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Repensando la violencia de género desde una perspectiva sociológica

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A pesar de importantes avances en materia de políticas públicas de abordaje de la violencia contra la mujer, la discriminación en razón del género confronta con la democracia. Se origina en los rasgos patriarcales que aún perviven y que remiten a una distribución desigual del poder entre hombres y mujeres en la cual los varones dominan en aspectos sociales como, la participación mayoritaria en el espacio público o la atribución de mayor estatus a sus ocupaciones. La división del trabajo ha relegado históricamente a las mujeres al ámbito doméstico, mientras que “naturalmente” los hombres fueron parte de la vida política y ocuparon puestos asalariados.
El cuidado de la casa, la crianza de los hijos o profesiones como la docencia que requerían de “amor materno” quedaban como única opción para las mujeres hasta que poco a poco, a partir de los 60, se comenzó a interpelar el orden histórico social construido culturalmente y reforzado legislativamente, desde el código de Hammurabi que consideraba que el hombre deudor podía pagar su crédito ocupando a su esposa como sirvienta en casa del acreedor (1), pasando por la criminalización en las leyes de indias a las mujeres que vestían oro y piedras preciosas, hasta nuestro Código Civil sancionado en 1869, en el que las mujeres han sido consideradas incapaces durante décadas, adquiriendo capacidad civil plena recién en el año 1968.
Como se advierte, el referido orden social no se construyó de un día para el otro. Ya en la antigüedad, Platón creía que el varón poseía un alma racional inmortal, ubicada en la cabeza, y otras dos alojadas en el pecho (el alma irascible, del coraje militar) y en el vientre (el alma concupiscente). La mujer no poseía alma racional y por tanto se la consideraba un hombre castigado e incompleto. Aristóteles también mantenía la teoría del sexo único, la mujer era un varón disminuido, imperfecto, y el varón tenía que mandar sobre los esclavos, los hijos y la esposa por ser naturalmente más apto que la mujer. Estas viejas ideas han ido consolidando un tejido social de características androcentristas que se ha arraigado fuertemente.
La cultura y sus prácticas deben ser interpeladas cuando producen discriminación y colocan en un lugar de inferioridad a otras personas en razón de su etnia, religión o género. Alcanzar una sociedad inclusiva implica reconducir o reconstruir las instituciones con prácticas más equitativas que, contemplando la diversidad, promuevan la igualdad y eviten la falsa superioridad masculina. Es importante, y solo a modo de ejemplo, reafirmar que la crianza y el cuidado de los hijos e hijas y de personas de avanzada edad esté descentralizada de la mujer y compartida con la pareja; en ese sentido cabría repensar las licencias laborales, concretamente por maternidad y paternidad, y las responsabilidades domésticas.
La violencia de género integra un sistema de dominación contrario a la justicia y el derecho, que se consolida como estructuras psíquicas (modos de sentir, pensar y actuar), sociales, económicas, políticas y jurídicas que interactúan y construyen realidad: una realidad que reproduce la desigualdad. La institucionalización de una de la igualdad de género demanda del diseño de políticas y de estrategias tendientes a transversalizar la perspectiva de género como herramienta teórico-metodológica que permite identificar mecanismos o dispositivos económicos, sociales e institucionales que sustentan la subordinación de mujeres a hombres.
En la actualidad, las políticas públicas referidas a la violencia de género toman como punto de referencia la Ley 26.485, de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales, sancionada en marzo de 2009 y los tratados internacionales a los que ha adherido el Estado Argentino. También la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948), el Pacto de San José de Costa Rica —aprobado por ley nacional N° 23.054 de 1984) y la CEDAW,que han adquirido jerarquía constitucional a partir de la Reforma de 1994 (art 75,inc. 22).
La ley nacional no sólo se aplica a la violencia intrafamiliar, sino a otras modalidades de violencia contra las mujeres ejercidas en diferentes ámbitos, incluso perpetradas desde el Estado o por sus agentes: violencia institucional, laboral, contra la libertad reproductiva, violencia obstétrica y mediática (art.6) Su artículo 3 garantiza todos los derechos reconocidos por la CEDAW, la Convención de Belem Do Pará, la Convención sobre los Derechos del niño y la Ley nacional 26.061 de protección integral de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, en especial los referidos a: a)una vida sin violencia y sin discriminaciones; b)la salud, la educación y la seguridad personal c) la integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial d) la intimidad y la libertad de creencias d) de gozar de medidas de protección y seguridad e) de acceso gratuito a la Justicia en los casos comprendidos en la ley e) de igualdad real de derechos , oportunidades y trato entre varones y mujeres y f)un trato respetuoso de las mujeres que padecen violencia, evitando toda conducta, acto u omisión que produzca revictimización.
La Convención sobre la Eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW) fue aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas el 28 de diciembre de 1979, ratificada en nuestro país por ley 23.179 de 1985. Establece en su art. 15 que “Los Estados partes reconocerán a la mujer la igualdad con el hombre ante la ley (…) reconocerán a la mujer en materias civiles, una capacidad jurídica idéntica a la del hombre y las mismas oportunidades para el ejercicio de esa capacidad…”A su vez dispone en su art. 16 que “Los Estados parte adoptarán todas las medidas adecuadas para eliminar la discriminación contra la mujer en todos los asuntos relacionados con el matrimonio y las relaciones familiares y, en particular, asegurarán, en condiciones de igualdad entre hombres y mujeres (…) los mismos derechos y responsabilidades durante el matrimonio y en ocasión de su disolución y los mismos derechos personales como marido y mujer, entre ellos, el derecho a elegir apellido, profesión y ocupación”.
La Convención de Belem Do Pará, para Prevenir, Sancionar y erradicar la violencia contra la mujer fue suscripta en Brasil en el año 1994 y nuestro país la incorporó al derecho interno mediante ley 24.632 en el año 1996. Reconoce expresamente la violencia de género y que ésta constituye una violación a los derechos humanos de las mujeres. En ella los Estados Partes se comprometieron a “adoptar medidas jurídicas para conminar al agresor a abstenerse de hostigar, intimidar, amenazar, dañar o poner en peligro la vida de la mujer de cualquier forma que atente contra su integridad o perjudique su integridad (art. 7, inc. d).
Siendo Argentina parte del Sistema Interamericano de Protección a los Derechos Humanos a partir de la firma y ratificación de los tratados mencionados, esta pertenencia implica un expreso compromiso con los derechos y libertades a los que refieren, y la adopción de las medidas que resultaran necesarias para hacerlos efectivos. Sustancialmente se promueve la modificación de patrones socioculturales discriminatorios y de prácticas que se basen en la premisa de la inferioridad o superioridad de cualquiera de los géneros, y se convoca a los Estados a fomentar la educación y capacitación del personal en la administración de justicia, policial y demás funcionarios encargados de la aplicación de la ley, así como del personal a cuyo cargo esté la ejecución de las políticas de prevención, sanción y eliminación de la violencia contra la mujer (2).
