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Cristián Infante, CEO de Arauco: “Han cerrado muchas plantas de celulosa en el Hemisferio Norte, porque no pueden competir con los precios actuales; nosotros sí podemos”

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Cristián Eustaquio Infante Bilbao (59) lleva 30 años en Arauco. Son muy pocos los que llevan más tiempo que él en la compañía más grande que integra el holding Empresas Copec y que desde 2011 lidera como gerente general.

Arauco eso sí no es la misma empresa de hace tres décadas. Si en los años ‘90 su negocio principal por lejos era la celulosa, el principal insumo para la fabricación de papel, hoy esa pulpa ha pasado a ser casi exactamente la mitad de su negocio. En el primer semestre, sus ingresos totales fueron US$ 3.081 millones, el 50,4% provino de la celulosa y el 49,5% de la madera, de productos tales como paneles, contrachapado y madera aserrada.

Sin embargo, la empresa controlada por el grupo Angelini sigue apostando por su producto histórico. De hecho, está construyendo su mayor planta de celulosa, Sucuriú, en el estado de Matto Grosso do Sul en Brasil. Son US$4.600 millones de inversión para sumar 3,5 millones de toneladas a su producción actual de 5 millones, lo que la pondrá en el segundo lugar del mundo después de otra brasileña, la gigante Suzano, que produce 12 millones. La construcción lleva ya un 75% de avance: “Esperamos en septiembre u octubre del próximo año tener el primer fardo de celulosa”, señala en una entrevista con el diario La Tercera de Chile.

¿De qué les sirve ser el segundo productor del mundo?

-Cuando tienes escala, tus costos se reducen, entonces te permite tener un costo de producción más competitivo y, al final, ¿en qué termina eso? Que el consumidor, cuando va a comprar papel en el supermercado, va a comprar más barato.

¿Por qué Brasil?

-La tasa de crecimiento de los bosques -la cantidad de metros cúbicos de madera que es capaz de generar una héctarea de bosque- en Brasil y en el norte de Argentina es extraordinaria. Es mayor que en Chile. En Chile, la mejor tasa de crecimiento para el eucalipto es de 40 metros cúbicos por hectárea por año. En Brasil y en Argentina, hay lugares que crecen cerca de 100 m3/há. Entonces, hay un potencial enorme de crecimiento.

Hoy el 62% de los activos de Arauco está en Chile, pero también tienen una planta en la provincia de Misiones, al norte de Argentina, y otra en Uruguay.

Y ahora van a Brasil, donde tienen 250 mil hectáreas plantadas y esperan llegar a 400 mil, para operar a plena capacidad.

Aunque con los ojos de hoy, Sucuriú es una apuesta grande y atrevida. No sólo por el tamaño de la inversión, cuyo financiamiento al menos ya está asegurado por tres fuentes: un préstamo de US$2.200 millones del BID, CFI y la agencia de crédito Finnvera de Finlandia; un aporte de capital de Empresas Copec de US$1.200 millones; y sus propios flujos.

Sino porque el precio de la celulosa hoy en día no atraviesa por su mejor momento. Al revés.

“Hemos tenido los precios más bajos, en términos reales, de los últimos 25 años”, reconoce Infante.

La razón viene del otro lado del Pacífico: la crisis inmobiliaria china. Los permisos para construcciones nuevas en el gigante asiático han caído persistentemente desde el 2020 y hoy son un 25% de lo que eran hace seis años. Con este desplome, 65 millones de metros cúbicos de madera quedaron sin destino. Y como había madera barata, China, un importador neto, empezó a levantar plantas de celulosa para ocuparla y así elevar su producción de pulpa y de papel.

“Hoy hay una sobrecapacidad de producción de papel en China muy fuerte. De hecho, sus plantas están produciendo al 60% de su capacidad, con lo cual, hay mucha oferta, y los precios del papel están muy bajos. Entonces, si los precios del producto final están bajos, es difícil que el precio de la celulosa pueda subir”, explica Infante.

18.08.2026 Cristian Infante, gerente general de Arauco Foto: Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Por ello, la confianza del CEO de Arauco depende de China, adonde venden poco más de la mitad de su celulosa: espera que su mercado inmobiliario se recupere y su consumo per cápita de papel siga creciendo a las actuales tasas del 6,5%.

“En la medida que el mercado vaya haciendo un catch up, estamos seguros que los precios van a subir. Hoy día los precios de la fibra larga, sin ir más lejos, están a niveles históricamente bajos”, advierte.

Esto ha llevado a que varios productores del norte, en países como Canadá y Finlandia, hoy no cubran sus costos, por lo que se está viviendo una readecuación de la industria.

