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Mayores exportaciones: ¿derraman sobre las economías provinciales?

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En los últimos dos años y medio, algunas de las exportaciones argentinas que más crecieron fueron el petróleo de Neuquén (Vaca Muerta), la minería metalífera (San Juan, Salta, Jujuy, Catamarca y Santa Cruz) y el agro pampeano. Para esas economías provinciales, la pregunta relevante es cuánto de ese impulso queda en el territorio: si se traduce en más empleo, mejores salarios y una mayor demanda de bienes y servicios locales. A ese proceso lo llamamos efecto derrame.

La cuestión cobra especial importancia en un contexto en el que la economía argentina, en el agregado, muestra signos de estancamiento desde hace un año y medio. No alcanza, entonces, con identificar qué sector exporta más: interesa saber hasta dónde ese buen desempeño logra traccionar al resto de la economía provincial. Se considerarán dos niveles: primero, si mejoran el empleo y los salarios dentro del propio sector exportador; segundo, si ese impulso alcanza también al resto de las actividades provinciales.

Para responder, se presentan distintos casos provinciales. En cada uno seguimos la evolución, entre 2023 y 2025, de la masa salarial privada formal neta de inflación, un indicador que combina lo ocurrido con el empleo formal y con los salarios reales. Distinguimos el sector exportador relevante en cada provincia, el resto de los bienes transables y los demás sectores, mayormente servicios. Se trata de grandes agregados: dentro de cada grupo pueden convivir actividades con desempeños muy distintos.

Derrame amplio: Neuquén

En este caso, no sólo mejora la masa salarial total: llamativamente, el resto de los bienes transables —es decir, todo lo que no es petróleo y gas— crece todavía más que el propio sector petrolero, y el resto de los sectores de la economía neuquina también acompaña con una mejora sensible. Es un buen ejemplo de cómo un impulso exportador fuerte puede traccionar a toda la estructura productiva provincial, más allá del sector que lo origina.

Derrame parcial: Salta y San Juan

Dos provincias mineras, con resultados que confirman la lógica del derrame, aunque con matices. En ambas aumenta la masa salarial total. En San Juan sorprende que el resto de los bienes transables crezca más que la propia minería, algo que se explica por el peso de la industria proveedora de insumos para esa actividad. En los dos casos, sin embargo, el resto de los sectores —comercio, servicios y construcción— mejora bastante menos, lo que sugiere un derrame todavía acotado hacia la economía no directamente vinculada a la minería.

Derrame limitado: Buenos Aires y Córdoba

En ambas provincias, al grupo de sectores asociados a las exportaciones del agro pampeano le va bien, pero ese impulso alcanza poco al resto de la economía. La industria transable no agropecuaria retrocede y también lo hace parte de los demás sectores, aunque con menor intensidad en Córdoba. El agro exporta más y paga mejor, pero su buen desempeño no alcanza para traccionar al conjunto de la economía provincial.

Derrame contrarrestado: Santa Cruz

Santa Cruz muestra un caso distinto: el buen desempeño de un sector exportador puede ser más que compensado por la caída de otro de mayor peso. Mientras la minería atraviesa un buen momento, el petróleo retrocede con fuerza y termina arrastrando al resto de los bienes transables, a otros sectores y a la masa salarial total. El derrame existe, pero queda contrarrestado por lo que ocurre en el resto de la estructura productiva provincial.

Comentarios finales

El principal resultado es que un boom exportador genera oportunidades, pero no necesariamente alcanza para mover a toda la economía provincial. El derrame es más amplio cuando el sector que crece impulsa el empleo, los salarios y los proveedores locales, y no convive con otra actividad de gran peso en retroceso. Neuquén es el caso más claro. En las provincias mineras, el efecto aparece con fuerza alrededor de la propia cadena productiva, pero todavía llega menos al resto de la economía.