En el año 2012 el Congreso de la Nación sancionó la ley 26791 que incorpora al Código Penal el Femicidio, como figura agravada del delito de homicidio simple. La reforma introdujo la modificación y ampliación del inciso 1º del artículo 80 del Código Penal que prevé una pena de reclusión o prisión perpetua para quien matare a su “ascendiente, descendiente, cónyuge o a la persona con quien mantiene o ha mantenido una relación de pareja, mediare o no violencia”. Al inciso 4º del mismo artículo, se incorporó la motivación por odio “de género, o a la orientación sexual, identidad de género o a su expresión”. Se agregaron los incisos 11º y 12º. El primero define la figura del femicidio como el crimen de una mujer como consecuencia de la violencia de género. Por su parte, establece la misma pena para la situación planteada en el nuevo inciso 12º que prevé el caso del que matare a otro “con el propósito de causar sufrimiento a una persona con la que se mantiene o ha mantenido una relación en los términos del inciso 1º”.
También en el mes de diciembre de ese mismo año, la ley 26.842 modificó la ley 26.364 de Prevención y sanción de la trata de personas y asistencia a sus víctimas. Una de las modificaciones más significativas ha sido establecer la configuración delictiva sin que se requiera un consentimiento de la víctima viciado o anulado por empleo de medios coercitivos, engañosos o intimidatorios. Se ha establecido expresamente que el consentimiento del sujeto pasivo es irrelevante a los fines de la perpetración delictiva.
La labor de sensibilización y concientización sobre la problemática llevada a cabo por distintos sectores del Estado contribuyó a transformar la conciencia social sobre la vulnerabilidad de la vida y de la integridad física de las mujeres en el seno de la familia y en otros ámbitos de la sociedad, que merecen atención desde que conforman un problema público y no privado. Afirmar que la problemática de la violencia de género es un asunto público significa situarla en la agenda de los Estados como una cuestión de derechos humanos. Aunque las distintas jurisdicciones nacional y provinciales, en las áreas del Poder Judicial como en las distintas dependencias del Poder Ejecutivo que prestan servicio a mujeres víctimas de violencia, aún no garantizan mecanismos suficientes (en términos de recursos humanos, equipos interdisciplinarios, subsidios, licencias, guarderías, acompañamiento y continuidad en los tratamientos) para la atención de esta problemática.
Es necesario pensar en la implementación de un sistema de atención integral de la víctima de violencia en el contexto de un nuevo paradigma que, recogiendo lo recorrido hasta el momento, constituya una respuesta más eficiente.
Las estadísticas indican que todavía no se ha logrado reducir el número de femicidios registrados por año en nuestro país. En lo que va del 2016, según el observatorio de la organización Mujeres de la Matria Latinoamericana (MuMaLá), 226 mujeres fueron asesinadas por su condición de género. Solo en 17 días del pasado mes de octubre, hubo 19 casos. En todo 2015, de acuerdo con el informe anual que publica la ONG “La Casa del Encuentro”, fueron 286, cifra similar a las del 2014 (277) y 2013 (295) (3).
La violencia de género sigue produciendo manifestaciones aberrantes. En Nigeria, el pasado 14 de octubre, se han liberado a 21 chicas de la localidad de Chibok que habían sido secuestradas en el año 2014 (4), oportunidad en la que el grupo terrorista Boko Haram irrumpió en un establecimiento educativo y raptó 200 niñas. Provocar tan aberrante atentado en una escuela expresa un especial significado. Es que la educación es una práctica para la transformación social y tiene la virtuosidad de volver cada vez más inestable cualquier orden social autoritario que sólo pretende proscribir derechos y atribuirse facultades en nombre de valores que buscan legitimarse tanto a través de sutiles proverbios como de crueles asesinatos.
Aunque las líderes mujeres ya no son una rareza en el mundo, los hombres las siguen superando holgadamente en número. Para junio de 2016, el 22,8 % de los parlamentarios del mundo eran mujeres, según Naciones Unidas, y hace una década, las mujeres eran el 11,3%. En Estados Unidos, de 50 estados, sólo 6 son gobernados por mujeres, y de 100 senadores, sólo 20 son mujeres (5). Incrementar el cupo femenino para el acceso a cargos públicos configura un avance importante en determinadas circunstancias de tiempo y lugar, pero no es suficiente para alcanzar la igualdad.
La reflexión sobre la mujer y su lugar en la sociedad es objeto de los estudios de género. Ellos proponen desnaturalizar los estereotipos y repensar las capacidades humanas que trascienden la mera división hombre/mujer y son propias de la persona, con la finalidad de alcanzar una visión más completa e integradora sobre el mundo social.
El acceso de la mujer a lugares socialmente asignados al género masculino habrá de instalar un nuevo paradigma desde el cual ejercer esas prácticas, dotándolas de un nuevo sentido, porque la forma de cambiar un lugar es debatiendo sobre su contenido y resignificándolo con otros valores que cooperen en la construcción de una sociedad democrática. No se trata de suplantar la facción masculina y que la presencia de la mujer produzca una inversión de los roles dominante- dominado. Su participación en las instituciones públicas necesariamente se relaciona con nuevas prácticas sociales sobre la base de valores emancipatorios, que tengan como norte la democracia y la mejor calidad de vida de todas las personas. Por dar un ejemplo de lo antes dicho, Paulo Freire, en su pedagogía del oprimido, expresa que la educación no debe ser más un acto de depositar, donar o transferir saberes , una práctica en la que no hay un grupo de maestros poseedores del saber que quieren colonizar a un sector despojado de conocimientos, sino una relación dialéctica en la que ambos grupos emprenden una reflexión sobre la realidad para crear un mundo más justo e igualitario (6).
Los estudiosos del género sostienen que el “modo de ser femenino” atado a la crianza y el ámbito doméstico es sociológicamente impuesto. Ello permite echar luz sobre discursos sociales reificados (cosificados, naturalizados). Desde esta mirada es posible romper la categorización binaria tan arraigada en nuestra cultura, que opone lo público con lo privado, lo personal con lo político, lo femenino con lo masculino.
Un ejercicio para entender mejor la idea de la construcción social de la realidad es pensar por un segundo qué tan diferente del mundo real podemos imaginar al mundo. Y nos encontraremos con que el límite de lo “imaginable” va a estar dado por nuestros valores y pejuicios. A modo de ejemplo, nos remontemos a nuestros antepasados; ellos podrían haber estado más cerca de sospechar que la humanidad llegaría a la luna, a que una mujer a lugares jerárquicos en el ámbito público. Esto ilustra claramente que las mujeres tienen la tarea de lo “inimaginable”, de generar otros mundos posibles, atravesando una mentalidad patriarcal y promoviendo otros modos de relación y convivencia.
Surge evidente entonces que la igualdad de género no es un problema solamente cuantitativo. No se trata de ir a una biblioteca a constatar la cantidad de libros escritos por mujeres, o la sumatoria de presidentas, legisladoras, juezas, gobernadoras etc. Desde luego que eso expresa el carácter androcéntrico de nuestro conocimiento socialmente acumulado. Pero ¿qué hacer en consecuencia? no se trata de buscar un “empate”. Al problema de fondo, que es cualitativo, se trata de oponerle una nueva forma de pensar y de actuar que no sea libre de valores —la neutralidad no existe cuando se trata de instituciones y prácticas sociales- sino que los asuma. A propósito señala Longino que la tarea crítica de la mujer no es desplazar unos valores por otros sino de reconocer que no hay objetividad axiológica. Lo que existe es una intersubjetividad que se presenta como posibilidad de instalar nuevos modos de hacer, decir, sentir y pensar (7).
El desafío entonces va a ser para hombres y mujeres generar un nuevo sentido común, refundar las instituciones, producir una mejor ciencia y recoger y profundizar el impacto positivo que ello generará en la calidad de vida y el bienestar común de todas las personas.

