El derrumbe del “megapréstamo” de Milei y el giro militarista en Defensa: un combo que tensiona al Gobierno
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El gobierno de Javier Milei atraviesa uno de los momentos más delicados desde su asunción. A la incertidumbre económica que detonó la caída del anunciado préstamo de USD 20.000 millones —que ya niegan los propios bancos supuestamente involucrados— se suma el nombramiento del teniente general Carlos Alberto Presti al frente del Ministerio de Defensa, el primer militar en ocupar ese cargo desde 1983.
Ambos hechos, que estallaron con pocos días de diferencia, permiten trazar un patrón inquietante: opacidad financiera, improvisación política y un avance sostenido hacia la militarización del poder estatal.
1. La novela del “préstamo de 20 mil millones” que nunca existió
El anuncio que abrió el mercado… y después se desmoronó. El Gobierno había presentado la operación como un hito: un paquete de USD 20.000 millones gestionado con bancos privados y bajo el paraguas del Tesoro de Estados Unidos, que permitiría desarmar el cepo, estabilizar el tipo de cambio y asegurar liquidez para el verano. Pero el relato no resistió, pasadas las elecciones, los propios bancos —entre ellos JPMorgan, el Bank of America y el Citi— filtraron que nunca avanzaron con esa línea de crédito y que la operación estaba “archivada” por falta de garantías suficientes. La información fue confirmada por Reuters y por el Wall Street Journal, lo que dejó expuesta una brecha enorme entre el discurso oficial y la realidad financiera. El ministro de Economía llegó incluso a decir que “no se discutió ningún préstamo de 20 mil millones con bancos privados”, desmintiendo de facto al propio Gobierno.
Qué se negociaba realmente
Según fuentes del sistema financiero, lo que efectivamente estaba en discusión era algo mucho más modesto: un repo de unos USD 5.000 millones, con bancos que exigían garantías claras, y que pedían la intervención más explícita del Tesoro de EE.UU. Nada que ver con el megapréstamo que Milei vendió como un “rescate privado histórico”.
Por qué se cayó
Los bancos se retiraron por tres razones principales:
1. Falta de colaterales: Argentina no ofreció garantías ni activos que funcionaran como respaldo real.
2. Riesgo de default soberano a corto plazo: enero presenta vencimientos por más de USD 4.000 millones, y sin un programa sólido, nadie quiso exponerse.
3. Interferencia política en EEUU: el Tesoro no avaló formalmente la operación en los términos que el Gobierno necesitaba.
En síntesis: hubo sobrepromesas, subnegociación y un uso político del anuncio.
Impacto político y económico
La caída del préstamo golpea en tres frentes:
Credibilidad externa: Argentina aparece como un gobierno que anuncia operaciones que no están cerradas.
Mercado cambiario: sin los dólares prometidos, se tensionan las expectativas sobre el cepo y el dólar financiero.
Narrativa presidencial: Milei pierde su carta principal para demostrar que su estrategia “pro-mercado” abre puertas.
La “vuelta al mundo” que prometía Milei, por ahora, es más ruido comunicacional que financiamiento real.
2. El nombramiento de Presti: un giro histórico hacia la militarización
La designación del general Carlos Presti como ministro de Defensa marca un quiebre institucional mayúsculo: rompe la tradición de más de 40 años de conducción civil de las Fuerzas Armadas. Hay un militar en Defensa por primera vez desde 1983. En un país con la memoria todavía abierta por el terrorismo de Estado, el gesto es más que simbólico: instala a un militar activo en uno de los ministerios más sensibles del régimen democrático.
El perfil del hombre elegido preocupa. Presti no solo es jefe del Ejército, es un cuadro con fuerte ascendencia interna y con un discurso público alineado con Milei en temas geopolíticos y de “orden”. A eso se suma un dato que profundiza la incomodidad: su padre, Roque Presti, fue coronel durante la última dictadura militar. El Gobierno lo presenta como un dato irrelevante; para organismos de derechos humanos, es un antecedente que amerita preocupación.
La respuesta política e institucional
Las reacciones no tardaron: La UCR habló de “retroceso democrático grave”.
Agustín Rossi, exministro de Defensa, dijo que la medida “quiebra la subordinación militar al poder civil”.
Sectores de la sociedad civil ven en el nombramiento un intento de “normalizar” la presencia militar en la conducción política. Para un Gobierno que reivindica un “orden” casi militarizado en el discurso, la designación aparece como parte de una lógica más amplia.
3. Dos crisis que se cruzan: improvisación y militarización
La suma de ambos hechos —la caída del megapréstamo y el ascenso de un militar al gabinete— abre un interrogante mayor: ¿el Gobierno está reemplazando la gobernabilidad económica perdida con una creciente centralidad militar en la toma de decisiones?
En los últimos meses Milei reforzó la presencia de uniformados en actos oficiales, otorgó a las FFAA roles ampliados en seguridad interior, recortó funciones de control civil en Defensa y ahora lleva a un militar al nivel ministerial. Para analistas críticos, es un reacomodamiento del poder, si no llegan los dólares, llega el músculo militar.
4. Un Gobierno más débil y más rígido
Argentina enfrenta simultáneamente: un Gobierno que promete financiamiento que no logra conseguir, un gabinete que se militariza en áreas sensibles y un presidente que apuesta más al gesto épico que a la negociación política real. Lo económico no se ordena y lo institucional se endurece. Una mala combinación para un país con la historia de la Argentina.

Claro y conciso.
Excelente nota!