¿Basta de venenos o basta de miedos?

Basta de venenos. Es una cruzada viral desarrollada en el marco del Día Mundial por el No Uso de Agroquímicos que busca “difundir e instalar en la población la problemática del uso de productos agroquímicos, concientizando sobre cómo el modelo de producción agropecuaria está afectando tanto la salud de productores, así como también de los trabajadores y comunidades rurales, e incluso a todos los citadinos en el mundo”, según detallan las propias cuentas de Instagram y Twitter, con alrededor de 3.000 y 500 seguidores respectivamente. 

Implementada desde hace una semana, la campaña difunde videos informativos principalmente a través de redes sociales, posicionando en el centro de la escena a personalidades populares del arte, periodismo, alimentación, derechos humanos así como también a trabajadores, vecinos de diversas localidades y familias de ámbitos rurales. Todos ellos, a través de videos breves, mensajes claves contundentes y hasta incluso, testimonios sobre análisis de sangre, “comparten la preocupación por los daños que producen los agrotóxicos y desean contribuir a un cambio agroecológico para la producción de alimentos sanos” según indican las publicaciones. 

La loca de la máscara -como la apodaron en su pueblo-  o, Marta Elsa Cian, es una de las caras visibles de la campaña. Es productora avícola en Entre Ríos y afirma que para salir de su casa usa protección para evitar la exposición a la constante deriva de los agroquímicos de la fumigación aérea.

La idea se gestó a partir de la realización del documental “Andrés Carrasco, Ciencia Disruptiva” y es impulsada por organizaciones sociales, vecinos de zonas afectadas, científicos, abogados y personas del mundo artístico. En ese colectivo de organizaciones figuran desde movimientos mundiales como Extinction Rebelion (XR), pasando por grupos barriales como el Grupo vecinal contra las fumigaciones y por la soberanía alimentaria, Exaltación Salud, provincia de Buenos Aires.; hasta colectivos institucionales y académicos como Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria de la Escuela de Nutrición de la UBA. 

En Misiones, Raúl Aramendy, educador, agroecológico y fundador de la Tecnicatura Superior de Agroecología de Misiones, se sumó a la campaña viral. Oportunamente, al ser consultado por el tema del maíz transgénico, Aramendy explicó a Economis que “el modelo que Misiones impulsa a través de la Secretaría de Agricultura Familiar es el que hoy más contiene y cuida al agricultor, y es el que consideramos debe ser profundizado porque es un modelo donde la gente importa, donde todos los seres vivos importan, donde se puede desarrollar la economía social”. 

La contraofensiva no tardó en llegar. Los contenidos viralizados generaron inmediatamente incomodidad y enojo de referentes del agro argentino. Las publicaciones fueron variadas y sus animosidades oscilaron entre datos científicos, enojo, burla y hasta descargos sobre `la hipocresía ́ que manejarían algunas de las personalidades al frente de la campaña.

En la batalla de tweets, tampoco quedaron fuera de juego las comparaciones: “Las plantas y los animales se enferman y sufren el ataque de plagas, exactamente igual que nosotros. Querer prohibir los fitosanitarios en la agricultura equivale a querer prohibir los antibióticos y los medicamentos en la medicina moderna. Sin cultivos, no hay comida”, destacó la cuenta Bumper Crop, con más de 92.000 seguidores. 

La producción agropecuaria no es ficción. Bajo ese título la Cámara Argentina de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (CASAFE) socializó su respuesta oficial, indicando que “detrás de todos los alimentos y productos, hay miles de profesionales del agro, científicos y regulares que estudian durante muchos años para garantizar la seguridad de lo que consumimos y utilizamos”.

Y fue más allá del comunicado: instalando el eslogan Basta de Miedos. La Cámara que nuclea a las empresas de fitosanitarios respondió de forma directa: “Somos personas que, al igual que ustedes, se preocupan por lo que comemos, por el ambiente y por la salud. Por eso nosotros también decimos Basta. Basta de estigmatización, basta de grietas, basta de argumentos sin ciencia, #BastaDeMiedos”.

Desde la Federación Argentina de la Ingeniería Agronómica, se apeló públicamente al sistema de registro y control de fitosanitarios, así como también las legislaciones nacionales, provinciales y municipales vinculadas con el control y la aplicación de los sanitarios. Todas ellas cuestiones que, en su conjunto, posibilitan contar con alimentos cuya calidad, supera los estándares internacionales más exigentes. “Ningún Fitosanitario ya sea de origen químico o biológico escapa a la ley, los Ingenieros Agrónomos recetamos y supervisamos las aplicaciones. Es el Ingeniero Agrónomo matriculado y habilitado, por sus Colegios o Consejos provinciales, quien prescribe en una RECETA con conocimiento agronómico. Sin relatos ni actuaciones, confiemos en la experiencia profesional y el conocimiento científico”, rezó el comunicado.

Y por casa, ¿cómo andamos? La Ley XVI, ex 2.980 establece un régimen de contralor del uso de fitosanitarios y prohíbe su uso con propósitos fuera de lo especificado, o para tratamientos no indicados, en el formulario tipo o receta.