En Buenos Aires, Córdoba y Santa Cruz, en cambio, sectores importantes con mal desempeño compensan parte —o incluso la totalidad— del impulso exportador. Para una empresa, por lo tanto, no basta con mirar qué sector exporta más: también importa cuánto de ese crecimiento se transmite a proveedores, trabajadores y actividades locales, y qué está ocurriendo al mismo tiempo con el resto de la estructura productiva provincial.

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Forestación en Corrientes: por qué corre peligro la ampliación del aserradero más moderno del país

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Cuando Acon Timber inauguró en abril de 2024 su enorme aserradero en Gobernador Virasoro, Corrientes, se convirtió en la primera gran inversión que recibía la industria forestal argentina luego de unos 20 años de parálisis provocados, entre otros factores, por aquel triste episodio de Botnia, que espantó a los grandes inversores.

Fueron cerca de 130 millones de dólares los que pusieron desde este grupo de origen austríaco, para montar una planta futurista dedicada a procesar una materia prima que abunda en la Mesopotamia, pero que durante décadas salió de la región con escaso valor agregado. O mejor dicho, casi nulo.

Por eso, por la abundancia de bosques que no tienen industria para ser procesados, la planta de Virasoro fue presentada además como la primera fase de un proyecto todavía más ambicioso del grupo. El aserradero, de hecho, tiene capacidad para consumir 1,3 millones de metros cúbicos de madera por año, prácticamente el doble del volumen procesado actualmente. Pero para alcanzar esa escala hace falta realizar una segunda ronda de inversiones en secaderos, calderas, sistemas de clasificación y otras instalaciones.

Sin pelos en la lengua, Nicolás Crisp, el presidente de Acon Timber Argentina, aseguró a Bichos de Campo que la concreción de esa segunda etapa dependerá de que el país consiga reducir la burocracia, resolver sus problemas de infraestructura y, fundamentalmente, bajar los costos logísticos que hacen que exportar desde Corrientes sea mucho más caro que hacerlo desde Brasil o Uruguay.

“Todo eso va a depender de si hay un entorno más competitivo y sostenible. Son cambios estructurales y están siendo más difíciles de lo que pensábamos”, advirtió Crisp en diálogo con este medio.}

La inversión realizada en Virasoro pertenece a un grupo de accionistas austríacos y belgas. Uno de ellos ya tenía inversiones forestales en la Argentina, y por eso conoce del potencial forestal todavía semi-explotado que tienen el país. mientras que el otro estaba buscando ingresar a este mercado. Ambos se asociaron, tomaron la decisión de construir el complejo y posteriormente conformaron el equipo local.

Crisp confirmó que ese grupo ya realizó un desembolso de unos 130 millones de dólares, lo que permite al aserradero estar funcionando casi a pleno. En una reunión de AFOA (Asociación Forestal Argentina) donde se presentaron otras posibles inversiones en el sector forestoindustrial, el ejecutivo se alegró de que la llegada de la empresa pueda haber destrabado una larga parálisis en esa economía regional.

“Puede ser que hayamos sido esa punta de lanza. La verdad es que es una muy buena noticia que se sigan anunciando proyectos. Hay disponibilidad de materia prima, pero hay que hacer rentable toda la cadena para que la actividad siga creciendo, se plante más y se consuma más madera”, sostuvo.

En la planta correntina se producen tablas aserradas, secas y cepilladas. Además, todos los subproductos generados durante el proceso se utilizan para fabricar pellets, evitando que los residuos de la madera terminen desperdiciados. Recientemente, la empresa también instaló una línea de finger joint, una tecnología que permite detectar y eliminar los defectos de las tablas —como nudos, golpes u otras fallas de calidad— para después volver a unir las secciones aprovechables. De ese modo se mejora el rendimiento industrial de cada tronco y se obtiene un producto con mayor valor agregado.

La disponibilidad de madera en el nordeste argentino fue una de las principales razones que atrajeron a estos inversores. Acon Timber no cuenta con plantaciones propias como empresa, aunque algunos de sus accionistas poseen superficies forestadas mediante otras sociedades. Por eso, el aserradero funciona como una enorme boca de demanda para los productores de la región.

