El cerebro del elector y la era de la tecno-política

Cartagena, Colombia. Por Fernando Oz, enviado especial. El sistema está en crisis y la imagen de la clase política se encuentra en su peor momento, todos los consultores apiñados en el Centro de Convenciones de Cartagena de Indias parecen coincidir con aquellos dos puntos centrales. Sin embargo, todos se muestran fascinados con las nuevas tecnologías para comunicar lo que la estrategia del momento mande, con aquello del Big Data para que la táctica sea lo más quirúrgica posible, y ni hablar de aquel tema de los nuevísimos avances de la neurociencia para hurgar en los pensamientos del electorado. El espíritu de Maquiavelo se regodea por los salones donde se realiza la XI Cumbre Mundial de Comunicación Política.

 

El consultor ecuatoriano Diego Paul Zambilde proyecta una serie de imágenes para explicarnos algunas claves para entender y dialogar con el elector. Antes que nada, el gurú explica que hay que entender lo que “está debajo de lo que nosotros vemos y utilizar la información” y que cotidianamente funcionamos con una serie de paradigmas y en modo automático porque “hay información que ya está precargada en nuestras cabezas”.

 

Pero debido a esos preconceptos, cuando nos enfrentamos a una nueva información “puede suceder que haya una o más ideas que entran en conflicto”. El ejemplo es bueno: Si un candidato dice “no, es que yo no soy corrupto”, la cosa ya va mal porque es él quien introduce o refuerza el concepto de corrupción y el elector termina percibiendo lo contrario a lo que el candidato intentó transmitir.

“Las decisiones que tomamos son por comparación. Las decisiones que tomamos tienen que ver con el entorno. Sin investigación corro el riesgo de tener una buena idea pero no saber comunicar”, dice Paul.

 

Y es la investigación cuantitativa y cualitativa la que nos permitirá saber cuáles son las sensaciones de los electores, porque es allí donde los especialistas dicen que hay que llegar: a las sensaciones. Pero el electorado es amplio, tiene diferentes matices y hay que llegar a los más diversos segmentos con el mensaje adecuado a cada uno de ellos.

 

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@ramonramon y la era de la tecno-política

 

El español Ramon Ramon es otro de los herederos del autor de El Príncipe y nos da su twitter (@ramonramon) apenas sube al escenario, porque ahora resulta que los especialistas de la comunicación política creen que la mejor tarjeta de presentación es la red social del pajarito azul.

 

“La comunicación tiene que ser siempre bidimensional. Internet ya no sólo sirve para informarnos, sino para organizarnos”, suelta el consultor antes de sentenciar que “hoy en día internet es un derecho humano”. Sí, así como lo leen.

 

Dejando de lado lo de los derechos humanos, acá lo que realmente importa es que “hoy la tecnología nos permite segmentar y microsegmentar”; y allí está la nueva herramienta de los popes de la consultoría política. El análisis que se exprime de aquella división de segmentos es de donde sale la información estratégica y táctica para la campaña electoral.

Sean todos ustedes bienvenidos a la era de la tecno-política. “Las tecnologías nos han permitido eliminar barreras. Hemos pasado de relaciones geográficas a psicográficas. Y pasamos del activismo a la tecno-política. Pensemos en la Primavera árabe y en el movimiento de indignados que surgió en España. Se colectivizó la indignación”, dice @ramonramon.

 

Hoy está bien claro qué quieren las ciudadanías y las manifiestan en redes sociales. Tenemos que ser conscientes de que los ciudadanos saben lo que quieren. Para analista que tiene el mismo nombre que su apellido y un twitter que no sale de ese esquema: “todo lo queremos ya, en tiempo real. Las administraciones públicas siguen pensando en la vieja política, la ´burrocratización´”.

 

Y “la vieja política no cabe en los nuevos medios. Da igual que nos concentremos en obtener mil likes que trasladar a mil personas a un acto. Hay que ir a la interacción con los seguidores. Cantidad versus calidad”. En ése sentido, @ramonramon subraya que los bots no sirven de nada y los troll tampoco.  “Son los activistas reales los que generan comunidad. Tienen que ser amigos y amigas las que nos defienden y no robots. Hay que fomentar la comunidad”, explica al advertir sobre la importancia de los activistas reales en las comunidades de las redes sociales.

 

Pero, -todo tiene un pero- la tecnología no pueden ser el fin. “Hay que hacer investigación cualitativa, de nada sirve tener muchos seguidores sin saber que quiere la gente”, dice @ramonramon y nos invita a identificar con que contenido están interactuando los ciudadanos.

 

Una clave interesante para los políticos: “No hay nada que comunique más que sean los propios ciudadanos los que comunican”. ¿Se entiende?

 

Ahora los siete pasos que hay que dar para conectar con la ciudadanía:

 

  • Identificar el contenido con el que interactúa la gente.
  • Ir más allá del LIKE.
  • Generar un grupo de activistas digitales.
  • Contactar a la gente en forma personalizada.
  • Madurar la relación.
  • Cuidar el tono y el lenguaje de nuestra comunicación.
  • Llevar la conversación a otras plataformas.

 

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