Desde el Colegio de Ingenieros Forestales de Misiones, su presidente Jaime Ledesma, explicó a Economis que “hay que ser muy criterioso y cuidadoso con los términos, y tanto más, cuando se habla muy genéricamente de `agrotóxicos´ en general. Estas campañas mediáticas, que pueden tener buena intención, pero, cuando se disparan así, terminan atacando la producción argentina de alimentos, pues no discriminar, no diferenciar responsabilidades, eso no está bueno y caer en generalizaciones, no contribuye a resolver los problemas puntuales que existen, que nadie niega, ni trata de esconder o minimizar”.

Agregó además que “se puede comprender la preocupación social que existe sobre mal uso, falta de control adecuado, hasta inclusive, la mala praxis profesional en el uso de productos agroquímicos. Lo que no podemos entender y aceptar técnicamente es la simplificación del análisis y con ello tratar de dividir a la sociedad entre: `envenenadores seriales´ y `personas víctimas de estos venenos´ por describirlo de alguna manera”.

Ledesma sostuvo que los productos fitosanitarios o agroquímicos utilizados en la agricultura están debidamente autorizados y registrados por SENASA, que es un organismo público competente y con respaldo técnico. “Atacar la producción en general, sin discriminar las buenas prácticas profesionales o la producción responsable, no es bueno”, aseveró.

Luciana Imbrogno, la subsecretaria de Desarrollo y Producción Vegetal del Ministerio del Agro y la Producción, explicó a Economis que brindan acompañamiento a las chacras que están en proceso de transición desde la agricultura convencional hacia la agroecológica si se quiere, con menor carga de productos agroquímicos. “Para el control hormigas, por ejemplo, a través de lotes demostrativos para el uso de bioinsumos y evitando el uso de insecticidas. Lo trabajamos en yerbales de Andresito y Apóstoles para poder demostrar que el uso asociado a un manejo integral de la chacra, permite disminuir el uso de insecticidas de síntesis químicas”. 

Una mirada integral que entienda a la chacra como sistema es el mensaje clave a partir del cual se está trabajando en terreno, según indicó Imbrogno. Además, mencionó a las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) y, en ese marco, el uso responsable de fitosanitarios. 

“Hoy estamos tratando fuertemente en hacer una inversión conjunta entre productores y ministerio para acondicionar las salas de acondicionamiento de hortalizas, espacios que permiten el lavado y la preparación de las hortalizas para la preparación y consumo a la salida de la chacra, que hoy es algo que no está generalizado en las chacras”, reveló. 

La participación activa del ministerio en la Comisión Asesora de la Ley Nacional de Orgánicos es otra línea de abordaje. En este espacio público – privado se discuten y se diseñan nuevas técnicas para reemplazar el uso de productos agroquímicos en las chacras. Este año se creó además, la Mesa Provincial de Orgánicos, integrada inicialmente por el Agro y la Producción y el de Ecología, el SENASA, el INTA. Luego se sumarán los privados para promover los cultivos orgánicos certificados en la provincia.

“Cuando hablamos de orgánicos hablamos de productos certificados libres de agroquímicos. El mercado de orgánicos crece. Este año, en la provincia el cultivo que tiene mayor porcentaje de la superficie certificada es la yerba mate: prácticamente el 99% de los orgánicos en la provincia” aseguró Imbrogno, agregando además que hay un nicho de mercado específico, logra mejores precios y hay consumidores que buscan activamente la yerba orgánica. 

“Más de 1.000 hectáreas certificadas orgánicas existen hoy en la tierra colorada, y más de 2.000 están transitando el camino de la certificación orgánica”. Otros cultivos orgánicos existentes son té, banano, moringa, stevia, jengibre, cúrcuma y algo de cítricos también, pero en menor medida que la yerba.  

Impulsar un cambio cultural. Bajo esa consigna, en 2018, se aprobó en Cámara de Representantes, la prohibición del uso del glifosato, sus componentes y afines, en las zonas urbanas del territorio provincial, comunidades de pueblos originarios, establecimientos educativos y sanitarios, Reservas Naturales de cualquier tipo, centros turísticos y cursos de agua dulce que se utilizan para el consumo humano.

Si bien el proyecto aprobado fue presentado por el Partido Agrario y Social, el diputado Isaac Lenguaza destacó que “en la Legislatura ya se habían presentado anteriormente numerosos proyectos para prohibir totalmente el uso de este agrotóxico, pero la idea sería inviable económicamente para los distintos productores como los yerbateros y tabacaleros”. 

En su momento, incluso se estableció cierta vinculación entre la eliminación del glifosato y la mayor demanda de mano de obra para la limpieza en los lotes, como uno de los argumentos de la Ley que comenzó a regir a partir de abril de 2020.

La problemática es histórica, ética y cultural. Todas las posturas que se toman frente a ella, conforman un debate que es actual y urgente. Un debate colmado de cuestionamientos y que, abre un gran abanico de interrogantes que se traducen en acciones individuales y colectivas. ¿Cuánto más podremos sostener modelos productivistas con foco en la maximización de rindes?, ¿la sensatez agroecológica es aplicable al mundo actual?, ¿cuán grande es el nivel de hipocresía entre las prácticas culturales que demandamos y nuestras decisiones de consumo cotidianas?, ¿es posible alcanzar rendimientos óptimos manteniendo la estabilidad de los ecosistemas?.

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