Actualmente recibe madera de más de quince proveedores y consume unos 700 mil metros cúbicos por año, equivalentes a la producción de aproximadamente 2.500 hectáreas forestales. La producción de madera elaborada se destina íntegramente a la exportación. En el caso de los pellets, en cambio, la compañía también intenta desarrollar mercados dentro de la Argentina y en los países vecinos.

Es precisamente allí, cuando la madera debe abandonar la planta y llegar hasta los mercados internacionales, donde comienza buena parte de los problemas que ahora padece cotidianamente Crisp.

“Ya sabíamos que hacer negocios en la Argentina y exportar desde la Argentina tenía dificultades. Pero cuando empezás a hacerlo te das cuenta de que es mucho más difícil que todo lo que te habían comentado”, reconoció el directivo.

El empresario enumeró una larga lista de obstáculos: una burocracia excesiva en los procesos de exportación, numerosos trámites y documentos, demoras en la recuperación del IVA, dificultades asociadas a la importación de los equipos utilizados para montar la planta y graves falencias de infraestructura.

Sin embargo, bajo las condiciones actuales, esa opción resulta más cara. “Lamentablemente, bajar la carga en barcaza es más caro que hacerlo en camiones. Y eso que el camión es mucho más difícil operativamente: tenés que retirar un contenedor vacío del puerto, subirlo vacío hasta la planta, cargarlo y volver a bajarlo. Aun así, termina siendo más barato”, describió el titular de la compañía.

Crisp explicó que, al momento de trazar el proyecto, habían calculado que utilizar el río Paraná sería una solución más sencilla que recuperar el ferrocarril, pero ahora comenzaron a dudar incluso de esa posibilidad. La infraestructura existe, pero no hay suficiente volumen ni una oferta de transporte a valores que permitan competir. Además, la ley de cabotaje que el gobierno intentó desmantelar sin éxito actúa como un tabique casi insalvable.

Pero el principal problema, desde su óptica, continúa siendo la logística. “El costo de llegar hasta el puerto es increíble, sobre todo cuando te comparás con competidores como Brasil o Uruguay. Eso nos hace perder mucha competitividad y muchas veces perdemos mercados”, explicó.

La ubicación de la planta, en el norte correntino, permitiría pensar en el transporte fluvial como una alternativa natural. Los contenedores podrían trasladarse hasta puertos de Corrientes o Misiones y, desde allí, bajar en barcazas en lugar de recorrer cientos de kilómetros en camiones.

Sin embargo, bajo las condiciones actuales, esa opción resulta más cara. “Lamentablemente, bajar la carga en barcaza es más caro que hacerlo en camiones. Y eso que el camión es mucho más difícil operativamente: tenés que retirar un contenedor vacío del puerto, subirlo vacío hasta la planta, cargarlo y volver a bajarlo. Aun así, termina siendo más barato”, describió el titular de la compañía.

Crisp explicó que, al momento de trazar el proyecto, habían calculado que utilizar el río Paraná sería una solución más sencilla que recuperar el ferrocarril, pero ahora comenzaron a dudar incluso de esa posibilidad. La infraestructura existe, pero no hay suficiente volumen ni una oferta de transporte a valores que permitan competir. Además, la ley de cabotaje que el gobierno intentó desmantelar sin éxito actúa como un tabique casi insalvable.

Mientras tanto, desde su sede central en Europa, los accionistas ya realizaron la primera gran apuesta y los equipos están instalados y trabajando a pleno. Pero eso no garantiza automáticamente que vayan a ejecutar la segunda fase y apostar otra gran cantidad de dinero a la ampliación necesaria para aprovechar toda la capacidad del complejo.

Para pasar de los cerca de 700 mil metros cúbicos que procesa actualmente a los 1,3 millones que podría consumir, Acon Timber necesitaría sumar más secaderos y calderas para generar el vapor requerido para ese proceso de secado. También debería incorporar una segunda línea de clasificación y posiblemente nuevas prensas para fabricar productos de mayor valor agregado.

El potencial productivo existe, al igual que la disponibilidad de materia prima. La decisión, sin embargo, estará atada a que mejoren las condiciones de competitividad.