(1) Cfr. DOMINGUEZ CASTELLANO, F. y otros, Guía de intervención judicial sobre violencia de género. Dikinson e book.ISBN 978-84-9085-4006.
(2) SBDAR, C. y DATO, M. (2013), La violencia de género en la experiencia nacional, Revista de Derecho Privado Nº 3, Ediciones INFOJUS.
(3) ¿Aumento de femicidios o mayor visibilización? Qué pasó en Argentina después del “Ni Una Menos” disponible en http://www.infobae.com/sociedad/2016/10/19/aumento-de-femicidios-o-mayor-visibilizacion-que-paso-en-argentina-despues-del-ni-
(4) Boko Haram libera a 21 chicas secuestradas disponible en http://www.clarin.com/mundo/Boko-Haram-libera-chicas-secuestradas_0_1667833214.html.
(5) “Una mujer en el salón oval. La realidad distante en la política norteamericana” http://www.lanacion.com.ar/1955590-una-mujer-en-el-salon-oval-la-realidad-distante-en-la-politica-norteamericana
6) Cfr.FREIRE P. (1994), Pedagogía del Oprimido, Buenos Aires, Siglo XXI.
(7) Cfr. LONGINO, H., Can There Be A Feminist Science? Disponible en http://www.studiagender.umk.pl/pliki/teksty_longino_can_there_be_a_feminist_science.pdf

Con la colaboración de la Prof. Mariana Dato.

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Viven las ideologías o murieron las utopías

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Charla entre jóvenes.-

Soy un joven y en días de descanso familiar, pensando el nuevo ciclo lectivo coincidiendo con año electoral me vienen a la memoria quienes nos hablan del fin de la Historia, y también nos afirman que se murieron las ideologías.

Y me ilusiono conversando con mis amigos de promoción del secundario que iniciando esta nueva etapa universitaria nos prepararemos intelectualmente para cambiar el mundo, y llenos de incertidumbre nos preguntamos si vamos encontrar un mundo sin historia y un país no contaminado con ideologías como nos martillan la cabeza muchos medios de comunicación.-

Buscamos el significado de ideología: conjunto de ideas que caracterizan el pensamiento de una persona, de un grupo, de una época o de un movimiento cultural, religioso o político. Y luego de discutir un rato concluimos que la identidad ideológica no se define por el partido político que se milita sino por las acciones y políticas públicas que se ejecutan cuando se llega al gobierno, hay muchos ejemplos que en campaña electoral nos dicen una cosa y cuando llegan al poder hacen otra totalmente distintas, y en Argentina tenemos ejemplos de todos los colores.-

 Recordábamos que nuestros viejos no se olvidan cuando Menen prometía para ganar las elecciones, la revolución productiva, que reconquistaríamos las Islas Malvinas a sangre y fuego, que iba a defender la industria nacional y nuestra soberanía económica y que pasó,  ganó las elecciones y obviamente no reconquistamos las Malvinas, sino además no hubo revolución productiva, al contrario se desguazó al Estado, se vendieron las empresas públicas, las privatizaciones eran, dicen,  como un acto heroico para salvar  la Patria y muchas cosas más como el endeudamiento externo, y alguien se acordó lo que había pasado en nuestra provincia y se recordó con tristeza las ventas del Banco Provincia de Misiones, Papel Misionero, APOS, empresa de agua y obras sanitarias hoy SAMSA, todo aquello formó parte de lo que escuchamos bastante seguido como la famosa década del noventa, profundizando lo comenzado por la dictadura de los 70 con un Ministro de Economía llamado Martínez de Hoz, casualmente estirpe de una oligarquía nutrida de una ideología económica llamada neoliberal, que descree del Estado en su rol de mediador de los intereses en pugna en cualquier sociedad, Estado expresión de la sociedad organizada y que debe estar para proteger a los más débiles, a los trabajadores públicos y privados, garantizar la educación y la salud pública pero los neoliberales sostienen como dogma a una especie de Dios que llaman Mercado y que entienden que todo lo resuelve con una mano invisible, difícil de entender cuando una es joven y no vivimos experiencias anteriores.