“Han cerrado muchas plantas en el Hemisferio Norte. En los últimos dos años cerraron más de 2 millones de toneladas de capacidad de producción, y hay otros que están anunciando cierres por tres o seis meses, porque se dan cuenta que a estos precios no pueden competir. Nosotros sí podemos, pero ellos no”, resalta.

De hecho, cuenta que toda su producción ya la tienen vendida, aunque al bajo precio que cotiza el mercado. “Somos de los que tenemos los costos más competitivos del mundo. Estamos pasando un momento complejo en la industria, pero esto no es sostenible y los precios se van a recuperar”, asegura, recurriendo a una trayectoria que le ha hecho lidiar con los altibajos de este rubro.

Potenciar el Chile forestal

Aunque la gran apuesta de Arauco esté en Brasil, Infante espera que Chile no quede atrás.

Porque el país ha perdido cientos de miles de hectáreas en capacidad forestal. Hace una década, Chile contaba con 2,5 millones de hectáreas de plantaciones de bosques y hoy existen 1,9 millones. Los bosques, que tardan 20 años en crecer, son talados y no vuelven a ser plantados.

En los últimos 10 años había sido la violencia en el sur y el robo de madera la principal razón de ello. Pero eso se ha reducido. “Hay que reconocer que se ha hecho un muy buen trabajo”, dice.

Pero Infante siente que para volver a recuperar el negocio forestal, debe existir un instrumento de fomento como el decreto ley 701, promulgado por la dictadura en los años ‘70, “que lamentablemente es un instrumento que tiene mala prensa”, reclama, pero que puede favorecer a los pequeños y medianos forestadores, que son los que no están plantando.

“El ministro (de Agricultura, Jaime) Campos lo ha dicho explícitamente: que el gobierno está trabajando en una herramienta que permite efectivamente incentivar la forestación”, resalta.

¿Qué debería tener ese instrumento de fomento?

-Hay distintos instrumentos. Pero muchas veces se da ayuda económica al forestador, de manera de incentivar al momento de la plantación y al ir desarrollándola, de manera que no tenga que esperar 20 años y pueda ir recibiendo flujos anticipadamente.

Arauco posee 600 mil hás de bosques en Chile. En total, con Brasil, Argentina y Uruguay, reúne cerca de un millón de hás entre los cuatro países. Y planta a un ritmo de 40 mil hás en Chile y de 65 mil hás en Brasil.

“El gobierno habla de que en Chile hay un potencial de forestar dos millones de hectáreas. Por lo tanto, si pensamos que hoy hay 500.000 hás que no se han vuelto a plantar, y si se subiera en un millón y medio más, con 2 millones de hás da para varias plantas de celulosa y varios aserraderos, da para potenciar una industria de forma muy potente”, proyecta.

La nanocelulosa, ¿el futuro?

Seguir apostando por la celulosa tiene una justificación. Aunque pareciera que el mundo consume menos papel, dada la irrupción digital, la tendencia es contraria: el mercado global crece persistentemente a tasas del 2% a 3% anual. Y en China, el principal comprador de Arauco, este incremento es del 6,5%.

Por varias razones. En la medida que los países más pobres se van desarrollando, las personas van crecientemente aumentando su consumo de papel, por ejemplo de uso sanitario, como el tissue. Además, gracias al comercio electrónico, todo viene empacado en cartón, lo mismo que los productos de las góndolas de supermercados, que han ido dejando atrás el plástico.

“El crecimiento del consumo de celulosa y de papel viene creciendo estable y además han aparecido otros usos para la celulosa”, sostiene.

Y allí destaca lo que está ocurriendo con la pulpa textil, es decir, celulosa para hacer ropa. “La viscosa y el lyocell, que son las telas que se hacen con la celulosa, vienen creciendo a tasas muy fuertes”, sostiene. “La celulosa ofrece una alternativa renovable, reciclable y que compite directamente con el algodón”, acota.

El consumo global de algodón ha estado detenido en 20 millones de toneladas por una década y no crece por temas medioambientales, principalmente de consumo de agua.

Pero además, la celulosa se está usando tan ampliamente como en componentes para automóviles, aviones o teléfonos móviles.

Pero tambien están trabajando en usos más sorprendentes de la pulpa de madera y, con mayor desarrollo tecnológico, con la llamada nanocelulosa: un descubrimiento que podría revolucionar la industria de los materiales de alta resistencia, como el acero.

