Arguello Juan Carlos

Periodista, director de Economis

Prefectura decomisó casi tres toneladas de marihuana en Misiones

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Efectivos de la Prefectura Naval Argentina secuestraron un cargamento de más de 2.830  kilos de marihuana y detuvieron a dos personas, en un procedimiento que sucedió en la localidad misionera de Puerto Piray, siguiendo los lineamientos dispuestos por el Ministerio de Seguridad de la Nación, a cargo de Sabina Frederic.

El procedimiento inició cuando personal de la institución, que patrullaba la zona urbana del municipio, observó a varias personas que cargaban y descargaban bultos de un camión hacia un galpón, por lo que decidieron regresar y detener al transporte, pero éste ya se había retirado del lugar.

Inmediatamente, los efectivos de Prefectura rastrearon al camión y dieron con él a los pocos kilómetros, al inspeccionarlo comprobaron que sus dos ocupantes trasladaban 137 paquetes rectangulares con marihuana y gran cantidad de productos de contrabando.

El total de los estupefacientes secuestrados asciende a más de a más de 2.830 kilogramos de marihuana, divididos en 3.934 panes y su valor comercial supera los 237.000.000 de pesos.

A raíz de este hallazgo, el Juzgado Federal de Eldorado, a cargo del Dr. Miguel Ángel Guerrero, Secretaría de la Dra. Miriam Kolln, ordenó la detención de los dos involucrados, el secuestro de toda la mercadería y el allanamiento del mencionado galpón.

Además, en la ciudad correntina de Itatí, el personal de la Prefectura decomisó otros 71 kilogramos de marihuana, que estaban ocultos entre la densa vegetación, cerca del kilómetro 1.277 del río Paraná. La droga tiene un valor superior a los 7.100.000 de pesos.

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Crisis cambiaria o ajuste fiscal, dilemas pandémicos

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Entre enero y septiembre, el déficit primario del Sector Público acumuló ARS 1,3 billones, rozando 5% del PBI. Para dimensionar el desequilibrio, vale recordar que todo 2015 este cociente estuvo apenas por debajo de 4%. Por lo tanto, el ratiode 2020 abre muchos interrogantes, la mayor parte de ellos vinculados a su sostenibilidad y el impacto de su financiamiento con emisión sobre las variables nominales primero y reales después.
En este sentido, la disparada de los dólares paralelos, que superaron 180 pesos en la última semana, obedece en parte importante al exceso de oferta de pesos al que está llevando el agujero fiscal en un escenario de creciente incertidumbre y desconfianza en el peso.
Ahora bien, ¿por qué creció tanto el déficit fiscal? ¿era posible un camino distinto en medio de esta pandemia y cuarentena inédita? ¿tiene sentido esperar un mayor ajuste para el año próximo? Analizar los números de este año junto con la dinámica de las diferentes partidas, nos permitirá entender mejor dónde podrían enfocarse los esfuerzos del gobierno nacional hacia adelante.
En primer lugar, corresponde notar que el gasto primario creció casi 70% i.a. en los primeros nueve meses del año. En sentido contrario, producto de la gran recesión que estamos atravesando, los ingresos públicos avanzaron solo 22% i.a. entre enero y septiembre. De esta manera, el superávit primario de ARS 0,2 billones acumulado en los primeros tres trimestres de 2019 se convirtió en un déficit de ARS 1,3 billones este año. Con estos valores, se entiende por qué el Banco Central emitió ARS 1,7 billones entre enero y septiembre para financiar al Tesoro y por qué, a pesar de la esterilización vía LELIQs, pases y venta de Reservas, la base monetaria creció 40% en ese período, muy por encima de la inflación acumulada (25%).
Sin embargo, al adentrarnos en los números no todo es lo que parece. Por caso, aislando el gasto COVID (IFE, ATP, etc.), cerca de ARS 550.000 millones -2% del PBI-, se observa un aumento de “solo” 50% de las erogaciones primarias. Aunque este porcentaje está por encima de la inflación de período, en torno a 45%, la dinámica se presenta menos insostenible. 
Excluyendo los planes de emergencia que motivó la pandemia, las prestaciones sociales crecieron solo 45% i.a. en el acumulado a los primeros nueve meses del año. La actualización por decreto de las jubilaciones y los programas sociales se diferenciaron entre decil de ingresos, dando ajustes por encima de la inflación a los sectores de menores recursos y por debajo de ésta a los estratos superiores. Esta evolución puede servir como anticipo para pensar la reforma jubilatoria que podría tratarse en el congreso y por dónde podría continuar el ajuste del año próximo.
Asimismo, al analizar el resto de los componentes del gasto, se observa una dinámica heterogénea que también podría servir para diagramar el futuro. Los subsidios económicos y las transferencias a provincias -con ingresos propios muy golpeados por la recesión y sin posibilidad de financiarse en el mercado- crecieron más de 100% i.a. En sentido contrario, los gastos de funcionamiento -salarios de empleados públicos- treparon 30% i.a. y los gastos de capital menos de 5% i.a., en un contexto de fuertes restricciones operativas. Asumiendo que los dos primeros tuvieron un carácter de emergencia y una fuerte impronta social, la disparada del déficit puede parecer incluso todavía más “inevitable”.
En síntesis, buena parte del aumento del gasto parece forzado por la crisis. De hecho, al analizar el resto de las partidas extra COVID se encuentran incluso algunos ajustes reales (jubilaciones y pensiones altas). En una lógica similar, el desplome de la recaudación que provocó la recesión también era difícil de evitar. Por lo tanto, buena parte del incremento del rojo fiscal responde a la pandemia, en línea con lo sucedido en la mayoría de los países de mundo. Sin embargo, no por eso deja de ser desequilibrante: en la mayoría de los países, el financiamiento vía emisión fue menor que en el caso argentino.

