Seguridad

Policía Científica y el Cuerpo Médico Forense coordinan protocolos para el tratamiento de muestras biológicas y de ADN

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La articulación entre especialistas permitirá optimizar la obtención y análisis de perfiles genéticos en investigaciones judiciales, fortaleciendo el uso de evidencia científica para el esclarecimiento de delitos.

En el marco del trabajo articulado entre el Cuerpo Médico Forense y la Dirección General de Policía Científica de la Policía de Misiones, se desarrolló una jornada de coordinación técnica orientada a optimizar los procedimientos vinculados a la identificación, levantamiento y análisis de muestras biológicas destinadas a estudios de ADN.

Del encuentro participaron profesionales del Cuerpo Médico Forense encabezados por el director de la Dirección General de Policía Científica, Comisario General Elvio Ramón Morinigo, junto al Dr. Carlos Wolhein, la Lic. Rachoski, jefa del Gabinete Genético, genetistas y médicos forenses del Parque de la Salud, la jefa de laboratorio, personal químico de esta Dirección, especialistas del área genética y la Lic. Lidia Krasucki, subdirectora general de Policía Científica.

Durante la jornada se abordaron distintos ejes de coordinación operativa y pericial, entre ellos la remisión de muestras en casos vinculados a delitos contra la integridad sexual, los procedimientos para el levantamiento y tratamiento de indicios biológicos, como humor vítreo y fragmentos de vidrio, así como los lineamientos técnicos para análisis toxicológicos y los protocolos de remisión y preservación de elementos destinados a estudios genéticos de ADN.

Asimismo, se avanzó en la articulación con fiscales y juzgados para la gestión de muestras destinadas a la obtención de perfiles genéticos, además de la incorporación de los criterios acordados al Manual de Procedimiento de la Escena del Crimen para la Provincia de Misiones, actualmente en desarrollo.

Estas acciones forman parte de una estrategia de fortalecimiento interinstitucional, orientada a mejorar la trazabilidad, el resguardo y la calidad técnico-científica de las intervenciones periciales, optimizando el trabajo investigativo y el aporte de pruebas científicas en el ámbito judicial.

En ese sentido, la correcta recolección, preservación y análisis de las muestras biológicas permite obtener perfiles genéticos confiables, fundamentales para identificar personas, vincular sospechosos con escenas del crimen y aportar pruebas determinantes en causas judiciales, especialmente en investigaciones complejas como delitos contra la integridad sexual, homicidios u otros hechos graves.

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El Gobierno lanza un plan federal contra el fraude digital y busca coordinar a todo el sistema de seguridad

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El Gobierno nacional formalizó la creación del Plan Federal de Lucha contra el Fraude Ciberasistido (2026-2027), una estrategia orientada a enfrentar el crecimiento de los delitos informáticos mediante una coordinación más amplia entre el Estado nacional, las fuerzas federales y las jurisdicciones provinciales. La medida fue establecida por la Resolución 231/2026 del Ministerio de Seguridad Nacional, firmada el 11 de marzo y publicada el 16 de marzo en el Boletín Oficial.

El eje de la iniciativa apunta a organizar una respuesta estatal frente a una modalidad delictiva que se multiplicó con la digitalización de las transacciones económicas y el uso masivo de internet. En ese contexto, la cartera de Seguridad dispuso que la Dirección de Ciberdelito y Asuntos Cibernéticos coordine la implementación transversal del plan dentro del ministerio y entre las Fuerzas Policiales y de Seguridad Federales.

La decisión instala una señal política clara: el Gobierno busca consolidar una arquitectura institucional específica para el combate del delito digital, un terreno donde la capacidad del Estado suele fragmentarse entre jurisdicciones, organismos y marcos regulatorios distintos. La pregunta de fondo es si esta nueva estructura logrará articular ese entramado o si quedará limitada a un esquema programático dentro de la burocracia de seguridad.

El marco institucional detrás del plan

El plan se inscribe dentro de la estructura normativa que regula la política criminal del Estado. La Ley de Ministerios (22.520) asigna al Ministerio de Seguridad la responsabilidad de diseñar programas de prevención del delito y coordinar el esfuerzo policial a nivel nacional, mientras que la Ley de Seguridad Interior (24.059) establece el marco jurídico del sistema de seguridad pública.

