Fernando Santacruz

Bonos de Carbono de Misiones: un mecanismo para evitar la deforestación y favorecer el desarrollo local

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La comercialización de Bonos de Carbono de la Provincia de Misiones a la firma Mercuria Trading, es un hecho muy importante que merece ser destacado desde el punto de vista ambiental, económico y social. Además, abre una etapa de debate público que permitirá que se conozcan los beneficios que tiene este mecanismo impulsado por las Naciones Unidas. Y más importante aún, nos dará la posibilidad a la sociedad civil, de enriquecer este mecanismo con ideas innovadoras, principalmente para definir y controlar el destino que se le darán a los fondos que se obtengan por la retención del carbono que realiza nuestra selva.

¿Qué son los bonos de carbono? Son instrumentos de intercambio, que unen a la persona jurídica que tiene un bien de valor, con otra que desea adquirirlo. ¿De qué valor estamos hablando? Del que poseen los bosques, para extraer y retener gases de efecto invernadero (GEI) como el dióxido de carbono. Misiones al poseer casi la mitad de su territorio bajo algún grado de protección de su selva (1.4 de 3 millones de hectáreas), y por ende retener CO2, puede emitir bonos de carbono. Teniendo en cuenta que la deforestación (10 millones de hectáreas por año) y la degradación forestal son responsables de un 11% de las emisiones de GEI a nivel global, es que desde las Naciones Unidas se crearon diversos mecanismos para incentivar a los países a proteger sus bosques, a través de la transferencia de recursos monetarios que eviten actividades económicas interesadas en la tala de los bosques, y que promuevan proyectos en armonía con la selva. Uno de estos mecanismos, son los bonos de carbono implementados por proyectos REDD (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación) o REDD+ (conservación y gestión sostenible de los bosques), que permiten conectar a los actores que quieren cuidar sus bosques, con aquellos que desean invertir en su conservación.

¿Por qué hay empresas y actores que quieren adquirir los bonos de carbono? Porque la ONU a través de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (1992), el Protocolo de Kyoto (1997), y el Acuerdo de Paris (2016), entre otros acuerdos internacionales, llamaron a los países, a reducir las emisiones de GEI y a transitar hacia una economía “descarbonizada” con menos emisiones de GEI, donde predominen las energías renovables, como la solar, eólica e hidráulica, y en donde los países más ricos y más contaminantes, puedan compensar económicamente a aquellos más pobres y con mayores extensiones de bosques y selvas en peligro de
deforestación. En esa transición, se reconocen que todavía hay sectores de la economía, como el transporte terrestre y la aeronavegación turística y comercial, que dependen de la energía fósil para su supervivencia, y por ese motivo se habilita a dichas empresas “petróleo-dependiente”, a compensar su contaminación adquiriendo bonos de carbono.

Misiones al comercializar bonos de carbono, “no vende su selva”, ni mucho menos habilita a los detentores de los bonos a explotarla económicamente. Todo lo contrario, Misiones con los bonos de carbono, se compromete aún más a cuidar la selva, con mayores recursos de los que recibe en la actualidad, como por ejemplo de la Ley
Nacional de Bosques, que vale aclarar, solo cumple con un 3% de los recursos que debería asignar. Los bonos de carbono comprometen a Misiones además, a destinar los recursos que obtenga no a cualquier lado, sino a la protección de su selva y a la generación de proyectos de desarrollo local en armonía con la selva y con sus
comunidades locales, siempre bajo el paraguas de proyectos REDD+ de las Naciones Unidas, como ya se aplican en regiones de Bolivia, Costa Rica, Paraguay, Colombia y Ecuador, por citar algunos ejemplos.

Mientras esperamos los detalles del acuerdo, tenemos una gran oportunidad de pensar como sociedad, en que vamos a destinar los recursos de los bonos de carbono.
1) Mejora Salarial para nuestros Guardaparques, y de Equipamientos para todo el Sistema de Protección del Ministerio de Ecología;
2) Apoyo a proyectos productivos existentes que estén en armonía con la selva, de pequeños productores y de pueblos originarios; 3) Apoyo a proyectos eco turísticos. 4) Apoyo al sistema de prevención de incendios forestales. Son solo algunas ideas.

Por todo lo dicho, los bonos de carbono de Misiones y los proyectos REDD a nivel mundial, claramente evitan la deforestación, y abren una gran posibilidad para la generación de proyectos de protección de nuestros recursos y desarrollo local en armonía con nuestra selva. De nosotros los misioneros, depende darle forma y sentido.

Fernando Santacruz: Docente, Investigador y Licenciado en Relaciones Internacionales.