Crisp reconoció que los problemas están identificados y que existen iniciativas para resolverlos, pero mostró preocupación por la demora de esas soluciones. Mucho más en un escenario internacional de precios bajos, en el que cada costo adicional puede dejar a la madera argentina fuera de un mercado.

-¿Está el gobierno al tanto de esto?

-La problemática se entiende y se está trabajando, pero está llevando más tiempo. A mí lo que me preocupa es que la industria y las empresas no tienen ese tiempo. No se puede esperar.

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Cristián Infante, CEO de Arauco: “Han cerrado muchas plantas de celulosa en el Hemisferio Norte, porque no pueden competir con los precios actuales; nosotros sí podemos”

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Cristián Eustaquio Infante Bilbao (59) lleva 30 años en Arauco. Son muy pocos los que llevan más tiempo que él en la compañía más grande que integra el holding Empresas Copec y que desde 2011 lidera como gerente general.

Arauco eso sí no es la misma empresa de hace tres décadas. Si en los años ‘90 su negocio principal por lejos era la celulosa, el principal insumo para la fabricación de papel, hoy esa pulpa ha pasado a ser casi exactamente la mitad de su negocio. En el primer semestre, sus ingresos totales fueron US$ 3.081 millones, el 50,4% provino de la celulosa y el 49,5% de la madera, de productos tales como paneles, contrachapado y madera aserrada.

Sin embargo, la empresa controlada por el grupo Angelini sigue apostando por su producto histórico. De hecho, está construyendo su mayor planta de celulosa, Sucuriú, en el estado de Matto Grosso do Sul en Brasil. Son US$4.600 millones de inversión para sumar 3,5 millones de toneladas a su producción actual de 5 millones, lo que la pondrá en el segundo lugar del mundo después de otra brasileña, la gigante Suzano, que produce 12 millones. La construcción lleva ya un 75% de avance: “Esperamos en septiembre u octubre del próximo año tener el primer fardo de celulosa”, señala en una entrevista con el diario La Tercera de Chile.

¿De qué les sirve ser el segundo productor del mundo?

-Cuando tienes escala, tus costos se reducen, entonces te permite tener un costo de producción más competitivo y, al final, ¿en qué termina eso? Que el consumidor, cuando va a comprar papel en el supermercado, va a comprar más barato.

¿Por qué Brasil?

-La tasa de crecimiento de los bosques -la cantidad de metros cúbicos de madera que es capaz de generar una héctarea de bosque- en Brasil y en el norte de Argentina es extraordinaria. Es mayor que en Chile. En Chile, la mejor tasa de crecimiento para el eucalipto es de 40 metros cúbicos por hectárea por año. En Brasil y en Argentina, hay lugares que crecen cerca de 100 m3/há. Entonces, hay un potencial enorme de crecimiento.

Hoy el 62% de los activos de Arauco está en Chile, pero también tienen una planta en la provincia de Misiones, al norte de Argentina, y otra en Uruguay.

Y ahora van a Brasil, donde tienen 250 mil hectáreas plantadas y esperan llegar a 400 mil, para operar a plena capacidad.

Aunque con los ojos de hoy, Sucuriú es una apuesta grande y atrevida. No sólo por el tamaño de la inversión, cuyo financiamiento al menos ya está asegurado por tres fuentes: un préstamo de US$2.200 millones del BID, CFI y la agencia de crédito Finnvera de Finlandia; un aporte de capital de Empresas Copec de US$1.200 millones; y sus propios flujos.

Sino porque el precio de la celulosa hoy en día no atraviesa por su mejor momento. Al revés.

“Hemos tenido los precios más bajos, en términos reales, de los últimos 25 años”, reconoce Infante.

La razón viene del otro lado del Pacífico: la crisis inmobiliaria china. Los permisos para construcciones nuevas en el gigante asiático han caído persistentemente desde el 2020 y hoy son un 25% de lo que eran hace seis años. Con este desplome, 65 millones de metros cúbicos de madera quedaron sin destino. Y como había madera barata, China, un importador neto, empezó a levantar plantas de celulosa para ocuparla y así elevar su producción de pulpa y de papel.