Pero hoy concluíamos con los chicos que debemos interesarnos por muchos problemas que tiene nuestra sociedad, nuestro país, capacitarnos, adquirir conocimientos e ir forjando eso que para algunos es pecaminoso llamado ideología, y donde hacerlo fue la incógnita ya  que los partidos políticos tradicionales sin negar su historia, están como desaparecidos o se vaciaron de ideología y todo se juega en frentes electorales sin nexos ideológicos por lo tanto la conducta es errática y en beneficio de sectores que no son de la mayoría del pueblo, le llaman pragmatismo que a simple vista nos suena más a acomodo personal o de grupos sin ideología o doctrina definida que marque claramente qué hacer con el país que como jóvenes soñamos y debe ser para todos, porque libertad para ser pobres y sin oportunidades para todos es no ser libre, tema que continuaremos discutiendo.-

Analizábamos posibilidades de participación, una es en el campo nacional y popular como lo fueron los gobiernos de Irigoyen, Perón, Alfonsín y el Kirchnerismo y otro el campo Neoliberal que expresa los intereses de la oligarquía y corporaciones nacionales y multinacionales como fueron las dictaduras de Uriburu, Onganía, Videla y otros gobiernos liberales conservadores, hoy expresados por el frente PRO-UCR- y otros, que sin entrar en detalles que todos conocemos también llegó al gobierno diciendo una cosa y está haciendo otra, detalles que dejamos para próxima reunión.-

Unos expresan el progresismo entendido como pararse y estar con los pobres, con el hombre y la mujer que quedó sin trabajo o el joven que no puede estudiar o sea promoviendo y garantizando derechos sociales, económicos que incluyan a todos en un proyecto de país integrado sin discriminación a los diferentes,  y el otro proyecto se preocupa más por los ricos, cree en el derrame del mercado, y que el estado no debe intervenir en la economía y todo lo hace el libre mercado, y a la vez ahoga las políticas sociales desfinanciándolas para que les cierre el déficit.

Entendimos sin demasiada elaboración que toda política social sin recursos o desfinanciada es vacía no cumple su objetivo no sirve a la gente más pobre ni a la clase media, hoy hay varios ejemplos, y mientras no hay recursos para la asistencia social que se considera un derecho humano o para la educación  por otro lado se permite a las corporaciones, por ejemplo: no liquidar las exportaciones hasta diez años, se les exceptúa de impuestos, escasa o nula protección de las fuentes de trabajo y vemos que se cierran fábricas, se despiden obreros, por otro lado se abre la importación a infinidad de productos elaborados y manufacturados en otros países, compramos trabajo e impuestos extranjeros; en éste punto uno de los chicos recordó que su padre  repetía la frase de Martínez de Hoz “ da lo mismo fabricar caramelos que acero” para justificar la apertura indiscriminada a la importación, como otra de las reglas de oro de la ideología neoliberal. Mientras tanto la inflación se come el bolsillo cada vez más flaco de nuestros viejos, o tratan de empobrecer cada vez más a nuestros abuelos jubilados, obligando a la familia a ajustar por todos lados.-

En esta primera charla sacamos algunas conclusiones como: beneficiar a los poderosos sacándoles impuestos o retenciones es ideología. Extranjerizar nuestras tierras sin cumplir con la Ley o esquivarla es ideología. Tomar deuda externa sin consultar con el Congreso es ideología. Precarizar el trabajo y facilitar la explotación es ideología. Empobrecer la Salud Pública o la Educación es ideología, y varios etcéteras.-

Todo éste conjunto de acciones responde a un plexo de ideas y pensamientos que es la ideología. A no confundir chicha con limonada porque la política sin ideología no existe.-

Chicos, las ideologías no murieron, solo que algunos de manera interesada le ponen otros nombres y con palabras disfrazan el objetivo real, hablan de revolución de la alegría, y quien no quiere estar alegre, o vamos a ser felices, cuanto todos en esta vida buscamos la felicidad. Nosotros queremos creer que podemos cambiar el mundo empezando por nuestro barrio, nuestra ciudad, nuestra provincia, nuestro país, y que todo sea más justo. Queremos ilusionarnos, las utopías viven, soñemos y construyamos la nuestra.-

Hasta la próxima. 