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En este 2018, los posadeños subsidiamos menos a los porteños

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El modelo de subsidios implementado por el gobierno nacional de CFK, concentraba los subsidios a la electricidad, al gas y al transporte público en la Ciudad de Buenos Aires y su área metropolitana (AMBA). Dicha situación era injusta para el resto de las provincias del país, que terminábamos subsidiando el consumo de los habitantes del AMBA.  Comparar la diferencia en el consumo de electricidad y gas siempre es más complejo debido a que cada familia tiene un consumo diferente y cada Provincia le agrega diversos impuestos y tiene sus propios costo de distribución, pero la situación de desigualdad queda en evidencia al comparar la evolución del costo unitario de un pasaje de colectivo urbano entre una ciudad del NEA como Posadas, y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Los datos nos confirman que durante el gobierno nacional anterior, los habitantes de las provincias más pobres (NEA y NOA) subsidiábamos el viaje de los habitantes del distrito más rico del país: CABA. Por ejemplo, en el año 2008 el 80% de los subsidios del gobierno nacional al transporte se destinaron al AMBA, y solamente el 0,69% a Misiones: es decir 80% para la región que representa el 44% de la población del país y un 0,69% para una provincia que representa el 3% de los habitantes. Podemos ver la diferencia en términos per cápita de forma anual: mientras un porteño recibía 119$, un misionero recibía 59$ (Subsidios/Población 2010).

A pesar de que en el 2020 se prevé culminar con la política del gobierno actual de baja gradual y de reequilibrio geográfico de los subsidios iniciada en 2016, ya en el 2018 se puede observar cómo se van equiparando los valores del boleto en todo el país. Veamos un caso concreto: en Enero de 2015 en plena vigencia de la política de subsidios, un porteño abonaba 3$ por pasaje en colectivo y un posadeño 6,50$, es decir un 116% más caro, mientras que en Junio de 2018 la diferencia se redujo al 11%, ya que un porteño ahora abona 10,75$ para un viaje de entre 6 y 12 km, y un posadeño 12$.

  Valor Pasaje de Colectivo en Enero 2015 Valor Pasaje de Colectivo en Junio 2018 Aumento de pasaje en $ y en % entre Enero de 2015 y Junio de 2018 Diferencia de Precio en $ y en % entre Posadas y CABA en Enero de 2015 Diferencia de Precio en $ y en % entre Posadas y CABA en Junio 2018
Posadas 6,50$ 12$ 5,50$       (84%) 3,50$
116%
1,25$
11%
CABA 3$
 
10,75$ 7,75$ (258%)  


La baja y el reequilibrio geográfico de los subsidios del gobierno nacional en la actualidad es un problema del país central, no de las provincias que siempre abonamos más caros los pasajes durante el gobierno de CFK, por el simple hecho de que recibíamos menos subsidios. La reducción del déficit fiscal a través de la baja de los subsidios de un sistema injusto, hará que los porteños paguen los pasajes al valor que siempre abonamos los habitantes del interior. La reducción del déficit fiscal es importante porque trae aparejado otro beneficio: menor inflación y mayor estabilidad monetaria. Esta baja del déficit, hay que aclararlo, debe ser siempre con equidad.

El desafío de bajar el déficit fiscal con equidad, en un país con una altísima presión fiscal, reside en mantener solo los subsidios justos, que son los que priorizan al que más necesita (Tarifa Social de Servicios Públicos, AUH, PROGRESAR) y los que se destinan a áreas estratégicas (Salud y Educación Pública de Calidad). Pero también reside, en eliminar subsidios injustos, como son estos subsidios otorgados al país central y a los sectores de mayores recursos que son los que más capacidad de consumo tienen: un estudio del Cedlas-UNLA, reveló que en 2014 los hogares de los cinco deciles más ricos recibieron 249% más de subsidios al gas y electricidad, que los cinco deciles más pobres.

Bajar el déficit fiscal con equidad, además reside en eliminar privilegios injustos, como es la exención del pago del impuesto a las ganancias de los jueces; y en consolidar de manera gradual un sistema impositivo más progresivo, y un modelo de desarrollo que genere mayor producción y su consecuente mayor recaudación. Ejemplos de injusticias hay muchos, el desafío como sociedad es continuar exigiendo a nuestros representantes por la corrección de las mismas, como lo es la corrección de la política de subsidios del gobierno anterior que priorizó siempre al país central y a los sectores más ricos de la población, en detrimento de las regiones y de los sectores más pobres del país. Volver hacia atrás como pretendieron algunos sectores en el mes de Mayo en el Congreso, hubiese sido una gran injusticia. Todavía falta equiparar, pero ya podemos afirmar que en este 2018 los posadeños subsidiamos menos a los porteños.