“Hoy hay una sobrecapacidad de producción de papel en China muy fuerte. De hecho, sus plantas están produciendo al 60% de su capacidad, con lo cual, hay mucha oferta, y los precios del papel están muy bajos. Entonces, si los precios del producto final están bajos, es difícil que el precio de la celulosa pueda subir”, explica Infante.

18.08.2026 Cristian Infante, gerente general de Arauco Foto: Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Por ello, la confianza del CEO de Arauco depende de China, adonde venden poco más de la mitad de su celulosa: espera que su mercado inmobiliario se recupere y su consumo per cápita de papel siga creciendo a las actuales tasas del 6,5%.

“En la medida que el mercado vaya haciendo un catch up, estamos seguros que los precios van a subir. Hoy día los precios de la fibra larga, sin ir más lejos, están a niveles históricamente bajos”, advierte.

Esto ha llevado a que varios productores del norte, en países como Canadá y Finlandia, hoy no cubran sus costos, por lo que se está viviendo una readecuación de la industria.

“Han cerrado muchas plantas en el Hemisferio Norte. En los últimos dos años cerraron más de 2 millones de toneladas de capacidad de producción, y hay otros que están anunciando cierres por tres o seis meses, porque se dan cuenta que a estos precios no pueden competir. Nosotros sí podemos, pero ellos no”, resalta.

De hecho, cuenta que toda su producción ya la tienen vendida, aunque al bajo precio que cotiza el mercado. “Somos de los que tenemos los costos más competitivos del mundo. Estamos pasando un momento complejo en la industria, pero esto no es sostenible y los precios se van a recuperar”, asegura, recurriendo a una trayectoria que le ha hecho lidiar con los altibajos de este rubro.

Potenciar el Chile forestal

Aunque la gran apuesta de Arauco esté en Brasil, Infante espera que Chile no quede atrás.

Porque el país ha perdido cientos de miles de hectáreas en capacidad forestal. Hace una década, Chile contaba con 2,5 millones de hectáreas de plantaciones de bosques y hoy existen 1,9 millones. Los bosques, que tardan 20 años en crecer, son talados y no vuelven a ser plantados.

En los últimos 10 años había sido la violencia en el sur y el robo de madera la principal razón de ello. Pero eso se ha reducido. “Hay que reconocer que se ha hecho un muy buen trabajo”, dice.

Pero Infante siente que para volver a recuperar el negocio forestal, debe existir un instrumento de fomento como el decreto ley 701, promulgado por la dictadura en los años ‘70, “que lamentablemente es un instrumento que tiene mala prensa”, reclama, pero que puede favorecer a los pequeños y medianos forestadores, que son los que no están plantando.

“El ministro (de Agricultura, Jaime) Campos lo ha dicho explícitamente: que el gobierno está trabajando en una herramienta que permite efectivamente incentivar la forestación”, resalta.

¿Qué debería tener ese instrumento de fomento?

-Hay distintos instrumentos. Pero muchas veces se da ayuda económica al forestador, de manera de incentivar al momento de la plantación y al ir desarrollándola, de manera que no tenga que esperar 20 años y pueda ir recibiendo flujos anticipadamente.

Arauco posee 600 mil hás de bosques en Chile. En total, con Brasil, Argentina y Uruguay, reúne cerca de un millón de hás entre los cuatro países. Y planta a un ritmo de 40 mil hás en Chile y de 65 mil hás en Brasil.

“El gobierno habla de que en Chile hay un potencial de forestar dos millones de hectáreas. Por lo tanto, si pensamos que hoy hay 500.000 hás que no se han vuelto a plantar, y si se subiera en un millón y medio más, con 2 millones de hás da para varias plantas de celulosa y varios aserraderos, da para potenciar una industria de forma muy potente”, proyecta.

La nanocelulosa, ¿el futuro?

