El veneno del discurso actual
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A través de una serie de cuestionamientos de público conocimiento, se supo que Grok, la famosa IA que incorporó X (antiguamente Twitter), comenzó a disparar comentarios y respuestas que muchos usuarios los caratularon de racistas y antisemitas. Eso, sin lugar a dudas abrió el debate puesto en lo digital y en la penetración política en un ámbito extenso y de difícil control.
El anonimato y el comentario fácil
Las palabras van y vienen como balas cargadas de odio, resentimiento y necesidad de destrucción en la era digital. Esconderse detrás de un perfil que puede ser tan real como falso parece ser una gran arma que, políticamente, tiene efectividad. Sin embargo, parece ser un síntoma de época que responde a algo más abarcativo, inclusive de explicación geopolítica.
El tema de la IA es un fiel reflejo de los seres humanos, por ahora al menos. Esos buscadores o chatbots que se hicieron tan conocidos en los últimos tiempos no son “racistas” o “antisemitas”. En todo caso, los usuarios de los mismos son los que le cargan esa connotación.
No es una novedad entender y ver qué la era digital le dio un refugio a aquellos quienes en la vida real no podrían ni por asomo emitir comentario alguno en la vía pública, como sí lo hacen en redes sociales.
La IA y esos comentarios polémicos son simples reflejos de aquello que aún prolifera. Algunos le llaman discursos de odio, otros lo maquillan como libertad de expresión. Sea como sea, hay una explicación mayor para este suceso y es meramente político.
A lo largo de los años y las etapas históricas, los conceptos del bien y del mal fueron mutando. Fácilmente podemos decir que aquello que se aplaudía o estaba naturalizado hace más de 200 años, cómo la esclavitud en Buenos Aires, hoy en día no sólo es “mal visto” sino que es duramente penado.
A través de este argumento lo que se busca explicitar es el hecho de que los discursos de odio simplemente se van resignificando con el tiempo y encuentran en los recovecos de la era digital, un lugar “seguro” para seguir operando.
Entre relatos y gobiernos
A nivel global, esta situación se va ampliando y es claro que hay una explicación geopolítica o de síntoma de época. Los gobiernos mundiales se hicieron eco de la importancia de las plataformas digitales para amplificar sus idearios y grandes avances como la IA no quedan afuera. Sin embargo, hay un síntoma de época en el que es preciso detenerse.
En todo el mundo, comenzó a gestarse una radicalización de los discursos políticos. Muchos afirman que es un concepto puro de la derecha pero hay expresiones de izquierda que han “pecado” de progresistas y magnificaron una grieta inevitable en todas partes.
La tendencia a los comentarios y los discursos radicalizados han inundado el mundo pero, lógicamente, todo lo que pasa en EEUU tiene un tratamiento especial. La irrupción de Trump en la vida política estadounidense fue un cambio de época. De hecho, va por su segunda presidencia, lo que denota todo un éxito en su carrera.
Lo llanamente importante es que Trump supo construir su capital electoral y político a base de un lenguaje simple, de acceso a todo público pero con decididos tonos de polarización y descalificación. De hecho, la construcción de un colectivo imaginario como enemigo único le sirvió y mucho (migrantes = delincuentes, pandilleros y narcos). Esta simplicidad y nueva forma de una política mucho más agresiva se repitió y se repite en muchos países y con varios líderes y partidos. España tiene a VOX, Alemania a AfP, Italia a Georgia Meloni y Argentina a Javier Milei. Todos, desde sus posturas y particulares han hecho de la violencia verbal su modo de impartir política y de ganar adeptos. Es obvio, los adeptos y las ideas, no paran de circular en redes sociales. ¿Son los culpables de esta proliferación en redes? ¿Son quiénes tienen que tomar cartas en el asunto? Interrogantes de difícil respuesta.
El morbo geopolítico
Los conflictos a nivel mundial se vieron reflejados en el interés de la gente dentro de redes sociales. Es inevitable pensar que conflagraciones como las de Medio Oriente o Ucrania, como así también otros fenómenos sociopolíticos como las migraciones en América Latina, no tengan un impacto y no sirvan como disparadores para ser formadores de opinión.
El conflicto palestino – israelí en su faceta de la guerra en Gaza, comenzada en octubre de 2023, ha tenido un correlato interesante en cuanto a opiniones y versiones encontradas. Por un lado, hay una fuerte denuncia de que el antisemitismo ha crecido mucho, amparado en la defensa de la causa palestina. Según la DAIA (Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas), en el país creció un 12% los incidentes relacionados al antisemitismo entre 2023 y 2024, un dato difícil de ignorar.
La otra parte de la campaña aclara que no hay el mismo tratamiento noticioso para los crímenes que comete Israel en Gaza como si en otros lugares y con otras naciones involucradas. Asimismo, la palabra “genocidio” volvió al ruedo cuando se habla de Gaza. Las redes sociales son grandes amplificadores de esto.
Con la guerra en Ucrania pasa algo símil. Quienes defienden a ultranza a Kiev denominando a Putin como un vil dictador por un lado, y por otro lado a quienes justifican la avanzada rusa sobre Ucrania, siendo que cuestionan otras situaciones similares en otras partes del mundo. Parece ser que todo es dependiendo de quien lo mire, es básicamente eso lo que absorbe una IA y es lo que abunda en redes sociales.
Tomarse el trabajo de intentar entender el mundo digital es también una forma de intentar ver cómo se está configurando el mundo. Realidades individuales que responden a tendencias y van comprendiendo el sistema en base a sus ópticas. No parece muy disímil a otras épocas de la historia donde todo se construía con un manifiesto o un libro sagrado. El eterno devenir de la historia vuelve a aparecer como si fuera una regla eterna de nuestro mundo, donde la tolerancia es selectiva y el que triunfa es el más alto alza su voz.