Infante explica orgulloso: “Las nanocelulosas son componentes de la celulosa que cuando tú las encadenas (químicamente) de determinada forma, puedes hacer un filamento que es más resistente que el acero y es tan liviano como el kevlar. Son materiales de alta resistencia, mucho más livianos que el acero, y vienen de la madera. Es un desarrollo que estamos haciendo en el sur de Chile”.

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Europa sube la vara para el packaging: ¿Está preparada la cadena foresto industrial argentina?

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Desde hoy comenzaron a aplicarse las primeras disposiciones del nuevo Reglamento Europeo sobre Envases y Residuos (PPWR), una normativa que confirma el rumbo que están tomando los mercados internacionales: cada vez será más importante demostrar el origen, la trazabilidad y el desempeño ambiental de los productos. Desde CONFIAR – las 5 entidades que representan a la cadena forestoindustrial argentina – aseguran que este escenario plantea nuevos desafíos, pero también una gran oportunidad para quienes logren anticiparse.

Durante décadas, competir en los mercados internacionales significó ofrecer calidad, precio y capacidad de producción. Hoy, sin embargo, comienza a consolidarse un nuevo paradigma: además del producto, los compradores quieren conocer su historia.

¿De dónde provienen las materias primas? ¿Cómo fueron obtenidas? ¿Es posible demostrar su origen? ¿Existe trazabilidad a lo largo de toda la cadena? ¿Qué información ambiental acompaña al producto?

La entrada en vigencia de las primeras disposiciones del Reglamento Europeo sobre Envases y Residuos (PPWR) representa una nueva señal en esa dirección. Si bien muchas de las obligaciones más relevantes comenzarán a implementarse de manera progresiva en los próximos años, el mensaje que envía Europa es claro: la transparencia, la trazabilidad y la economía circular ocuparán un lugar cada vez más importante en el comercio internacional.

Al respecto y en contexto del reciente acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, se abre también un escenario de nuevas oportunidades para las cadenas exportadoras de la región. Sin embargo, acceder a esos mercados implicará responder a consumidores y compradores cada vez más exigentes en materia de trazabilidad, sustentabilidad y transparencia. Para la cadena forestoindustrial, prepararse para ese nuevo escenario será tan importante como aprovechar las oportunidades comerciales que puedan surgir. “La apertura de mercados siempre representa una oportunidad, pero la competitividad ya no dependerá únicamente de la calidad del producto o del precio. También será necesario demostrar, con información verificable, cómo se produjo cada producto y cómo funciona toda la cadena del packaging”, explica Juan Sackmann, presidente de la Asociación de Fabricantes de Celulosa y Papel (AFCP).

Por su parte, para la cadena forestoindustrial argentina, este proceso trasciende el mundo del packaging. “Más allá de una regulación específica, lo que estamos viendo es una tendencia global. Los mercados internacionales ya no evalúan únicamente el producto final: cada vez prestan más atención a cómo fue producido, cuál es su origen y qué información puede demostrarlo. Las empresas que comiencen a prepararse desde ahora tendrán una ventaja competitiva importante”, señala Claudia Peirano, directora ejecutiva de la Asociación Forestal Argentina (AFoA).

Del producto a la confianza

El nuevo reglamento europeo incorpora una mirada integral sobre los envases, contemplando aspectos vinculados al diseño, la reciclabilidad, la reutilización, la documentación técnica y la responsabilidad a lo largo de toda la cadena de valor.

Para Florencia Chavat, directora ejecutiva de PEFC Argentina, este cambio confirma una evolución que ya se observa desde hace varios años. “Los mercados internacionales avanzan hacia sistemas donde la trazabilidad deja de ser un valor agregado para convertirse, progresivamente, en una condición de acceso. Poder demostrar el origen responsable de las materias primas, contar con cadenas de custodia verificables y ofrecer información confiable será cada vez más importante para quienes quieran competir globalmente.”

La especialista explica que esta tendencia no alcanza solamente a los fabricantes de envases, sino a toda la cadena forestal e industrial vinculada a productos derivados de la madera y la celulosa.

Una oportunidad para toda la cadena

Desde CONFIAR destacan que este nuevo escenario involucra a productores forestales, industrias de la madera, fabricantes de papel, envases, embalajes y numerosos sectores que participan en la transformación de los recursos forestales. “Más que una barrera comercial, debemos interpretar estos cambios como una oportunidad para agregar valor, fortalecer nuestras capacidades y posicionar a la Argentina como un proveedor confiable para los mercados internacionales”, sostiene Sackmann,

En ese sentido, recuerda que la competitividad futura dependerá no sólo de producir con eficiencia, sino también de poder documentar, verificar y comunicar adecuadamente cada etapa de la cadena productiva.