Seguir apostando por la celulosa tiene una justificación. Aunque pareciera que el mundo consume menos papel, dada la irrupción digital, la tendencia es contraria: el mercado global crece persistentemente a tasas del 2% a 3% anual. Y en China, el principal comprador de Arauco, este incremento es del 6,5%.

Por varias razones. En la medida que los países más pobres se van desarrollando, las personas van crecientemente aumentando su consumo de papel, por ejemplo de uso sanitario, como el tissue. Además, gracias al comercio electrónico, todo viene empacado en cartón, lo mismo que los productos de las góndolas de supermercados, que han ido dejando atrás el plástico.

“El crecimiento del consumo de celulosa y de papel viene creciendo estable y además han aparecido otros usos para la celulosa”, sostiene.

Y allí destaca lo que está ocurriendo con la pulpa textil, es decir, celulosa para hacer ropa. “La viscosa y el lyocell, que son las telas que se hacen con la celulosa, vienen creciendo a tasas muy fuertes”, sostiene. “La celulosa ofrece una alternativa renovable, reciclable y que compite directamente con el algodón”, acota.

El consumo global de algodón ha estado detenido en 20 millones de toneladas por una década y no crece por temas medioambientales, principalmente de consumo de agua.

Pero además, la celulosa se está usando tan ampliamente como en componentes para automóviles, aviones o teléfonos móviles.

Pero tambien están trabajando en usos más sorprendentes de la pulpa de madera y, con mayor desarrollo tecnológico, con la llamada nanocelulosa: un descubrimiento que podría revolucionar la industria de los materiales de alta resistencia, como el acero.

Infante explica orgulloso: “Las nanocelulosas son componentes de la celulosa que cuando tú las encadenas (químicamente) de determinada forma, puedes hacer un filamento que es más resistente que el acero y es tan liviano como el kevlar. Son materiales de alta resistencia, mucho más livianos que el acero, y vienen de la madera. Es un desarrollo que estamos haciendo en el sur de Chile”.

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Europa sube la vara para el packaging: ¿Está preparada la cadena foresto industrial argentina?

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Desde hoy comenzaron a aplicarse las primeras disposiciones del nuevo Reglamento Europeo sobre Envases y Residuos (PPWR), una normativa que confirma el rumbo que están tomando los mercados internacionales: cada vez será más importante demostrar el origen, la trazabilidad y el desempeño ambiental de los productos. Desde CONFIAR – las 5 entidades que representan a la cadena forestoindustrial argentina – aseguran que este escenario plantea nuevos desafíos, pero también una gran oportunidad para quienes logren anticiparse.

Durante décadas, competir en los mercados internacionales significó ofrecer calidad, precio y capacidad de producción. Hoy, sin embargo, comienza a consolidarse un nuevo paradigma: además del producto, los compradores quieren conocer su historia.

¿De dónde provienen las materias primas? ¿Cómo fueron obtenidas? ¿Es posible demostrar su origen? ¿Existe trazabilidad a lo largo de toda la cadena? ¿Qué información ambiental acompaña al producto?

La entrada en vigencia de las primeras disposiciones del Reglamento Europeo sobre Envases y Residuos (PPWR) representa una nueva señal en esa dirección. Si bien muchas de las obligaciones más relevantes comenzarán a implementarse de manera progresiva en los próximos años, el mensaje que envía Europa es claro: la transparencia, la trazabilidad y la economía circular ocuparán un lugar cada vez más importante en el comercio internacional.

Al respecto y en contexto del reciente acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, se abre también un escenario de nuevas oportunidades para las cadenas exportadoras de la región. Sin embargo, acceder a esos mercados implicará responder a consumidores y compradores cada vez más exigentes en materia de trazabilidad, sustentabilidad y transparencia. Para la cadena forestoindustrial, prepararse para ese nuevo escenario será tan importante como aprovechar las oportunidades comerciales que puedan surgir. “La apertura de mercados siempre representa una oportunidad, pero la competitividad ya no dependerá únicamente de la calidad del producto o del precio. También será necesario demostrar, con información verificable, cómo se produjo cada producto y cómo funciona toda la cadena del packaging”, explica Juan Sackmann, presidente de la Asociación de Fabricantes de Celulosa y Papel (AFCP).

