MERCADO

La reducción del déficit fiscal se logró gracias a la inflación

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Según la consultora IDESA la baja del déficit fiscal es buena noticia pero debe tomarse con cautela ya que se basó en el salto inflacionario. El motivo es que la recaudación sigue el aumento de los precios mientras que los salarios públicos y las jubilaciones también, pero con retardo. Advierten que el equilibrio fiscal sustentable solo se logra con reformas modernizadoras.
Se conocieron los resultados fiscales del sector público nacional del año 2018. El déficit primario (es decir, antes de computar el pago de intereses de deuda) alcanzó los $339 mil millones o 2,4% del PBI. Comparado con el déficit primario de 3,8% del PBI registrado en el 2017 se trata de un progreso importante. Además, se cumplió en exceso con la meta acordada con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que había previsto un déficit primario de $378 mil millones o 2,7% del PBI.
El logro fue destacado con entusiasmo por las autoridades económicas. Sin embargo, no se observa un sentimiento similar entre los agentes económicos. Por el contrario, subsisten dudas y desconfianza y, asociado a ello, un clima recesivo. Los factores que contribuyen al pesimismo son varios pero uno de alta relevancia gira en torno a los medios utilizados para impulsar el equilibrio de las cuentas públicas.
Para evaluar la sustentabilidad de la reducción del déficit fiscal resulta pertinente analizar los datos publicados por el Ministerio de Hacienda. Según esta fuente se observa que:
En el 2017 los ingresos públicos crecieron un 23% y el gasto primario un 22% anual.
En el 2018 el aumento en los ingresos públicos fue del 30% mientras que el gasto primario siguió creciendo al 22% anual.
En el 2017 la inflación fue de 25%, mientras que en el 2018 fue de 48% anual.
Estos datos muestran que la reducción del déficit fiscal en el 2018 se logró gracias a que la recaudación tendió a crecer al ritmo de los precios mientras que los gastos escalaron, pero por debajo de la inflación. El IVA y el impuesto al cheque reaccionaron de manera casi automática a la aceleración inflacionaria y la fuerte devaluación brindó espacio para el restablecimiento del impuesto a las exportaciones. Por el lado de los gastos, en cambio, la contención se centró en los subsidios económicos y la obra pública y en que las jubilaciones y los salarios públicos crecieron por debajo de la inflación. Esta dinámica sugiere que un factor decisivo en el ajuste fiscal fue la devaluación y su impacto inflacionario.
Para el 2019 el planteo oficial es profundizar el ajuste fiscal hasta llegar al déficit primario cero junto con la desaceleración de la inflación. Esto está plasmado tanto en el Presupuesto 2019 como en el acuerdo con el FMI. Para ello se contará con la recaudación plena (y no solo por algunos meses como ocurrió en el 2018) del impuesto a las exportaciones. Pero, como contrapartida, no hay margen para aliviar las cuentas públicas a través de la licuación de salarios públicos y jubilaciones como se hizo en el 2018. Muy por el contrario, con inflación descendente la aplicación de la movilidad jubilatoria exigirá un crecimiento del gasto previsional por encima de los precios. Dicho de otra manera, mientras que en el 2018 la aceleración inflacionaria jugó a favor de la baja del déficit fiscal, en el 2019 la desaceleración de la inflación jugará en contra.
En los últimos 60 años, la Argentina tuvo sólo 6 años con superávit fiscal que fueron entre el 2003 y el 2008. No se trata de una excepción a la sistemática indisciplina fiscal argentina sino a que la mega-devaluación del 2002 produjo una drástica licuación de salarios y jubilaciones. Salvando órdenes de magnitud, la mejora en las finanzas públicas del 2018 tiene similares características: ingresos que tienden a crecer automáticamente con la inflación y gastos del Estado que reaccionan con retardo.
Parte del escepticismo se explica porque el ajuste fiscal emula el método espurio usado en el 2003. Para pasar a una instancia superadora hay que abordar un ordenamiento integral del Estado. Esto comprende, fundamentalmente, la reforma del sistema previsional, replantear la organización del sistema tributario para reducir la presión de los impuestos ampliando la base de recaudación y la profesionalización del empleo público.