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Destrucciones impiadosas

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La destrucción sistemática socio económica que en Argentina siempre fue consecuencia de la aplicación de políticas liberales a ultranza, permitiría escribir no solo un libro al respecto, sino una enciclopedia de las mezquindades oligárquicas y de las infames traiciones a la patria de las clases dominantes y de arribistas de todo tipo. Y ese concepto no se invalida con el crecimiento sin desarrollo, que se experimentó en “las épocas de vacas gordas” de la segunda mitad del siglo XIX, cuando los precios de las materias primas estaban en auge, y las producciones primarias crecían en nuestro país, al compás de la expansión de las fronteras agropecuarias de la Pampa Húmeda.
De allí los conceptos encontrados que surgen según como se analiza la realidad y los pomposos festejos del Centenario (1910), que mostraba un país aparentemente rico, con una capital fastuosa (“la París de Sudamérica” decían entonces) que escondía la miseria en los arrabales y conventillos; mientras que casi todo el interior vegetaba en el abandono y la exclusión, con la riqueza concentrándose obscenamente en medio centenar o poco más de familias del pseudo “patriciado” de la oligarquía –herederos de las apropiaciones de enormes extensiones de campos (perpetrada desde épocas de Mitre y Sarmiento, cuando mediante amañados “títulos de propiedad” acapararon la mayor parte de los muy ricos suelos de la Pampa Húmeda); todo en medio de opulentos festejos que ocultaban al pobrerío “para no dar mala imagen” a los europeos invitados al festín.
Tampoco se mostraban los indicadores sanitarios reflejados en los exámenes médicos de los convocados a la “colimba” (*), que mostraban coeficientes espantosos de desnutrición, enfermedades crónicas e infecciosas, consecuente baja estatura y reducidos físicos, analfabetismo total o funcional, y otras miserias indicadoras de profunda degradación social.
“La Argentina grandiosa del Centenario”, proclamó conceptualmente en un improvisado discurso un General, seguramente bien intencionado y buen tipo, pero muy mal informado en Historia Argentina, dando muestras de la severa confusión conceptual instalada por los historiadores mitristas, los protegidos y “bendecidos” por el academicismo complaciente. “Argentina grandiosa” que era furgón de cola del Imperio Británico.
Eran los “tiempos de la república” declamada, que apenas ocultaba la estructura semifeudal, de la democracia meramente formalista, aquella del voto cantado y de todo tipo de presiones para evitar que el poder escapara de los sectores ultra conservadores. Total la plata entraba a raudales, de la mano de crecientes cosechas y de las ampliaciones de las exportaciones cárnicas, favorecidas por las mejoras tecnológicas importadas de Gran Bretaña y EEUU. Pero así como entraba, salía para pagar deudas externas absurdas e innecesarias, para solventar importaciones de lujos y extravagancias de la oligarquía (como los grandes palacios de tipo europeo construidos en Buenos Aires, en los que todo ¡hasta los ladrillos! era importado). Cero promociones de la industria argentina, ninguna intención seria de industrializarnos y desarrollarnos tecnológicamente.
Es que en Argentina faltó y falta el sector empresario con sentido de grandeza nacional (hubo y hay excepciones); el sector que los sociólogos llaman “la burguesía nacional”. Solo está omnipresente la oligarquía, con sus facetas clasistas con profundos toques racistas, su cerrazón mental, su egoísmo de clase, su pseudo patriotismo de opereta, su subordinación explícita y gustosa a los anglosajones, a los europeos occidentales en general y al “gran país del norte”, y su profundo desprecio visceral a todo desarrollo industrial y tecnológico nacional.
Incluso muchos industriales, al crecer, adoptan las pautas mentales de la oligarquía, y en otros casos son derivaciones, llamadas con mucha propiedad “la oligarquía diversificada” (oligarcas camperos, que incursionan en actividades industriales, pero con las limitaciones y cerrazones mentales propias de la oligarquía).
Cada vez que llegó al poder formal (pues nunca dejó su poderosa cuota de “poder detrás del trono”), la oligarquía desplegó brutales acciones de industricidio, pues aborrece a la industria, en parte por cerrazón mental doctrinaria, pues se considera “heredera y merecedora” del dogmatismo liberal dieciochesco, en su versión más cruda (repiten las mentiras al cuento de Adam Smith, cuan verdades bíblicas reveladas); y en buena parte por egoísmo puro, pues como esa minoría está ahíta de riqueza y poder, no quiere que nada cambie, y le molesta y horroriza que los obreros industriales tengan buenos salarios y buenas condiciones laborales, los cuales son “malos ejemplos” para la humilde peonada de pata’ l suelo, esa buena gente que los oligarcas están habituados a tratar como a cosas, como a meros objetos desechables y despreciables, y con bajísimos salarios, entre los peores del país.
En los hechos, a la oligarquía campera y sus derivados, poco y nada le interesa la soberanía ni la dignidad nacional. Se sienten muy a gusto explícitamente subordinados a la potencia dominante de turno, tal como lo demostraron repetidamente, tal vez nunca tan crudamente como en el vergonzoso Pacto Roca – Runciman de 1933, solo igualado en infamia con las explícitas acciones actuales de entrega de soberanía en Malvinas, el Mar Argentino, la Antártida Argentina, y el debilitamiento de La Patagonia como paso previo a la mansa resignación de soberanía en esas hermosas vastedades australes de nuestro territorio, amenazadas desde varios flancos, el más explícito por las acciones británicas con el mascarón de proa de los “mapuches” –etnia y cultura no locales, pues son araucanos no originarios de suelo argentino-, a los que financian y soliviantan, incluso con agitadores extranjeros mezclados con ellos.
En ese tremendo cuadro de disgregación en marcha, el actual gobierno nacional, de neoliberalismo rampante, no solo “mira para otro lado”, sino también abona con acciones tendientes al despoblamiento patagónico, como han sido las totalmente injustificadas paralizaciones de las dos grandes hidroeléctricas en Santa Cruz; la destrucción y desmantelamiento adrede de la industria electrónica y la de otros artefactos eléctricos en Tierra Del Fuego; los despidos y achicamientos de YPF, que impactaron principalmente en el sur patagónico; las burdas acciones presidenciales de “diplomacia chabacana” intentadas nada menos que ante el ajedrecista mayor de la geopolítica mundial que hoy es Vladimir Putin, que echaron por tierra la financiación de la hidroeléctrica Chihiuido I; la quiebra intencional de los productores de manzanas y peras del Alto Valle del Río Negro (al favorecer importaciones contra toda lógica y con total falta de espíritu patriótico); las paralizaciones de otras obras públicas; y el desmadre general provocado por el aluvión de importaciones, que afectan a todo el país, pero que especialmente están provocando el despoblamiento de la poco poblada Patagonia Argentina.
El cuadro general es muy grave y preocupante, pues vastos sectores de la confusa clase media, están adormecidos por las persistentes acciones mediáticas de distracción y engaño masivo; en el ámbito académico universitario, las acciones de zapa de personeros del neoliberalismo, aliados con “progresistas” trotskistas, anarquistas y otros similares, cierran filas en contra de los que pretendemos en igualdad de condiciones abrir las mentes con espíritu crítico, para pensar fundamentadamente acerca del Pensamiento Nacional y otras escuelas económicas por fuera del liberalismo y de su derivado el marxismo; muchos de los sectores autodefinidos como “de las izquierdas” caen en las redes de falacias severas del indigenismo, del ultra ecologismo, y otras, instigadas por ONGs y Fundaciones, que por lo general siguen los discursos prearmados por bien financiadas ONGs transnacionales –en muchos casos británicas- dedicadas a promover nuestra disgregación nacional y nuestro subdesarrollo permanente; mientras amplios sectores de las FFAA y FFSS demuestran adolecer severas carencias de formación histórica y geopolítica, con lo cual caen en confusiones doctrinales y conceptuales, que no por casualidad evidencian haber sido instaladasa partir de la doctrina de la seguridad nacional, impuesta por cursos de “capacitación” (adoctrinamiento y subordinación mental) de la Escuela de las Américas y similares.
Preocupante panorama, en el que la censura de pensamiento implícita en el accionar de los medios de comunicación concentrados que responden a la oligarquía y a mandantes foráneos, pretenden amordazar a cualquier pensamiento y voz disidente, no alineada con el “pensamiento políticamente correcto”.
Y para “aplicar correctivos” están algunos sectores judiciales, prestos a acciones unidireccionales contra los díscolos, mientras sobreseen o dejan prescribir causas indefendibles de personeros del neoliberalismo, temas en los cuales el actual presidente y sus colaboradores directos evidencian tener gran experiencia. Si algún juez o fiscal no se presta a ejecutar acciones “judicialmente correctas” o a mirar para otro lado, se los persigue e incluso se los amenaza.
Para periodistas, dirigentes gremiales y políticos que no se subordinan al establishment, se constataron numerosas acciones de agresiones físicas y violencias explícitas, que tienen el sello distintivo de patotas y de cierta “mano de obra desocupada” al estilo procesero, la cual incluso incursiona en operativos de “empiojamiento” de las redes sociales, como un alto oficial retirado que comanda acciones de trols, recientemente descubierto. Personajes como ese, definen la tipología de los “patrioteros de bandera”, que suelen gritar a voz en cuello su declamado patriotismo ante el himno y la bandera, pero se prestan a colaborar gustosos con los apátridas que destruyen el tejido socio económico nacional, operando a favor de las potencias neocolonialistas y los grandes poderes financieros transnacionales…pero algunos de ellos, de tan colonizados mentales, ni se dan cuenta del triste papel de Poncio Pilatos que hacen.
Pero Argentina logró superar otros períodos nefastos de nuestra historia. Si abrimos las mentes, ablandamos algunos duros corazones, y fortalecemos espíritus creando Conciencia Nacional, podremos resurgir como Nación digna y soberana. El riesgo muy claro, de no concretarlo; es la amenazante disolución nacional y nuestra involución a un puñado de dóciles republiquetas, manejables a control remoto desde centros de poder globalizantes del exterior.