Sobre esa base, el ministerio fue desarrollando durante los últimos años una serie de instrumentos orientados a fortalecer la respuesta frente a la ciberdelincuencia.

En 2024 se aprobaron pautas para las tareas preventivas que realizan las fuerzas federales en entornos digitales. Ese mismo año se creó el Centro de Sinergia Cibernética de las Fuerzas Policiales y de Seguridad Federales (CS5), orientado a analizar e investigar delitos vinculados con el uso de tecnologías.

Posteriormente, en 2025 se puso en marcha el Programa de Fortalecimiento en Ciberseguridad e Investigación del Ciberdelito (ForCIC), destinado a mejorar las capacidades de detección y respuesta ante incidentes informáticos.

El nuevo plan aprobado ahora se articula con ese conjunto de herramientas institucionales y también con el Plan Federal de Prevención de Ciberdelitos y Gestión Estratégica de la Ciberseguridad (2025-2027), que estableció lineamientos generales para el uso seguro del ciberespacio.

La resolución publicada en el Boletín Oficial busca, en ese contexto, ordenar esas iniciativas bajo un esquema específico orientado al fraude digital.

Qué busca el nuevo plan contra el fraude digital

El Plan Federal de Lucha contra el Fraude Ciberasistido (2026-2027) plantea un abordaje integral del fenómeno, combinando prevención, detección y respuesta frente a distintas modalidades delictivas que utilizan herramientas digitales.

Entre las líneas de acción previstas aparecen: campañas de concientización y educación sobre fraudes digitales, desarrollo de marcos normativos específicos, coordinación con organismos reguladores, detección anticipada de fraudes masivos y esquemas piramidales, canalización y gestión de denuncias, análisis estadístico de incidentes, detección proactiva de fraudes digitales, y capacitación de las fuerzas federales.

El plan también prevé articulación con el sector privado, un punto sensible en el ecosistema digital donde bancos, plataformas tecnológicas y empresas de servicios financieros suelen ser actores clave en la detección de fraudes.

En términos operativos, la Dirección de Ciberdelito y Asuntos Cibernéticos tendrá la responsabilidad de coordinar las acciones dentro del ministerio y de articular con las áreas especializadas de las fuerzas federales.

Un esquema federal que depende de la adhesión de las provincias

La resolución introduce además una dimensión política relevante: el plan fue concebido como un esquema federal de cooperación, por lo que invita a las provincias y a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a adherir a la iniciativa.

Ese punto revela una de las tensiones estructurales del sistema de seguridad argentino. Si bien el Estado nacional puede diseñar políticas y coordinar a las fuerzas federales, gran parte de la investigación criminal y de la prevención del delito recae en las policías provinciales.

La adhesión de las jurisdicciones subnacionales será, por lo tanto, un elemento clave para determinar el alcance real del plan.

En la práctica, el objetivo es fortalecer el intercambio de información entre autoridades federales, provinciales y municipales, así como con organismos internacionales que trabajan en la lucha contra el ciberdelito.

Un delito en expansión que desafía a las estructuras tradicionales

El documento oficial que fundamenta la medida advierte que el crecimiento del uso de tecnologías digitales y de internet generó nuevas formas de criminalidad, entre ellas diversas modalidades de fraude ciberasistido que han aumentado en frecuencia y sofisticación.

Ese fenómeno incluye desde estafas digitales tradicionales hasta operaciones más complejas que combinan ingeniería social, plataformas tecnológicas y circuitos financieros.

La expansión de estas prácticas expone una debilidad estructural del sistema de seguridad: las instituciones diseñadas para enfrentar delitos físicos deben adaptarse a un entorno digital donde los delitos pueden cruzar jurisdicciones en segundos.

El plan busca responder a ese desafío mediante una estrategia coordinada y de largo plazo.