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El FMI también advierte que la economía Argentina caerá en el 2019

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Desde Davos, el FMI avisa que la economía mundial crecerá menos de lo previsto y advierte sobre el Brexit. El Fondo redujo sus previsiones de crecimiento para 2019 y 2020. Anuncian un debilitamiento de la expansión mundial en medio de riesgos crecientes.
El Fondo Monetario Internacional volvió a anunciar sus proyecciones que ajusta semestre a semestre. Previo a su reunión con el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne y el presidente del Banco Central Guido Sandleris en Davos, la directora gerente del organismo, Christine Lagarde, advirtió que la economía global crecerá este año un 3,5%, dos décimas por debajo de lo estipulado.
A su vez, insistió en que América latina crecerá un 1,1% en 2019, dos décimas por debajo, producto de una caída en las proyecciones de la economía mexicana, además de una recesión aún más profunda para Venezuela.
En tanto, “la economía argentina se contraerá en 2019 debido a que las políticas más estrictas para reducir los desequilibrios frenarán la deman da interna, antes de volver a crecer en 2020”, disparó Lagarde, acompañada por el economista Jefe del FMI Gita Gopinath.
La directora gerente del FMI, Christine Lagarde también advirtió desde Davos que “la economía global está creciendo más lento de lo que se esperaba y los riesgos están creciendo”.
El FMI anticipa que la economía argentina se contraerá durante 2019 ante las políticas más restrictivas aplicadas para contener los desequilibrios para regresar al crecimiento en 2020, mientras que en el caso de Turquía la institución prevé una “gran contracción” en 2019 y una recuperación más lenta del país otomano en un contexto de ajustes y mayores restricciones de las condiciones de financiación externa.
“La perspectiva para los mercados emergentes y en desarrollo refleja las continuas adversidades derivadas de los menores flujos de capital por los mayores tipos de interés y la depreciación de los tipos de cambio”, ha afirmado Gopinath.
Según el comunicado del FMI:  las cifras de crecimiento en 2018 continuaron rondando los máximos registrados después de la crisis, pero la expansión mundial está moderándose a un ritmo más rápido de lo previsto. En esta actualización de Perspectivas de la economía mundial (informe WEO) se proyecta un crecimiento mundial de 3,5% en 2019 y 3,6% en 2020, es decir, 0,2 y 0,1 puntos porcentuales por debajo de las proyecciones de octubre pasado.
Las revisiones a la baja son modestas, pero desde el FMI creen que los riesgos de que se produzcan recortes más importantes están en aumento. Durante la mayor parte de 2018 los mercados financieros en las economías avanzadas parecían haber permanecido inmunes a las tensiones comerciales, pero más recientemente se han producido interacciones entre ambos, que han provocado un endurecimiento de las condiciones financieras y una agudización de los riesgos para el crecimiento mundial.
Hemos revisado levemente a la baja nuestros pronósticos para las economías avanzadas, debido principalmente a rebajas de las previsiones para la zona del euro. En esa región, las revisiones importantes corresponden a Alemania, donde las dificultades en la producción del sector automotriz y una menor demanda externa reprimirán el crecimiento en 2019, y a Italia, donde los riesgos soberanos y financieros —y sus interconexiones— están frenando aún más el crecimiento.
En Estados Unidos la expansión continúa, pero el pronóstico sigue apuntando a una desaceleración por el repliegue del estímulo fiscal. Para las economías avanzadas en general prevemos que el crecimiento se desacelere de 2,3% en 2018 a 2% en 2019 y 1,7% en 2020. Esta moderación del ímpetu de crecimiento ha dado pocas alas a la inflación. Si bien la inflación subyacente está próxima al nivel fijado como meta en Estados Unidos, donde el crecimiento es superior a la tendencia, en la zona del euro y Japón aún se sitúa bastante por debajo del objetivo.
