En lo forestal, sumar sería multiplicar

Sabemos fehacientemente que la Argentina en general y el NEA en particular están destinados al desarrollo forestal.

La mayor superficie forestada y con potencial forestal del país, los mejores crecimientos, años de experiencia en muchos actores empresarios y profesionales; un panorama que es repetido, previsible. Pero el desarrollo forestal hacia industrias de escala y exportación que generen divisas en una cadena de valor donde todos ganen y el trabajo sea digno, aún es una asignatura pendiente.

Lamentablemente, como en las novelas de TV, quizá uno se pierda algo si no las ve un día, pero si no las mira durante un tiempo largo, enseguida entiende de qué va la cosa.

Hoy la encrucijada una vez más enfrenta a pequeños productores con grandes consumidores, en una saga de lucha que no parece tener un fin; mucha energía, intervención pública ahora fijando precios, insatisfacción de muchos…

Más allá de las buenas intenciones, la historia económica nos enseña que las soluciones duraderas son las que generan incentivos correctos en el largo plazo; se puede sobrevivir un tiempo con ayuda de un pulmotor, mero el objetivo debiera ser que el “paciente” respire por sus propios medios y mejore su estado con hábitos saludables después de la internación.

Hace tiempo que postulo que, para garantizar participación sostenible y justa en beneficios, todos los actores de la cadena deben participar de la propiedad del proyecto completo (desde la plantación hasta la industrialización y comercialización) y contar con los beneficios de la escala; para eso, la herramienta no es una quimera: existe y está al alcance de nuestras manos: hablo de los “fideicomisos”.

El manejo operacional de un fideicomiso otorgaría transparencia en el manejo y profesionalismo; cuidaría la seguridad en el trabajo forestal aplicando los más altos estándares, buscaría certificaciones de calidad y de gestión ambiental,  y la escala generaría  mejores costos (compra de insumos; contratación de servicios forestales).

A su vez, esa propuesta sería atractiva para los pequeños productores para que elijan que esa tierra tenga destino forestal en el largo plazo, aventando el “fantasma” de la soja (vale mirar la foto satelital para ver el destino del suelo en nuestros países limítrofes a la zona forestal del NEA).

Además, les daría poder “de venta” competitivo frente a los pocos compradores actuales, y fomentaría en el mediano plazo la instalación de nuevas industrias de consumo de chip y raleo, lo que mejoraría la competencia con mayor desarrollo.

Contar con contratos de suministro a largo plazo con las industrias serían un respaldo del flujo del fideicomiso, por lo que sus costos de financiamiento serían sensiblemente menores a los de las pymes forestales actuales. Además, esa oferta maderera planificada y con calidad asegurada fomentaría o aceleraría la instalación de industrias que no cuenten actualmente con materia prima de su propiedad, ya que daría certeza a esa provisión en el mediano plazo.

A su vez, los fideicomisos pueden indagar acuerdos de factoring (cesión de facturas en garantía) y financiarse también mediante ese tipo de instrumentos a costos competitivos. Los fideicomisos pueden emitir títulos de deuda, que tienen el respaldo de la forestación; por lo que las tasas serían muy buenas y sería una alternativa de inversión no especulativa para todo el mundo.

Este esquema se relaciona íntimamente con la potencial emisión de los llamados “bonos de carbono”, que con superficies forestales grandes que manejarían los fideicomisos promoverían otro instrumento de inversión para el que en el mundo hay fondos disponibles.

Todos estos posibles flujos de fondos disponibles, pueden derivarse a reinvertir en forestación, e incluso, en su industrialización, integrándose verticalmente hacia adelante.

En Misiones, por ejemplo, puede haber al menos un fideicomiso “norte” y otro “sur” para atender las distintas cuencas.

De este modo, y utilizando herramientas hoy disponibles y sostenibles, podríamos tener una industria forestal mucho más grande e importante que la actual, con más trabajo decente, con pautas y elementos de seguridad adecuados para aumentar la protección a los trabajadores, con salarios dignos, respetando el medio ambiente. Y generando un clima de negocios propicios para el crecimiento sostenible.

Nunca es tarde para empezar

En términos forestales, hay que pensar en el largo plazo; el Estado Provincial podría capitalizar fuertemente inversiones a su alcance: planes sociales que se aporten al fideicomiso de modo que la gente que los recibe se incorpore al trabajo forestal; y también podría pensarse en el aporte en “especie” de impuestos provinciales, a lo que pueden sumarse los municipios; eso generaría que el Estado Provincial y los Estados Municipales recibieran Certificados de Participación (el equivalente a acciones) del fideicomiso, o Títulos de Deuda (el equivalente a “deuda”); en ambos casos, son títulos negociables, circulatorios, que pueden darse en pago o en garantía para otras cosas; es generar valor que va creciendo al ritmo de las plantaciones.

Este esquema requiere capacidad de negociación y articulación, conocimiento del sector y, sobre todo, capacidad para generar capital social y confianza; armado de una estructura legal sólida y habilidades de negociación para generar acuerdos con los diversos actores. Sólo eso, y está al alcance de todos los actores del sector, tanto públicos como privados.

Adrián Lerer2 Posts

Adrian Lerer | Abogado (UBA) | Master en Dirección de Empresas (IAE - Universidad Austral) Gestión Legal | Consultoría en M&A | Evaluación-Coaching de Equipos de Alto Desempeño | Gestión de Públicos y RSE

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