Mirar más allá del 12 de agosto

Aunque las primeras disposiciones comenzaron a aplicarse desde hoy, buena parte de los requisitos más exigentes del reglamento europeo se implementarán de manera gradual durante los próximos años. Para las entidades que integran CONFIAR, ese calendario ofrece una oportunidad para prepararse con anticipación.

“La transformación ya comenzó. Los mercados internacionales evolucionan hacia modelos donde la confianza, la trazabilidad y la sustentabilidad pasan a formar parte del producto. Anticiparse a esa realidad será uno de los grandes desafíos —y también una de las principales oportunidades— para la cadena forestoindustrial argentina”, concluyen desde CONFIAR.

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Industria maderera advierte por la pérdida del capital humano: el empleo cayó 8,57 por ciento interanual

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La evolución reciente de la cadena forestoindustrial argentina deja una señal que merece especial atención. Más allá de la desaceleración que atraviesa parte de la actividad manufacturera, los últimos indicadores muestran que el empleo industrial se está retrayendo a un ritmo superior al de la producción, una situación que podría comprometer la capacidad de recuperación del sector si implica la pérdida de recursos humanos altamente especializados.

De acuerdo con el último Informe de Empleo y Actividad (*) elaborado por la Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines (FAIMA), el empleo registrado en la industria maderera cayó un 8,57% interanual, una contracción que supera ampliamente la disminución observada en la actividad productiva. Más que un ajuste coyuntural, este comportamiento refleja un proceso que invita a reflexionar sobre la preservación del conocimiento, los oficios y las capacidades técnicas que demandan años de formación y experiencia.

Economis | Industria forestal

El empleo maderero cayó 8,57% y golpeó a los sectores de mayor valor agregado

La contracción laboral superó ampliamente la baja de la actividad. Tornerías, viviendas prefabricadas, tableros y aserraderos estuvieron entre los segmentos más afectados.

Empleo industrial -8,57%
Variación interanual a abril de 2026.
Empleo comercial -4,12%
Caída en las actividades comerciales de la cadena.

Producción de madera

-3,4%

Caída interanual en mayo. El acumulado anual todavía muestra una suba del 7,4%.

Muebles y colchones

-7,3%

Retroceso interanual. En el acumulado de 2026 la baja alcanza el 5,1%.

Ventas de PyMEs muebleras

-14%

Caída promedio durante el primer trimestre de 2026, según FAIMA.

Los sectores con mayor pérdida de empleo

Tornerías de madera
-34%
Viviendas prefabricadas
-23%
Tableros y enchapados
-18%
Aserrado de madera nativa
-17%
Aberturas y estructuras
-7%
Somieres y colchones
-4%
Aserrado de madera implantada
-3%
La clave: la pérdida de puestos de trabajo fue más profunda que la caída productiva. FAIMA advierte que el ajuste se concentra en los segmentos vinculados con la construcción, las PyMEs y las actividades de mayor valor agregado.
Fuente: Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines, Informe de Empleo y Actividad, julio de 2026. Datos de actividad a mayo y de empleo registrado a abril de 2026.

El dato adquiere mayor relevancia cuando se analiza dónde se concentran las mayores pérdidas. Los segmentos más afectados corresponden precisamente a actividades de mayor transformación industrial, como tornerías, viviendas prefabricadas de madera, tableros, enchapados y aberturas, es decir, aquellos eslabones donde se incorpora mayor valor agregado, innovación y mano de obra calificada.

“Cada puesto de trabajo que se pierde en estas actividades representa mucho más que una estadística. Detrás de esos números hay conocimientos técnicos, experiencia productiva y capacidades industriales que constituyen uno de los principales activos de la cadena forestoindustrial y que luego requieren años para reconstruirse”, señalaron desde FAIMA.

El informe también evidencia que el impacto no es homogéneo. Mientras los indicadores generales muestran una economía prácticamente estancada, el relevamiento realizado por FAIMA revela que las PyMEs muebleras registraron una caída promedio del 14% en sus ventas durante el primer trimestre del año, una diferencia que pone de manifiesto la necesidad de observar con mayor profundidad la realidad de las pequeñas y medianas empresas que sostienen buena parte del entramado productivo y del empleo en el interior del país.

En ese contexto, la entidad sostiene que preservar el capital humano y fortalecer las capacidades productivas debe formar parte de cualquier estrategia orientada a consolidar el crecimiento futuro de la industria. La experiencia demuestra que las empresas pueden recuperar niveles de producción cuando mejora la demanda, pero reconstruir equipos especializados, recuperar oficios y volver a desarrollar capacidades técnicas es un proceso considerablemente más lento y complejo.