Se proyecta asimismo que la actividad en las economías de mercados emergentes y en desarrollo disminuya ligeramente a 4,5% en 2019, y que repunte a 4,9% en 2020. La proyección para 2019 se revisó a la baja (0,2 puntos porcentuales) con respecto a la de octubre debido sobre todo a una fuerte contracción proyectada en Turquía, en medio de un endurecimiento de las políticas y una transición a condiciones de financiamiento externo más restrictivas. También se recortó significativamente el crecimiento en México en 2019–20, como consecuencia de una menor inversión privada. El repunte proyectado para 2020 obedece a la recuperación prevista en Argentina y Turquía. Las perspectivas para las economías de mercados emergentes y en desarrollo reflejan los continuos vientos en contra derivados de la merma de los flujos de capital tras la subida de las tasas de política monetaria en Estados Unidos y las depreciaciones de los tipos de cambio, si bien estas se han moderado. En las economías emergentes, el repunte de la inflación se revirtió en cierta medida hacia finales de 2018.
En general, es posible que las fuerzas cíclicas que impulsaron un crecimiento mundial de amplio alcance desde el segundo semestre de 2017 estén debilitándose a un ritmo algo más rápido que lo previsto en octubre. El comercio y la inversión han decaído, la producción industrial fuera de Estados Unidos se ha desacelerado, y la moderación de los índices de gerentes de compras es una señal de que el ímpetu está menguando. No se trata necesariamente del inicio de una desaceleración importante, pero hay que considerar los diversos riesgos que están en aumento.
Los riesgos para las perspectivas emanan principalmente de una agudización de las tensiones comerciales y un deterioro de las condiciones financieras. Una mayor incertidumbre en torno al comercio desalentará en mayor medida la inversión y perturbará las cadenas mundiales de suministro. Un endurecimiento más severo de las condiciones financieras resulta particularmente costoso dados los elevados niveles de endeudamiento en los sectores privado y público de los países.
En China, el crecimiento podría desacelerarse más rápido de lo previsto sobre todo si persisten las tensiones comerciales, lo cual podría desembocar en ventas masivas y abruptas en los mercados financieros y de materias primas, como sucedió en 2015–16. En Europa continúa el suspenso por el brexit, y los costosos efectos de contagio entre el riesgo soberano y el financiero en Italia siguen siendo una amenaza. En Estados Unidos, un cierre prolongado del gobierno federal plantea riesgos a la baja.
Prioridades para la política económica
Con este telón de fondo, las autoridades deben actuar ya para contrarrestar los vientos que frenan el crecimiento y prepararse para la próxima desaceleración.
La principal prioridad en materia de políticas es que los países cooperen y resuelvan pronto sus desavenencias comerciales y la resultante incertidumbre en torno a las políticas, en lugar de elevar más barreras perniciosas y desestabilizar una economía mundial que ya está desacelerándose. El llamamiento efectuado en Buenos Aires por los líderes del Grupo de los Veinte para reformar la Organización Mundial del Comercio debe ser llevado a la práctica. En los casos en que el espacio fiscal es limitado, la política fiscal debe reorientarse de una manera que propicie el crecimiento a fin de garantizar que la deuda pública esté en una trayectoria sostenible, sin dejar de proteger a los más vulnerables. La política monetaria en las economías avanzadas debe seguir normalizándose con prudencia. Los principales bancos centrales son muy conscientes de que el ímpetu está perdiendo fuerza, y prevemos que calibrarán sus próximas medidas en función de los acontecimientos. Debe recurrirse a las herramientas macroprudenciales en los casos en que se estén acumulando vulnerabilidades financieras. En todas las economías es fundamental adoptar medidas para estimular el crecimiento del producto potencial y lograr una mayor inclusión.
Por último, dado que el margen para la aplicación de políticas del que disponen los países es más limitado que en 2008, la cooperación multilateral será aún más importante en el caso de que el crecimiento mundial disminuyera de forma más drástica, y es esencial que instituciones multilaterales como el FMI cuenten con suficientes recursos para hacer frente a los riesgos crecientes.