Haber sostenido tasas de interés tan bajas en un escenario de liquidez récord, producto de la emisión para cubrir el bache fiscal fue un error significativo del equipo económico. Es cierto que la tasa de interés pasiva es fundamental para determinar el costo de financiamiento de las empresas -en muchos casos, endeudadas incluso para pagar sueldos y sin saber cuándo van a poder volver a vender- y que endurecerla tendría algunos efectos negativos. Sin embargo, los perjuicios de esta liquidez excedente en un contexto de incertidumbre que induce a una mayor dolarización tensó significativamente al mercado cambiario (formal y paralelo), provocando mayores costos que un endurecimiento de la política monetaria. En tanto, los contratiempos del mayor costo de financiamiento podrían subsanarse con un esquema de tasas segmentadas o créditos subsidiados.
En segunda instancia, aparece el déficit primario objetivo explicitado en el Presupuesto 2021. En este sentido, la reducción de 8% del PBI a 4,5% se queda “corta” en relación con lo esperado por el mercado. Aunque el supuesto de un financiamiento con deuda en moneda local de 4 de cada 10 pesos del rojo fiscal es realista, deja las expectativas de emisión en niveles muy elevados para el año electoral. En un marco de creciente tensiones cambiarias (escasas Reservas netas y brecha superior al 100%), aumentar aún más la liquidez atentaría contra la estabilidad de las variables nominales.
Es cierto que el año que viene hay elecciones, y que una reducción significativa del gasto público será compleja, especialmente considerando que la economía no se reactivará de manera sensible. No obstante, no es menos cierto que el desequilibrio del mercado monetario está provocando diversas tensiones que se trasladan al mercado cambiario primero y a la economía real después.
El “ahorro” de 2 p.p. del PBI que representó la suspensión de la fórmula de movilidad y sus ajustes por debajo de la inflación en los deciles más altos es uno de los principales componentes por donde podría advenir el esfuerzo fiscal. Los ajustes en gastos previsionales siempre son complicados de implementar, más en años políticamente relevantes, pero esta línea representa más de la mitad del gasto primario total. En consecuencia, reducir las erogaciones totales preservando los haberes previsionales, implicaría un fuerte recorte del resto de las partidas, de modo que no parece viable.
Por otro lado, los subsidios económicos implican alrededor de 10% del gasto primario total. En los primeros nueve meses de 2020, acumularon 2% del PBI, su mayor valor desde 2015. Los anuncios acerca de probables ajustes tarifarios en los primeros meses del 2021 reflejan la intención de recortar estos destinos en términos reales.
A modo de conclusión, podemos afirmar que la situación fiscal se complicó por la pandemia y la cuarentena, disparando la liquidez y desequilibrando el mercado de pesos, ante la imposibilidad del Tesoro de financiarse con deuda privada. Aunque puede haber sido necesaria para evitar un mayor colapso de la situación social, no por eso esta situación dejó de generar importantes tensiones en el mercado cambiario y, es probable, que se trasladen a la inflación.
En 2021, el Sector Público debería tener una meta fiscal más ambiciosa que ayude a reducir los efectos negativos del exceso de liquidez, en lugar de agravarlos. Sin embargo, el “plan económico” no puede terminar acá: será necesario también subir la tasa de interés para incentivar el ahorro en pesos, mejorar las colocaciones de deuda en moneda local del Tesoro -justamente, para relajar las necesidades de ajuste y emisión- y corregir la brecha cambiaria actual. Caso contrario, el “plan” se quedará corto: deberá articular las distintas aristas de la política económica, que exceden largamente a la cuestión de las arcas públicas.