Al mismo tiempo, FAIMA considera que la cadena forestoindustrial cuenta con fortalezas estructurales para acompañar una futura recuperación de la economía. La disponibilidad de recursos forestales, la capacidad industrial instalada, el entramado de PyMEs presentes en todo el país y el conocimiento acumulado durante décadas representan una base sólida sobre la cual seguir construyendo una industria más competitiva, innovadora y con mayor agregado de valor. Sin embargo, advierte que esa capacidad no es ilimitada: preservar el empleo implica también preservar las empresas que lo generan. En un contexto donde muchas PyMEs enfrentan dificultades para sostener su actividad, evitar la pérdida del entramado productivo será tan importante como recuperar los puestos de trabajo, ya que ambas condiciones serán determinantes para impulsar la recupera ción del sector.

“El desafío es llegar a ese escenario preservando aquello que constituye el verdadero diferencial del sector: las personas, el conocimiento y la capacidad de transformar un recurso renovable en productos de alto valor agregado. Cuidar ese capital humano hoy es también invertir en la competitividad de los próximos años”, concluye FAIMA.

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Reflexiones de un Ingeniero Forestal sobre la tierra: desafío estructural para el desarrollo sostenible y la soberanía

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La política de tierras como base del desarrollo territorial, el arraigo rural y la sostenibilidad de las economías regionales.

La política de tierras constituye uno de los pilares sobre los cuales se construyen el desarrollo territorial, el arraigo rural y la sostenibilidad de las economías regionales. En un país de profundas diversidades geográficas, productivas, ambientales y sociales como la Argentina, las decisiones relacionadas con el acceso, la tenencia, el uso y la protección de la tierra requieren políticas públicas estables, concebidas como políticas de Estado, con visión federal y planificación estratégica de largo plazo.

En ese marco, la tierra trasciende su condición de bien económico para constituirse en un recurso natural estratégico, estrechamente vinculado con la producción, la conservación de los ecosistemas, la seguridad alimentaria, la gestión del agua, el ordenamiento territorial y la soberanía nacional. Estas reflexiones procuran contribuir a ese debate desde la experiencia en la gestión pública y el ejercicio profesional de la ingeniería forestal, promoviendo una mirada integral sobre uno de los desafíos estructurales más relevantes para el desarrollo sostenible de la Argentina y, en particular, de la provincia de Misiones.

Ley N.º 26.737: una política de protección territorial

La Ley N.º 26.737, denominada _”Régimen de Protección al Dominio Nacional sobre la Propiedad, Posesión o Tenencia de Tierras Rurales”, constituyó un importante avance institucional en materia de política territorial y administración estratégica del territorio nacional.

Su sanción fue producto de un amplio debate político y federal, reconociendo a la tierra como un recurso natural estratégico y estableciendo límites a la adquisición de tierras rurales por parte de personas físicas y jurídicas extranjeras.

El espíritu de esta norma no fue impedir inversiones ni aislar al país del mundo, sino preservar la capacidad del Estado para planificar el territorio, proteger recursos estratégicos y garantizar que el desarrollo económico sea compatible con el interés nacional.

Por ello, cualquier modificación de este régimen debería surgir de un debate amplio, federal y responsable, que contemple no solo las variables económicas, sino también las dimensiones sociales, ambientales, territoriales y geopolíticas.

El desafío consiste en encontrar un equilibrio entre la promoción de inversiones y la preservación de la capacidad soberana del Estado para administrar sus recursos estratégicos.

La cuestión de la tierra como desafío estructural

La cuestión de la tierra constituye uno de los desafíos estructurales más importantes para el desarrollo territorial, el ordenamiento del territorio y el fortalecimiento de la soberanía nacional, especialmente en provincias como Misiones.

El acceso, la distribución y la regularización de la tenencia no representan únicamente cuestiones jurídicas o administrativas. Son componentes fundamentales de una política de Estado orientada al desarrollo y al ordenamiento territorial.

La tierra no puede ser considerada exclusivamente como un activo económico o financiero. Es un recurso natural estratégico que sostiene la producción, preserva la biodiversidad, protege los recursos hídricos y forma parte de la identidad cultural y social de las comunidades.

La forma en que una sociedad administra este recurso condiciona su modelo de desarrollo, su equilibrio territorial y su capacidad de construir un futuro sostenible.