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Lenta desaceleración de la inflación en 2019

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Un informe de Ecolatina estima que la inflación no se alejará significativamente del 35% en 2019
La economía argentina convive hace más de una década con inflación elevada y persistente. Según el IPC GBA Ecolatina la inflación en los últimos 10 años promedió casi 30% anual y, salvo en 2009, nunca perforó el 20%. Producto de la elevada inercia, el aumento del nivel general de precios se ubica en una velocidad crucero cercana al 2% mensual, con aceleraciones o desaceleraciones según la evolución de los costos empresarios, entre los que se destacan el salario, el tipo de cambio, y las tarifas de servicios públicos.
El gobierno anterior utilizó al dólar y las tarifas como anclas nominales para moderar la suba de precios en los años electorales. El resultado? Inflación elevada y atraso cambiario y tarifario, los cuales condujeron a abultados déficits gemelos (externo y fiscal). En la búsqueda de recuperar el equilibrio macroeconómico, el actual gobierno levantó esas anclas al mismo tiempo que planteaba ambiciosas metas de inflación. La unificación del mercado cambiario y la corrida de 2018, los continuos y significativos aumentos en las tarifas de servicios públicos (energía y transporte) y negociaciones paritarias que no fueron consistentes con las metas de inflación planteadas por el gobierno, explicaron el importante desacople entre objetivos y realidad. En este marco, el deseo de la administración Macri de culminar su primer mandato con una inflación cercana al 5% no se cumplirá.
Las perspectivas para el año que comienza no son auspiciosas. Creemos que la inflación superará claramente el 23% estipulado en la Ley de Presupuesto 2019. Incluso si el tipo de cambio se desliza en forma controlada (hecho que dependerá de la magnitud de la dolarización pre-electoral), esperamos que la suba de precios sea más cercana al 35% que al 28,7% que estima el consenso del mercado (REM del BCRA). Esta lenta desinflación responde a la falta de un ancla nominal.
Producto del salto cambiario (que impacta sensiblemente en los costos de producción de los servicios públicos) y la necesidad de reducir subsidios para alcanzar la ambiciosa meta fiscal de equilibrio primario, el Ejecutivo ha anunciado subas de tarifas de servicios públicos que, en promedio, superan el 40%. Estas tienen un significativo impacto directo e indirecto (a través del alza de los costos de las empresas) sobre el IPC. De hecho, ambos efectos sumarán 5 puntos de inflación en 2019, elevando las expectativas de inflación de los agentes económicos.
Asimismo, los aumentos nominales de salarios (costo laboral) superarán los del año pasado: la paritaria de 2019 puede cerrar en torno a la meta oficial (20-25%), pero en los primeros meses de este año se aplican muchas cláusulas de revisión por la fuerte caída del salario real ocurrida el año pasado. De esta manera, las remuneraciones del sector privado registrado (proyectamos un incremento del 37% en 2019) liderarán el alza de los costos laborales, que treparían en torno al 35%.
La evolución del tipo de cambio tal vez sea la mayor incógnita de 2019. Sabemos que difícilmente se aleje de forma sostenida de la Zona de No Intervención (ZNI), pero lo ancho de la misma (30%) cubre con un manto de incertidumbre el valor final que alcance el dólar. El ajuste trimestral del piso y techo de la ZNI seguiría las expectativas de inflación del mercado, lo que implica en la práctica que las bandas se ajusten levemente por debajo del alza de los precios (las expectativas de inflación del mercado tienden a subestimar la magnitud del problema). Siendo, optimistas el tipo de cambio fluctuará entre el piso y el centro de la banda, lo que implica una suba cercana al 30% en 2019.
En síntesis, con costos laborales creciendo al 35%, un tipo de cambio marcando un deslizamiento de 30% y tarifas trepando en promedio más de 40%, la inflación no se alejará significativamente del 35% en 2019. Esta lenta desinflación es producto de un escenario macroeconómico más estable en relación al año pasado, pero ni siquiera será suficiente para alcanzar la inflación promedio de la última década.
Podrá el lector pensar que con un regla estricta de emisión monetaria (incremento prácticamente nulo en el primer semestre y del 1% mensual en la segunda mitad del año) esta vez será diferente. Sin embargo, durante esta administración quedó demostrado que una política monetaria dura es insuficiente para bajar la inflación: se necesita un plan integral que ataque la inercia del proceso, para lo cual será crucial coordinar las diferentes aristas de la política económica (ingresos, fiscal, monetaria y cambiaria) de forma tal de blindar la estrategia anti-inflacionaria.
Fuente Ecolatina

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El transporte fue lo que más aumentó en el 2018 con un incremento del 66,8%

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Un informe de la Fundación Mediterranea a cargo de Guadalupe Gonzalez muestra la gran disparidad entre rubros y porque el  Indice de Precios al Consumidor aumentó un 47,6% en 2018
• En Diciembre, la variación mensual de los precios al consumidor fue de 2,6% para la cobertura nacional, desacelerando su trayectoria respecto de los últimos meses 
• En 2018, la inflación acumuló una suba de 47,6% anual, con variaciones de precios que van del 66,8% para el rubro de Transporte en un extremo y Bebidas alcohólicas y tabaco con 28,3%, en el otro
• La inflación núcleo fue de 2,7% y el promedio móvil de tres meses anualizado arroja un guarismo de 51,6%, que compara con una tasa de interés de política monetaria de 59,35% 
En Diciembre, el Índice de Precios al Consumidor registró una variación de 2,6% mensual, según los datos relevados por el INDEC para el promedio nacional. Si bien la inflación de Diciembre es todavía elevada, los últimos meses marcan una desaceleración  respecto del pico de Septiembre (6,5% mensual).

Los rubros que más subieron en 2018 fueron: transporte (66,8%), comunicaciones (55,3%), bienes y servicios varios (53,2%) y alimentos y bebidas no alcohólicas (51,2%). En el otro extremo, los rubros que aumentaron sus precios por debajo del promedio general fueron: bebidas alcohólicas y tabaco (28,3%), Educación (32,1%), Prendas de vestir y calzado (33,1%), Restaurants y hoteles (39%), Recreación y Cultura (43,4%) y Vivienda, agua, electricidad y otros combustibles (45,7%).