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Corrida cambiaria: síntoma de un problema que nos afecta hace varias décadas

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La corrida cambiaria de los últimos días, no es más que un conocido síntoma de un problema que nos afecta hace varias décadas: la falta de políticas de Estado en dos materias centrales para la vida de una sociedad: la política y la economía.

En materia económica, (salvo escasos momentos aislados de esperanza que se terminaron desvaneciendo) desde 1930 a la fecha los argentinos no hemos logrado consensuar e implementar con éxito un modelo de desarrollo económico que genere bienestar a toda la población de manera sustentable en el mediano y largo plazo, y que a su vez sea capaz de solventar un Estado de Bienestar acorde a lo que aspiramos y demandamos como sociedad.

A los modelos de desarrollo argentinos siempre la faltan dólares: para la importación de bienes, para los viajes al exterior de la sociedad, y para la repatriación de divisas de las necesarias inversiones externas. Como los bienes aumentan cuando son escasos, el dólar no es la excepción. Las corridas y devaluaciones consecuentes a esta falta de dólares, terminaron agrandando el déficit social de la Argentina que se manifiesta en 27% de pobreza y más de 40% de pobreza en los jóvenes.

Nuestros modelos de desarrollo tampoco generan los suficientes recursos para sostener el Estado de Bienestar que demandamos, y por eso  el eterno déficit fiscal: nunca alcanzan los recursos a los gobiernos, por eso algunos se endeudan (para evitar recortar gastos), o por eso emiten sin respaldo (para disimular recortes de gastos que se terminan realizando al poco tiempo vía devaluación e inflación). Otros gobiernos intentan bajarla pero nunca encuentran respaldo de la circunstancial oposición, y el problema no se soluciona. Este déficit fiscal además alimenta la demanda de dólares. Un círculo vicioso. 

En materia política, (salvo escasos momentos aislados de esperanza que se terminaron desvaneciendo) desde 1930 hasta la fecha, los argentinos no hemos logrado consensuar e implementar con éxito un modelo político democrático representativo y republicano, que garantice división de poderes, respeto de la ley, independencia judicial, control del gasto público, alternancia, y  reglas de juego claras para los partidos políticos y para la sociedad. Por el contrario, producto de la desconfianza hacia el éxito y la posterior concentración de poder del adversario, hemos construido democracias delegativas y populistas, donde los actores políticos más influyentes (que son productos de su sociedad) han intentado usar las reglas de juego para beneficio propio y en perjuicio de sus disidentes. 

Eternizarse en el poder, entregar dádivas, negocios y cargos a los amigos, nepotismo, han sido los objetivos de la mayoría de proyectos políticos que gobernaron al “todo o nada”, tomando medidas populistas coyunturales para ganar elecciones y no perder el poder, pero no las necesarias y estructurales  que solo pueden ver sus frutos en el largo plazo. La lógica del “todo o nada” contamina muchas veces a la oposición, donde por rédito político y temor al éxito del gobierno de turno, se opone a medidas que pueden ser antipáticas en el corto plazo, pero beneficiosas en el largo. La desconfianza nos hizo incapaces de querer entregar el poder al que piensa distinto, incapaces de entender que el otro puede continuar nuestra obra, incapaces de entender que en la mayoría de los casos el sucesor deberá cosechar sobre la propia siembra, incapaces de ver que en economía no existe la magia y que los recursos del Estado son finitos y se obtienen más cuanto más desarrollado y grande sea el mercado.

¿Cómo construimos un modelo de desarrollo que genere bienestar y baje los altos números de pobreza y de asistencialismo (es decir, como aumentamos la productividad, como nos insertamos inteligentemente al mundo, y como generamos los dólares suficientes para hacer crecer nuestra economía)?; ¿Cómo construimos un Estado de Bienestar pagable (es decir, como salimos del déficit fiscal y entendemos que lo que brinda el Estado no es gratis, sino producto de nuestros impuestos)? ¿Cómo construimos una democracia donde las reglas sean iguales para todos, y donde no solo un partido tenga la responsabilidad de gobernar (es decir, como construimos confianza en el adversario, diálogo, alternancia, y políticas de largo plazo)? ¿Cómo construimos un Estado Republicano donde la Justicia haga cumplir la ley (es decir, como garantizamos condenas reales a la corrupción y el fin de todos los privilegios que todavía existen)?  Las respuestas y las soluciones, la seguimos teniendo los argentinos.

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