El territorio como construcción social

El territorio no es solamente un espacio físico; es el ámbito donde se articulan las relaciones sociales, económicas, culturales, políticas e institucionales. 

Cada comunidad construye sentidos de pertenencia a partir de su historia, su cultura y sus prácticas sociales. Por ello, un mismo espacio puede adquirir significados diferentes para los distintos grupos sociales o pueblos originarios que lo habitan.

Comprender esta dimensión resulta indispensable para diseñar políticas públicas capaces de armonizar producción, conservación ambiental, inclusión social y desarrollo.

La ecuación del desarrollo territorial

El desarrollo territorial sostenible depende de un conjunto de políticas que deben actuar de manera integrada.

La ecuación comprende los componentes básicos que permiten transformar la tierra en un factor de desarrollo económico, inclusión social y sostenibilidad ambiental:

Acceso a la tierra + Distribución equitativa + Regularización dominial + Uso responsable basado en Buenas practicas de manejo y Conservación de los suelos.

A estas variables deben incorporarse otros instrumentos estratégicos:

– Planificación y ordenamiento territorial.

– Parámetros claros de tenencia.

– Uso del suelo según su aptitud.

– Mecanismos eficaces de control.

– Asistencia técnica y financiera.

– Infraestructura rural (vivienda, caminos, electrificación, conectividad, educación y salud).

– Fortalecimiento de la competitividad de las economías regionales.

Ninguna de estas políticas, por sí sola, resulta suficiente. Su eficacia depende de una visión integral del territorio y de una adecuada articulación entre los distintos niveles del Estado.

Tierra, soberanía y planificación estratégica

La extranjerización de la tierra no puede analizarse exclusivamente desde la titularidad registral de los inmuebles rurales. También requiere considerar el control efectivo sobre recursos estratégicos: accesos, cursos de agua, nacientes, costas, corredores ambientales, áreas forestales y territorios ubicados en zonas de frontera.

La soberanía en el siglo XXI no se limita exclusivamente a la delimitación física de las fronteras. También comprende la capacidad del Estado para decidir sobre el uso del suelo, garantizar el acceso al agua, proteger los ecosistemas, evitar concentraciones que generen posiciones dominantes y orientar el aprovechamiento de los recursos naturales en función del interés colectivo.

Por ello, el debate sobre la tierra es esencialmente un debate político: expresa distintas concepciones sobre el desarrollo, la propiedad, el territorio y el rol del Estado.

No se trata de rechazar inversiones ni de negar la importancia del capital privado para el crecimiento económico. El desafío consiste en promover inversiones productivas que generen empleo, innovación y agregado de valor, preservando al mismo tiempo la capacidad estratégica del Estado.

Una mirada geopolítica sobre los recursos estratégicos

En un escenario internacional marcado por crecientes disputas por el agua, los alimentos, la energía, los bosques y la biodiversidad, la tierra adquiere una relevancia estratégica creciente.

Por eso, la discusión no debería limitarse al funcionamiento del mercado inmobiliario rural, sino ampliarse hacia una pregunta fundamental: ¿Qué modelo de desarrollo y qué proyecto de país queremos construir?

El problema no reside exclusivamente en la nacionalidad de quien posee una determinada superficie, sino en la combinación de factores que pueden comprometer el interés nacional:

》La concentración territorial;

》La localización estratégica de determinados inmuebles;

》El acceso y control sobre recursos naturales; y

》La capacidad regulatoria del Estado.

La tierra como política de Estado

La tierra constituye uno de los principales activos estratégicos de una Nación. Su administración responsable permite fortalecer las economías regionales, proteger el patrimonio natural, promover un desarrollo equilibrado y consolidar la soberanía territorial.

En definitiva, la tierra es mucho más que un bien patrimonial o el objeto de un debate sobre intereses sectoriales. Constituye el soporte físico del desarrollo, la producción, la conservación ambiental y la identidad territorial de una Nación. Administrarla con visión estratégica no significa restringir el progreso, sino garantizar que ese progreso responda al interés general y fortalezca las oportunidades de las generaciones presentes y futuras.

El desafío de la dirigencia política es transformar la política de tierras en una verdadera Política de Estado: con visión federal, perspectiva intergeneracional y compromiso permanente con el interés nacional, el desarrollo sostenible y el bienestar de las generaciones presentes y futuras. Solo desde una visión estratégica e integral será posible garantizar que la tierra continúe siendo un factor de producción, de cohesión territorial y de soberanía para la Nación.