Al interior del país se observan comportamientos dispares si se toma en cuenta la variación general de precios por región. Mientras que en la región Patagónica los precios aumentaron en promedio un 50,6% anual en 2018, en GBA lo hicieron un 47,1%. Otras regiones como la Pampeana, NOA y NEA incrementaron sus precios en línea con lo ocurrido a nivel nacional (47,6% en región Pampeana, 47,8% en NOA y NEA).

La inflación núcleo, aquella que no tiene en cuenta lo que ocurre con los bienes y servicios estacionales y/o regulados, marcó una variación mensual de 2,7% en Diciembre y el promedio móvil de los últimos tres meses anualizado arroja un guarismo de 51,6%. Esta cifra compara con la tasa de política monetaria promedio del mes, de 59,4%, marcando una diferencia de 7,76 puntos porcentuales.

 

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Inversores holandeses entraron al Rofex

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El Grupo Orange Equity Partners que, apuesta al crecimiento del mercado de futuros, compró el 5% sin discutir el precio de la operación. Estiman que buscarán otros sectores de la Argentina para colocar fondos.
Rofex, informó, hoy jueves (17/01), que el 5% de su capital accionario pasó a manos del grupo inversor Orange Equity Partners (OEP) por un total de 10 millones de dólares y que la operación quedará plasmada antes de la implementación de la fusión de Rofex con el mercado a término de Buenos Aires (Matba).
Tras un año de negociaciones, los inversiones, tomaron una parte del 42,6% del mercado de futuros hasta ahora en manos de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR). Es uno de los cambios que anunció el mercado, que el último abril lanzó el índice Rofex20 y que opera el mismo volumen que sus subyacentes y la semana pasada presentó la plataforma “b.trader”, además del supermercado de fondos.
Andrés Ponte, pres idente de Rofex, indicó que: “El ingreso de inversores altamente calificados, de primer nivel internacional y local, es un evento de suma relevancia para Rofex, y se trata de una señal de confianza contundente para la actividad del Mercado”, al tiempo que rescató la calidad de los recursos humanos con los que cuenta que facilitaron la inclusión del nuevo accionista.
Por su parte, el vicepresidente de la BCR, Daniel Nasini, señaló que: “La Institución dio acceso a los inversores cumpliendo de esta manera con el propósito histórico de promover los mercados, facilitando la conexión de estos con nuevos participantes”.
Recordemos que la Bolsa de Comercio rosarina se creó con fondeo del Rofex y tras la imposición de las Juntas de Granos, que anulaba el funcionamiento del Rofex, se transformó en accionista. Ahora busca reducir su posición accionaria para pasar a profundizar sus inversione s en otras de sus firmas. Los 10 millones de dólares irán al desarrollo de nuevos mercados, a la Fundación BCR y a potenciar el ecosistema de innovación tecnológica en el laboratorio de la bolsa
A todo esto, Carlos L. Wagener, director de OEP, señaló que “la decisión de inversión se basó principalmente en la posición de liderazgo de la compañía, un management sumamente profesional y proactivo, el alto nivel de desarrollo tecnológico con que cuenta la empresa, así como el gran potencial de desarrollo del mercado de derivados local, que en 2018 incrementó su volumen de operaciones por dólar futuro en un 27% interanual”.
Wagner también destacó que “la tradición holandesa en el trading y que su apuesta por el Rofex se basa en que la fortaleza de este mercado es la tecnología y su potencial de crecimiento ya que se halla” en una etapa incipiente si uno lo compara con los regionales”.
Asimismo, expresó que “el grupo inversor posee un fuerte interés por continuar invirtiendo en la Argentina, en sectores que cuenten con especial atractivo en la nueva etapa de desarrollo económico del país”.
Trascendió que los compradores no objetaron el precio a lo largo del período de negociaciones, pero sí fueron muy cuidadosos a la hora de asegurarse que los procedimientos y el espíritu empresario que guía al mercado. “Es una inversión de largo plazo, una muestra de confianza”, aseguró Ponte.
Por su parte, Diego Fernández, director ejecutivo de Rofex, adelantó que “esperan que los resultados de 2018 no sean una excepción y que apuntan a quintuplicar el volumen de operaciones en los próximos cinco años. En tanto, remarcó que “con su nuevo socio estratégico Matba también marcó un récord histórico con 44 millones de toneladas y 5 millones de open interest”.

Cambios en el Rofex

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