¿Cómo queda Macri tras la malograda marcha de la CGT?: Los análisis de Clarín, Ambito, La Nación y Pagina 12

En el día de hoy todos los diarios en su edición en papel publican análisis políticos sobre lo que sucedió la movilización de ayer y en el malogrado intento de la CGT por fijar fecha para el primer paro nacional contra Macri. El dato más relevante destacado por todos: la fractura sindical y la falta de liderazgos.

Todos los análisis coinciden: el que ganó fue Macri. Hubo de todo. Desde los que dicen que el Presidente está preocupado por la falta de liderazgo en el movimiento interno y la probabilidad de que las internas se pongan virulentas hasta los que ven a Macri ratificando su máxima que habla de la crisis del peronismo.

Sin embargo, algunos analistas (Página 12) advierten que el Presidente debe tomar nota de la gran movilización, que todos coincidieron, fue masiva. Y el descontento social que esto representa, más allá de que no haya un liderazgo marcado como para canalizar ese sentimiento.

Ambito Financiero:

“La Casa Rosada no podía pedir un mejor escenario: la CGT evitó ponerle fecha al paro, se desvirtuó la movilización por incidentes y el peronismo arrastró también a la central obrar a su fractura expuesta en plena campaña electoral. La interna del PJ fue televisada y exhibida a gran escala, tapó en los títulos la masiva marcha docente del lunes y oxigenó al Gobierno de Mauricio Macri en medio del Correo Gate y la investigación en torno a Avianca”.

“En Olivos, donde el Presidente compartió agenda con el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, y con funcionarios electorales, el diagnóstico fue tajante. “Esto ratifica la crisis del peronismo y acelera la fractura de la CGT. Está claro que no había voluntad de fijar fecha de paro y que la política se comió al reclamo social. Así terminó”, explicaron desde el Poder Ejecutivo Nacional”.
“En privado, Macri sentenció el fracaso del modelo de conducción de la CGT. “El triunvirato demostró incapacidad de negociación y de liderazgo. Lo malo para el Gobierno es que ahora perdemos poder de interlocución con los sindicatos. Schmid, Daer y Acuña ya no representan”, fue el diagnóstico presidencial”.

Clarín (Eduardo Van de Koy)

Si el gobierno macrista se terminara conformando con la postal bochornosa del epílogo de la multitudinaria marcha de la Confederación General del Trabajo (CGT), podría incurrir en una lectura política errada. Capaz de hipotecar sus pasos futuros. A juzgar por algunos rostros observados en la intimidad de Olivos –incluído el de Mauricio Macri– quizás aquel paso en falso no se produzca. Delante de cuatro pantallas de televisión el Presidente y un grupo reducido de asesores siguieron en Olivos con mayor inquietud aquel final con desborde que la amenaza repetida por el triunvirato cegetista sobre una huelga nacional cercana.

Los dilemas para el Gobierno serían varios. Por primer vez en muchos años el aparato sindical íntegro se volcó en las calles. El de la CGT, por supuesto. También el de la CTA y los núcleos radicalizados de la izquierda. La logística de transporte y alimentación en beneficio de los manifestantes resultó impresionante y de costos seguramente millonarios. Ni los paros que, a la larga, sufrió Cristina Fernández ni la propia protesta sindical del año pasado había exhibido semejante matriz.

La Nación (Molares Solá)

A pesar de los errores y del descenso en las últimas encuestas conocidas, el gobierno de Mauricio Macri puede dormir tranquilo. Durante un tiempo, al menos.

Resumidas en una síntesis tal vez arbitraria, las imágenes de la marcha cegetista de ayer significan que el peronismo y los gremios están divididos (y, a veces, peligrosamente enfrentados) hasta para confrontar con Macri.

Sin ganas de ir de las palabras a los hechos, los líderes de la CGT terminaron pidiendo el cambio de la política económica del Gobierno. Es una manera de no pedir nada. ¿Qué gobierno que se precie de tal aceptaría cambiar el rumbo de sus políticas según las protestas del día? ¿Por qué dirigentes sectoriales le impondrían políticas a un gobierno elegido democráticamente por una mayoría social?

La CGT tiene un problema cuando plantea propósitos tan amplios y ambiciosos como la cordial unidad de los gremios, de los movimientos sociales y del peronismo. Para resumirlo en una pregunta: ¿qué pueden hacer juntos en la vida y en la política Armando Cavalieri y Emilio Pérsico? El acto de ayer estuvo claramente dividido en dos sectores: el peronismo clásico y los gremios ortodoxos, por un lado, y la izquierda política y sindical junto con el kirchnerismo, por el otro.

Estos últimos son los que al final coparon el escenario (que casi se derrumbó) para reclamar una fecha para el paro general. La cúpula cegetista tenía tan poca convicción sobre ese paro que Héctor Daer, uno de los tres jefes de la CGT, prometió en su discurso que el paro se haría “antes de fin de año”. Luego se rectificó, pero lo primero que le salió fue una repetición de los compromisos incumplidos del año pasado. Carlos Acuña, el delegado de Luis Barrionuevo en el triunvirato de la CGT, señaló luego que “no hay acuerdo” para un paro general. Esa lucha interna dentro de la central obrera fue acompañada por los cánticos de la izquierda y el kirchnerismo. Por ejemplo: “Se va a acabar la burocracia sindical”, un eslogan que no se escuchaba desde hacía más de 40 años. El peronismo deja de ser alternativa política, aunque sea momentáneamente, cuando regresa a la violencia entre su derecha y su izquierda. Tratar de unir esas franjas en un acto pacífico resulta siempre una ingenuidad. Franjas mayoritarias de la sociedad independiente dieron signos inconfundibles de fatiga frente a la eterna lucha entre facciones peronistas.

Página 12 – Werner Perrot

Lejos de los sonidos y la furia de la marcha, el presidente Mauricio Macri encabezó una reunión de gabinete en Olivos ayer por la mañana. Según uno de los asistentes, primó una “mirada optimista” en estos días de marchas y conflictos. Los ministros de Trabajo y Educación dieron su informe del área y hubo una evaluación sobre “la mala imagen” que tienen ante la sociedad los sindicalistas. Más tarde, en el Gobierno sostuvieron ese punto de vista: interpretaron los incidentes al final de acto como la prueba de que se trató de una marcha con conflictos entre sectores políticos y negaron que haya un clima de hartazgo social. El jefe de Gabinete, Marcos Peña, y el ministro de Producción, Francisco Cabrera, fueron los voceros de la respuesta a la CGT. La dieron a través de las redes sociales. “La política electoral se está mezclando”, sostuvo Peña.

No hubo una voz en el Gobierno que mostrara preocupación ante lo ocurrido al final del acto de la CGT. Los macristas, antes de leer el desborde como un peligro, lo vieron como la oportunidad. “Este es el pasado que queremos dejar”, resumió el diputado PRO Eduardo Amadeo. En Balcarce 50 compartían esa mirada. “Pudimos comprobar que hay mucho conflicto político detrás de un reclamo razonable de los trabajadores”, comentó a este diario un ministro que asistió al encuentro de Olivos.

 

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