Un movimiento dentro de la estrategia de seguridad del Gobierno

La resolución aclara que la implementación del plan no implica erogaciones presupuestarias adicionales, lo que sugiere que el ministerio apuesta a reorganizar capacidades ya existentes dentro del sistema de seguridad.

La decisión se suma a otras iniciativas impulsadas en los últimos años para fortalecer las áreas especializadas en ciberdelito dentro de las fuerzas federales.

Sin embargo, la efectividad del plan dependerá de variables que exceden la resolución administrativa: la capacidad de coordinación entre organismos, la adhesión de las provincias y la articulación con el sector privado.

En un terreno donde la tecnología evoluciona más rápido que la regulación, el desafío no es solo diseñar planes sino construir estructuras operativas que puedan adaptarse a un delito en permanente mutación.

El nuevo esquema federal busca avanzar en esa dirección. Pero su impacto real empezará a medirse recién cuando las distintas jurisdicciones y organismos comiencen a desplegarlo en la práctica.

Un campo donde la política pública todavía está en construcción

El fraude digital se convirtió en uno de los delitos con mayor expansión en el ecosistema digital global. Frente a ese escenario, los Estados intentan construir herramientas institucionales que muchas veces quedan a mitad de camino entre la prevención tecnológica, la política criminal y la regulación económica.

La creación del plan federal marca un intento de ordenar esa respuesta desde el Ministerio de Seguridad.

El resultado dependerá de algo que ninguna resolución puede garantizar por sí sola: la coordinación real entre las distintas capas del sistema de seguridad y su capacidad para operar en un entorno digital cada vez más complejo.

El diseño institucional ya está sobre la mesa. Lo que ocurra en los próximos meses mostrará si se trata de una herramienta operativa efectiva o de un nuevo capítulo en la construcción —todavía incompleta— de la política de ciberseguridad argentina.

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Operativo “Ciudad Jardín”: GNA secuestró 719 kilos de droga en Misiones

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En el marco del Plan Paraná, impulsado por el Ministerio de Seguridad Nacional para reforzar la vigilancia y el combate al narcotráfico en la región fluvial, efectivos de Gendarmería Nacional hallaron más de 719 kilos de marihuana ocultos en una camioneta abandonada en cercanías del río Paraná, en la localidad msionera de Helvelcia.

El procedimiento fue realizado por personal de la Sección “Jardín América”, dependiente del Escuadrón 11 “San Ignacio”, con apoyo de la Unidad de Investigaciones y Delitos Complejos “Misiones”, mientras realizaban patrullajes motorizados sobre caminos secundarios de la zona.

En ese contexto, los gendarmes divisaron una camioneta Volkswagen Amarok gris cuyos ocupantes, al advertir la presencia del personal de la fuerza, cambiaron de dirección y emprendieron la huida, desobedeciendo las órdenes de detención.

Durante la fuga, los sospechosos perdieron el control del vehículo y lo incrustaron contra un barranco, lo abandonaron y escaparon a pie, favorecidos por la vegetación del lugar.

Al inspeccionar la camioneta, los funcionarios observaron en su interior bultos de grandes dimensiones que emanaban un fuerte olor característico, compatible con marihuana. Tras la requisa, se constató la presencia de 731 paquetes rectangulares distribuidos en 41 bultos.

Las pruebas de campo Narcotest confirmaron que se trataba de “cannabis sativa”, con un peso total de 719 kilos 270 gramos.

Asimismo, al consultar los antecedentes del vehículo al Centro Internacional de Análisis del Delito Complejo en la Triple Frontera, se estableció que la camioneta poseía pedido de secuestro vigente por el delito de robo.

Intervinieron el Juzgado Federal de Oberá y la Fiscalía Federal de Oberá, que dispusieron el secuestro del estupefaciente, del vehículo y de otros elementos de interés para la causa.

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Gendarmes decomisaron 649 kilos de marihuana que fueron abandonados en la selva misionera

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El primer operativo fue realizado en horas de la tarde de ayer, en la localidad de Caraguatay, cuando los funcionarios divisaron huellas de las ruedas de un rodado sobre un sendero. En el lugar, descubrieron cuatro bultos que acondicionaban 154 kilos 400 gramos de cannabis sativa.