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“Se está trabajando bajo el cronograma electoral vigente”, reafirmó la secretaria de Asuntos Políticos

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La secretaria de Asuntos Políticos del Ministerio del Interior, Patricia García Blanco, aseguró hoy que tanto desde su organismo como así también desde la Dirección Nacional Electoral (DINE) “se está trabajando bajo el cronograma electoral vigente, según prevé la Ley 19.945”, de cara a los comicios 2021.

La funcionaria de la cartera que conduce Wado de Pedro lo expresó hoy, tras participar del operativo de asistencia que permitió a casi 8 mil ciudadanos y ciudadanas de Chile residentes en nuestro país participar del Plebiscito Constitucional que llevó adelante el vecino país.

En ese marco, la secretaria indicó que junto a Diana Quiodo, titular de la DINE, “se sigue trabajando articuladamente con el Ministerio de Salud, la Justicia y el Congreso en la evaluación de medidas sanitarias y de prevención para las elecciones nacionales de 2021, en caso de persistir el escenario de pandemia que atraviesa la Argentina y el mundo”.

Sin embargo destacó que cualquier propuesta de modificación o alteración del cronograma vigente “debe ser realizada por ley y debatida en el Congreso de la Nación”.

Por otro lado, la funcionaria destacó las rondas de diálogo que concluyeron esta semana, en la que la secretaría a su cargo y la DINE, escucharon a los apoderados de los partidos políticos provinciales de cara a las elecciones argentinas de 2021.

“Es muy importante tener de primera mano las preocupaciones y sugerencias de los actores de quienes recogimos sus impresiones y ratificamos la vigencia del cronograma electoral”, aseguró.

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Finalmente llegó el primer vuelo regular a Puerto Iguazú luego de siete meses

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Luego de la interrupción en el servicio aéreo por la pandemia de COVID-19 durante siete meses, hoy llego el primer vuelo regular a Puerto Iguazú. El pasado viernes había llegado el primer vuelo a la provincia de Misiones proveniente de Buenos Aires también, pero hacia la capital misionera, Posadas.

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Cerca de las 14:00 horas arribó al Aeropuerto Internacional Cataratas del Iguazú el vuelo de Aerolíneas Argentinas AR 1782 proveniente del Aeropuerto Internacional de Ezeiza Buenos Aires. La capacidad del vuelo para personal esencial fue de 70/80 personas aproximadamente.

En Iguazú particularmente, arribaron 19 personas de ese total, mientras que los pasajeros restantes estuvieron de transito por aquí. Debieron descender de la nave para su desinfeccion y luego volver a embarcar porque este mismo vuelo una hora después de dirigió hacia la capital de la provincia de Chaco Resistencia, para luego retornar hacia Ezeiza nuevamente.

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El vuelo hacia Resistencia y luego hacia Ezeiza salió a las 15:15 hrs. y aquí, en Puerto Iguazú, embarcaron 12 personas, así pudo saber Radio Yguazu Misiones al consultar al personal de Aeropuertos Argentina 2000.

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Argentina la antigua: nueva agenda y rediseño

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Devaluaciones bruscas e inflación descontrolada y persistente en el tiempo no son temas de preocupación medular en el siglo XXI. Ni siquiera se estudian de forma tan central y generalizada. Hoy solo registran importancia en países marginales, cada vez más pobres e irrelevantes en el contexto global.

Control de precios, brecha cambiaria, restricciones extremas a la movilidad del capital, debates alrededor de las bondades o no sobre la apertura de la economía, el rol del FMI, el dilema campo versus industria, son tópicos del pasado y que por lo tanto se encuentran en museos, libros de historia, en diarios viejos, o en los portales web de noticias del año 2020 en la Argentina.

En los años ochenta, 34 países tenían tasas de devaluación anual de sus monedas frente al dólar superiores al 20% promedio durante la década completa. En los noventa, fueron 40 países. Y en los primeros diez años del siglo XXI fueron ocho países. En los últimos diez años tan sólo siete países tuvieron una tasa de devaluación anual promedio superior al 20%: Bielorrusia, Myanmar, Sudán, Sudán del Sur, Siria, Venezuela y la Argentina. Es decir, la devaluación de las monedas locales paso de ser una característica distintiva de una parte considerable de la comunidad de las naciones a ser un problema restringido a zonas de guerra o de crisis económicas o políticas totales.

Fuente: Invenómica con datos del Banco Mundial.

