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Dos emprendedoras posadeñas que viven de la tierra, aún en plena ciudad

Dos emprendedoras posadeñas que viven de la tierra, aún en plena ciudad
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Primero fue un pasatiempo. Después, una pasión. Ahora, una posibilidad de negocio. Mónica Frutos y María Luisa Barboza son dos posadeñas que decidieron trasponer la barrera y transfomar un hobbie en un comercio rentable. Ambas aprovecharon los frutos y las flores que ofrece la generosa tierra misionera y pusieron manos a la obra.

Mónica supo sacar provecho de su chacra en Itaembé Guazú (Posadas) para cultivar distintos productos. “Ahora nos estamos dedicando al jengibre”, cuenta. “Frutos de las Misiones”, es el nombre del emprendimiento con el cual fabrican jengibre glaseado y deshidratado. “Y estamos probando con el licor, porque creemos que es necesario darle valor a la materia prima”, afirma.  Un frasco de 150 gramos de caramelo de jengibre cuesta 50 pesos y su elaboración puede llevar unos cuatro días de trabajo, mientras que el precio de la raíz varía según el tamaño.

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“Mi marido y yo siempre nos dedicamos a plantar y ahora, más que nada,  jengibre porque es una raíz muy apreciada por sus beneficios para la salud”, dice Mónica. “Siempre fui artesana y fui mutando, buscando cosas que dejen dinero”, relata instalada en uno de los stand de la Expo Mujer. “Participo de la muestra desde la primera edición. Siempre vendemos mucho, a veces no inmediatamente, pero se trata de promocionar lo que hacemos y allí es donde ponemos toda nuestra energía”, concluye.

Del sueño a la realidad

María Luisa Barboza es empleada de Salud Pública, pero sueña con instalar un vivero en un futuro no muy lejano. “Estoy pensando en los años que vienen, porque no creo que alcance con la jubilación”, cuenta.

Hace dos años, María Luisa notó que su pasión por las plantas podría convertirse en un negocio sustentable. “Siempre me gustaron las plantas. En mi casa, conseguía semillas y sembraba. Así empecé a reproducir. Primero regalaba las plantas (palmeras, azaleas) y como todos ponderaban el producto comencé a vender desde mi casa”, relata.

“Después noté que la gente quería algo más, así que comencé a arreglar y decorar planteras más bien pequeñas. Consigo la materia prima y las pinto, las impermeabilizo y las decoro con una técnica que se llama transferencia”, dice.

La venta de plantas es un negocio familiar que cuenta con la ayuda de la hija y el marido de María Luisa. “Ellos me apuntalan”, sostiene. “Por eso, lo que comenzó como un hobbie puede llegar a ser un sueño hecho realidad. Este es el momento de probar y dar el gran salto”, confía. Para avanzar, María Luisa decidió aprender, por lo que comenzó un curso que se dicta en la Biofábrica de Misiones y que apunta a la actividad de los viveristas.

En un momento en que la retracción del comercio tradicional es notoria, María Luisa se atreve a redoblar la apuesta sumándose al circuito comercial de Posadas.

 


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