Dos horas más tarde, en la localidad de Colonia Mado, los uniformados observaron a un grupo de personas que se encontraban a bordo de una canoa y quienes al percatarse de la presencia de los efectivos de la Fuerza, arrojaron 22 bultos sobre la desembocadura del Río Paraná. Se incautó un total de 495 kilos 400 gramos de cogollos y marihuana prensada.

Ayer, en horas de la tarde, una patrulla motorizada del Escuadrón 10 “Eldorado” realizaban recorridas por la Ruta Nacional N° 12, cuando ingresaron por un camino terrado denominado “Cementerio”, localidad de Caraguatay, y visualizaron huellas recientes de las ruedas de un vehículo por la zona.

Ante este hecho, los funcionarios solicitaron apoyo al personal de la Unidad de Investigaciones de Delitos Complejos y Procedimientos Judiciales “Eldorado” y a la Sección “Montecarlo” para llevar a cabo un rastrillaje por la zona montuosa, a unos metros se halló entre la vegetación cuatro bultos abandonados, que acondicionaban 216 paquetes rectangulares, similares a los utilizados para el transporte de estupefacientes.

Se efectuó las pruebas de campo Narcotest y se confirmó la existencia de 154 kilos 400 gramos de cannabis sativa.

En el segundo procedimiento, efectuado dos horas más tarde por los efectivos de la Sección Núcleo de la misma Unidad, quienes al realizar recorridas por una zona denominada “El Francés” (localidad de Colonia Mado) observaron una canoa ocupada por un grupo de personas que intentaban pasar por el Río Paraná, los cuales al percatarse de la presencia de los gendarmes arrojaron bultos sobre la costa argentina y se dieron a la fuga hacia la República del Paraguay.

Al efectuar un rastrillaje por la zona costera, el personal de la Fuerza halló 22 bultos de diferentes tamaños y colores.

Posteriormente, con previa autorización del Magistrado interviniente, los funcionarios trasladaron el operativo hacia el asiento del Escuadrón donde se llevaron adelante las pruebas de campo Narcotest y pesaje de la sustancia hallada. Allí, los gendarmes corroboraron que 10 bultos contenían cogollos y los otros restantes tenían marihuana prensada, con un peso total de 495 kilos 400 gramos de la droga.

En ambos operativos intervinieron el Juzgado Federal y la Fiscalía Federal de Eldorado, que autorizaron el decomiso del estupefaciente y el labrado de las actuaciones en infracción a la Ley 23.737.

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Milei habilita por DNU la participación militar en un ejercicio internacional ante la demora del Congreso

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El Gobierno nacional decidió avanzar por Decreto de Necesidad y Urgencia en un terreno que formalmente requiere aval parlamentario. A través del DNU 149/2026, firmado el 11 de marzo, el presidente Javier Milei autorizó la salida del país de medios y personal de las Fuerzas Armadas para participar en el ejercicio internacional “Cooperación XI”, que se realizará en Campo Grande, Mato Grosso do Sul, Brasil, entre el 16 y el 27 de marzo.

La decisión se produce luego de que el Proyecto de Ley para autorizar el ingreso y egreso de tropas en ejercicios combinados —que abarca el período del 1° de septiembre de 2025 al 31 de agosto de 2026no fuera tratado aún por la Cámara de Diputados. Ante esa demora, el Poder Ejecutivo optó por activar el mecanismo excepcional del artículo 99 inciso 3 de la Constitución, lo que habilita la medida inmediata pero abre una nueva instancia de revisión política: el decreto deberá pasar ahora por la Comisión Bicameral Permanente del Congreso.

La jugada expone una tensión institucional conocida pero sensible: el Gobierno busca sostener la agenda de cooperación militar internacional sin esperar el ritmo legislativo. La pregunta que queda flotando es si el uso del DNU se mantendrá como un recurso excepcional o si anticipa un patrón más frecuente para resolver demoras parlamentarias en temas estratégicos.