Lo mismo sucede con la inflación. Tasas de inflación superiores al 20% anual durante la última década son privativas de cinco economías en el mundo tan selectas como marginales, y entre las que lamentablemente se encuentra la Argentina. En el último cuarto del siglo XX (salvo el período de vigencia de la ley de Convertibilidad) la Argentina compartía esa triste realidad con un lote más amplio de países: alrededor de 45 Estados entre los que se encontraban Brasil, Chile, México, Uruguay, Perú, Israel y Polonia, que abordaron el obstáculo, lo solucionaron y avanzaron a fases superiores de la estabilidad macroeconómica.

Es como si la Argentina estuviera viviendo una realidad paralela en la cual conviven la telefonía celular, la inteligencia artificial y el big data, junto con discusiones importantes y modernas como igualdad género o ecología, y de fondo se toca siempre la misma música con los eternos instrumentos desafinados. Mientas en el mundo se debate y se invierte en el diseño tecnológico y económico de los próximos 100 años, en la Argentina prevalece la discusión, la cultura y la lógica política propia de la posguerra, y un abordaje a los temas económicos con recetas de otra generación.

Las medidas económicas a las que nos acostumbramos los argentinos demuestran una falsa innovación, porque en el fondo son soluciones arcaicas para problemas que ya casi nadie tiene en el mundo. Entonces, a no equivocarse. El mundo transita el primer cuarto del siglo XXI con nuevos desafíos, pero la Argentina sigue anclada en la retórica política y económica del siglo XX.

Los ciclos de stop and go son recurrentes y bruscos frenos a la economía argentina, como consecuencia de la restricción externa, la falta de divisas para sostener el crecimiento y de una estructura productiva desequilibrada. Fueron descriptos de gran forma por Marcelo Diamand a principios de los años 70, tomando en su momento como referencia información estadística de la historia económica argentina, y hoy cincuenta años más tarde siguen siendo eje central de la agenda de política económica.

La Argentina aborda sus eternos y crónicos problemas con viejas soluciones, comete el mortal error de recurrir siempre a su primitiva caja de herramientas, aportando versiones cada vez más forzadas y por lo tanto predecibles e ineficientes.

La Argentina es hoy el personaje popular “Enrique el antiguo”, tan maravillosamente protagonizado por Guillermo Francella. En un contexto colorido y moderno, aportaba el gris del pasado, y comentarios y análisis que ya nadie entendía por pertenecer a otra época, estaba desenfocado, desentonaba. Y hoy desentonar en este mundo tan competitivo e innovador tiene un costo altísimo:  empobrecimiento e intrascendencia.

Fuente: Invenómica con datos del Banco Mundial y del FMI.

Reconocer las propias vulnerabilidades como nación y economía es el primer paso para tener la audacia de rediseñarnos, actualizar nuestro modelo mental modelo ochenta y plantearnos nuevos objetivos.

Hoy el mundo con sus problemas, pandemias y dubitaciones, insinúa o al menos aspira a una furiosa recuperación, y como viene ocurriendo desde hace décadas, empujada por tecnologías disruptivas y sectores innovadores. No parece que está sea la agenda argentina para los próximos años.

En lugar de deambular alrededor de viejos conflictos y proponer soluciones a todas luces incompletas, poco ambiciosas y finalmente nocivas, la Argentina necesita un fuerte cambio de timón. Hoy no hay soluciones económicas fáciles y de coyuntura. No existen herramientas de manual de macroeconomía que mágicamente restablezcan un sendero de crecimiento virtuoso y permitan salir de la crisis evidente y profunda, que se expresa en la volatilidad del dólar, pero se siente en la pobreza extrema. Rezar para que llueva y mejoren los precios de nuestras exportaciones de bienes básicos puede ayudar, pero es recomendable complementarlo con otras medidas más terrenales.

La solución es política, y como nunca nuestros dirigentes sin distinción partidaria tienen que abordar las dificultades con responsabilidad, y despojarse de la conflictividad binaria permanente y del dogmatismo absurdo.

No se trata de elucidar cuestiones filosóficas, sino de generar las condiciones macroeconómicas de mediano y largo plazo para que, como sucede en casi todos los países del mundo, el sector privado emprenda, crezca y genere riqueza y empleo. En definitiva, consensuar un plan robusto que nos permita solucionar nuestros problemas eternos (fiscales, de moneda, de balanza de pagos, sociales, etc.) y ser un jugador creíble, normal y reconocido en el contexto de las naciones.

La inestabilidad y la incertidumbre, nos llevan a tener una mirada pesimista y de corto alcance. Para limitar los miedos, animarse a enfrentar nuevos desafíos como nación, y pretender rediseñarse, la Argentina necesita una nueva agenda. Un plan consensuado que unifique el esfuerzo diario de su población trabajadora y emprendedora para superar sus problemas crónicos y de otra época, sacarla de la intrascendencia y hacer de la Argentina un país próspero que merezca ser vivido y construido.

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