por eso, sin ser un experto, siendo tan solo un libertario amigo de Javi, en esa relación estrecha que tenemos vía Instagram, el otro día le escribí: “Dear Javi (él es hombre viajado ahora y le gusta que le hable en inglés) la crisis de nuestro país no es de confianza. No es por un impacto de afuera en las preferencias sociales de ahorro y consumo. No es el sistema bancario. NO. Es la tremenda desigualdad. Una desigualdad social que crece y que empeorará, hasta rifarnos totalmente como país ¡Hace algo pls dear boos!”. Él me clavo el visto, no dijo nada y acto seguido comenzó a twittear contra los zurdos, ensobrados, malignos y vende patria que no piensan como “nosotros”. Y bien digo nosotros porque no quiero dejar de ser “casta” –aunque contradictorio- ahora que recién comienzo como casta. O sea, digamos, o sea ¡Daaale!

Lo que estuvo y está pasando en nuestro país es que la riqueza de la clase media está yendo a parar a manos de los de clase alta. Cada vez hay más pobres. Familias comunes y normales están perdiendo -si no lo hicieron ya- lentamente su patrimonio. Y ahora, para mantenerse en la “escala social”, se van a endeudar, porque los bancos están llenos de pesos para prestárselos. Los flujos de intereses, rentas y beneficios pasan y pasarán de la clase media a la clase alta.

El problema no se resolverá por sí solo o vía X. El mundo real está en las vivencias concretas, no en una red social. Las redes sociales son ilusiones, no es la vida de la gente.

Afortunadamente, para los libertarios de la primera hora, el Javi sabe combinar en un solo tipeo de X (Twitter) la descalificación de una deportista en los JJOO con el kirchnerismo. Es capaz de asociar una imagen de periodistas en un estadio de fútbol con críticas al socialismo, lo que desencadena una serie de diálogos críticos y réplicas que parecen verdaderos.

De esta forma muy particular, podemos evitar la gestión para centrarnos únicamente en la creación de ilusiones y comentarios en redes sociales. O sea, digamos, o sea: pan sin pan y sí circo.

En este nuevo universo, por más que se la invoque, la verdad no tiene nada para hacer. Quien intente interactuar entre presentes o traer algo del mundo real, será atacado violentamente por algún Caputo boy.

El Javi es el presidente superhéroe, no de la crisis económica, sino de la personificación insistente en la construcción de secuencias idealizadas de mundos de ilusiones y fantásticos. Fue presidente de Argentina por unos pocos días y ahora es líder mundial de cuanta batalla se le ocurra, siempre contra el comunismo, socialismo etc. Por eso, como hombre leal, estoy empecinado en comenzar a jugar al tenis con mi mano derecha, no quiero ser más zurdo, por las dudas.

En su afán de acumular millas para abaratar costos, ya metió su duodécimo viaje al exterior en siete meses, es decir uno cada dieciocho días, aproximadamente. Y la poca guita que hay, se sigue desvaneciendo en alquileres de aviones privados que en sus últimos viajes tuvieron un costo estimado de 350.000 dólares cada uno.

Mientras tanto, el interior del país no pierde las esperanzas de que alguna vez se digne a pisar su tierra, donde tendrá el placer de conocer a la verdadera Argentina.

Como siempre digo amigos: De un lado de la reja está la realidad, del otro lado también está la realidad. Lo único irreal es la reja.

Hasta la próxima, cada vez falta menos para ser la Irlanda prometida.

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