Un ejercicio multinacional con foco en ayuda humanitaria

El operativo “Cooperación XI” forma parte del sistema de ejercicios del Sistema de Cooperación entre las Fuerzas Aéreas Americanas (SICOFAA) y se desarrolla bajo coordinación de la Fuerza Aérea Brasileña.

El ejercicio se orienta a operaciones de asistencia humanitaria, respuesta ante catástrofes y emergencias, ámbitos donde las fuerzas aéreas de distintos países coordinan procedimientos operativos, sistemas de comunicación y estructuras de comando conjuntas.

Según el decreto, la Argentina se integrará a una dinámica multinacional que involucra nueve países, lo que implica un entrenamiento enfocado en la interoperabilidad de los medios aeroespaciales y en la coordinación regional ante escenarios de desastre.

El cronograma aprobado establece que los medios y el personal argentinos saldrán del país el 15 de marzo, participarán de las operaciones entre el 16 y el 27 de marzo, y regresarán el 28 de marzo.

La norma también define que los costos del operativo serán cubiertos por partidas presupuestarias del Ministerio de Defensa, específicamente dentro de la jurisdicción asignada a las Fuerzas Armadas.

El trasfondo institucional: una ley pendiente en Diputados

El punto más relevante del decreto no es solo el ejercicio en sí, sino el mecanismo elegido para habilitarlo.

La legislación argentina —en particular la Ley 25.880— establece que la entrada de tropas extranjeras al país y la salida de fuerzas nacionales para ejercicios combinados requiere autorización del Congreso. Por esa razón, el Poder Ejecutivo había enviado previamente un proyecto de ley con el programa anual de ejercicios militares combinados.

Ese proyecto, sin embargo, no fue tratado todavía en la Cámara de Diputados.

Ante la cercanía de la fecha del ejercicio internacional y la invitación formal de Brasil, el Gobierno sostuvo que no resultaba posible seguir el trámite legislativo ordinario. Con ese argumento se justificó la vía del DNU.

La decisión coloca ahora el expediente en la órbita de la Comisión Bicameral Permanente del Congreso, que deberá pronunciarse sobre la validez o invalidez del decreto y elevar un dictamen para su tratamiento en ambas cámaras.

En términos institucionales, el procedimiento es habitual en el uso de decretos de necesidad y urgencia, pero siempre implica un delicado equilibrio entre las facultades del Ejecutivo y el control parlamentario.

Cooperación militar y posicionamiento regional

El decreto también subraya un objetivo estratégico: fortalecer la interoperabilidad entre fuerzas aéreas de la región.

La participación argentina en el ejercicio busca integrar operaciones aéreas con otras naciones, adoptar protocolos comunes de comunicación y comando y estandarizar procedimientos para misiones multinacionales.

Desde el punto de vista de la política de defensa, estos ejercicios funcionan como un mecanismo de coordinación regional y construcción de confianza entre fuerzas militares, además de mejorar la preparación para emergencias humanitarias.

El texto oficial también menciona un elemento simbólico: la participación argentina contribuiría a reforzar su reputación internacional como socio confiable y mostrar capacidades operativas que actúan como elemento disuasivo frente a eventuales adversarios.

En ese plano, el ejercicio no solo se presenta como entrenamiento técnico, sino como un movimiento dentro de la arquitectura de cooperación militar del continente.

Un DNU que vuelve al Congreso

El decreto entró en vigencia con su publicación en el Boletín Oficial y habilita inmediatamente la participación argentina en el ejercicio.

Sin embargo, la decisión no queda cerrada en el plano ejecutivo. Como todo DNU, deberá ser revisado por el Congreso. La Comisión Bicameral Permanente tiene un plazo de diez días hábiles para emitir un dictamen y elevarlo a ambas cámaras.

Ese proceso determinará si el decreto se mantiene o si enfrenta cuestionamientos parlamentarios.

Por ahora, el Gobierno priorizó evitar la ausencia argentina en un ejercicio internacional que considera estratégico. El episodio, sin embargo, deja planteada una cuestión más amplia: cómo se resolverá hacia adelante la coordinación entre el Ejecutivo y el Congreso en una agenda donde los tiempos militares y diplomáticos rara vez coinciden con los del calendario legislativo.

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