Por su parte, para la cadena forestoindustrial argentina, este proceso trasciende el mundo del packaging. “Más allá de una regulación específica, lo que estamos viendo es una tendencia global. Los mercados internacionales ya no evalúan únicamente el producto final: cada vez prestan más atención a cómo fue producido, cuál es su origen y qué información puede demostrarlo. Las empresas que comiencen a prepararse desde ahora tendrán una ventaja competitiva importante”, señala Claudia Peirano, directora ejecutiva de la Asociación Forestal Argentina (AFoA).

Del producto a la confianza

El nuevo reglamento europeo incorpora una mirada integral sobre los envases, contemplando aspectos vinculados al diseño, la reciclabilidad, la reutilización, la documentación técnica y la responsabilidad a lo largo de toda la cadena de valor.

Para Florencia Chavat, directora ejecutiva de PEFC Argentina, este cambio confirma una evolución que ya se observa desde hace varios años. “Los mercados internacionales avanzan hacia sistemas donde la trazabilidad deja de ser un valor agregado para convertirse, progresivamente, en una condición de acceso. Poder demostrar el origen responsable de las materias primas, contar con cadenas de custodia verificables y ofrecer información confiable será cada vez más importante para quienes quieran competir globalmente.”

La especialista explica que esta tendencia no alcanza solamente a los fabricantes de envases, sino a toda la cadena forestal e industrial vinculada a productos derivados de la madera y la celulosa.

Una oportunidad para toda la cadena

Desde CONFIAR destacan que este nuevo escenario involucra a productores forestales, industrias de la madera, fabricantes de papel, envases, embalajes y numerosos sectores que participan en la transformación de los recursos forestales. “Más que una barrera comercial, debemos interpretar estos cambios como una oportunidad para agregar valor, fortalecer nuestras capacidades y posicionar a la Argentina como un proveedor confiable para los mercados internacionales”, sostiene Sackmann,

En ese sentido, recuerda que la competitividad futura dependerá no sólo de producir con eficiencia, sino también de poder documentar, verificar y comunicar adecuadamente cada etapa de la cadena productiva.

Mirar más allá del 12 de agosto

Aunque las primeras disposiciones comenzaron a aplicarse desde hoy, buena parte de los requisitos más exigentes del reglamento europeo se implementarán de manera gradual durante los próximos años. Para las entidades que integran CONFIAR, ese calendario ofrece una oportunidad para prepararse con anticipación.

“La transformación ya comenzó. Los mercados internacionales evolucionan hacia modelos donde la confianza, la trazabilidad y la sustentabilidad pasan a formar parte del producto. Anticiparse a esa realidad será uno de los grandes desafíos —y también una de las principales oportunidades— para la cadena forestoindustrial argentina”, concluyen desde CONFIAR.

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Industria maderera advierte por la pérdida del capital humano: el empleo cayó 8,57 por ciento interanual

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La evolución reciente de la cadena forestoindustrial argentina deja una señal que merece especial atención. Más allá de la desaceleración que atraviesa parte de la actividad manufacturera, los últimos indicadores muestran que el empleo industrial se está retrayendo a un ritmo superior al de la producción, una situación que podría comprometer la capacidad de recuperación del sector si implica la pérdida de recursos humanos altamente especializados.

De acuerdo con el último Informe de Empleo y Actividad (*) elaborado por la Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines (FAIMA), el empleo registrado en la industria maderera cayó un 8,57% interanual, una contracción que supera ampliamente la disminución observada en la actividad productiva. Más que un ajuste coyuntural, este comportamiento refleja un proceso que invita a reflexionar sobre la preservación del conocimiento, los oficios y las capacidades técnicas que demandan años de formación y experiencia.

