El Pentágono desclasificó 40 nuevos archivos sobre OVNIs
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El Departamento de Defensa de Estados Unidos dio un nuevo paso en su política de transparencia al publicar 40 expedientes sobre fenómenos anómalos no identificados (UAP, por sus siglas en inglés), una colección que reúne documentos históricos, videos militares, imágenes, archivos de audio e informes elaborados por distintas agencias federales.
La nueva tanda incluye registros obtenidos por el Pentágono, la NASA, la CIA, el FBI y el Departamento de Energía, y combina episodios ocurridos desde mediados del siglo pasado con casos mucho más recientes, algunos registrados durante 2025 en las inmediaciones del Mar Amarillo y el Mar de China Oriental, bajo jurisdicción del Comando Indo-Pacífico estadounidense.
La publicación forma parte del proceso de desclasificación impulsado por la administración de Donald Trump y continuará en los próximos meses, según confirmó el propio Departamento de Defensa.
Más allá del atractivo que despiertan estos archivos, el enfoque oficial dista del imaginario popular asociado durante décadas a los “ovnis”. Para el Pentágono, el objetivo no es demostrar la existencia de vida extraterrestre, sino analizar cualquier fenómeno aéreo, marítimo o espacial que no pueda ser identificado de inmediato y que eventualmente represente un riesgo para la seguridad nacional.
De allí que el término “OVNI” haya sido reemplazado oficialmente por Fenómeno Anómalo No Identificado (UAP), una denominación más amplia que evita interpretaciones sobre el origen de esos objetos y se limita a describir hechos que todavía no cuentan con una explicación concluyente.
Entre los documentos difundidos figura el informe elaborado tras un incidente ocurrido en 2019 sobre el este de Estados Unidos. Un piloto militar describió haber observado un objeto con características de vuelo “diferentes a todo lo visto en 28 años de servicio” y explicó que se desplazaba a gran velocidad en dirección opuesta a su aeronave. Aunque logró registrar parte del episodio con la cámara del avión, el análisis posterior no permitió determinar de qué se trataba.
Otro de los casos corresponde a una incursión detectada en el Atlántico durante 2020. En ese episodio, un integrante de la Armada estadounidense describió un objeto oscuro, de entre 3,6 y 4,5 metros de altura, cuya apariencia recordaba a un globo deformado. Sin embargo, la tripulación tampoco pudo identificar su naturaleza antes de perderlo de vista.
Los expedientes también incluyen un incidente registrado en 2015 sobre la planta nuclear Pantex, en Texas, donde oficiales encargados de la seguridad del complejo persiguieron un objeto que sobrevoló la instalación sin que pudiera establecerse su sistema de propulsión ni su origen.
La desclasificación incorpora además documentos históricos, como la transcripción de una conferencia científica realizada en 1949 en Los Álamos, donde físicos que trabajaban en el programa nuclear estadounidense debatieron sobre las misteriosas “bolas de fuego verdes” observadas sobre el laboratorio. Incluso entonces, los especialistas reconocían que aquellos fenómenos no coincidían con el comportamiento habitual de los meteoritos.
Los episodios más recientes corresponden a 2025 y fueron registrados en una de las regiones más sensibles para la geopolítica mundial. Los videos muestran objetos detectados por sensores militares sobre el Mar Amarillo y el Mar de China Oriental, zonas donde Estados Unidos mantiene un intenso despliegue de vigilancia debido a la creciente presencia militar china.
Las imágenes difundidas no muestran naves espectaculares ni escenas propias del cine. En la mayoría de los casos se observan pequeños puntos captados por cámaras infrarrojas o sensores de alta resolución, cuya trayectoria o comportamiento impidieron una identificación inmediata. Precisamente esa falta de explicación es la que motiva su incorporación a la base de datos oficial.
El Pentágono insiste en que estos informes no constituyen evidencia de actividad extraterrestre. Su interés radica en determinar si detrás de alguno de esos fenómenos pueden ocultarse tecnologías avanzadas desarrolladas por potencias rivales, sistemas de vigilancia desconocidos, drones experimentales o nuevas capacidades militares que aún no hayan sido identificadas.
Con esta nueva publicación, Estados Unidos profundiza una política que busca equilibrar transparencia pública y seguridad nacional. Los archivos dejan en claro que el fenómeno existe como objeto de investigación porque ha sido registrado por pilotos, radares y sensores militares. Lo que permanece abierto no es su existencia, sino su explicación.
Esa diferencia marca el cambio de paradigma. Para el Pentágono, la pregunta ya no es si existen los llamados “ovnis”, sino qué representan aquellos fenómenos que todavía desafían la capacidad de identificación de los sistemas de defensa más sofisticados del mundo.