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Estado y mercado, por un consenso de Argentina

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El gran problema de la Argentina, con altísimo impacto en su desigualdad y en sus ciclos inestables es la vigencia permanente de un empate catastrófico.

En la Argentina conviven:

  • un campo con una fuerte ganancia por exportaciones, 
  • una industria que requiere dólares para crecer pero que es deficitaria en divisas, 
  • sindicatos históricamente fuertes y con capacidad de daño a todo el sistema productivo, 
  • sectores populares que sin la redistribución del ingreso desde el Estado, no alcanzan mínimos básicos de calidad de vida, 
  • un Estado que se hace más fuerte cuando crece la industria, 
  • sectores transnacionalizados, sobre todo en alimentos y energía, que apuntan más al mercado externo que al local, 
  • bancos extranjeros preocupados por mostrar negocios en sus casas matrices antes que en financiar la producción transable del país, 
  • un mercado interno que gana vigor cuando baja el desempleo, lo cual se relaciona con mejoras industriales,
  • gobiernos que no resuelven la tensión de largo plazo entre legitimidad social y defícit fiscal.

Todos estos actores viven en constante disputa, política (para imponer su interés) y estructural (según la disponibilidad de divisas).

Estos sectores están en un equilibrio catastrófico, tal como las enfermedades de Mr. Burns. Es un equilibrio débil que se rompe cíclicamente con cada restricción externa.

Se suele decir que el Estado se retira y desregula el mercado para que éste último asigne recursos de una manera eficiente. Pero toda la historia económica de la Argentina está signada por grandes beneficios otorgados para sectores concentrados cuando el Estado no interviene con medidas que buscan equidad social.

Como para muestra alcanza un botón, cabe recordar los momentos en que el Estado “desreguló la economía” tales como la época de la dictadura o los famosos noventas. Lo que puede verse es que en realidad esa “desregulación” teórica significó un marco de reglas, que en la práctica beneficiaron grandes grupos económicos, sectores de ganancias extraordinarias y empresas transnacionales (por ejemplo recordar la licuación de deudas que se dio con el seguro de cambio en la dictadura, que benefició, entre varios otros, al Grupo Macri, y las privatizaciones que durante la convertibilidad, le otorgaron ingentes beneficios, entre varios otros locales y extranjeros, -¡epa, de vuelta!- al Grupo Macri).

En este sentido, hay un factor determinante que se repite en la dictadura, en los noventas, y de manera incipiente en la actualidad: gobiernos que adoran la deuda, que toman deuda externa para el Estado promoviendo altas tasas de interés, que se sitúan por encima de las tasas internacionales, y de esta forma favorecen la institucionalización de la valorización financiera y la fuga de capitales. Lejos de una libertad económica que brinde salud a la economía, se trata de un libre mercado intoxicado por una deuda pública que apunta a destruir su tejido productivo en el contexto de la apreciación cambiaria (sostenida con deuda), apertura, y caída del mercado interno con el consecuente aumento del desempleo.

El Estado no debe retirarse, ni desregular, por el contrario, debe planificar. 

¿Cuál es el problema de fondo de la Argentina, más allá del modelo dominante?

La notable incapacidad para lograr una combinación de coerción y consenso de largo plazo entre todos los actores mencionados (y alguno que se me habrá escapado ahora). Esa combinación de coerción y consenso, que podríamos llamar hegemonía de largo plazo, es lo que lograron los países desarrollados del mundo. De esa forma, en base a diagnósticos realistas, lograron estabilidad macroeconómica, niveles crecientes de distribución del ingreso equiattivo pero cuidando de no presionar la inflación, se endeudaron en niveles que no ponían en juego la capacidad del Estado para sostener esa hegemonía.