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La industria sigue siendo central para el empleo, pero pierde escala en Misiones

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La industria manufacturera continúa siendo la principal empleadora formal de Misiones, pero los datos oficiales muestran que esa posición se sostiene sobre una base cada vez más reducida. Más allá de la estacionalidad propia de actividades como la yerba mate o el té, el empleo industrial exhibe una tendencia descendente que ya acumula tres años consecutivos y alcanza a la mayor parte del entramado productivo provincial.

Lejos de tratarse de un fenómeno aislado o concentrado en un puñado de actividades, la pérdida de puestos de trabajo atraviesa a buena parte de las cadenas industriales de la provincia. 

Al mismo tiempo, la elevada concentración del empleo en pocos rubros amplifica los riesgos: cualquier retroceso en la foresto-industria, la yerba o el té tiene efectos directos sobre la dinámica laboral de numerosas localidades del interior.

El problema, por lo tanto, no es que la industria haya dejado de ser relevante. Es exactamente el contrario: sigue siendo demasiado importante para Misiones como para naturalizar que año tras año funcione con menos trabajadores.

La industria misionera exhibe una caída que excede la estacionalidad. En enero de 2023, la industria manufacturera misionera registraba 20.287 trabajadores asegurados, según la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT). En julio de ese año alcanzó un pico de 21.741 puestos, coincidente con el período de mayor actividad de la cosecha y el procesamiento de yerba mate y té. 

Desde entonces, la tendencia fue mayormente descendente. En abril de 2026, último dato disponible, el sector contabilizó 18.895 trabajadores. Esto implica una pérdida de 2.846 puestos respecto del máximo de julio de 2023, equivalente a una contracción del 13,1%. 

Frente a abril de 2025, la reducción fue de 1.312 empleos, es decir, un 6,5%; y respecto de noviembre de 2023, el retroceso alcanza a 1.425 trabajadores (-7,0%).

Si se mira el dato en promedios anuales, el empleo industrial promedió 20.929 trabajadores en 2023, bajó a 20.234 en 2024 y volvió a reducirse hasta 19.765 en 2025. En los primeros cuatro meses de 2026, el promedio se ubicó en apenas 18.477 puestos. Esta distinción es importante porque la industria misionera presenta una estacionalidad marcada, pero esa estacionalidad puede explicar ciertos movimientos dentro del año, pero no la tendencia descendente que se consolida desde 2023

La foresto-industria muestra dos velocidades. La cadena forestal es uno de los principales pilares productivos de Misiones, aunque su comportamiento interno dista de ser uniforme. El aserrado y cepillado de madera nativa pasó de 1.923 trabajadores en noviembre de 2023 a 1.135 en abril de 2026. La pérdida de 788 puestos (-41,0%) constituye la mayor caída absoluta entre todos los rubros industriales relevados en la provincia. 

En sentido contrario, el aserrado y cepillado de madera implantada incrementó su dotación en 147 trabajadores (+5,0%) y alcanzó los 3.066 puestos. Con ese volumen se consolidó como la segunda actividad industrial con mayor empleo de Misiones. La fabricación de pasta de madera también mostró un desempeño positivo: sumó 61 trabajadores (+4,5%) y llegó a 1.416 puestos.

Estos resultados muestran que no existe una contracción homogénea de toda la actividad forestal. Sin embargo, el crecimiento de la madera cultivada y la pasta celulósica convive con fuertes retrocesos en otros eslabones. 

La fabricación de hojas de madera para enchapado perdió 206 puestos (-27,0%); la producción de muebles de madera, 64 (-37,0%); y la instalación de maquinaria y equipos industriales redujo su personal en 52 trabajadores (-41,0%). A su vez, la fabricación de carpintería metálica cayó a la mitad, con 95 empleos menos.

El dato relevante es que el deterioro se concentra, en buena medida, en actividades vinculadas con una mayor transformación del recurso. 

Mientras resisten o crecen algunos segmentos de base, retroceden rubros como muebles, enchapados y carpintería, que permiten agregar valor, diversificar la producción y generar más empleo por unidad procesada. 

Por eso, el balance de la cadena no puede considerarse favorable únicamente porque la madera implantada exhiba una evolución positiva.

En la yerba y el té se observa una estabilidad relativa sobre una base frágil. La elaboración de yerba mate es el principal rubro industrial de Misiones. En abril de 2026 empleaba a 3.816 trabajadores, alrededor de uno de cada cinco puestos manufactureros de la provincia. Si se compara esa cifra con noviembre de 2023, la dotación permaneció prácticamente estable (+0,3%), aunque en la comparación interanual (es decir, vs. abril 2025) perdió 255 empleos (-6,3%).