Economis | Industria forestal

El empleo maderero cayó 8,57% y golpeó a los sectores de mayor valor agregado

La contracción laboral superó ampliamente la baja de la actividad. Tornerías, viviendas prefabricadas, tableros y aserraderos estuvieron entre los segmentos más afectados.

Empleo industrial -8,57%
Variación interanual a abril de 2026.
Empleo comercial -4,12%
Caída en las actividades comerciales de la cadena.

Producción de madera

-3,4%

Caída interanual en mayo. El acumulado anual todavía muestra una suba del 7,4%.

Muebles y colchones

-7,3%

Retroceso interanual. En el acumulado de 2026 la baja alcanza el 5,1%.

Ventas de PyMEs muebleras

-14%

Caída promedio durante el primer trimestre de 2026, según FAIMA.

Los sectores con mayor pérdida de empleo

Tornerías de madera
-34%
Viviendas prefabricadas
-23%
Tableros y enchapados
-18%
Aserrado de madera nativa
-17%
Aberturas y estructuras
-7%
Somieres y colchones
-4%
Aserrado de madera implantada
-3%
La clave: la pérdida de puestos de trabajo fue más profunda que la caída productiva. FAIMA advierte que el ajuste se concentra en los segmentos vinculados con la construcción, las PyMEs y las actividades de mayor valor agregado.
Fuente: Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines, Informe de Empleo y Actividad, julio de 2026. Datos de actividad a mayo y de empleo registrado a abril de 2026.

El dato adquiere mayor relevancia cuando se analiza dónde se concentran las mayores pérdidas. Los segmentos más afectados corresponden precisamente a actividades de mayor transformación industrial, como tornerías, viviendas prefabricadas de madera, tableros, enchapados y aberturas, es decir, aquellos eslabones donde se incorpora mayor valor agregado, innovación y mano de obra calificada.

“Cada puesto de trabajo que se pierde en estas actividades representa mucho más que una estadística. Detrás de esos números hay conocimientos técnicos, experiencia productiva y capacidades industriales que constituyen uno de los principales activos de la cadena forestoindustrial y que luego requieren años para reconstruirse”, señalaron desde FAIMA.

El informe también evidencia que el impacto no es homogéneo. Mientras los indicadores generales muestran una economía prácticamente estancada, el relevamiento realizado por FAIMA revela que las PyMEs muebleras registraron una caída promedio del 14% en sus ventas durante el primer trimestre del año, una diferencia que pone de manifiesto la necesidad de observar con mayor profundidad la realidad de las pequeñas y medianas empresas que sostienen buena parte del entramado productivo y del empleo en el interior del país.

En ese contexto, la entidad sostiene que preservar el capital humano y fortalecer las capacidades productivas debe formar parte de cualquier estrategia orientada a consolidar el crecimiento futuro de la industria. La experiencia demuestra que las empresas pueden recuperar niveles de producción cuando mejora la demanda, pero reconstruir equipos especializados, recuperar oficios y volver a desarrollar capacidades técnicas es un proceso considerablemente más lento y complejo.

Al mismo tiempo, FAIMA considera que la cadena forestoindustrial cuenta con fortalezas estructurales para acompañar una futura recuperación de la economía. La disponibilidad de recursos forestales, la capacidad industrial instalada, el entramado de PyMEs presentes en todo el país y el conocimiento acumulado durante décadas representan una base sólida sobre la cual seguir construyendo una industria más competitiva, innovadora y con mayor agregado de valor. Sin embargo, advierte que esa capacidad no es ilimitada: preservar el empleo implica también preservar las empresas que lo generan. En un contexto donde muchas PyMEs enfrentan dificultades para sostener su actividad, evitar la pérdida del entramado productivo será tan importante como recuperar los puestos de trabajo, ya que ambas condiciones serán determinantes para impulsar la recupera ción del sector.

“El desafío es llegar a ese escenario preservando aquello que constituye el verdadero diferencial del sector: las personas, el conocimiento y la capacidad de transformar un recurso renovable en productos de alto valor agregado. Cuidar ese capital humano hoy es también invertir en la competitividad de los próximos años”, concluye FAIMA.

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