Acá este tema se conoce bajo la idea de políticas de Estado. Que no las hay. No sólo deben buscarse para lograr un desarrollo, además deben ser políticas orientadas al desarrollo (tautológico pero crucial), y eso se logra con hegemonía de largo plazo distributiva, inversora, fiscal, monetaria, industrial y de asignación de recursos con un plan.

Nadie dice que fuera fácil. No lo logró ni el kirchnerismo (aunque coqueteó en varios momentos con políticas aceptables), ni lo está logrando Cambiemos (con un combo de deuda y dependencia que sabemos dónde termina). Es muy difícil, por eso no salimos de nuestras crisis cíclicas.

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Los que siguen anclados en los años 70

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Ningún país serio y con vocación de grandeza puede prescindir de sus Fuerzas Armadas y Fuerzas de Seguridad. Eso es una verdad elemental, en todo sentido, pero mucho más si se analiza el tema con criterio y visión geopolítica.

En Argentina, particularmente, es históricamente cierto e irrefutable, que “el Ejército nació con La Patria”, pues fue creado para repeler las agresiones británicas, y luego fue parte esencial de la Revolución de Mayo y las luchas por la Independencia, hasta 1824.

Por ende, las Instituciones militares y de seguridad son esenciales e irreemplazables. Queda en claro, consecuentemente, que estas reflexiones de ningún modo pueden calificarse como “antimilitaristas”, descalificación rápida e irreflexiva que con notable superficialidad esgrimen los que usualmente no entienden nada de lo que se diferencie, así sea mínimamente, del “formato” que tienen incorporado como lo único “militarmente correcto”; erróneos dogmas grabados a fuego en sus neuronas, en el “proceso”.

Formato político – militar, que en Argentina se instauró excluyentemente desde 1955, se enfatizó en los años ’60 (cuando López Aufranc habría quemado toda la bibliografía de contenido Nacional en los Institutos Militares, para que nada contradiga los dogmas liberales), y se institucionalizó desde los años ’70, sobre la base de los cursos de adoctrinamiento político (aderezados como cursos de capacitación) implementados por la Escuela de las Américas, para copiarse en cascada en diversos instructivos y cursos internos, de forma tal de intentar tener cooptados los pensamientos y enfatizando que “el” enemigo, prácticamente único y severamente demonizado, quedó señalado en “el comunismo” y en todo lo que –a criterios muy cerrados- pudiera parecérsele, por caso el cooperativismo, o todo lo que rozara lo social, lo comunitario, etc.

Se hizo creer que éramos parte del mundo “libre, occidental y cristiano”, que no era ni es libre, ni occidental ni cristiano…pero analizar esto en profundidad requeriría al menos otro artículo.

El ejemplo “impoluto” a seguir, era “el gran país del norte”, aberración conceptual que hasta los egresados liceístas suelen repetir como verdad revelada; al punto tal que muchos retirados y muchos liceístas, en el subconsciente evidencian sentirse tan identificados con EEUU y Europa Occidental, que para ellos la argentinidad es algo accesorio casi desechable, o al menos subordinado a aquel “sentimiento principal”. Mientras, para La Marina, La Rubia Albión seguía -¡y aun sigue!- siendo su referencia indiscutible, por supuesto desconociendo las continuas agresiones e injerencias sutiles o desembozadas de los británicos a lo largo de nuestra historia, manejando los hilos de nuestra política y nuestra

economía, en la balcanización del enorme territorio del Virreinato del Río de la Plata, del cual somos herederos históricos indiscutidos, y “minimizando” la ocupación manu militari de Malvinas, Sandwiches del Sur y Georgias del Sur, además de las pretensiones británicas sobre todo el territorio de la Antártida

Argentina; y de las acciones de zapa, semiencubiertas, que buscan quitarnos La Patagonia, indigenismo y neoliberalismo mediante. Al menos dos libros, escritos después de la Guerra Del Atlántico Sur, prueban el grado de subordinación mental del que adolecen al menos algunos altos oficiales de la Marina Argentina.

Tan serio y pernicioso resultó ese proceso de adoctrinamiento, que en muchos casos, implícitamente quedó grabada la subordinación mental total a EEUU y a Europa Occidental. Como notas de color, pero que hacen al tema, menciono dos casos anecdóticos muy claros: 1) en pleno “proceso”, un alto oficial de La Marina, que oficiaba de Ministro de Economía de Misiones, se refirió al cooperativismo como “ese engendro comunista” (aberración conceptual que no amerita mayores explicaciones); 2) pocos años atrás, en unas jornadas de la Diplomatura en Geopolítica, dictada en Posadas, un alto oficial de una fuerza de seguridad, cuando se analizaban los cambios que están verificándose en el tablero geopolítico mundial, con el resurgimiento ruso, la fuerte y creciente influencia china y el rol relevante de los BRICS; ese alto oficial, exultante exclamó “pero yo pienso que ‘nos conviene’ depender de EEUU” (sic); ni se le pasó por la mente, que el objetivo concreto debe ser no depender de nadie, pero ese pensamiento de corte nacional, no está en el “chip” que le instalaron en su cerebro; lo entrenaron para que su “nacionalismo” esté subordinado mentalmente a EEUU.

La clave de esas dos anécdotas (y muchas más que sería interminable relatar), que no por casualidad se tapan, pues resultan “inconvenientes” para los poderes establecidos del neoliberalismo; y su solución, es volver a la Doctrina de la Defensa Nacional de la Ley Riccheri, dejando de lado definitivamente la muy nefasta doctrina de la seguridad nacional. Doctrina esta última elaborada a medida de los intereses de las potencias colonialistas imperiales, e impuesta en su momento a Íbero América como pensamiento único y excluyente, por los Centros de Poder de EEUU y Gran Bretaña.

Todo eso constituyó un masivo proceso de cooptación mental, manipulando e instalando enfoques cerrados, de tipo doctrinario binario, del formato “amigo-enemigo” excluyente de visiones más amplias, razonadas y que con lógica deberían contemplar otros criterios que involucren capacidad de razonamiento sin

preconceptos, y que tengan como prioridad absoluta la Soberanía Nacional.