También aquí la estacionalidad obliga a interpretar los datos con cautela. El empleo yerbatero pasa de promedios de entre 3.607 y 3.671 trabajadores durante noviembre y diciembre a cerca de 4.903 en julio. Esa diferencia refleja el peso de la cosecha y la molienda sobre la demanda laboral. Pero la elevada amplitud estacional también expone la sensibilidad del sector: cualquier deterioro en el nivel de actividad, los precios o el consumo repercute rápidamente sobre miles de empleos temporarios y permanentes.

El té presenta una trayectoria más claramente contractiva. Con 1.691 trabajadores en abril de 2026, la preparación de hojas de té perdió 125 puestos desde noviembre de 2023 (-6,9%) y otro 3,2% frente al mismo mes de 2025. No es la caída más profunda del entramado industrial, pero sí una reducción sostenida en una de las actividades más relevantes de la provincia.

El tabaco aparece como una excepción. La elaboración de productos de tabaco pasó de 248 trabajadores en noviembre de 2023 a 654 en abril de 2026, un incremento del 164%. Sin embargo, se trata de un rubro de menor escala y con oscilaciones pronunciadas, por lo que su expansión no alcanza para modificar el diagnóstico general ni permite afirmar todavía que exista una tendencia consolidada de crecimiento.

Hay un deterioro extendido y, a la vez, concentrado. El cuadro no se agota en las principales economías regionales. Entre noviembre de 2023 y abril de 2026, 57 de los 85 rubros industriales relevados en Misiones redujeron su dotación de personal, mientras que solo 23 la incrementaron. En la comparación interanual más reciente, 50 actividades registraron caídas y 31 mostraron aumentos.

La amplitud del retroceso permite descartar la idea de una crisis limitada a uno o dos sectores. La panadería industrial perdió 119 puestos desde noviembre de 2023 (-15,8%); la fabricación de calzado de otros materiales se redujo 94,3% y quedó con apenas 19 trabajadores; y otros rubros de escala media o pequeña también achicaron sus planteles. 

Hubo algunos pocos desempeños positivos (como la maquinaria agropecuaria y forestal o los envases de papel) pero parten de bases reducidas y no compensan las bajas de las actividades de mayor tamaño.

A la extensión del deterioro se suma un problema estructural: solo cinco rubros (yerba mate, aserrado de madera implantada, preparación de té, pasta de madera y aserrado de madera nativa) concentran el 58,9% del empleo industrial provincial mientras que los diez principales explican el 72,2% del total. Esa concentración otorga escala a cadenas históricas y profundamente arraigadas en la provincia, pero también limita la capacidad de amortiguar las crisis. Cuando una de ellas enfrenta problemas de demanda, costos, precios o competitividad, existen pocas actividades alternativas con suficiente tamaño como para absorber el impacto laboral. 

El desempeño provincial se inscribe en un escenario nacional igualmente adverso. Según la misma base de la SRT, la industria manufacturera argentina fue el sector que más empleo formal perdió en términos absolutos entre noviembre de 2023 y abril de 2026: 82.173 puestos menos. En ese período también dejaron de registrarse 3.617 empleadores industriales. La coincidencia entre la dinámica provincial y la nacional no elimina las particularidades de Misiones; por el contrario, las vuelve más relevantes. En la provincia, la industria no constituye una actividad más dentro de una estructura productiva, sino uno de los principales sostenes del empleo formal. Por eso, una contracción manufacturera de alcance nacional puede generar efectos económicos y laborales más profundos en la provincia.

El diagnóstico muestra una industria que conserva su centralidad, pero pierde escala. Esto se observa tanto en el descenso del empleo agregado como en la cantidad de rubros con menos trabajadores. Aunque existen excepciones positivas, todavía son insuficientes para revertir el resultado general.

El desafío para Misiones no pasa solamente por sostener a la yerba, el té o la foresto-industria (que sin duda, debe hacerlo), sino también por fortalecer los segmentos de mayor transformación y promover nuevas actividades capaces de ampliar la matriz productiva. La competitividad, el acceso al crédito, la infraestructura, la logística y la incorporación de tecnología son condiciones necesarias para que el sector recupere capacidad de inversión y generación de empleo. Pero más necesario aún es contar con una política económica nacional que acompañe a las economías regionales, en lugar de castigarlas.

En definitiva, que la industria continúe siendo el principal empleador formal de la provincia no debería ocultar el proceso de achicamiento que atraviesa. Misiones necesita preservar sus pilares productivos, pero también construir una base más amplia para que la próxima recuperación no dependa exclusivamente del comportamiento de los mismos sectores de siempre.

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