Como además la doctrina de la seguridad nacional, se instaló como

pensamiento único, en un marco de violencias cruzadas en los “años de plomo” de la guerrilla y la contrainsurgencia, sus pautas doctrinarias calaron muy hondo y en muchos se instalaron como pensamiento único admisible, a tal punto que el mero

cuestionamiento, así sea muy bien fundamentado, genera rechazo visceral,

puramente emotivo y proclive a la violencia fácil contra los emisores de “pensamiento sacrílegos” que puedan cuestionar aquellas supuestas “verdades absolutas”.

En las mentes más simples, todo cuestionamiento es absurda e

irreflexivamente calificado de “antimilitarismo” sospechoso de “subversivo” o “comunista”. Y en los que se podría suponer más capacitados, como muchos oficiales del espectro de los retirados, cualquier tipo de razonamiento estratégico suele conducir, por abstrusos mecanismos mentales inculcados profundamente, a reflexiones pretendidamente muy sesudas, ancladas en los ’70, que focalizan todos los males en “la subversión marxista”, que para esas mentalidades obtusadas por años de repeticiones conceptuales constantes, termina siendo “el” enemigo, único y excluyente.

Siendo más claro: abundan los análisis “de la actualidad”, con mayor o menor profundidad, efectuados por oficiales retirados consustanciados con “el proceso” y por civiles del mismo sesgo doctrinal, que luego de ciertas menciones a hechos actuales, terminan indefectiblemente echando las culpas o las sospechas “al comunismo internacional” (o conceptos asociados), mientras surfean torpemente eludiendo por completo toda evaluación profunda actual nacional, ¡y ni cuestionan al neoliberalismo apátrida ni a sus personeros locales e internacionales!

Ni se les cruza por la mente analizar las agresiones constantes, mediante acciones de “guerras blandas”, a las que somos sometidos a diario por las  Potencias Atlantistas y por los mega poderes financieros transnacionales.

Tan cerrados son algunos criterios, tan obtusos en su forma de “pensar” condicionada al extremo, que ni siquiera advierten que la realidad mundial es hoy muy diferente a la imperante hace casi medio siglo atrás.

En ese contexto de severa colonización cultural, omiten considerar, y se enfurecen si se los menciona, que el motivo y objetivo real de perpetración del “proceso”, fue instalar el neoliberalismo salvaje en Argentina, y que para garantizar todas las tropelías de los personeros de esa doctrina económica, lamentablemente, las FFAA y FFSS tuvieron el muy indecoroso rol de fuerzas de ocupación al servicio del neoliberalismo y de las severas pautas del Consenso de Washington; que nos endeudaron brutalmente, afectaron profundamente el tejido social nacional, y atacaron con saña toda la estructura industrial y tecnológica argentina, formateándonos como dócil colonia de los poderes plutocráticos mundiales y de las Potencias del G 7, las que son sedes y Estados funcionales a esos factores de poder globalizantes de las finanzas transnacionales.

Tampoco saben, y dudosamente lo estudien, que “el proceso” fue

totalmente funcional a la evaluación de Harry S. Ferns, cuando expresó que la única forma de desarticular los notables avances socio económicos logrados por el peronismo, era mediante el estallido de una guerra civil y sus profundas fracturas, a la cual nos empujaron de hecho Gran Bretaña y EEUU, entre otros, en esos aciagos años. Hoy los fervorosos “proceseros” ni son conscientes de todo ello.

Esos confusos anclados en los años ’70, suelen emocionarse fácil con las formalidades huecas, como algún desfile con mucha promoción presidencial neoliberal ¿se entiende el concepto, no?; pero parecen “no darse cuenta” de las terribles consecuencias de las acciones de entrega y resignación de soberanía explícitamente tramitadas, en lo que hace al Mar Argentino, Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur, La Antártida Argentina, e incluso La Patagonia, cuyo despoblamiento acelerado fogonea y provoca el neoliberalismo hoy nuevamente gobernante en Argentina.

Es tarea ardua intentar hacer entender a los dogmáticos “proceseros” y otros retirados que piensan en forma similar a aquellos, que la soberanía no se agota en el himno y la bandera; y que defender la industria nacional, la tecnología argentina, la concepción geopolítica de la Patria Grande, el necesario rearme sin depender de tecnologías de la OTAN, la salud e instrucción de la población, los acuerdos económicos y de defensa extra OTAN (principalmente con China y Rusia, por elementales principios de Geopolítica), hacen a la esencia concreta del tema.

Por cierto, esos confusos sectores militares, anclados en los años ’70, lejos están de los pensamientos y acciones señeras, que con patriotismo y desinterés personal, concretaron grandes militares que son referencias indiscutibles de defensa clara e insobornable de los Intereses Nacionales, como Riccheri, Mosconi, Baldrich, Savio, Perón, Guglialmelli, Rodríguez Zía y otros muchos, no por casualidad hoy “olvidados” y fuera de toda mención.

Por el contrario, con dudosa inocencia, siguen exaltando a Aramburu (cuyo nombre provocativamente tiene la propia Escuela de Infantería del Ejército) y Rojas (ambos fusiladores contumaces y claramente actuantes instigados por los británicos en el golpe de Estado de 1955), Videla y otros (funcionales a los designios del Departamento de Estado, de Downing Street 10 y de Wall Street).

Ese estado de profundas confusiones doctrinales, también afecta a vastos sectores de las clases medias, pero es mucho más preocupante y pernicioso en el ámbito militar, pues por formación y vocación, el auténtico patriotismo bien fundamentado y no el mero patrioterismo fuera de foco, debería ser el eje del pensamiento castrense. Por cierto muchos reflexionan, se cuestionan e intentan analizar el todo con visión actual, con fundamentos y objetividad. Pero otros muchos siguen prestando oídos y credulidad, a los enrevesados argumentos de muy confusos liberales, que bajo pátinas de pseudo nacionalismo, en rigor son funcionales a los sectores de poder, que nos quieren sumisos y subdesarrollados.

Descarnado y doloroso análisis de un aspecto poco evaluado de la realidad nacional, que de no rectificarse, nos lleva directo a la disolución nacional, a la cual también abonan sectores de las “progresías” huecas, enroladas en el indigenismo, el ecologismo, el derecho humanismo y otros instrumentos de guerras blandas, operados hábilmente por Gran Bretaña y las demás potencias atlantistas.

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